Noche llena de invitados en #VINíLOCO. Ayer Coti nos presentó su nueva canción, "Por ahí", grabada en cuarentena, imaginó cómo podrían volver los shows y opinó sobre el impacto en la música: "Va a haber que pedir políticas de protección a la cultura: lo primero es que se empiece a pasar más música nacional".
También tuvimos playa, surf, skate y ska con Sr. Flavio: nos mostró su reversión de "Vos sabés" y opinó sobre la realidad de la industria: "El espectáculo va a tener que seguir esperando".
Esteban Bigliardi nos hablo de su protagónico en la nueva serie "Manual de supervivencia", contó varias anécdotas insólitas de la actuación y dijo: "tengo optimismo para el futuro de la ficción local".
Y cerramos con María Campos: de cantar con Fito Páez y hacer el tema de "Separadas" a presentarnos su nuevo "Corazón verde". "Mi creatividad viene de la angustia".
#VINíLOCO: un delivery sin cargo de entretenimiento para tus noches encuarentenadas de jueves, por Radio Con Vos FM 89.9. ¿Te perdiste semejante programa? Acá tenés revancha:
Vino Guillermo Salmerón, uno de los autores de El Marginal, para contarnos todo el backstage: cómo nació, cómo se escribe, cómo se gestaron los personajes y cuál es el futuro de la serie argentina sensación. Además, una primicia: ¡se viene la ficción de Diego Maradona!
Al ritmo de la chacarera hablamos con Peteco Carabajal sobre su nuevo proyecto musical, Riendas Libres.
Estrenamos una sección histórica, jugamos a "Adiviná El Vinilo" y regalamos vinos de Navarro Correas.
En "Con todo el país", por Nacional AM870, hablamos del retorno de Frank Underwood a las pantallas con House of Cards. Un adelanto de lo que veremos esta cuarta temporada.
Charla exclusiva con
el hijo de Mick y protagonista de Vinyl,
la nueva serie de HBO.
“¿De Argentina? Justo
intercambiamos mails con mi viejo y me contó que la está pasando genial allá”.
Mientras Mick Jagger paseaba por Palermo y revolucionaba el país, su hijo James
está del otro lado del mundo y del teléfono, trabajando para Vinyl, la nueva serie que lo tiene como
una de sus estrellas.
La apuesta de HBO se interna en el mundo de la música
de los años 70 desde la historia de Richie Finestra (un genial Bobby
Cannavale), presidente de una discográfica a la que intenta salvar de la ruina mientras
debe lidiar con sus demonios personales, los excesos del rock y un crimen que
pondrá en riesgo todo. La serie fue creada y producida por Mick Jagger, Terence
Winter y Martin Scorsese, quien dirigió un primer episodio doble que, más que
piloto, resulta una desaforada película sobre la locura, la codicia y la
corrupción del musicbiz.
“Vinyl trata sobre la maquinaria de la
industria musical, y se ubica en una época muy interesante en materia cultural
en Nueva York, que marcó un cambio de paradigma — explica James—. Reinaba el
sentimiento de que estabas empezando algo nuevo con todos esos artistas y
estilos que salían del underground. No conozco otro tiempo en el que hayan
pasado, en términos de música popular, tantas cosas, tantos géneros, todo en un
mismo lugar”. El actor interpreta a Kip Stevens, el reventado líder de los proto-punks
Nasty Bits, banda que podría significar una salvación para el alicaído sello de
Finestra, quien está en la búsqueda casi existencial de un nuevo sonido (y una
nueva vida).
¿Recibió
James algún consejo de papá, estrella indiscutida de aquellos inspirados y agitados
años? “Sí, me ayudó a hacerme una idea de cómo era Nueva York en 1973, lo
interesante que era y por qué. A él le encanta la historia y contribuyó con
muchas cosas para mi personaje”, respondió. El parecido con su majestad
satánica sorprende y más de uno va a creer haber visto a un joven Mick en algunas
escenas, como si se hubiera escapado ayer de sus películas de los 70, Performance o Ned Kelly.
Sin
embargo, el apellido Jagger tiene un peso y James no niega que su inclusión en el elenco trajo
comentarios y miradas maliciosas al ser su padre el productor de la serie. “Seguro
que despertó algunas suspicacias, pero yo audicioné como cualquier otro —se
defiende—. Me grabé en Londres haciendo
algunas escenas del programa y lo mandé. Después, tuve que ir a Nueva York a
reunirme con la directora de casting, para hacer una prueba ahí. Un tiempo
después me llamaron para avisarme que estaba dentro. En última instancia, creo
que si hubiera sido malo no habría conseguido el papel”.
James tiene pasta de rockstar. Lidera una banda, Turbogeist,
aunque parece estar en un parate indefinido (“ya no estamos tocando, así que
veremos… Yo escribiendo algunas canciones por mi cuenta con un amigo”, dice), y
ya interpretó a un músico en la película sobre Ian Dury Sex & Drugs & Rock
& Roll (2010). “Siempre
me gustó el cine. Desde chico que quise estar metido en algún aspecto de eso.
Pero la actuación no me pareció una opción hasta que cumplí los 16 o 17”,
revela.
Vinyl representa
su debut en la televisión y un salto a los primeros planos de la mano de quien
es, ni más ni menos, uno de los directores más importantes de la historia. “Martin
Scorsese está lleno de energía. Es contagioso, tiene tanto entusiasmo por lo
que hace. No podés evitar quedar impresionado con que un hombre de su edad
tenga tanta pasión —cuenta, con admiración y mucha incredulidad por lo que está
viviendo—. Todo esto es muy surrealista:
es lo primero que se me viene a la cabeza para decir. A veces, me tuve que
pellizcar, porque no lo puedo creer”.
La nueva serie de HBO
es un retrato salvaje de la industria, donde la música es la verdadera
protagonista. CUIDADO: spoilers al mango.
