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jueves, 24 de noviembre de 2016

Kraftwerk en Buenos Aires: la obra en movimiento

Los pioneros de la electrónica se presentaron en el Luna Park y exhibieron un concierto como pieza de arte.


Una parte de lo que puso en duda la realización del concierto de Kraftwerk en Buenos Aires, más allá de las mentes obtusas de algunos funcionarios, era saber qué es un show de Kraftwerk. ¿Es una “fiesta electrónica”, como aducía quien estableció, en su momento, la suspensión del recital? Bueno, no lo es en los términos en los que la absurda prohibición imperante lo considera. Pero, a la vez, sí: lo de Kraftwerk anoche fue una fiesta. Su música es una celebración de los logros del siglo xx. Estos pioneros de la electrónica les cantan a las autopistas, la radioactividad, los teléfonos, los medicamentos, los robots y las computadoras personales. Lo suyo es el folclore de la era atómica.

Ah, entonces es un concierto de música. Sí, claro, pero también es mucho más que eso. ¿Qué otra banda ha tocado todo su catálogo en vivo en museos, tal como los alemanes lo hicieron como “residentes” en el MoMA de Nueva York o en el Tate Modern de Londres, como si se tratase de una exposición retrospectiva multimedia?

Bien, entonces es una pieza de arte. Y sí: Kraftwerk es una obra en movimiento, retropropulsada por su futurismo añejo, en constante interpretación, reinterpretación, perfeccionamiento y actualización de su clásico imaginario visual y sonoro. Es así que “Radioactivity” pasó de oda nuclear a himno ecologista, ahora con la adición de Fukushima al listado de desastres de Chernobyl, Harrisbug, Sellafield e Hiroshima. Los placares de sintetizadores de antaño fueron reemplazados por pequeños controladores. Las formas humanas de Ralf Hütter (único sobreviviente del cuarteto original) y compañía dieron paso a las siluetas digitales. Y las tradicionales proyecciones que acompañan las ejecuciones de “Computer World”, “The Man-Machine”, “Neon Lights”, “The Robots” o “Electric Café” (acaso, la “sorpresa” de la noche) ahora son en 3D.

Los germanos no ofrecieron un espectáculo muy diferente al de las pasadas tres presentaciones que dieron en nuestro país (1998, 2004 y 2009), ni a las que vienen realizando por todo el mundo en los últimos diez años. Las versiones de los temas tienen mínimos cambios y la iconografía que anima cada canción en las pantallas se mantiene casi inalterable. Y está bien que así sea: ¿Quién entra a un museo y le cambia los colores a un Mondrian o la tipografía a un Ródchenko?


La repetición, lo esperable, es parte esencial de Kraftwerk, es su “estilo”. Uno se sube a la “Autobahn”, aborda el “Trans-Europe Express” o se deja llevar hasta el infinito por “Musique Non Stop” y sabe que está en dinámico viaje, ahora anteojitos mediante, hacia otra dimensión (conocida, única) del arte. 

Foto: Juan Borges


miércoles, 27 de abril de 2016

El regreso del álbum como obra

En tiempos en que la canción domina la industria, lanzamientos de Beyoncé, Kanye West, Rihanna y David Bowie revalorizan el concepto de disco.



Todavía no llegamos a mayo y ya podemos calificar este año como uno de los más despiadados de la historia reciente, en el que perdimos a íconos como David Bowie, Maurice White, George Martin y Prince (sin olvidar a Lemmy, que partió casi en el albor de 2016).  Pero que las lágrimas por la desaparición de estos innovadores irremplazables no cubran un fenómeno reconfortante: la revitalización que se está viendo estos días del álbum como vehículo artístico.

Desde la irrupción de iTunes y la reconfiguración del mercado hacia la comercialización de canciones “sueltas”, se viene debatiendo la “muerte del disco” como obra, como encarnación expresiva. “Ya nadie escucha álbumes, lo importante son los singles” parecía ser una máxima instalada en la industria y, claro, los números grabaron esa idea en bronce. Con la aparición, a mediados de 2003, de la tienda virtual de Apple (y la expansión del formato digital por sobre el físico), la venta global de álbumes se desplomó año tras año. Entre 2000 y 2014, en los Estados Unidos las cifras pasaron de más de 13.000 millones de dólares a unos 1.850 millones, una caída cercana al 86 por ciento, según la RIAA.  

Solo en Gran Bretaña, en 2003 se vendieron casi 31 millones de singles, contra unos 157 millones de álbumes, en ambos casos con el CD como soporte dominante. Diez años más tarde, los simples superaban los 188 millones de unidades, contra menos de 100 millones de discos, ya con el formato digital como principal medio.

ITunes y el resto de las “disquerías” online que fueron surgiendo dieron vuelta el negocio y desarmaron al disco económica y conceptualmente: la audiencia ahora podía comprar solo los temas que le gustara, disgregando el álbum y atomizándolo en obras (y elecciones) de 0,99 dólares.
Este modelo se mantiene hoy y, muy probablemente, también lo haga en el futuro (después de todo, ¿por qué debería cambiar? ¿Qué tiene de malo?). Sin embargo, las últimas producciones de artistas como David Bowie, Suede, Kanye West, Rihanna y Beyoncé, entre muchos otros, parecen volver a poner el foco en la importancia del álbum como forma y unidad de expresión artística (proceso en el que el revival de las ediciones en vinilo juega también su parte). 

El último acto de David Bowie fue un disco: no un show, ni un libro, ni un single, ni un escándalo mediático. Un testamento de su talento entre sus últimos deseos, obsesiones, miedos y definiciones (¿Cuánto peso histórico tiene ahora ese final con “I Can't Give Everything Away”?).

Ese mismo enero negro, Suede (otros ingleses y, en gran medida, herederos el ex Duque Blanco) editaron Night Toughts, un logrado trabajo que coquetea con una ópera rock audiovisual sobre pérdidas, excesos, penas y sueños rotos y que hasta viene acompañada de su propia película. ¿Qué sentido tiene si solo cargamos en nuestro MP3 el corte “Outsiders”?



Mientras tanto, en los Estados Unidos, Rihanna ponía fin a tres años de expectativas con su demorado ANTI: toda una declaración de que podía ser una artesana de álbumes más que una abastecedora de top tens tan seguros como impersonales. La portada, a cargo del pintor y escultor Roy Nachum, con esa pequeña Robyn Fenty enceguecida por su coronación como Rihanna y un mensaje en braille sobre miedos y liberación, envasa su acto de madurez (con todos los aciertos y errores que implica crecer musicalmente).



El lanzamiento en febrero de The Life of Pablo del inefable Kanye West será, por lejos, uno de los acontecimientos del año: una explosión de ego contenida en una obra en constante metamorfosis (el músico modificó el tracklist varias veces desde su aparición) y rodeada de sus características contradicciones, delirios, conventillos 2.0 y grandilocuencia (“Este no es álbum del año, es el álbum de la vida”, definió el rapero en su siempre desbordante cuenta de Twitter). The Life of Pablo (que tuvo hasta cuatro nombres diferentes) tuvo su premiere en el Madison Square Garden durante un show de moda de West, y poco más tarde estuvo disponible en exclusiva en el servicio musical Tidal. El disco logró 250 millones de streams en los primeros diez días y, se estima, duplicó la base de suscriptores de la plataforma online liderada por Jay-Z. Se convirtió el primer álbum en llegar al número uno en los Estados Unidos por ventas que llegaron en un 70 por ciento por sistemas de streaming, ya que el disco no fue (y, según West, nunca será) editado en CD.

