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viernes, 24 de junio de 2016

Brexit: el impacto en la música

La salida del Reino Unido de la Unión Europea genera una crisis en la industria musical. La opinión de los artistas ante el resultado del plebiscito.



La decisión popular de que el Reino Unido ya no sea parte de la Unión Europea (UE) proyecta una enorme sombra de problemas e incertidumbres sobre la vida política, social y económica del país. Y, claro, también lo hace sobre la actividad musical.

La industria de la música es uno de los sectores más pujantes de la economía de las islas, al punto que algunos reportes señalan que su crecimiento es superior al del PBI del país. Según información publicada por RT, el 17 por ciento de los álbumes que se venden en Alemania, Francia, Suecia, Italia, España y los Países Bajos corresponden a artistas británicos. Para la BPI, entidad equivalente a nuestra Capif, la cifra es mayor: en 2015, el 25,9 por ciento de todos los discos comprados en Europa eran de artistas de nacionalidad. Sí: uno de cada cuatro.

Por lo pronto, la medida de abandonar la UE traería grandes complicaciones comerciales y logísticas. Los músicos no podrían viajar tan fácilmente como lo hacen hoy, ya que requerirían de visas de trabajo, y se encarecería el transporte de equipos, lo cual impacta directamente en la organización de giras y festivales.

Otra de las consecuencias está vinculada al turismo musical. Miles y miles de personas visitan Londres y otras ciudades británicas para asistir a conciertos todos los años. De acuerdo con RT, en 2014 esto supuso beneficios por 4.500 millones de dólares para la economía británica, un negocio que ahora podría verse muy reducido.

En los sellos discográficos, la alarma ya estaba encendida desde hace trato. “Una victoria del Brexit sería un desastre económico, político, social y cultural para todos nosotros”, dijeron en una carta conjunta que urgía votar por la permanencia, firmada por los capos de Beggars Group y Universal Music UK, según reveló Billboard.

Desde la BPI se mostraron preocupados por el efecto de este portazo que “traería grandes implicaciones para el negocio musical, que anualmente brinda unos 5.500 millones de dólares al gobierno por ventas al exterior”, destaca NME. Dos tercios de los integrantes de la BPI se oponían al Brexit, según un relevamiento interno de la organización.

“Como cualquier otra industria, necesitamos de un ambiente macroeconómico con crecimiento y confianza, y la incertidumbre alrededor del Brexit no ayuda en lo más mínimo”, le dijo Geoff Taylor, directivo de la BPI, a Billboard. Según el ejecutivo, una de las mayores preocupaciones para los sellos británicos es que, si el país abandona la UE, ya no se verá beneficiado por las leyes de copyright de la Unión y no tendrán voz en la Comisión Europea en materia de regulaciones de derechos, especialmente en momentos en que hay planes para crear un mercado digital único a lo largo de Europa.

Como era de esperar, la mayoría de los artistas se manifestaron en sus respectivas redes sociales en desacuerdo, consternados y con mucha bronca por esta decisión. “Odio este referéndum porque transforma una pregunta tan insondable en El señor de las moscas”, dijo en su cuenta de Twitter el actor y músico Hugh Laurie, quien completó: “Felicitaciones exiters. La marcha atrás es hacia el costado y abajo, suave con el embrague”. Por su parte, Liam Gallagher señaló: “Paren al mundo, yo me bajo”.

“Tengo el corazón muy, muy pesado hoy. Para mí, la democracia nos ha fallado, porque estábamos mal informados”, declaró en un concierto el cantante de Blur, Damon Albarn, que agregó: “Y quiero que todos sepan que, cuando nos vayamos de aquí, podemos cambiar esa decisión. Es posible”.

Ed Simons, la mitad de The Chemical Brothers, dijo sentirse “incrédulo, triste, temeroso y enojado” y agregó: “Increíbles escenas de viejos estúpidos que proclaman una victoria mientras sus ahorros, pensiones y propiedades desaparecen. Idiotas”. 

Johnny Marr tuiteó: “Nunca estuve más feliz de estar en la minoría. Nadie nunca dijo que la mayoría sabe lo que está haciendo. Más razones para que el resto de nosotros nos mantengamos unidos”.