Vinyl, la nueva
serie de HBO creada por Mick Jagger y Martin Scorsese, comenzó con un error
histórico: los New York Dolls no derrumbaron el Mercer Arts Center, tal como se
muestra. No fue una noche de estruendosas guitarras de Johnny Thunders y toneladas
de maquillaje de David Johansen la que tumbó aquel célebre antro del underground de la Gran Manzana, que se
vino abajo solito
una tarde de agosto de 1973 por el peso de su propia decadencia. Pero hay que
entender algo, puristas del rock: todo buen relato (o, mejor dicho, todo buen
relato de Scorsese) tiene algo de verdad, mucho de fantasía y una
exageración del tamaño del Madison Square Garden.
Como suele hacer, “Marty” amolda a piacere el rigor histórico para dar forma ahora a un retrato orgiástico,
desaforado y frenético de la industria musical de los primeros años 70, en una
Nueva York acelerada en cocaína, brotada por grafitis y con los primeros
síntomas de punk, glam, hip hop y disco a flor de piel. Así, citas verídicas,
guiños de complicidad y caracterizaciones de personalidades reales, como Robert
Plant, Peter Grant, Lou Reed, Andy Warhol, más varios cameos famosos que ya
iremos viendo aparecer, se mezclan con brillantes personajes de la ficción como
Richie Finestra (un bestial Bobby Cannavale), eje de todo este relato salvaje.
Finestra nunca existió, aunque algunos juran que se parece a
Walter Yetnikoff (presidente de CBS Records por aquellos tiempos), mientras que
otros lo equiparan con Marty Thau (famoso empresario y productor que fuera representante
de los Dolls). Es como El Lobo de Wall
Street, pero del musicbiz: un
tipo con “oído de oro, lengua de plata y bolas de acero” que amasó fortuna e
hizo de su sello, el también ¿ficticio? American Century Records, un pequeño
imperio bajo prácticas matonas: cagó a artistas, fraguó contratos, transó con mafiosos
y se esnifó todo rastro de moralidad que pudiera conservar de sus épocas de bartender.
Tiene como socios a dos malandras: un jefe de ventas (J.C.
MacKenzie) capaz de fondear en la bahía las copias de los vinilos que las
disquerías no venden para evitar pagarles reembolsos, y un responsable de
promoción (Ray Romano) que actúa como “director de sobornos”, dedicado a repartir
guita y coca a musicalizadores corruptos para garantizar la difusión de sus
artistas. “¿O acaso creías que las canciones suenan en la radio porque son
buenas?”, remata en off. Ahora, su
empresa se está desangrando en deudas y el capo, junto a sus buenos muchachos, no tiene miramientos
en dibujar el balance y un contrato con Led Zeppelin para tratar de vendérsela
a los desprevenidos alemanes de PolyGram.
Finestra desea salvar la compañía y hasta quiere otra vida,
ser un hombre nuevo y no este Frankenstein de pantalones acampanados en el que
se convirtió. Pero no puede escapar del reventado y demencial hábitat del que
forma parte, que despierta sus peores demonios y en el que todos, todos, desde
los músicos y DJ hasta los representantes de A&R, pasando por la secretaria,
son adictos. Nadie se re(s)cata y, encima, un muerto viene a complicarle la resurrección.
Hasta que una epifanía se le viene, literalmente, a la cabeza.
“Es más sobre Scorsese que sobre el negocio de la música que
conozco y conocí. Es Goodfellas con
música”, define Dan Beck, exdirectivo de Epic Records y uno de los tantos
empresarios que no están felices con cómo el directorlos dejó pintados, en una nota de Billboard de Estados Unidos. Jerry Greenberg, nombrado presidente
de Atlantic en 1974, lo secunda: “Como alguien que estuvo ahí en aquellos días,
esto fue hecho obviamente para la televisión. No recuerdo ninguna disquera que
fuera así”.
¿Cuánto es realidad y cuánto es invento? ¡Todo es
entretenimiento! Y la verdadera protagonista es la música. El soundtrack de Vinyl (que Warner acaba felizmente de editar en nuestro país) es la
amalgama para este mashup de
desmesura. Originales históricos de Ottis Reading, Edgar Winter y Jimmy Castor se
mezclan con covers clásicos de Dee
Dee Warwick (“Suspicious Minds”) y Foghat (“I Just Want to Make Love to You”),
pero también con nuevas reinterpretaciones y composiciones exclusivas. David
Johansen regrabó algunos de sus temas de los Dolls, mientras que el vocalista de
Vintage Trouble, Ty Taylor, retropropulsa el divertido “Cha Cha Twist”. Y Mick
Jagger hace pareja con su hijo James (que actúa en la serie como líder de los
proto-punks Nasty Bits) para firmar “Rotten Apple”.
La música tiene un rol tan estelar en Vinyl que, los viernes de cada semana, en Estados Unidos se editará
un EP digital con nuevos tracks, a
modo de anticipo de los capítulos que se emiten el domingo. El último incluye a
Julian Casablancas con su
versión de “Run Run Run”, de The Velvet Underground. Y a mediados de abril,
para el final de los diez episodios que componen esta primera temporada, se
lanzará un segundo volumen de la banda sonora.
¿Habra second season? Obvio, eso ya
está arreglado. Martin Scorsese compró a todos desde la primera escena y ahora
nosotros, también, no podemos escapar de esta adicción. Bienvenidos a la
máquina.
La
serie brasilera de HBO regresa con una segunda temporada más fuerte: violencia
de género, sadomasoquismo, acoso infantil y exorcismo en la gran urbe de San
Pablo.
Con In Treatment, Lie to Me, Criminal Minds y hasta Hannibal,
los retorcidos vericuetos de la mente han copado la televisión. Pero pocas series
han abordado las problemáticas psicológicas de la vida urbana moderna como Psi, la producción original de HBO Latin
America que este domingo a las 22 estrenará su segunda temporada.