Lo de Kanye reconceptualiza el álbum: lo libera de ataduras físicas, lo deja “abierto” a la “actualización” constante y hasta lo (retro)alimenta con su ecosistema personal (caprichos, peleítas mediáticas, fashion business, acuerdos comerciales y kardashianismos varios).
En el ámbito local, Los Fabulosos Cadillacs acaban de anunciar que su regreso luego de siete años será con un álbum conceptual, La salvación de Solo y Juan (Primer Acto), que llegará el próximo 27 de mayo. Y la primera muestra no fue, como es usual, un corte adelanto, sino cuatro temas presentados al unísono: una acción que pone al single como herramienta contextualizadora de una obra, que convierte “canciones” en verdaderas “pistas” para armar un relato.

Por otro lado, Babasónicos se apresta a lanzar Impuesto de fe, con nuevas versiones de su amplio cancionero. El disco forma parte de un proyecto más abarcativo titulado Desde adentro, un concepto multiplataforma y celebratorio de sus 25 años de carrera que incluye, además de ediciones en DVD, Blu-ray y vinilo, un especial para televisión que será emitido por HBO



La última (y alta) nota la dio el fin de semana pasado Beyoncé, que reveló su Lemonade y volvió a sorprender al mundo con un disco que salió sin previo aviso. Tal como ya lo hizo en 2013 con Beyoncé, la cantante se despachó con un “álbum visual”, en el que cada track tiene su respectivo video. En esta oportunidad, relata la crisis de un matrimonio (en realidad, el suyo con Jay-Z) a partir de una infidelidad. Es un trabajo monumental, sonoramente meticuloso, revelador y líricamente íntimo, y tiene una lista de créditos, colaboraciones y sampleos tan larga como inusitada, que incluye a Jack White, Diplo, Kendrick Lamar, The Weeknd, James Blake, Ezra Koening (Vampire Weekend), Joshua Tillman (Father John Misty), Burt Bacharach y ¡Led Zeppelin

Sí, 2016 puede ser el año más desalmado de la memoria reciente. Pero estos y otros lanzamientos, como el de Iggy Pop o incluso el de PJ Harvey, dan cuenta de que este también puede ser el año en el que los álbumes volvieron a ser relevantes. Qué vende más o qué menos poco importa. Las canciones podrán ser la moneda de esta industria. Pero es bueno no olvidar que el disco es cultura.

Leer en GeneraciónB.com >> 

martes, 12 de enero de 2016

Un mundo sin Bowie

Tras su muerte, ¿hay nuevos artistas que continúan su legado?




Pretendamos por un momento que David Bowie nunca existió. Millones de niños nacieron el 8 de enero de 1947, pero ningún David Robert Jones. Por lo tanto, no hubo un Major Tom, ni un Ziggy Stardust, ni un Aladdin Sane, ni un Duque Blanco. Hubo una sola odisea espacial. La androginia no tuvo madre, el glam no tuvo padre, y el rock y la moda jamás se conocieron. Lou Reed no recorrió el lado salvaje, ni Iggy Pop la vanguardia. Sonido y visión jamás se sumaron, y pop y arte se dividieron. Berlín se quedó sin trilogía y todas las mascotas con heterocromía no tienen nombre. Probablemente, Brian Eno sea jurado en Britain’s Got Talent y jamás escuchamos hablar de Joy Division, Roxy Music, Duran Duran, Japan, Bauhaus, Blondie, Siouxsie Sioux, Grace Jones, Boy George, Depeche Mode, Gary Numan, Nine Inch Nails, Björk, Suede, Placebo…

Borrar su nombre basta para concretar el más atroz de los genocidios musicales y dejar a gran parte de la cultura popular occidental traumada, con blancos, vacíos imposibles de identificar y completar con una cara y un sonido referente. ¿Plastic-soul? ¿Gótico? ¿New wave? ¿Post-punk? ¿Synth-pop? ¿Qué?

Ayer, amanecimos en ese mundo: un mundo sin David Bowie. Como si hubiéramos despertado en la más triste ucronía pop que la ciencia ficción pueda elucubrar, este es, ahora, un lugar parecido a ese: con menos riesgos artísticos, menos fantasía y sorpresa, menos estilo, menos experimentación y, claro, menos héroes. Un mundo sin Bowie es, como aquel, un mundo sin transformaciones ni reinvenciones, con el futuro en pausa.

“Todos nosotros somos hijos de Bowie. Él nos inspiro y cambió nuestras vidas”, publicaron en sus redes sociales los Pet Shop Boys en condolencia. Es fácil ver los rasgos de paternidad en el dúo británico (que llegó a colaborar con el cantante en “Hello Spaceboy”) y en decenas de artistas de los años 80 y 90 que llevan su ADN (o el de Stardust o el de cualquiera de sus alter egos históricos). ¿Pero dónde están sus hijos recientes? ¿Quiénes son los artistas surgidos en los últimos quince años que continúan su legado?


Es verdad que ha sido un padre ausente durante este período. La retrospección y la enfermedad le quitaron liderazgo, energía y presencia como guía de nuevas generaciones. ¿Pero dónde están esos que tanto dicen seguir su influencia? No los que visten extravagante, copian gestos y arreglos o provocan para las cámaras. Sino los que generan, como él, un torbellino de creatividad a su alrededor y salpican su talento a otros. Los que, como alguna vez dijo, no están para glorificar el rock and roll, sino para usarlo como uno de los materiales del artista. Aquellos que atraviesan música, teatro, cine, moda, pintura y sexualidad y los redefinen y unen con su paso. Los que, como él, llaman más la atención por lo que no son que por lo que les gustaría pensar que son. ¿Dónde están? ¿Quiénes son? Quiero conocer a los últimos hijos de David Bowie, por el bien de este mundo.



lunes, 22 de junio de 2015

15 discos de 2015 que ya deberías tener

Pasó la mitad del año, y seleccionamos algunos de sus álbumes más destacados hasta el momento.




Björk - Vulnicura
A base de cuerdas y beats, la islandesa teje una obra que sirve de hiperlink a los mejores momentos de su discografía: la ternura boreal de Vespertine, el volcán vocal de Medúlla, el art-pop abstracto de Homogenic y el sentimiento posthumano de Biophilia. Todas las Björk sonando al unísono.


Muse – Drones
“¿Sos un dron humano? ¡Sí, señor!.. Tu culo ahora me pertenece”, grita Matthew Bellamy en “Psycho”, título más que descriptivo del ánimo psicopatoide de este Muse más pesado y perverso, obsesionado con la deshumanización, las guerras vía joystick, el control y la manipulación de masas. Como diría Philip K. Dick, “es extraño cómo la paranoia y la realidad pueden coincidir de vez en cuando”, en este caso, en un disco fenomenal.


Blur – The Magic Whip
Pasaron 16 años desde que Damon Albarn, Graham Coxon, Alex James y Dave Rowntree hicieron música juntos, y su octavo álbum, lejos de un tentador “regreso a las fuentes”, es el sonido de cuatro tipos confortablemente confundidos en la tarea de redescubrirse. Unas fechas canceladas en Japón y Oriente los llevaron a Hong Kong para unas primeras sesiones, y la extrañeza de neón de la ciudad parece haberle otorgado la atmósfera ideal al disco: íntimo, melancólico sin nostalgia y exploratorio hacia el futuro. Como si fuera necesario irse muy lejos para encontrarse, The Magic Whip parece (salvando las distancias geográficas) la versión Perdidos en Tokio de Blur.