Brian Eno escribió en su Facebook: “Tengo muchos recelos sobre la manera es que se administra la UE, pero no hacen que quiera descartar la idea por completo. Siento que la UE es una de las pocas restricciones para esa clase de fundamentalismo de mercado neoliberal que vio crecer la desigualdad en todo el mundo”.  

Menos analítica, pero mucho más clara, fue Lilly Allen, que en su Twitter publicó: “Bueno, millenials, estamos realmente, pero realmente jodidos”. Las palabras no podrían ser más certeras si se tiene en cuenta que este abandono no fue una decisión de los jóvenes. Según publicó NME, el 75 por ciento de los votantes de entre 18 y 24 años eligió la permanencia.

Una vez más, otro país que hipoteca su futuro. Suena a canción muy vieja y repetida.

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miércoles, 27 de abril de 2016

El regreso del álbum como obra

En tiempos en que la canción domina la industria, lanzamientos de Beyoncé, Kanye West, Rihanna y David Bowie revalorizan el concepto de disco.



Todavía no llegamos a mayo y ya podemos calificar este año como uno de los más despiadados de la historia reciente, en el que perdimos a íconos como David Bowie, Maurice White, George Martin y Prince (sin olvidar a Lemmy, que partió casi en el albor de 2016).  Pero que las lágrimas por la desaparición de estos innovadores irremplazables no cubran un fenómeno reconfortante: la revitalización que se está viendo estos días del álbum como vehículo artístico.

Desde la irrupción de iTunes y la reconfiguración del mercado hacia la comercialización de canciones “sueltas”, se viene debatiendo la “muerte del disco” como obra, como encarnación expresiva. “Ya nadie escucha álbumes, lo importante son los singles” parecía ser una máxima instalada en la industria y, claro, los números grabaron esa idea en bronce. Con la aparición, a mediados de 2003, de la tienda virtual de Apple (y la expansión del formato digital por sobre el físico), la venta global de álbumes se desplomó año tras año. Entre 2000 y 2014, en los Estados Unidos las cifras pasaron de más de 13.000 millones de dólares a unos 1.850 millones, una caída cercana al 86 por ciento, según la RIAA.  

Solo en Gran Bretaña, en 2003 se vendieron casi 31 millones de singles, contra unos 157 millones de álbumes, en ambos casos con el CD como soporte dominante. Diez años más tarde, los simples superaban los 188 millones de unidades, contra menos de 100 millones de discos, ya con el formato digital como principal medio.

ITunes y el resto de las “disquerías” online que fueron surgiendo dieron vuelta el negocio y desarmaron al disco económica y conceptualmente: la audiencia ahora podía comprar solo los temas que le gustara, disgregando el álbum y atomizándolo en obras (y elecciones) de 0,99 dólares.
Este modelo se mantiene hoy y, muy probablemente, también lo haga en el futuro (después de todo, ¿por qué debería cambiar? ¿Qué tiene de malo?). Sin embargo, las últimas producciones de artistas como David Bowie, Suede, Kanye West, Rihanna y Beyoncé, entre muchos otros, parecen volver a poner el foco en la importancia del álbum como forma y unidad de expresión artística (proceso en el que el revival de las ediciones en vinilo juega también su parte). 

El último acto de David Bowie fue un disco: no un show, ni un libro, ni un single, ni un escándalo mediático. Un testamento de su talento entre sus últimos deseos, obsesiones, miedos y definiciones (¿Cuánto peso histórico tiene ahora ese final con “I Can't Give Everything Away”?).

Ese mismo enero negro, Suede (otros ingleses y, en gran medida, herederos el ex Duque Blanco) editaron Night Toughts, un logrado trabajo que coquetea con una ópera rock audiovisual sobre pérdidas, excesos, penas y sueños rotos y que hasta viene acompañada de su propia película. ¿Qué sentido tiene si solo cargamos en nuestro MP3 el corte “Outsiders”?



Mientras tanto, en los Estados Unidos, Rihanna ponía fin a tres años de expectativas con su demorado ANTI: toda una declaración de que podía ser una artesana de álbumes más que una abastecedora de top tens tan seguros como impersonales. La portada, a cargo del pintor y escultor Roy Nachum, con esa pequeña Robyn Fenty enceguecida por su coronación como Rihanna y un mensaje en braille sobre miedos y liberación, envasa su acto de madurez (con todos los aciertos y errores que implica crecer musicalmente).