Situada en San Pablo, Brasil, Psi presenta la historia de Carlo Antonini, médico psiquiatra,
doctor en psicología clínica y psicólogo que se involucra de forma muy personal
en complejos casos de transexualidad, pedofilia, autismo, maltrato infantil, eutanasia
y hasta vampirismo. Sin tapujos ni golpes bajos, la serie evita caer en
prejuicios y solemnidades, cuenta con una notable factura técnica y dramática y
hasta sabe encontrar el humor porque, como a sus guionistas les gusta repetir, «lo
normal no es ser normal».
En su segundo año, el ciclo promete profundizar la propuesta
con diez episodios en los que se abordará cuestiones como la prostitución entre
adolescentes, el sadomasoquismo y hasta el exorcismo. «Creo que va a ser más
oscura que la anterior, porque ese es el objetivo de la serie: traer temas
fuertes a la discusión. Hay muchas personas que no tienen idea de que estas
cosas pasan y otros saben que ocurren, pero pocos hablan de eso», dice Alex
Gabassi, uno de sus directores.
En esta temporada, Carlo se reencontrará con su entusiasmo
por la profesión y el deseo de ser terapeuta y, luego de vivir un año en
Italia, regresa a Brasil para ser el coordinador de una ONG orientada al
cuidado de víctimas de violencia doméstica, el tema que trata el crudo capítulo
que abre el ciclo 2015.
Muchas de las historias de Psi están inspiradas en las vivencias de Contardo Calligaris, creador
y director general de la serie, quien es
un versado psicoanalista de origen italiano que desarrolló su carrera en las grandes
ciudades de Europa y Estados Unidos hasta que se radicó en Brasil. Esa
experiencia internacional y multilingüe le ha permitido imprimirle a la ficción
una mirada universal de los problemas, lejos de la localía paulista. «La serie
se sitúa en San Pablo, pero podría ser en el DF de México o cualquier otra
megalópolis. Para mí, lo importante es que la escena terapéutica se dé en la
gran ciudad, en algo que es más grande que uno», explica.
Sobre los traumas de la vida moderna y cómo los plantea su
serie, Calligaris dice que «lo más preciado para un terapeuta es mantener la
capacidad de asombrarse con lo más común y, a la vez, encontrar que lo más
extraordinario es absolutamente banal. Por ejemplo, me acuerdo de un paciente
coprófago, que vagó de psicólogo en psicólogo durante un buen tiempo porque escandalizaba
a todo el mundo. Cuando vino a verme en París y me contó que comía sus propios
excrementos, yo le dije: “Bueno, ¿y qué más?”. Eso hizo que pudiera abrirse,
hablar y quedarse conmigo».
Carlo, el protagonista, es en cierta forma su alter ego, aunque él prefiera tomar cierta
distancia del estilo del personaje: curioso, hipercrítico y muy
intervencionista en la realidad de sus pacientes y de su círculo social. «No
tengo claro si uno debe meterse en la vida de los pacientes de la misma manera.
Pero es algo que aprendí muy temprano. Cuando era un joven psicoanalista en Francia,
estaba muy angustiado porque una paciente amenazaba con realizar un suicidio
colectivo. Fui a hablar con mi supervisor, y él me dijo: “Si está preocupado, vaya
a verla”. Y fui, en el momento previsto en que ella iba a matarse junto a su
familia. Ese es un tipo de intervención que Carlo haría».
«Es una característica del personaje, pero también una cualidad
dramática, que funciona muy bien en la serie —acota Tata Amaral, una de sus
directoras—. No espera que las situaciones vengan hasta él, sino que es un tipo
que se mezcla con la vida, que busca las aventuras».
Emílio de Mello, quien compone a Carlo en pantalla, reconoce
que la base de la preparación del personaje es el contacto directo con
Calligaris. «Contardo nos da toda la referencia clínica; su conocimiento es
fundamental. Mi relación con él es tan intensa que me he sorprendido a mí
mismo, en mesas con amigos, viendo y pensando como psicoanalista», afirma.
El actor confesó que varias historias de la serie lo emocionaron.
«El capítulo sobre una nena abusada por sus padres me tocó profundamente. Y el
del exorcismo también, por su abordaje poco convencional». ¿Cómo hace para
desligarse de los temas tan conflictivos de su personaje al final de la
grabación? «De la misma manera que un periodista —retruca—. ¿Cómo hacen ustedes
para hablar o escribir sobre el niño sirio encontrado muerto en la playa y, después,
ir para sus casas y seguir la vida? ¿Cómo lo digieren?».
La respuesta, quizás, esté en hacer terapia. «Contardo
siempre nos dice que los problemas no se curan. La psiquiatría sirve para
ayudar a vivir con tus propios demonios», aporta el director Rodrigo Meirelles.
Y Calligaris completa: «Cesare Pavese, un escritor italiano que detestaba a
Freud, decía que el psicoanálisis era una disculpa para los asesinos. Decir
que, como me pasó tal cosa en la infancia, entonces puedo matar. Pero en su
diario, Trabajar cansa, él admitía:
El psicoanálisis enriquece la vida».
Por el estreno de Minority Report, repasamos filmes que saltaron a la pantalla chica.
M*A*S*H (1972)
La gran
sátira sobre la Guerra de Corea del director Robert Altman fue un éxito en 1970
(tuvo cinco nominaciones al Oscar y se quedó con uno al mejor guión adaptado).
Dos años más tarde, se convirtió en un suceso televisivo que duró once
temporadas y batió records de audiencia. Acidez, humor negro y, cómo olvidarlo,
el clásico “Suicide isPainless”.
Highlander (1992)
¿Te acordás
de Christopher Lambert rebanando cabezas para ganarse la mortalidad al son de
Queen? Su adaptación a la TV, con Adrian Paul como protagonista miembro del
Clan MacLeod, no tuvo tanta épica y rock, pero fue un éxito que se mantuvo
durante seis temporadas. Una especie de magia…
Las aventuras del joven Indiana Jones
(1992)
Creada y
producida por George Lucas, seguía las peripecias de un joven Indy por exóticos
escenarios y encuentros con figuras históricas, desde Leo Tolstoy y Charles de
Gaulle hasta Pablo Picasso, Louis Armstrong y Sigmund Freud, interpretados por
un enorme elenco de estrellas. Daniel Crag, Catherine Zeta-Jones, Christopher
Lee, Max von Sydow, Elizabeth Hurley y Vanessa Redgrave son algunos de los
nombres rutilantes que participaron de esta serie que, por su enorme
presupuesto y baja recepción, se canceló tras solo 24 episodios.