Bob Dylan - Shadows In The Night
La leyenda del folk desnuda de arreglos diez clásicos románticos de los años 40 y 50 popularizados por Frank Sinatra, como “I'm a Fool to Want You” y “The Night We Called It a Day”, y los adapta a un formato de banda mínima y sin intención de tributos. “No me veo haciendo covers de estas canciones. Lo que mi banda y yo estamos haciendo es descubriéndolas, sacándolas de la tumba y llevándolas a la luz del día”, dijo el Sr. Zimmerman, y suena a la pura verdad.


Faith No More - Sol Invictus
La voz de Mike Patton luce elástica como siempre, el groove y el músculo de Bill Gould y Mike Bordin no perdieron tonicidad, y los muchachos de San Francisco derrochan vitalidad con weird-metal de épica progresiva y guitarras tarantinescas. 18 años después de Album of the Year, ¡’tas igual, Faith!


Jim O'Rourke - Simple Songs
Este ex-Sonic Youth, productor héroe del indie (Stereolab, Wilco, Beth Orton, Joanna Newsom y más), compositor para películas y abanderado del sonido “artesanal” antidigital tiene varios trabajos solistas, pero este es su primer disco de “simples canciones”: un viaje a algún pub imaginario de los 70 donde bien podrían juntarse David Bowie, Randy Newman y Cat Stevens a hacer chamber-pop y jazzy-rock.


Leftfield - Alternative Light Source
A dos décadas de haber creado uno de los álbumes fundamentales de la electrónica (Leftism) y tras 16 años de silencio, Neil Barnes and Paul Daley volvieron para recuperar lo que es suyo: un house oscuro y seductor, con la gravedad del dub y festividad narcótica del dance. Tras el decepcionante retorno de Giorgio Moroder, el dúo de Londres primerea en el género como el regreso del año.



Tobias Jesso Jr. - Goon
Una de las revelaciones del semestre la dieron las baladas a piano y alma desnuda de este tímido canadiense con el sentido melódico del primer Paul McCartney y la hipersensibilidad de Harry Nilsson. Certero ataque al corazón.



Kendrick Lamar - To Pimp a Butterfly

El “nuevo rey de la costa Oeste”, como alguna vez su padrino Dr. Dre lo coronó, se consolida como uno de los artistas más sólidos y originales de la música negra contemporánea, en un álbum brillante y provocador de historias confesionales, autoconscientes, cargadas de críticas sociales y políticas sobre un fluir ecléctico e indescifrable de neo-soul y deep-jazz.


The Sonics – This is The Sonics
Si la reunión de las riot grrrls Sleater-Kinney tras 12 años y su excelente No Cities to Love paró las crestas, la reaparición luego de casi ¡cinco décadas! de estas glorias detuvo los latidos.  The Sonics fueron los antepasados de Mudhoney, The Cramps, Nirvana, Eagles of Death Metal, The White Stripes y gran parte de todas las bandas punk, garage y grunge antes de que esos géneros existieran. Como todos los animales prehistóricos, eran toscos, crudos, feroces y, 50 años más tarde, no han evolucionado. Un álbum para escuchar cuando los dinosaurios dominaban la Tierra.


High on Fire - Luminiferous
Hace 15 años que la banda de Oakland liderada por Matt Pike (exviolero de los fundamentales Sleep) viene puliendo su sonido sludge-stoner con un desquiciado imaginario de misticismo fumón (escuchen De Vermis Mysteriis, un álbum conceptual sobre un Jesús viajero del tiempo). Pero su séptimo trabajo es una obra maestra cargada de esoterismo y conspiraciones alienígenas que flotan en un averno de riffs espesos y crepitantes como la lava. Si solo tenés presupuesto para un disco de metal en estos meses, esta es tu elección.


Natalia Lafourcade - Hasta la raíz
¿Quieren aumentar las ventas de música? Creen una batea de “Álbumes postrupturas” y vean cuánto dura la larga y hermosa discografía que nos han dado los corazones rotos. Ahí, primerito entre las novedades, hay que poner las agridulces canciones de esta mexicana que combina como ninguna el indie pop universal con la tradición latinoamericana, donde un blues urbano se puede cruzar con el huapango y la chacarera para dejar en claro que no hay musa más generosa que el dolor.


Sufjan Stevens - Carrie & Lowell

Otro ejemplo de una crisis personal sublimada en fino arte. En 2012, el músico de Detroit perdió a su madre (con trastorno bipolar y esquizofrenia) y eso lo llevó a un viaje interior para repasar su infancia y sus sentimientos. De ahí, surgieron angustiosos y frágiles temas acústicos, lejos de los arreglos sinfónicos del celebradísimo Illinois (2010) y la electrónica de The Age of Adz (2010), que podrían revivir a Nick Drake. Ubíquese en la batea “Música para la resiliencia”.


Noel Gallagher's High Flying Birds - Chasing Yesterday
Un álbum para responderse cada vez que surja la pregunta por la vuelta de Oasis: “¿Para qué?”.


Steven Wilson - Hand. Cannot. Erase.
El último genio del prog ya había mostrado su recurrente obsesión por la alienación y su mirada crítica hacia los nuevos medios sociales en Fear of a Blank Planet, al frente de Porcupine Tree. Pero, en su cuarto trabajo solista, lleva sus temores más allá con un álbum conceptual inspirado en la historia de Joyce Vincent, una joven que fue alejándose de todos sus vínculos y falleció en completa soledad en pleno Londres, donde su cuerpo fue descubierto recién dos años más tarde. Wilson escribe desde una perspectiva femenina sobre la vida “interconectada” de hoy, conjuga el poder de King Crimson y Rush con el trip-hop y el Manic Street Preachers más popero, suma a la ecuación a una ex-Pop Idol (Ninet Tayeb) y pone a una mezzo soprano como Katherine Jenkins a, sencillamente, hablar. Los que se quedan aislados son los que dicen que el rock “progresivo” está muerto.



Leer en Rolling Stone >>


martes, 24 de febrero de 2015

La caja inteligente

Internet y las nuevas tecnologías están cambiando el consumo de entretenimiento. ¿Cómo serán las series y películas del futuro? ¿Dónde veremos noticieros o escucharemos música? Un vistazo al mañana del esparcimiento digital.



El futuro del entretenimiento digital puede resumirse en tres W. ¿World Wide Web? No exactamente. En los despachos de los grandes estudios de cine y televisión, así como en las oficinas de pequeñas productoras y en las cabezas de los creativos audiovisuales, se habla de la última máxima para la creación de contenidos: «Whatever content they want, whenever they want it, wherever they want it». Traducido: Lo que deseen, cuándo y dónde lo quieran.

No interesa si es un capítulo de Game of Thrones, el último videojuego de Angry Birds, el trailer de The Hobbit, un partido de fútbol o el nuevo disco de U2. El consumidor quiere disfrutar de todo lo que le gusta al instante, de manera fácil, sin importar el dispositivo, el lugar, los horarios o de dónde y cómo le llega ese contenido. Así, «la nube» de Internet aparece como la plataforma donde se montan los nuevos proveedores de entretenimiento digital. ITunes es un paradigma en este sentido: un servicio que ofrece música, series, películas y aplicaciones para diversos equipos, desde la televisión (vía el equipo Apple TV) hasta desktops, laptops, tablets y smartphones.