El lanzamiento en febrero de The Life of Pablo del inefable Kanye West será, por lejos, uno de los acontecimientos del año: una explosión de ego contenida en una obra en constante metamorfosis (el músico modificó el tracklist varias veces desde su aparición) y rodeada de sus características contradicciones, delirios, conventillos 2.0 y grandilocuencia (“Este no es álbum del año, es el álbum de la vida”, definió el rapero en su siempre desbordante cuenta de Twitter). The Life of Pablo (que tuvo hasta cuatro nombres diferentes) tuvo su premiere en el Madison Square Garden durante un show de moda de West, y poco más tarde estuvo disponible en exclusiva en el servicio musical Tidal. El disco logró 250 millones de streams en los primeros diez días y, se estima, duplicó la base de suscriptores de la plataforma online liderada por Jay-Z. Se convirtió el primer álbum en llegar al número uno en los Estados Unidos por ventas que llegaron en un 70 por ciento por sistemas de streaming, ya que el disco no fue (y, según West, nunca será) editado en CD.

Lo de Kanye reconceptualiza el álbum: lo libera de ataduras físicas, lo deja “abierto” a la “actualización” constante y hasta lo (retro)alimenta con su ecosistema personal (caprichos, peleítas mediáticas, fashion business, acuerdos comerciales y kardashianismos varios).
En el ámbito local, Los Fabulosos Cadillacs acaban de anunciar que su regreso luego de siete años será con un álbum conceptual, La salvación de Solo y Juan (Primer Acto), que llegará el próximo 27 de mayo. Y la primera muestra no fue, como es usual, un corte adelanto, sino cuatro temas presentados al unísono: una acción que pone al single como herramienta contextualizadora de una obra, que convierte “canciones” en verdaderas “pistas” para armar un relato.

Por otro lado, Babasónicos se apresta a lanzar Impuesto de fe, con nuevas versiones de su amplio cancionero. El disco forma parte de un proyecto más abarcativo titulado Desde adentro, un concepto multiplataforma y celebratorio de sus 25 años de carrera que incluye, además de ediciones en DVD, Blu-ray y vinilo, un especial para televisión que será emitido por HBO



La última (y alta) nota la dio el fin de semana pasado Beyoncé, que reveló su Lemonade y volvió a sorprender al mundo con un disco que salió sin previo aviso. Tal como ya lo hizo en 2013 con Beyoncé, la cantante se despachó con un “álbum visual”, en el que cada track tiene su respectivo video. En esta oportunidad, relata la crisis de un matrimonio (en realidad, el suyo con Jay-Z) a partir de una infidelidad. Es un trabajo monumental, sonoramente meticuloso, revelador y líricamente íntimo, y tiene una lista de créditos, colaboraciones y sampleos tan larga como inusitada, que incluye a Jack White, Diplo, Kendrick Lamar, The Weeknd, James Blake, Ezra Koening (Vampire Weekend), Joshua Tillman (Father John Misty), Burt Bacharach y ¡Led Zeppelin

Sí, 2016 puede ser el año más desalmado de la memoria reciente. Pero estos y otros lanzamientos, como el de Iggy Pop o incluso el de PJ Harvey, dan cuenta de que este también puede ser el año en el que los álbumes volvieron a ser relevantes. Qué vende más o qué menos poco importa. Las canciones podrán ser la moneda de esta industria. Pero es bueno no olvidar que el disco es cultura.

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jueves, 25 de febrero de 2016

Adelanto: llegan al país miles de discos en vinilo

Warner y Universal traerán unas 30.000 unidades de títulos internacionales. Además, se reeditarán trabajos de Vox Dei, Serú Girán y Miguel Mateos.



La fiebre negra no se detiene. Luego de la primicia de Generación B de que se comenzará a fabricar vinilos en la Argentina, y tras la reedición en ese formato de obras fundamentales del rock nacional, más toda la discografía de Gustavo Cerati, en las próximas semanas arribarán a las disquerías locales miles de títulos importados. 