Buffy, la cazavampiros
(1997)
Sí, todos
amamos ahora a Joss Whedon, pero pocos recuerdan que las exitosas aventuras de nuestra
cazadora favorita se basan en un flojísimo film que lo tuvo como guionista,
protagonizado por Kristy Swanson en el rol que, más tarde, haría famosa a Sarah
Michelle Gellar. En la TV, fue un hit: siete temporadas, un spin-off exitoso (Angel, que duró cinco años) y hasta cómics, novelas y videojuegos.
La femme Nikita (1997)
Hubo dos
adaptaciones de la perfecta asesina creada por Luc Besson. La primera con Petra
Wilson, que se estiró por cinco años, y otra en 2010, con el protagonismo de Maggie
Q. ¿Cuál es tu femme fatale favorita?
Stargate SG1 (1997)
¿Quién iba a
pensar en 1994 que la fábula de dioses egipcios y aliens de Robert Emmerich (¡con James Spader con pelo!) iba a darnos
una de las franquicias de ciencia ficción más exitosas de la TV? La serie duró
una década y despegó la carrera de Richard Dean Anderson de la sombra de MacGyver. Además, tuvo dos
desprendimientos:Stargate
Atlantis(2004-2009) y Stargate Universe(2009-2011).
Al infinito y más allá.
Terminator: las
crónicas de Sarah Connor (2008)
El universo creado por las películas de James Cameron se
expandió a la TV con esta serie que duró apenas dos temporadas, pero nos
entregó buenos momentos de apocalipsis cibernético. Con Lena Headey como una
jodida Sarah Connor y Shirley Manson, vocalista de Garbage, como el más sensual
y peligroso Terminator que ha dado la saga hasta el momento.
Fargo (2014)
No eran
muchos los que le tenían fe a la adaptación del famoso film de los hermanos
Cohen, que terminó sorprendiendo por su gran factura y el altísimo nivel de sus
interpretaciones (mención especial para Billy Bob Thornton, verdadero villano
favorito que se llevó un Golden Globe como el asesino Lorne Malvo). En pocos
días comienza su segunda temporada, con una nueva historia situada en 1979.
From Dusk till Dawn (2014)
El director
Robert Rodríguez lanzó El Rey, una señal de TV orientada al público latino de
Estados Unidos, cuyo producto estrella es una adaptación de su comedia negra
sobrenatural de 1996, que tuvo a George Clooney y Quentin Tarantino como los
perturbados hermanos Gecko. Sus reemplazantes, D.J. Cotrona y Zane Holtz, no ofrecen
la misma química, pero sí lo necesario como para garantizar una segunda
temporada de vampiros, tequilas y señoritas pulposas.
Minority Report (2015)
La serie se
sitúa diez años después de los sucesos de la película. PreCrimen, la división
policial que apresaba a las personas antes de que cometieran el delito, ya no
existe. Y los tres “precogs” capaces de vaticinar crímenes viven una vida
“normal” en libertad. Pero uno de ellos, Dash (Stark Sands, de Inside Llewyn Davis),
atormentado por sus visiones, regresa para ayudar a una detective (Meagan Good,
de Californication) a resolver casos imposibles.
Tiene acción,
humor y un tono más liviano que el film de Steven Spielberg, pero conserva su
estética sci-fi de anticipación
(mucho gadget loco que, seguro, será
realidad pronto). El piloto entusiasma y, aunque no podemos ver el futuro,
auguramos una buena temporada. Todos los martes, a las 22, por FOX.
El actor protagoniza la nueva serie original de HBO que estrena este domingo
23 de agosto.
Hay un lugar entre el sueño y la vigilia que no, no es donde
Campanita aguarda el regreso de Peter Pan. Es una ciudad taciturna sin nombre,
ubicada en una frontera imaginaria y un tiempo añejo indefinido, donde lo
fantástico se filtra en lo real y donde el pasado no le da descanso al
presente.
Ese es el mundo pendular de El hipnotizador, la nueva serie original de HBO Latin America que
se estrena este domingo 23 a las 21, protagonizada por Leonardo Sbaraglia como
el enigmático Sr. Arenas, un maestro de la hipnosis atormentado por una
tragedia y condenado al insomnio por su rival, Darek (el actor brasileño de
origen mexicano Chico Díaz). A lo largo de ocho episodios, Arenas usará sus
habilidades para ayudar a
las personas a resolver sus misterios, mientras intentará librarse de su
maldición.
La
exquisita producción bilingüe, filmada en Montevideo, reúne actores brasileños,
uruguayos, españoles, portugueses y argentinos (entre ellos, Marilú Marini y
Chino Darín). “Somos todos muy diferentes en la manera de trabajar, y había
situaciones donde convivían las nacionalidades que eran muy interesantes. Se
aprende mucho de esa dinámica, y la propia mezcla del idioma forma parte de la
historia”, cuenta Sbaraglia.
La
serie está basada en el breve cómic homónimo de Pablo De Santis y Juan Sáenz
Valiente (publicado en la revista Fierro)
y, si bien respeta su esencia, amplía su universo con nuevas figuras y le otorga
la gravedad de un elaborado thriller onírico. “Ninguna persona va a
buscar encontrarse en la serie con el cómic, que es solo un punto de partida.
Es imposible reproducir en un capítulo las apenas cinco páginas de la historieta
—explica—. Teníamos que encontrar la complejidad de los personajes y darles más
oscuridad”.