Netflix es otro ejemplo de los cambios en el mercado y cómo las compañías deben adaptarse los nuevos esquemas del negocio. La firma, que comenzó siendo un sistema de alquiler de DVD por correo en 1997, evolucionó para convertirse en un servicio de streaming on demand con más de 50 millones de suscriptores, que no solo provee series y películas, sino que hoy hace sus propias producciones (como los celebrados shows House of Cards, Orange is the New Black y Hemlock Grove, entre otros).

Pero, más allá de la transformación y aparición de empresas que darán nuevas formas al negocio, ¿a qué tipo de entretenimiento podremos acceder en los próximos años? ¿Cómo será y dónde lo podremos disfrutar? Algunos sostienen que parte de esa respuesta ya está en nuestros bolsillos.

De acuerdo a un informe de la consultora comScore, en 2014 uno de cada tres minutos que se pasa en los medios digitales se da a través de un smartphone o tablet. Hoy, los dispositivos móviles compiten con la TV como principal fuente de atención o la complementan como una «segunda pantalla». Crece y crece la práctica de comentar en redes sociales lo que se está viendo en «la caja boba», sea el superclásico o la entrega de los Oscar. En concreto, el uso de Twitter tuvo influencia en el 11% de los programas de TV del Reino Unido, que lograron un aumento de al menos un 2% en su audiencia, según el último estudio del Broadcasters Audience Research Board de este año. Mientras que Nielsen, en Estados Unidos, señaló que el social networking puede aumentar hasta en un 29% el rating de un programa.

Pero el futuro abre nuevas posibilidades para dar un uso más amplio, audaz y primordial de esas pantallas hoy secundarias. «Entramos en una era donde todas las pantallas trabajaran casi en conjunto y será la atención del usuario, a través de arcos argumentales y otras convenciones, lo que determinará cuál es el dispositivo principal. Pronto, el tamaño no importará», se vaticina desde un análisis de Ernst & Young (E&Y) de 2013 sobre las nuevas tendencias en medios y entretenimiento.

En sintonía, el informe imagina ficciones donde los personajes aparecen en diversos equipos que dialogan e interactúan entre sí, creando una surround picture. O historias cuyo guión requiere la intervención del espectador, que puede tomar decisiones desde su celular, al modo de aquellos libros de Elige tu propia aventura.

Ver TV ya es un acto social. Un estudio de Empower MediaMarketing encontró que el 75% los norteamericanos miran el Super Bowl acompañados de una o más personas, y un 26% lo hace en grupos de seis o más amigos. Y cada vez se estila más reunirse ante el televisor, cual fogón digital, para «participar» del Mundial de fútbol, el final de temporada de American Idol o la alfombra roja del Golden Globe.

El contenido muta cada vez más hacia la idea de «evento». Según Ernst & Young, «el éxito en el futuro residirá en cómo construir suficiente experiencia social alrededor de un programa para que los espectadores no quieran quedarse afuera. La tendencia evoluciona desde el viejo concepto de la “tele que hay que ver” hacia la “tele que hay que vivir”».

Por otra parte, a medida que bajan sus costos, las pantallas se multiplican en los hogares, y se podrían generar nuevos contenidos que aprovechen esta ubicuidad. Imaginemos poder ver, por ejemplo, el noticiero de las mañanas, de manera ininterrumpida y automática, a medida que nos desplazamos por nuestro hogar: desde que nos levantamos en la habitación, pasando por el living o mientras nos lavamos los dientes delante del espejo del baño.

Incluso se podría pensar en contenidos que cambian según el contexto del televidente: ofrecer recetas cuando se enciende la cocina, o una programación nocturna específica a la hora de ir a la cama. En este sentido, los celulares y nuevos relojes inteligentes pueden servir como sensores y controles para establecer ubicaciones y hasta personalizar gustos y experiencias.

Smart es el adjetivo que define los nuevos gadgets tecnológicos, pero no por la cantidad de opciones que pueden ofrecer hoy, sino por cuán ágiles podrán ser mañana para aprender y conocer nuestros hábitos. Basta de navegar incompresibles e impersonales guías de programación en la TV. Ya existen tecnologías que pueden detectar rutinas e intereses regulares y ofrecer opciones de contenidos individualizados.

Podríamos tener dispositivos y servicios que «sienten» el contexto y entregan una programación adaptada a los patrones de consumo. «Llevado al extremo, el home entertainment podría estar integrado con multiplicidad de equipos —imaginan desde E&Y—. ¿Se detecta un ritmo cardíaco y de respiración acelerado? Quizás el usuario esté haciendo ejercicio, y los smart devices puedan ofrecer música y programas acorde a esa situación. ¿Niveles bajo de dopamina? Quizás sea momento de unas comedias para levantar el ánimo».

Ubicuo, omnipresente, social, interactivo, contextual y personalizado. Así será el entretenimiento del futuro, que ya está aquí, dónde y cómo lo desees.

Publicado en revista S/O - Simonetta Orsini, 2014.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¿Por qué los discos cuestan lo que cuestan?

La industria local explica cómo se forma el precio de la música, tras el año en que los CD quebraron la barrera de los $ 100 y se acercan a los $ 200.  




«Siempre existió la percepción de que los discos son caros, y nunca valieron más que un kilo de helado, que dura tres minutos y es leche con colorante. Los discos salen lo que salen y, por alguna u otra razón, nadie gana plata con ellos», dispara Alejandro Varela, mientras hace malabarismos para apagar un aire acondicionado que está escarchando su oficina en S-Music, el sello que preside y donde edita desde Nocheros y Javier Malosetti hasta Suzanne Vega y Tricky, pasando por nuevos talentos nacionales como Foxley y Octafonic.

Varela, que tiene décadas en el negocio musical y fue directivo de EMI, Sony y CAPIF, sabe que 2014 fue tan caldeado como los más de 33 grados de sensación térmica que hay afuera. Al termómetro de la economía nacional, este fue el año en que el precio de los discos superó la barrera de los $ 100 y ubicó los lanzamientos entre los $ 140 y $ 180. La «ley del kilo de helado», que muchos en la industria repiten como parangón del valor del disco, se derritió. Diversas fuentes coinciden en que hubo un incremento de entre el 30 y 35 por ciento este período, pero si vamos un poco más atrás en el calendario, la cifra puede ser más friolenta: los CD que a mediados del año pasado la cadena Yenny/El Ateneo comercializaba a $ 92 hoy cuestan $ 149, alrededor de un 62 por ciento más.

¿Qué justifica esos valores y cómo se compone el precio de un disco? Los principales insumos de un CD son el plástico y el papel, con valores dolarizados. Hoy, el costo de fabricación promedio de un compacto básico con libro de ocho páginas va de USD 1,50, para una edición en cajita transparente (jewell case), a más de USD 2 para un digipack díptico con bandeja. Las cantidades y cualquier aditamento cambian los valores.

«Con la caída del disco físico se está haciendo mucho hincapié en la gráfica. No es como antes que el CD venía con una lámina así nomás. Hoy tiene mucho trabajo y valor. El costo industrial en el negocio siempre se manejó entre un 15 y un 20 por ciento del producto, y hoy no es menos del 35 o 40. Es complicado para nosotros hacer rentable eso, porque tenemos muy poco margen», dice Alberto Paiaro, VP de Sony Music Argentina.