Warner Music confirmó a Generación B que traerá títulos de más de 30 artistas internacionales, desde clásicos hasta últimos lanzamientos. “El tema de los vinilos estuvo atado, al menos hasta ahora, a los vaivenes de la importación. Hoy, el panorama es que pudimos ingresar 20.000 unidades, la mayoría en vinilo — explica Juan Cibeira, responsable de Promoción del sello—. Estamos completando la edición de ciertos artistas que estuvieron demorados, como por ejemplo los álbumes de Led Zeppelin Presence, In Through The Out Door y Coda. También estará disponible Phil Collins, con la serie de relanzamientos de su discografía solista remezclada, que incluye Face Value, Both Sides y Take A Look At Me Now Collector’s Edition, que es un mix de los dos discos en un box con tres vinilos”.

Además, vendrá lo último de Coldplay (A Head Full of Dreams), Iron Maiden (The Book of Souls) y Enya (Dark Sky Island), en diferentes ediciones. El listado también menciona joyas del catálogo de Warner como Space Oddity, de David Bowie; Blue Valentine, de Tom Waits; y los debuts de Eagles y The Doors, además de trabajos de Foals (Holy Fire); Royal Blood (idem); Air (Moon Safari); Green Day (Insomniac) y Bruno Mars (Unothodox Jukebox). También habrá algunos must para los ochenteros, como Scoundrel Days, de A-ha; 1987, de Whitesnake; Private Dancer, de Tina Turner y Hatful of Hollow; de los Smiths.

“El vinilo es un mercado muy interesante que, sin ser tan masivo, está creciendo a partir de la importación regular, aunque todavía no hay una oferta normal de las nuevas bandejas tocadiscos, que también atraviesan las mismas restricciones a la importación —cuenta Cibeira—. En Chile, la importación abierta de estos reproductores, con modelos nuevos a precios accesibles, brindó un gran impulso al consumo de vinilos”.

Por su parte, Universal hará lo suyo con su inventario de pesos pesados. Si bien no hay información oficial, fuentes vinculadas a la discográfica dijeron que ya arribaron al país más de 15.000 unidades de grandes títulos, entre ellos diversos álbumes de The Beatles, The Rolling Stones, Queen y Bob Marley, que “estarán a la venta el mes que viene”. Se rumorea que la empresa planea un evento presentación, similar al “Día de los vinilos” que organizó su competidora Sony Music el año pasado por la reedición de algunos emblemáticos del rock argentino en ese formato.

Además, la recuperación del catálogo del histórico sello Music Hall permitirá que más obras nacionales vean su versión en 12 pulgadas. Por lo pronto, La biblia, mítico trabajo de Vox Dei, resurgirá en edición doble, como la original de 1971. También se lanzarán los dos primeros discos de Serú Girán y el célebre Rockas vivas de Miguel Mateos/ZAS, que alguna vez fue el álbum más vendido del rock local. ¿Podrá la vuelta del vinilo revivir ese éxito?

Los títulos se sumarán a ediciones puntuales, como la que Babasónicos hizo días atrás de Vedette, su compilado de lados B del álbum Babasónica, en una edición de vinilo de 180 gramos transparente. Habrá que ir preparando la billetera.

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miércoles, 23 de octubre de 2013

Taringa! lanzó su sello ¿discográfico?

El portal presentó 432 Hz, que editará álbumes reemplazando el soporte CD por objetos físicos de diseño exclusivo desde los que se podrá descargar la música en distintos formatos digitales.



Taringa! Música lanzó formalmente su propio sello discográfico 432 Hz, aunque, claro, el término “discográfico” está sujeto a la misma y constante redefinición bajo la que se encuentra toda esa industria hoy.

En realidad, 432 Hz dejará de lado el viejo y ¿querido? CD y editará álbumes bajo la forma de diversos objetos físicos, denominados “Hertzios”, a través de los cuales se podrá descargar (o escuchar vía streaming) la música, tanto en formatos WAV como  MP3.

Así, un “Hertzio” puede tomar la forma de cualquier elemento que el artista imagine como soporte: desde un llavero o una remera, hasta un libro o una artesanía. Ese elemento representa la obra, a la cual se puede acceder vía internet mediante un link y un código.

El primer lanzamiento del flamante sello es La naturaleza de las cosas, segundo trabajo de Superchería,  un álbum digital al que se accede comprando la estatuilla en miniatura de un búho, logo y mascota del cuarteto.