¿Cómo elaboraste a Arenas? El cómic da pocas claves,
si bien tiene algo de detective…
Exacto. Se convierte en una especie de Raymond Chandler que
tiene que ir pesquisando el inconsciente. Un actor también tiene que
convertirse en un detective, porque construís el personaje sobre pistas,
encontrando lo que hay detrás de ellas. Yo me agarré de elementos de la
hipnosis, de cosas del género policial, de Humphrey Bogart. Al margen de que en
los primeros capítulos se describe a Arenas como alguien misterioso e
impenetrable, la gente va ir estableciendo una relación de intimidad con él. Hay
que entenderlo como un tipo al que le interesan los demás, con algo humanitario,
que tiene la capacidad de ver el dolor en el otro e intenta ayudarlo. Y, a
medida que avance la historia, el espectador va ir viendo el drama de Arenas,
porque solo tiene partes del
rompecabezas en su memoria. Cada caso que se presenta en los capítulos funciona
con cierta autonomía, pero va a iluminar ese pedazo de vida que no recuerda.
Un hipnotizador
trabaja con la historia, es una suerte de exorcista de vivencias. En lo
personal, ¿cómo te llevás con el pasado?
Me parece que esta serie tiene un elemento existencial. Por
ejemplo, hay un capítulo titulado “El coleccionista de días”, sobre alguien que
compra y guarda los días de aquellos que los quieran olvidar. ¿Cuántos instantes
de la vida se me han borrado de la memoria porque el dolor o la experiencia han
sido insoportables en ese momento? Porque hay una parte tuya que te baja la
térmica, que apaga esa zona de tu mente. En mi caso, me interesa prender todas
las teclas: tratar de volver a incorporar en mí presente aquellas cosas que
tengo más difusas de mi pasado.
¿No hay días que
quisieras olvidar?
¡Al contrario, los quiero recuperar! Al margen de lo actoral,
tengo la necesidad de recuperar muchos días de mi propia vida. La serie juega
con eso, toca un lugar filosófico existencial, de hacerse preguntas. En
definitiva, la psiquis humana es un misterio.
En la preparación del
personaje consultaste con un especialista en hipnotismo. ¿Qué técnicas
aprendiste?
Sí, pero no me hipnotizó, sino que me mostró lo que debería
hacer. Me dio claves para sugestionar a alguien y, para eso, primero tenés que
darle a esa persona elementos reales para que confíe en vos. Por ejemplo, nosotros en este momento estamos
charlando, vos tenés un suéter negro, estás con un teléfono en la mano, tenés
lentes: cosas de la realidad objetiva. Pero, en el medio de eso, comenzás a
introducir elementos que tienen que ver con una realidad subjetiva, que se
empieza a mezclar con la otra de manera incremental. Y así terminás en el mundo
que el hipnotizador quiere que vos creas.
Hay que saber observar a las personas, sus pequeños
movimientos y hasta su respiración. Supuestamente, vos tenés que hablar cuando
el otro inspira: ahí es cuando te meten una idea. La voz y el peso de cada
palabra son muy importantes. El que hace hipnosis, mientras dice algo, lo está
graficando. Tiene mucho que ver con la programación neurolingüística. Es muy
interesante, porque hay empresas y comerciantes que usan eso para el convencimiento.
Los actores norteamericanos la emplean para establecer una relación con el
espectador y determinar qué están transmitiendo a cada momento con sus gestos y
palabras.
Decí la verdad: ya
usaste las técnicas con alguien, ¿no?
Recordamos el pasado musical del actor de Viaje a las estrellas, que falleció el viernes a los 83 años.
Leonard
Nimoy Presents Mr. Spock's Music From Outer Space
(1967)
Una de
las formas históricas de usufructuar un producto televisivo exitoso es grabar
un disco, y así fue como Nimoy debutó en el vinilo (en Dot Records, sello de
leyendas como Pat Boone y Louis Armstrong) con una colección de instrumentales
y piezas narradas bajo su personaje vulcano. Incluye los clásicos temas de
presentación de Star Trek y Misión imposible (la otra serie que lo
tuvo como estrella). Pero las verdaderas gemas espaciales de este delirante
disco son los momentos en los que el vulcano se pone en crooner intergaláctico con sus covers
de “Lost in the Stars” y “Where is Love?”. Un Scott Walker a propulsión warp.
Two
Sides of Leonard Nimoy (1968)
Para su
segundo viaje, Spock nos lleva donde la autoparodia nunca había llegado. El
disco abre con el brillante swing-pop de “Highly Illogical”,
donde reflexiona sobre la falta de
lógica en los humanos, y “The Difference Between Us”, sobre el dilema entre la
naturaleza vulcana y terrícola. Para la otra cara, Nimoy muestra su lado más
folk y pop. Aunque solo un agujero negro puede explicar qué lo llevó a meterse
con El Hobbit en la indescriptible
“The Ballad of Bilbo Baggins” (¿serán las orejas puntiagudas en común?). No hay
banda heavy en este planeta que rescate a Tolkien de esto.
The Way I Feel
(1968)
La parte humana vence al frio y analítico alienígena y, para su
tercer LP, Nimoy deja a Spock para dedicarse a la interpretación romántica.
Incluye versiones de otro planeta de clásicos como “Both
Sides Now” (Joni Mitchell), “If I Had a Hammer” (Pete
Seeger) y “Sunny” (famosa en la voz de Cher).
The Touch of Leonard Nimoy (1969)
En el año Woodstock, la paz y el amor, el actor se entrega
a la naturaleza y a un repertorio sobre autoconciencia, optimismo y esperanza.
Se destaca su versión de “I Think it's Gonna Rain Today”, de Randy Newman. Gana
más confianza como autor y escribe tres temas, entre ellos “Maiden Wine” (que
llega a interpretar en un episodio de Star
Trek). Y el vulcano hace un pequeño cameo en “Contact”.