Así es que, para los sellos, el packaging se convirtió en el primer determinante del precio del disco. «El último álbum de The Black Keys (Turn Blue) fue carísimo de hacer, porque había que plegarlo manualmente y tenía colores muy específicos. Aunque te parezca mentira, todo lo que es terminación manual está en dólares. No sé por qué, deben ser suecos los que lo hacen —bromea en serio Alejandro Paolini, gerente de Operaciones de Warner Music Argentina—. Además, todo lo que es cartulina viene de Brasil y ya aumentó tres veces. No podemos trasladar el costo de fabricación al precio porque los discos terminarían al doble de lo que están. Entonces, perdemos margen y tenemos que cuidarnos mucho más con la fabricación».

Según el directivo, «los formatos complejos de cartón ya conviene importarlos. Si son cosas de las que hay que fabricar más de 1.000 ejemplares, las hacemos acá. Pero si son artistas para un público selecto o reducido, conviene traer 300, 500 unidades y, llegado el caso, a los dos meses reponer 100 más».

Según el relevamiento, los compactos en formatos más básicos terminan saliendo del sello a un valor que oscila entre los $ 45 y $ 60 más IVA. Además del costo de fabricación, hay que descontarle el 8,19 por ciento que cobra SADAIC en concepto de derecho de autor; las regalías («entre un 10 y 20 por ciento, según el artista. Uno internacional puede superar el 30», cuenta el ejecutivo de una multinacional) y el cargo del distribuidor. En nuestro país, hay tres principales mayoristas. DBN es el número uno, y se calcula que tiene más del 60% del mercado. Según uno de sus directivos, Sebastián Amorena, su sede en Chacarita tiene un stock de más de 1,2 millones de unidades, entre CD, DVD y LP, y vende unas 200.000 por mes. Posee unos 500 clientes activos, entre ellos la cadena Yenny/El Ateneo, a quien abastece sus 50 sucursales en forma exclusiva desde hace más de diez años. Le siguen Distribuidora LEF (que desde hace un año tiene un acuerdo como el de DBN, pero con librerías Cúspide) y AF. El cargo que cobran a los sellos varía según acuerdos y negociaciones, pero fuentes lo sitúan entre un 12 y 20 por ciento.

Desde un sello revelan cómo se compone el valor del disco de una banda nacional que acaban de editar, y que Yenny/El Ateneo comercializa a $ 131: «El digipack terminado con booklet de ocho página lo vendimos a $ 44 más IVA. Descontale $ 12,50 de manufactura, el 8,19 por ciento de SADAIC, otro 20 que me cobran por distribuirlo, el 1,20 de impuesto al cheque y una regalía de 20 puntos, que acordamos porque la banda ya trajo el disco grabado. Si tenía que pagar los $ 150.000 de una buena grabación, no los recupero más. Ahora, vos decime, y yo ¿con qué me quedo?».

Retail

La última etapa en la formación del precio es el comercio al público. Ninguna parte de la industria quiere tirarse tierra en un negocio donde la venta física viene en retroceso y todos deben cooperar, pero son varios los que se quejan de que al retail «se le va la mano» con el margen que cargan a los productos y ubican a las cadenas de disquerías como los responsables de algunos abusos.

Una fuente reveló que, en los últimos diez años, Musimundo pasó de aplicar un markup del 1,6 al actual 2,43, casi dos veces y media el valor de costo: «Varias veces les dijimos “paren, nosotros tenemos cada vez menos rentabilidad y ustedes no”. Pero ellos siempre te dicen que tienen más gastos: que el sindicato, la luz, la renovación del alquiler, los impuestos. A veces, con nuestros productos importados, que les proponemos buenos precios, lo gravan por 3,5, solo porque viene de afuera». GeneraciónB convocó a Musimundo a participar de este artículo, pero no obtuvo respuesta.

Los valores se amplían en el caso de los tan en boga vinilos. «Fabricar un LP básico cuesta alrededor de € 2, unos $ 22. Acá llega, entre el flete y los derechos, a $ 44. Nosotros los vendemos a unos $ 150 y en las disquerías aparecen a un piso de $ 500. Fijate cómo termina la escala», suma otra voz en off.

«El modelo de retail de grandes superficies arruinó el disco —arremete un alto miembro de la industria discográfica local—. Muchos dicen que el problema fue la piratería. Para mí no: es que desapareció la disquería y nos fuimos a un esquema que no aplica para la venta de música. Yo compraba discos porque me los vendía un disquero. Todos los melómanos lo somos porque hubo un tipo que nos educó y ese es el contrapunto con las grandes tiendas, con gente que no te sabe decir dónde están los títulos o los ponen mal en las bateas. Es como vender cuadros en un supermercado: va de culo. Nosotros perdimos eso y hoy el margen que maneja ese retail es lo que encarece más el producto».

Para Alfredo Suhring, gerente general de la disquería Zivals, este año hubo tres incrementos que totalizaron «entre un 25 y 30 por ciento, y más que nada en las novedades. Todo lo que se va gravando tiene que ver con el distribuidor, el sello y demás, que nosotros trasladamos al precio final; no son aumentos nuestros. En general, se llegó a un porcentaje que cierra y se trata de no moverlo porque no conviene. Ya la suba natural perjudica y si encima le sumás, peor. Siempre que cierren los números, se trata de no tocar».

«El disquero tiene un margen de entre el 45 y 50 por ciento, no hay tanta historia con eso —responde Darío Rigitano, gerente comercial de Distribuidora LEF, quien trabajó diez años en Musimundo—. Una vez escuché a Afo Verde cuando era presidente de Sony decir en el programa de Andy Kusnetzoff, con un desconocimiento total, que el comerciante era el que imponía el precio al público y el que iba en contra del mercado. El retail es formador de precio, pero esto de andar diciendo que uno u otro hacen mal las cosas no está bien. Al contrario: hoy tendríamos que estar más unidos, sacudirnos la modorra y darle para adelante, porque, si se cae el mercado, se cae para todos».

Para el ejecutivo «a la industria la fueron bastardeando durante años por el tema de que los discos son caros. Pero si la situación económica fuera otra, no estaríamos hablando de los precios. Todo sería diferente si los costos de fabricación no estuviesen dolarizados; si la nafta para las camionetas que hacen la distribución no estuviera al doble; si no indexaran un 30 por ciento los alquileres todos los años o si no tuvieras los convenios de comercio que aumentan otro 35 a los empleados: todo suma. Los precios están adaptados a esta realidad, aunque también creo que, si aumentan más, irían en contra de nuestro negocio. La idea es vender cada vez más, no menos. ¿Qué preferís: facturar 1.000 ejemplares a $ 200 o 2.500 a $ 80? Yo me quedo con lo último, porque son más unidades y más gente que entra a las disquerías. Pero hoy es una cosa u otra, y no está buena ninguna de las dos. No está buena la suba, pero si no aumentás, ¿qué hacés?».

El otro síntoma inflacionario que pudo observarse este año es la decisión de algunas cadenas de retirar los precios de exhibición. «Tuvo que ver con el desgaste mecánico de los empleados, que terminan de modificar los precios y luego deben volver a cambiarlos, porque están oscilando y uno tiene que cobrar lo que está a la vista. Poniendo un sistema de lectura es mucho más fácil, tenés todo actualizado constantemente y evitás errores», explica Suhring, de Zivals, que junto a Yenny/El Ateneo y Cúspide optó por quitar los valores de las etiquetas de los discos.

«Eso no está bueno; hace mucho que se trabaja con el formato de autoservicio, la gente no está acostumbrada a consultar y cuando no tiene nociones se complica la venta», opina Paiaro, de Sony.