El disco-objeto del grupo fue diseñado por el artista Ignacio Brizzio. Hay solo mil unidades y viene en seis motivos coleccionables. Se presenta en una caja, con el arte y las letras, e incluye una clave para bajar las canciones y un código QR que, al ser escaneado desde un smartphone o una tableta, da acceso a videoclips, fotos, detalles de grabación o cualquier tipo de contenido que la banda decida ir actualizando.

Los “Hertzios” se comercializarán desde el sitio de 432 Hz, donde cada artista tendrá su perfilonline. El sello propone que los fans puedan convertirse en socios de la banda y formar parte de la distribución, ya que se ofrecerán paquetes de diez objetos musicales para la reventa, por ejemplo, en lugares del interior del país o el extranjero.

“Se nos ocurrió reemplazar el CD por otro elemento que ofrezca las canciones online, pero que le dé al fan un objeto de colección con un valor simbólico adicional”, explica Tatu Estela, director del sello e ingeniero musical para artistas como Bajofondo, Divididos y Jorge Drexler, entre otros. Para Estela, la iniciativa apunta a que la industria comience a considerar el link de Internet como obra. “Hay entidades que regulan la música en la Argentina que dicen que, si algo no está en un CD, no es una obra. Ese concepto errado y ya no se pude sostener más”, afirma.

Taringa! Música nació a principios de 2012 como parte de las diversas acciones del polémico portal a cargo de Matías y Hernán Botbol para regularizar su situación y reconvertirse en un sitio legal. El servicio, que hoy reúne a más de 2.000 bandas, continuará funcionado como plataforma de streaming. Mientras que 432 Hz se propone como un “sello discográfico colaborativo”, donde los esfuerzos se repartan equitativamente entre artista y empresa. “Todo el trabajo, desde la grabación hasta la edición, se compartió —explica Pira Bastourre, vocalista de Superchería—. Es una apuesta, como lo es todo hoy en la industria; de un lado y del otro. Nosotros no somos una banda conocida y ellos son un sello nuevo. Unimos fuerzas, confiamos y laburamos de manera horizontal”.


Según Estela, el contrato con este primer fichaje es “bastante informal. Lo hablé con seis abogados y lo avaló la Unión de Músicos Independientes. Les pedí que lo revisen, que lo critiquen, que lo hagan bosta, porque necesito saber si creen que estoy explotando a alguien, ya que no quiero ser como la industria que me manejó a mí mucho tiempo. Charlamos y encontramos algo win-win: si yo me rompo el orto y la banda también, ambos ganamos”.

¿Pero este es un acuerdo puntual o hay un marco base para todos los artistas que sumen?
Armamos un molde que tenemos que escalar. Hay que tratar de que funcione, vender, recuperar la plata de la grabación, de los objetos y, así, editar nuevas bandas. Cuanto más volumen tengamos, menos margen de error habrá. Pero tengo que elegir muy bien, porque si apuesto por un grupo que se separa a los tres meses, perdí toda la plata.

¿Y con respecto a los ingresos por la venta de los “Hertzios”?
Está todo divido y prorrateado por tiempos. En la medida que se vaya recuperando la inversión, cambian los porcentajes entre nosotros. Hay instancias. Yo hice la apuesta de poner tanta guita por adelantado. Si la cosa funciona, se equipara la balanza para todos.
Esto puede fallar y acá hay sinceridad pura: con Superchería trabajo desde hace años. No los puedo cagar. Por ejemplo, hoy, toda la industria clásica dice que, si no acordás con una banda hacerles los recitales, no entendés nada del negocio. Porque los shows son lo que mueven los discos, SADAIC y todo. Pero hicimos un contrato de no tomarles los conciertos de acá a un año. Si la apuesta es grande y funciona, en un año volvemos a hablar, porque yo estoy tomando mi riesgo invirtiendo, y si en ese tiempo te ayudé a que estés tocando para 2.000 personas, entonces dejame meterme.
Hicimos un contrato de cinco páginas nada más. Si ves los acuerdos de las majors o si querés subirte a iTunes, son textos de megas. ¡Es ridículo! Yo quiero algo que entendamos todos.

¿La banda tiene libertad de difundir y comercializar sus temas en otras plataformas, como iTunes o Spotify?
Sí, porque negárselo sería volver al modelo anterior. Lo primero que les dije es abrirse y que la música esté en la mayor cantidad de lugares, porque es imposible que eso me quite un rédito y no terminemos creciendo juntos.