The
New World of Leonard Nimoy (1970)
Su
último álbum propiamente dicho, antes de una larga serie de compilados,
audiolibros y narraciones, continúa la senda ¿pastoral? de su trabajo anterior,
aunque con una impronta más country dada por “I Walk the Line”, de Johnny Cash,
“Ruby, Don't Take Your Love to Town”, que popularizó Kenny Rogers, y (ay, ay, ay, por el amor de
Surak) una terrible versión de “Proud Mary”, de John Fogerty.
Bonus tracks:
La frase “Pure energy” que se escucha en el hit de
Information Society “What’s On Your Mind” (número uno del chart Dance en 1988),
es un sampleo de su voz, extraído de un capítulo de Star Trek de 1967. Así es como Spock conoció la cima de un ranking: con
una ayudita de la tecnología terrestre.
Nuestro ídolo fue
protagonista del clip alternativo que tuvo el single “The Lazy Song”, de
Bruno Mars. Es genial verlo como un jovato vago y gruñón que asusta pibes, va
en bata al supermercado a comprar revistas porno y se fuma un faso en su casa.
Así lo queremos recordar también. Trekkers: presten atención que hay cameos directos
al corazón.
Una selección de flamantes ficciones para pasar el verano.
Agent Carter
El universo de Marvel se
sigue expandiendo de la pantalla grande a la TV. Luego de Agents of S.H.I.E.L.D., llega la serie de Peggy Carter (Hayley
Atwell), la oficial británica que fue el gran amor del Capitán América. Como una
miembro infravalorada de la Strategic Scientific Reserve, Carter ahora debe
hacer malabarismos entre las tareas administrativas a la que la relegaron y sus
misiones secretas para ayudar a Howard Stark (el padre de Tony, futuro Iron-Man,
acusado de ser un traidor de Estados Unidos), en las que contará con la ayuda
de su torpe y gracioso mayordomo, Edwin Jarvis (¿les suena ese apellido?). Bienvenida
esta nueva heroína que, a pura feminidad y acción, patea los culos machistas de
la posguerra. Estrena el 10 de febrero a las 23, por Canal Sony.
The Man in the High Castle
Recién empieza, apenas tenemos
un prometedor episodio, pero es imposible no entusiasmarse con esta adaptación
de Amazon Studios de la famosa novela homónima de Philip K. Dick, que plantea
la ucronía de un mundo donde los aliados perdieron la Segunda Guerra Mundial.
Ambientada en 1962, las costas de Estados Unidos quedaron repartidas entre
Alemania y Japón, con una zona media neutral y autónoma. Estas potencias
conviven en una tensa guerra fría, entre sospechas e intereses, y la vigilancia,
la represión y el conservadurismo reinan en los territorios ocupados. Pero hay
una resistencia, que tiene como nexo una serie de extraños filmes que muestran
una posible verdad oculta. Con Ridley Scott como productor ejecutivo, veremos
si la serie puede capturar la complejidad y el espíritu del libro (el piloto se
toma varias licencias) de reflexionar sobre realidades, ficciones y presentes desde
el planteo de un pasado alternativo.
Mozart in the Jungle
¿Quién dijo que la música
clásica es un ámbito de viejos burgueses, aburridos y estirados? Basada en las
memorias de la oboísta Blair Tindall, la serie nos lleva al backstage de la Filarmónica de Nueva
York de la mano de Gael García Bernal, que encarna a “Rodrigo”, un geniecito
musical, extravagante y caprichoso, con espíritu de rockstar y ¡amante del mate! que llega a la conducción de la orquesta
con la intención de modernizarla. Sexo, drogas, enredos y nada de acartonados smokings
en otra nueva producción de Amazon Studios, que está comenzando a entregar series
(y pronto también películas) muy originales (como la reciente ganadora del Globo
de Oro y recomendadísima Transparent).
12 Monkeys
Adaptación de la cadena SyFy de
la película de Terry Gilliam (que, recordemos, estaba basada en el corto
francés “La Jetée”), sobre un presidiario que es enviado al pasado para tratar
de impedir la propagación de un virus que exterminará a casi toda la raza
humana en el futuro. Carece de la acidez y negrura tecnoburocrática del film,
pero entusiasma desde una estética postapocalíptica, que recuerda a The Walking Dead o The Last of Us, y una trama con nuevos vericuetos e intrigas sobre
qué es realmente el “Ejército de los 12 Monos”. Aaron Stanford (Nikita, X-Men: la batalla final) se calza el papel que tuvo Bruce Willis; Amanda
Schull (Suits, Pretty Little Liars) le da un nuevo rol y perfil a la doctora que
protagonizó Madeleine Stowe y el rol del chiflado que interpretaba Brad Pitt guarda
una sorpresa. Los primeros episodios ya ofrecen la suficiente cantidad de
sangre y paradojas temporales como para contagiarnos.
Better Call Saul
¿Acaso la serie más esperada
del año? Los fanáticos de Breaking Bad
sin dudas están ansiosos por ver este spin-off
centrado en Saul Goodman (Bob Odenkirk), el inescrupuloso abogado que
administraba el dinero de “Heisenberg”. No se entusiasmen tanto los que esperan
un regreso de Walter White (Bryan Cranston) o Jesse Pinkman (Aaron Paul),
porque el show se sitúa varios años antes de que este miserable aunque
encantador carancho conociese a los maestros de la metanfetamina. Paciencia: en
Estados Unidos (o en Internet, ejem, ejem) solo hay que esperar hasta el 8 de
febrero, por AMC.
Bonus:
The Last Man on Earth
Quienes hayan seguido Saturday Night Live estarán
acostumbrados a los desquiciados y desopilantes personajes de Will Forte. Pero
el actor también tiene una gran veta dramática (basta con ver el excelente film
Nebraska) y como guionista. Los tres perfiles
pueden explotar en lo que promete ser una de las más interesantes tragicomedias
de este año, que lo tendrá como un padre de familia y aburrido empleado
bancario que, en 2022, se convierte en el ¿último? habitante del planeta. ¿Podrá
ser la esperanza final de la humanidad un reto para el ex MacGruber? Arranca en
Estados Unidos por FOX el primero de marzo.