Futuro

La suba de precios hará que la industria del disco local cierre 2014 con una caída en la venta de unidades, pero con un incremento en la facturación. Paiaro señala una baja del diez por ciento en ejemplares, pero dice que Sony estará diez arriba en ganancias. Desde DBN, coinciden con un retroceso del diez por ciento en unidades, mientras que Rigitano comenta que LEF está «un cinco por ciento por debajo de 2013, pero un 20 arriba en plata por el incremento de los precios».

A pesar de todos los vaivenes de la economía y el crecimiento de la oferta de música online, en nuestro país, el soporte físico representa más del 70 por ciento de la facturación de los sellos, y el formato CD domina en más de un 85 por ciento. Un panorama muy diferente al de otros países de la región, como Chile, donde la relación se está invirtiendo y el canal digital ya representa más de la mitad de los ingresos de algunos sellos.  

«En Chile, al fundirse La Feria del Disco (Feriamix), que era el Musimundo de allá, no hay un retail donde poner los discos. Masivamente, se complicó mucho —cuenta Diego Villanueva, director de Marketing y A&R para Cono Sur de Warner Music—. Estamos potenciando los supermercados y toma un tiempo que la gente se acostumbre a que el nuevo álbum de Miguel Bosé está en Jumbo cuando vas a comprar la leche. En Argentina, todavía tenemos retailers sanos y el nuevo de Coldplay lo podemos ubicar en 500, 600 bocas».

Más allá de la vigencia que todavía tiene la venta física en nuestro país, en la industria saben que es cuestión de tiempo para que la balanza se incline definitivamente hacia la música en bytes. «Hay artistas que van directamente a Internet y ya no se preocupan por la edición física. Ver los números finos del disco es al cohete. Los genios del marketing se rompen la cabeza para tratar de hacer rentable algo que nunca lo volverá a ser —sentencia Varela—. El disco está subvencionado por todos los que participan de su proceso y hoy es un disparador para impulsar otros negocios, algunos imperceptibles para la gente como los derechos conexos, es decir, lo que se gana por la ejecución pública, lo que paga la radio, la TV y los sitios web por pasar música».

«Eso es mucha plata y ayuda muchísimo —revela un ejecutivo—. Para que tengas una idea: en la crisis de 2002, cuando estalló todo y las discográficas se achicaron y rajaron a mucha gente, mantuvieron su operación gracias a esos ingresos. Bajaron costos, no fabricaban y esa plata seguía entrando igual, sacaran o no discos».

Según Villanueva, «en los últimos diez años las compañías no dejamos de firmar artistas, solo modificamos el modelo. Hoy, un músico como Ed Sheeran, por ejemplo, está dentro del nuevo esquema donde la compañía lo firma, lo graba, lo potencia y cobra de todos los negocios conexos que genera, que son muchísimos y antes las compañías no atendían, porque solo miraban el disco».

Para el directivo, en la actualidad «hay otras formas de medir el negocio de la música y el estatus de tu artista. El año pasado, los usuarios argentinos de YouTube le dieron a la canción “¡Corre!”, de Jesse & Joy, 30 millones de clics. Eso que decir que llegó a la gente y le permitió a la banda hacer su primer Luna Park».

«YouTube es una fuente muy importante de dinero para las compañías. Calculá que deja USD 0,02 cada reproducción que tenga publicidad. Una discográfica con un catálogo importante puede generar más de un millón de visitas diarias y, a fin de mes, tener un ingreso muy interesante», opina Rigitano.

¿Seguirá, entonces, siendo negocio vender discos? «Sí, porque el disco es contenido, es como una noticia —responde Rigitano—. Antes, la venta de los discos generaba poder hacer marketing y todo lo demás. Hoy, lo digital y los shows están permitiendo que lo otro siga en funcionamiento. Esa diversificación hizo que se pueda mantener el negocio. Cambiará el formato, pero música va a haber siempre: no estás casi un minuto sin ella, está en todos lados».

viernes, 8 de agosto de 2014

Industria musical: Por qué la nostalgia rockea



Cada vez hay más discos clásicos que superan las ventas de las últimas y promocionadas novedades. El catálogo cobra relevancia en la economía de los sellos y el pasado resurge remasterizado y en caja deluxe. Cuando el pasado es un gran negocio.





La semana pasada, el “álbum negro” de Metallica vendió 2.070 copias y superó las 73.000 en lo que va de 2014 en Estados Unidos. Que un disco de hace 23 años tenga una mejor performance que muchas de las novedades de artistas soportados por la maquinaria promocional puede sonar como el bombo de Lars Ulrich en la cabeza de muchos. Por ejemplo, de Robin Thicke. La sensación de 2013, gracias al exitoso Blurred Lines, lanzó este año su sucesor, Paula, que apenas llegó a las 24.000 unidades en los primeros siete días en su país y tan solo 530 ejemplares en Gran Bretaña. Sí, 530: “Sad but True”.

No es ninguna novedad que los ingresos de la industria vienen cayendo desde hace buen tiempo. Y si bien en Argentina las ventas en formatos físicos tuvieron un repunte del 2,6% (según CAPIF) en 2013, en el mundo las ganancias globales tuvieron un retroceso del 3,9% en el mismo período.

Así todo, hay algo que está evitando que la baja sea mayor: la relevancia comercial de álbumes clásicos o de “catálogo”. Según un informe de Billboard sobre datos de Nielsen SoundScan, en los últimos cinco años la venta de novedades en Estados Unidos bajó un 38,1%, aunque la caída fue del 22,4% para los títulos antiguos, con lo cual el “archivo musical” está cobrando más y más importancia en la economía de los sellos (y, claro, en la elección del público). Es más, en 2012, por primera vez en veinte años se vendieron más discos “viejos” que lanzamientos: 76,6 millones contra 73,9, respectivamente.

Lamentablemente, en nuestro país no hay datos concretos. Los tres sellos multinacionales consultados no revelaron cifras y los reportes de mercado que efectúa CAPIF no discriminan entre “novedades” y “catálogo”. Sin embargo, entre los cien discos más vendidos en la Argentina durante 2013 se ve el poder de los viejos. Por ejemplo, el célebre Legend, de Bob Marley & The Wailers, con sus tres décadas a cuesta, vendió más que las flamantes obras de Coldplay, Arctic Monkeys y Rihanna. Lo mismo sucedió con el recopilatorio Greatest Hits I, de Queen, el seminal Nevermind, de Nirvana, y el siempre impecable “álbum blanco” de The Beatles.

Hay varios elementos que explican este “retrofenómeno”. El primero es el precio: en mercados como el norteamericano y el europeo, los títulos más antiguos pueden llegar a costar menos de la mitad que una novedad. Las malas circunstancias también influyen. El año pasado, tras la muerte de Lou Reed, la venta de su discografía aumentó más de un 600% y la reproducción de sus canciones en Spotify se disparó 3.000% el día después de su fallecimiento. Y Michael Jackson volvió a la cima a los charts con más de seis millones de ventas, entre discos físicos y downloads, tras su caminata lunar hacia el más allá en 2009.

Una versión menos lúgubre del mismo suceso: apenas horas después de que David Bowie sorprendiera al mundo en 2013 con el anuncio de un nuevo álbum tras una década de silencio, el grandes éxitos The Best of Bowie se fue directo al puesto 5 de iTunes.

El revival del vinilo suma. Aún lejísimos de los volúmenes que hoy representan los compactos, el download y el streaming en la industria, la venta de LP se disparó de un millón de ejemplares en 2007 a 6,1 el año pasado. ¿Y qué títulos se ubican entre las diez pastas más exitosas de 2014 hasta el momento? Otra vez el inmortal Legend, de Bob Marley & The Wailers, en el sexto lugar, y Abbey Road, de The Beatles, en el séptimo.

Pero la clave parece estar en la astucia del marketing para aprovechar coyunturas y lanzar ediciones limitadas, conmemorativas o lujosos box-sets que tocan el corazón (y el bolsillo) de fanáticos y nostálgicos. Así tenemos las exquisitas cajas de Pink Floyd, las versiones expandidas de Pearl, de Janis Joplin, y The Velvet Underground & Nico, o la colección Original Album Series que recupera de los arcones del olvido las obras de artistas tan disímiles como Randy Newman, Ratt, Margie Joseph, Montrose y Ride, entre otros. Hasta el famoso Sin documentos, de Los Rodríguez, tendrá pronto su coqueta versión por el vigésimo aniversario.

“Antes creíamos conocer o tener la discografía integral de nuestro grupo preferido. Sin embargo, las técnicas de digitalización y remasterización pusieron en nuestras manos material invaluable de grupos que serán clásicos en el futuro. Es necesario cuidar y compartir esos hallazgos. También es una buena forma de redescubrir la música desde otros lugares enriquecedores. Por lo general, estas versiones cuentan con booklets y textos firmados por periodistas de prestigio, que nos ayudan a valorar o entender creaciones o procedimientos que, en su momento, no fueron observados con la pasión con que se hace ahora. La cultura se renueva y también los públicos”, explica Nicolás Pichersky, label manager de Classic & Jazz de Universal Music Argentina. El sello acaba de editar en nuestro país las versiones estadounidenses de la discografía de los Beatles, el deluxe de Waterloo, de Abba, más los aniversarios de Superunknown, de Soundgarden, y Goodbye Yellow Brick Road, de Elton John. 

Otros ejemplos son los recientes lanzamientos conmemorativos de Rumours, de Fleetwood Mac, las versiones en CD/DVD de Your Arsenal y Vauxhall and I, de Morrissey, más la discografía remasterizada de Led Zeppelin, en variedad de formatos y con mucho material inédito, todo por el lado de Warner Music. “Siempre los buenos álbumes, los que alcanzan la categoría de clásicos, se venden. Además, lamentablemente, en esta década el arte en general parece dar señales de agotamiento, por lo que la mirada vuelve una y otra vez sobre el pasado”, opina Juan Cibeira, responsable del departamento de Promoción del sello y experiodista de la mítica revista Pelo, quien completa: “Ya no hay artistas referentes absolutos (como lo fueron Pink Floyd, Genesis, Beatles, Stones, U2 o Queen) que impongan una corriente. Entonces se apela a la seguridad que brinda la nostalgia. Pero, como también las generaciones crecen y se renuevan, hay que refrescar el producto con otro envase, remezclas, extras y demás. Si artistas contemporáneos abrevan en el pasado para presentarlo como novedad, es obvio que mucha gente buscará el original”.




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sábado, 13 de abril de 2013

Margaret Thatcher (1925-2013)


Desde que se murió que tenia en mente a la vieja para un dibujo, pero no encontraba el tiempo. El sábado fue un día tranquilo, de poco trabajo y soledad, así que aproveché para sentarme con los lápices y plasmar a Maggie como quisiera recordarla: pálida, gris, cadavérica, descomponiéndose.

martes, 2 de abril de 2013

A ferpect circus: ese espectáculo llamado rock



Tan solo una cosa me sorprendió del show que hace unas horas dio A Perfect Circle en Buenos Aires. No fue que la organización, por alguna razón, hiciera cruzar las vías del Ferrocarril Urquiza de noche a los asistentes que venían desde la calle Punta Arenas para caminar 300 metros a oscuras hasta el puente peatonal de Chorroarín, para otra vez cruzar esas vías (esta vez más seguros, claro: había un puente) y volver a transitar esos 300 metros de regreso, pero de la vereda de enfrente, hasta los ingresos.
Menos me sorprendió la nula ventilación del Estadio Cubierto Malvinas Argentinas, verdadero templo del sopor si los hay en esta ciudad, que provocó que la gente se agolpara en la única puerta de acceso abierta en busca de algo de oxígeno entre vahos de sudor y Paty.
No me extrañó que anunciaran desde los parlantes la absoluta prohibición, por solicitud de la banda, de filmar o tomar fotografías, bajo amenaza de retención del material y expulsión del recinto para quienes la violaran. Por ende, no me resultó llamativo que la seguridad del lugar sacara agresivamente, al menos, a dos personas que desafiaron la advertencia.
De más está aclarar que no me extrañó que los encabezados por Billy Howerdel y Maynard James Keenan dieran un buen recital: ajustados, potentes, de furiosa efectividad y oscura elegancia. Pero claro, tampoco me sorprendió (es costumbre ya) ver otra visita internacional con una puesta en escena mínima y un show de apenas 70 minutos.
Y menos sorpresa aun fueron los precios y el difícil regreso: ¿qué es el rock sin agua mineral hiperinflacionada y ese largo peregrinar hacia o desde lugares alejados, inhóspitos, de difícil acceso o egreso para el transporte público?
No, nada de esto fue digno de mi asombro. Lo único, solo eso que me cautivó, fueron unos cartelitos, prolijitos en su confección, impresos a dos colores e idiomas, pegados en la pared a lo largo de los diversos puntos de circulación del estadio.
Avisos que, entre prohibiciones, advertencias y amenazas varias, aclaraban: “El espectáculo de esta noche es de naturaleza similar a una ópera o cine”.
Una ironía, una burla cruel, dirán algunos, a juzgar por lo descripto y cosas aún peores que se vivencian en la mayoría de los recitales y festivales a los que solemos asistir desde hace años, en donde no se reciben el trato o las comodidades de "una ópera o cine".  
Pero no. Fue un anuncio revelador, una señal. En un país donde el rock se ha futbolizado al punto que manoseo, hacinamiento, sobreprecios, demagogia, desorganización y violencia son la “pasión”, el “aguante” y el “sentimiento” de la “cultura rock”, qué bueno es que nos adviertan cuál es la naturaleza de todo esto: ser un espectáculo, ni más ni menos, con personas que deben comportarse, seguir normas, claro. Pero, sobre todo, que deben exigir y ser tratadas, ni más ni menos, como espectadores. No fanáticos, ni hinchas, ni ganado.
Recordémoslo cada vez que compremos el barro, la falta de transporte, la inseguridad, las instalaciones precarias, los hurtos, los amasijos de gente, el vaso de Pepsi al valor del kilo de coca y toda esa “épica” de este esceptáculo ferpecto llamado “rock”.


 

Gracias a Pablo Gándara (de Metal-Argento) y Alejandro Stamerra (que se vino de Rosario a ver el show) por las fotos, que sí pudieron sacar.

viernes, 4 de enero de 2013

Cine, TV y cultura: Argentina, paraíso criminal


De refugio de nazis a tierra de segundas oportunidades. ¿Por qué nuestro país es la
fantasía escapista de los malos en la TV y el cine?