Arremangate el saco blanco porque la serie ícono de los años 80 cumple tres décadas y lo celebramos recordando a algunos de los artistas que pasaron por sus capítulos.
Willie Nelson
La leyenda del country personifica a un Texas Ranger que,
para vengar una muerte, se ve involucrado en una operación antidroga. Nelson ya
había trabajado con Michael Mann (productor de la serie) en su película Thief (1981).
Gene Simmons
En la apertura de la segunda temporada, Sonny “Burnett” Crockett
(Don Johnson) y Ricardo “Cooper” Tubbs (Philip Michael Thomas) visitan el yate
de Newton Blade, personaje del demonio de Kiss, para que les pase un contacto en
Nueva York, donde irán tras los pasos de un narcotraficante.
James Brown
El padrino del soul
fue parte de uno de los episodios más extraños y oníricos de la serie. Hizo el papel
de Lou DeLong, músico devenido en vocero de Astrolife, una entidad vinculada a
una aparente conspiración extraterrestre. Entre secuestros, luces misteriosas
en el cielo y apagones electromagnéticos, la cosa es que todo el misterio alienígena
termina siendo un sueño de la detective Trudy.
Phil Collins
Sus canciones sonaron en varios episodios (a muchos le
resultará casi imposibleno asociar “In
The Air Tonight” con la serie), pero el ex Genesis también se puso delante de
la cámara en la segunda temporada. Interpretó a un carismático estafador británico
que tiene la mala idea de querer engañar a un traficante.
Miles Davis
El ícono del jazz hizo su debut actoral más formal (ese
cameo en Imagine, en 1972, no cuenta)
como el proxeneta Ivory Jones, con vínculos con un poderoso drug dealer en Miami, en el sexto
episodio de la segunda temporada.
Frank Zappa
El multitalentoso bigote también fue el narcotraficante off shore más conocido de la serie:
Mario Fuente. Tenía su yate anclado en aguas internacionales, donde hacía sus
negociados. En el capítulo, Fuente descubre que “Burnett” es, en realidad, un
policía, y cree que se quedó con tres millones de dólares incautados tras el
arresto de uno de sus empleados.
Little Richard
El autor de “Tutti Frutti” dio el salto a la pantalla chica
en la serie como el reverendo Marvelle
Quinn, que predicaba el evangelio contra las drogas en las playas de Miami.
Sheena Easton
La cantante fue una recurrente y trágica figura en la serie,
ya que encarnaba a Caitlin Davis, la estrella pop esposa de Crockett, que muere
en sus brazos en pleno escenario.
The Power Station
Tubbs y Crockett se encuentran con los Duran Duran John y
Andy Taylor y el ex Chic Tony Thompson, quienes le presentan a su nuevo
cantante, Michael Des Barres, el fugaz reemplazo de Robert Palmer en 1985. Después,
encienden el lugar de neón con el éxito “Get in On”.
Ted Nugent
El ultraconservador violero fanático de las armas interpretó
al villano Charlie Basset, un estafador que se encargaba de asesinar a incautos
que caían seducidos por su esposa y cómplice. En esta ocasión, no hubo rifle,
pistola u escopeta que lo salve.
Bonus:
Leonard Cohen
El músico canadiense es Francois Zolan, un capo de la
Interpol en París vinculado al servicio de inteligencia, que envía a una agente
a Miami a “encargarse” de una traidora. Su aparición consiste solo en un breve french touch por teléfono, pero ¡sacrebleu y hallelujah por eso!
Desde el rol de Brienne
de Tarth, la guerrera de casi dos metros y aspecto masculino, desafía mandatos
de belleza y conquista el mundo de la moda. La actriz británica cuenta los retos y
las curiosidades de ser parte de un fenómeno pop épico en la TV.
“Nunca imaginé que iba a compartir cartel con un oso, ni hablar
de que iba interpretar a alguien que tuviera que pelear con uno”. La lucha mano
a garra con peligrosos animales salvajes es uno de los tantos requisitos que
Gwendoline Christie ha resuelto con altura en la piel de Brienne de Tarth, esa enorme
columna de sacrificio, lealtad, hierro y valor que se erige entre las ambiciones,
lujurias y venganzas de Game of Thrones.
La serie de HBO acaba de estrenar su cuarta temporada con un
récord de 6,6 millones de espectadores en Estados Unidos, la mayor audiencia
desde el final de The Sopranos. Y esta
británica de 1,91 metros
observa bien desde arriba un fenómeno popular que, por la impresionante demanda,
el pasado domingo llegó a hacer caer el sistema de streaming de la cadena.
“Creo que a la gente le gusta tanto el show porque cubre
todos los aspectos de las experiencias humanas, incluso los más oscuros y
extremos. Y lo hace dentro de uno de los más hermosos mundos, que parece tener
sus raíces en un período medieval no identificado, que es extremadamente
realista, pero que tiene un glorioso costado sobrenatural con magia y dragones”,
dice, en un intento de explicar cómo este thriller político vestido de fantasía
épica con tragedia clásica y softporno es hoy la segunda serie más vista en la
historia de HBO (detrás, otra vez, de aquel célebre drama mafioso).
Gran parte del éxito de Game
of Thrones radica en sus ricos y complejos personajes, y desde su aparición
en el segundo año, la gigante y masculina “doncella de Tarth” se transformó en
uno de los favoritos del público. “George R. R. Martin creó una figura brillante,
a la que la gente le toma aprecio enseguida. Lo genial de Brienne es que está tan dedicada a hacer el bien: realmente,
quiere lo mejor posible para todos. Y esta temporada veremos a esta mujer en
situaciones y lugares que no sabe cómo atravesar naturalmente”, opina.
Pero al igual que Tyrion Lannister, el sagaz y fiestero
“mediohombre” de la realeza encarnado por Peter Dinklage, la Brienne de
Christie tiene el mérito de desafiar desde la TV los mandatos de género tradicionales
sobre la belleza. Así
como Dinklage pudo hacer de sus 135 centímetros una marca de estilo y actitud
en producciones para Rolling Stone, Esquire y GQ, la noble guerrera de piernas
inconmensurables y espalda de Atlas seduce al mundo de la moda y pelea por la
igualdad de derechos con las armas de un caballero. Elle, Stylist, Fendi y
Christian Louboutin son algunos de los que perdieron la cabeza por esta “glamazona”
que, también, flechó a un fashionista: el diseñador Giles Deacon, su actual
novio.
Christie quería ser gimnasta, pero una lesión en la columna
la condujo a la actuación, en el Drama Centre de Londres. “Tuve la suerte de
estudiar teatro en una universidad que tiene un método clásico y se enfoca en
hacernos actores, no empresas. Así, entramos al mundo del entretenimiento, que
es muy, muy arduo, con un sentido bien definido de lo que significa ser
artista. Por eso, me fue muy difícil encontrar trabajo”, recuerda.
Entre sus primeros roles está el film de Terry Gilliam El imaginario mundo del Doctor Parnassus
y el videoclip de lacanción “Damaris” del inglés Patrick Wolf. Hasta que, en 2011, la convocaron para el papel de su
vida, del cual no sabía absolutamente nada. “Un amigo me dijo que había leído
en Internet que yo estaba involucrada en una serie de HBO —cuenta—. Me fijé y
vi que hablaban de unos libros de los cuales no había escuchado antes y que
estaban analizando elegirme. Así que miré de qué iba el personaje. Y, por
suerte, me llamaron para participar de esta serie maravillosa”.
Para convertirse en Brienne, la actriz tuvo que cortarse el
pelo en look varonil, ganar más de seis kilos y tomar clases de equitación y
combate con espadas. Pero ¿qué hay de aprender a enfrentar un oso?
“Fue una de las cosas más difíciles y divertidas —dice—. Había
que aplaudirlo cada vez que salía de su tráiler y terminaba una escena, y
teníamos que tener música country todo el tiempo en el set. Además, lo
premiábamos con una golosina especial con crema. Sin dudas, ese oso era un profesional”.
Diálogo exclusivo con la protagonista de la serie Haven, ante el reciente estreno de su cuarta temporada en la Argentina.
Dicen que lo más lindo de Haven, ese particular pueblito de Maine, Estados Unidos, es su gente: personas que pueden de cambiar el clima con el ánimo, hacer realidad los sueños, prenderte fuego con la mirada, dar vida a las sombras, electrizarte con un enojo, humanizar los animales o, simplemente, transformar de un toque cualquier comida en torta. Pero este verdadero refugio sobrenatural tiene un encanto especial: Emily Rose o, mejor dicho, Audrey Parker, la bella y misteriosa agente del FBI que investiga e intenta poner algo de cordura en este enclave fantástico de Nueva Inglaterra.
Haven, claro, no existe, pero su suceso es real. La serie de Syfy, inspirada en el cuento The Colorado Kid de Stephen King, tuvo en 2013 un promedio de 2,3 millones de espectadores por semana en Estados Unidos. En Argentina, el canal acaba de estrenar su cuarta temporada (domingos, 23 horas), en la que la agente Parker tiene nuevos y extraños desafíos.
"Lo interesante de esta temporada es que empieza con todos los personajes en distintos lugares, tratando de hallar el camino de regreso para reencontrarse física y emocionalmente. Y podremos ver otro lado de Audrey, un poco más alegre y sexy, desde el personaje de una cantinera llamada Lexie, que fue una suerte de homenaje al primer papel que hice en mi carrera", adelanta la actriz.
En efecto, Rose debutó haciendo de barwoman en la malograda Smith, encabezada por Ray Liotta. "Actué como invitada en un capítulo con Simon Baker (The Mentalist). Realmente, me intimidaba trabajar con él, pero estuvo genial: fue el rol con el que conseguí mi credencial del sindicato", recuerda. Desde entonces, participó en Brothers & Sisters, Cold Case, Jericho, Without a Trace, ER y Ghost Whisperer, entre otras series.
Pero mientras buscaba su propio lugar en la TV, la actriz ya era una estrella en la PlayStation. Desde 2007, Rose es la voz y el cuerpo digital de Elena Fisher, la aventurera periodista que forma parte de Uncharted, la exitosa franquicia de videojuegos desarrollada por Naughty Dog. "Es uno de los trabajos con más onda que tuve. Fue una experiencia genial y si alguna vez se adapta al cine, me gustaría ser parte. Espero que se haga realidad", dice, tirando un pase hacia el casting de un proyecto que viene rumoreándose desde hace años.
Haven significó su primer protagónico y la serie ya se aseguró su quinta temporada, todo un logro para un show que cosechó moderadas críticas, pero un público muy fiel. "Es muy significativo recibir tantos mails o cartas de los fans y me asombra que esperen horas y horas en para vernos y conocernos. Está bárbaro, pero también pienso: 'somos gente normal que solo hace un programa de televisión'. Es muy bizarro encontrarte con personas que llevan tatuajes de nuestro show. Ojo: me honra, pero es muy loco", comenta.
Es que la realidad es mucho, mucho más rara que Haven.
Periodista, conductor y productor, especializado en espectáculos y cultura digital (música, cine, TV, tecnología, libros y tendencias).
Trabajé para más de 25 medios de Argentina y Latinoamérica, entre ellos TN.com.ar, FM 100, Rolling Stone, FM Rock & Pop, La Nación, Quiero Música TV, Radio Con Vos 89.9, Página/12, FM ESPN, Radio Nacional, El Cronista, PC Magazine, Brando, Apertura, 10Musica.com, Nacional Rock 93.7, IT NOW (Centroamérica), La Segunda (Chile), El Tiempo (Colombia), Open (México), Nación (Costa Rica) y más. Escribí el libro "LOSERS - Historias de famosos perdedores del rock", lanzado por Ediciones B (Penguin Random House - 2018).
Contacto: mpoter@gmail.com