Publicado en revista BRANDO, enero de 2013. Click para verla completa.


viernes, 21 de diciembre de 2012

Cultura pop: 7 cosas que quizás no sabías sobre la Navidad

¿Santa Claus es el tipo más rico del mundo? ¿Lo inventó Coca-Cola? ¿Cómo hace para entregar todos los regalos? ¿De dónde viene el villancico "Jingle Bells"? Estas y otras dudas, curiosidades, leyendas y bizarreadas varias, en la columna de cultura pop del "Coffee Break" de hoy. Con Iván de Pineda, Paula Varela y Rama por FM 89.90

martes, 18 de diciembre de 2012

Cine: Los mejores estrenos de 2012

Lo peor que comentamos la semana pasada también tiene su lado bueno: el top 5 con lo MEJOR que pasó por la cartelera local este año.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Cultura pop: Malas referencias a la Argentina en películas y series. ¿Por qué en Hollywood todos los chorros se vienen para acá?

De refugio de nazis a tierra de segundas oportunidades. ¿Por qué nuestro país es la fantasía escapista de los malos en la TV y el cine? El tema de la columna de cultura pop de hoy en "Coffee Break", con Iván de Pineda, Paula Varela y Rama, por FM 89.90

martes, 11 de diciembre de 2012

Cine: Los peores estrenos de 2012

Sufrimos todo un año para hacerlo y acá está: el top 5 de lo PEOR que pasó por la cartelera local este año.

jueves, 23 de agosto de 2012

Fantasía política: Elisa "Jabba" Carrió

Después de un largo retiro voluntario, me hice un tiempito para volver al dibujo y a los lápices de colores (quizás mi herramienta favorita después de la tinta china) con un ¿mash-up? entre Star Wars y política argentina que engendró este monstruo nacional.

martes, 31 de julio de 2012

CoolRock sobre la reedición de RAM, el polémico segundo álbum solista de Paul McCartney


Esta semana en el CoolRock (mi micro de cultura rock de ESPN) hablamos RAM, el segundo disco en solitario de Paul MacCartney que, allá por 1971, despertó más peleas entre los ex Beatles. Una obra considerada, por muchos, fundacional del indi-pop que se acaba de reeditar en nuestro país.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Los 101 discos de 2011


Tengo la costumbre de ir anotando en un documento de Word los discos lanzados durante el año que me van gustando. En esta oportunidad, en diciembre, el texto quedó en algo más de 120 títulos. Muchos fueron descartados, otros reemplazados por álbumes que se me pasaron en su momento y "descubrí" gracias a las decenas de anuarios y resúmenes que editan los medios especializados por estas fechas. Filtros, nuevas escuchas y antojos de por medio, terminé conformando esta lista de caprichos e injusticias que, en esencia, son todas las selecciones que se proponen como "lo mejor" de un año.
En definitiva, siempre se trata de aquellos discos que mejor acompañaron mis 365 días, que musicalizaron horas de tráfico, fiestas, fines de semanas o esos ratitos antes de dormir en los que me enchufo los auriculares y sueño en sonidos.
Aquí están, en orden alfabético y con link de descarga en aquellos que no fueron editados físicamente en el país, los 101 discos de 2011.


1. Adele – 21
2. Anna Calvi – Anna Calvi
3. Arctic Monkeys - Suck and See It
4. Asa – Beatiful Imperfection
5. Atlas Sound – Parallax
6. Ayo - Billie-Eve
7. Beirut – The Rip Tide
8. Bill Callahan – Apocalypse
9. Bjork - Biophilia
10. Bombay Bicycle Club - A Different Kind Of Fix
11. Bon Iver - Bon Iver
12. Calendar - Golden Bombs
13. Chris Cornell - Songbook
14. Colin Stetson - New History Warfare Vol. 2: Judges
15. Covenant - Modern Ruin
16. Cut Copy - Zonoscope
17. Danger Mouse & Daniele Luppi – Rome
18. Death Cab For Cutie - Codes and Keys
19. Destroyer – Kaputt
20. Dum Dum Girls – Only in Dreams
21. Duran Duran - All You Need Is Now
22. Eddie Vedder - Ukulele Songs
23. Erasure - Tomorrow's World
24. Feist – Metals
25. Fleet Foxes – Helplessness Blues
26. Florence and The Machine - Ceremonials
27. Florian Droids - Florian Droids
28. Foster The People - Torches
29. Friendly Fires – Pala
30. Gang Gang Dance - Eye Contact
31. Girls - Father, Son, Holy Ghost
32. Hugh Laurie – Let Them Talk
33. I'm From Barcelona – Forever Today
34. Imelda May – Mayhem (2010, editado 2011 en Arg.)
35. Incubus - If Not Now When
36. James Blake - James Blake
37. Jeff Bridges – Jeff Bridges
38. Jónsi – We Bought a Zoo (Original Soundtrack)
39. Justice – Audio, Video, Disco
40. Kate Bush - 50 Words of Snow
41. Keren Ann - 101
42. Kurt Vile – Smoke Rings For My Halo
43. Laura Marling – A Creature I Don’t Know
44. Les Mentettes - Songs for an Imaginary Film
45. M83 - Hurry Up, We’ Are Dreaming
46. Madeleine Peyroux - Standing On The Rooftop
47. Marissa Nadler – Marissa Nadler
48. Massacre - Ringo
49. Mastodon - The Hunter
50. Metronomy – The English Riviera
51. Miles Kane – The Colour Of The Trap
52. Mumford & Sons (2010, editado 2011 en Arg.) - Sigh No More
53. Mutemath - Odd Soul
54. My Morning Jacket – Circuital
55. Neon Indian – Era Extraña
56. Nick Lowe - The Old Magic
57. Noel Gallagher's High Flying Birds - Noel Gallagher's High Flying Birds
58. Opeth - Heritage
59. Panda Bear – Tomboy
60. Peter Bjorn and John – Gimme Some
61. Peter Gabriel - New Blood
62. Peter Murphy – Ninth
63. PJ Harvey - Let England Shake
64. Poseidótica – Crónicas del futuro
65. R.E.M. – Collapse Into Now
66. Radiohead - The King Of Limbs
67. Real Estate – Days
68. Richard Coleman – Siberia Country Club
69. Russian Red – Fuerteventura
70. She & Him – A Very She & Him Christmas
71. She Wants Revenge - Valleyheart
72. Snow Patrol - Fallen Empires
73. Sondre Lerche - Sondre Lerche
74. St. Vincent – Strange Mercy
75. Stephin Merritt – Obscurities
76. Steve Wilson – Grace for Drowning
77. The Black Key - El Camino
78. The Decemberists – The King Is Dead
79. The Drums – Portamento
80. The Horrors – Skying
81. The Kills - Blood Pressures
82. The Kooks – Junk Of the Heart
83. The Pains of Being Pure at Heart – Belong
84. The Raveonettes - Raven in the Grave
85. The Sounds – Something to Die For
86. The Strokes - Angles
87. The Vaccines - What Did You Expect From The Vaccines?
88. Thurston More – Demolished Thoughs
89. Tori Amos - The Night of the Hunter
90. Toro y Moi - Underneath The Pine
91. TV On The Radio – Nine Types Of Light
92. Unknown Mortal Orchestra – Unknown Mortal Orchestra
93. Various Artist - Drive (music from the motion picture)
94. Various Artists - Rave On Buddy Holly
95. Washed Out - Within and Without
96. White Lies – Ritual
97. Wild Beasts – Smother
98. Ximena Sariñana - Ximena Sariñana
99. Youth Lagoon - The Year of Hibernation
100. Zoe – MTV Unplugged: Música de fondo
101. Zola Jesús – Conatus