viernes, 24 de abril de 2015

Entrevista a Yelle: Viva le pop!

La vocalista francesa habló con Generación B antes de su show en Buenos Aires.



Es imposible poner Complètement fou de Yelle sin tener la incontrolable urgencia de bailar y masticar un chicle de uva. Hagan la prueba. Denle play al video que hay al final de esta nota y traten de no quedar pegados a ese Bubblicious musical que proponen Julie Budet (alias “Yelle”) y Jean-François Perrier (a.k.a “GrandMarnier”), un globo de sugar-rush para protegerse de cualquier amargura cotidiana.

Llamaron la atención en Francia allá por 2006, cuando subieron a su MySpace (¿se acuerdan de MySpace?) “Short Dick Cuizi”,  una canción que respondía a las letras machistas de los hiphoperos TTC  (en especial, dirigida a su MC: Cuizinier). Al poco tiempo, salió su primer álbum, Pop-Up, y rápidamente quedaron vinculados a la pasajera movida Tecktonik, ese electro-dance con espasmos por sobredosis de neón y flúo.

Se fueron de gira con Mika y, más tarde, Katy Perry flasheó con el remix que le hicieron de su “Hot n Cold” y los puso como soportes de su tour por todo el Reino Unido. Así, conocieron a Dr. Luke, famoso hitmaker para One Direction, Britney Spears, Kesha, Avril Lavigne y Miley Cirus, quien se ofreció a producir Complètement fou, su tercer y último álbum, que presentarán en vivo en Niceto Club el próximo sábado 25, en su tercera visita a Buenos Aires.  “Me encanta tocar allá, y recuerdo un show con un montón de gente saltando sin para: era como una ola gigante de cuerpos humanos. ¡Increíble! Y tengo fans relocos en Argentina que tienen hasta nuestro logo tatuado. ¡Los amo!”, cuenta Budet a Generación B.

Tienen una gran respuesta del público en muchos países, pero ¿cómo los reciben en Francia? Habrás escuchado eso de que “nadie es profeta en su tierra”…
Estamos muy contentos y sorprendidos con la recepción que tuvo en nuestro país el último disco. Nos pasan por la radio, y recién estuvimos de gira con shows agotados y gente que salía feliz, que es lo más importante. Es verdad el dicho que mencionás, pero a nosotros también nos gusta el que dice “todo llega con paciencia y determinación”, ja, ja.

También se suele decir que el tercer disco es el más difícil de hacer. ¿Fue así con Complètement fou?
Para nosotros, fue el momento de probar nuevas experiencias en la forma en que componemos y trabajamos con otra gente. No fue complicado, pero sí diferente y estimulante.

¿Cómo llegaron a trabajar con Dr. Luke, y qué aportó al sonido de la banda?
En verdad, no sabíamos quién era. Nos enteramos de que le gustaba lo que hacíamos y que quería hacer música con nosotros. Empezamos a chatear con él y trabajamos en canciones vía Skype. Fue algo nuevo y refrescante, por no decir inesperado. Creo que sumó todo su conocimiento sobre el pop, la manera de trabajar las melodías y elevarlas. Y también nos ayudó a tener más confianza en nuestras decisiones musicales.

Si tuvieras la posibilidad de trabajar con el músico de tus sueños, ¿a quién elegís?
¡Soy muy fana de Blur desde que era adolescente, así que sería un honor trabajar con ellos!

Muchos todavía recuerdan el fenómeno del french touch en la música, con la aparición de Air, Daft Punk, Mirwais. ¿Cómo es la escena musical francesa hoy y qué artistas deberíamos estar escuchando ya mismo?
Lo más interesante es que la lengua francesa está de vuelta en la música nacional. Estamos orgullosos de haber sido uno de los que iniciaron este renacimiento. A mucha gente le gusta Stromae, que, si bien es belga, canta en francés, o Christine and the Queens. También es muy interesante el dúo Paradis, en una onda más chill club. Cada uno, en su propio género, da un buen ejemplo de cómo el francés se usa hoy en la música moderna.

¿Te siguen insistiendo con cantar en inglés? ¿Harías un disco en ese idioma?
Sí, pero ya no tanto. A la gente le gusta el hecho de que cantemos en francés, y lo entiende; somos diferentes en ese sentido. Hacer todo un disco en inglés no está en los planes, pero estoy abierta a hacer letras con mi acento bien francés, ja, ja. El idioma no es un obstáculo cuando giramos por países, pero sí quizás a la hora de penetrar en radios internacionales. El público es mucho más abierto que lo que los medios creen.

¿Qué vas a estar haciendo cuando tengas 64 años? ¿Te ves arriba de un choclo gigante de plástico como en el clip de “Complètement fou”?
¡Claro que sí! ¡Voy a intentar disfrutar de la vida hasta que se termine!


miércoles, 22 de abril de 2015

Todo lo que hay que saber de Avengers: Era de Ultrón

Se estrena una nueva aventura del supercombo de Marvel y te contamos qué podés esperar; tranqui: no hay spoilers




El cómic es solo una inspiración. El film apenas toma al villano y otros elementos básicos de la saga gráfica de diez tomos que le da título, y se aleja del libro para crear una historia que prepara el conflicto y el “humor social” para lo que se desencadenará en Captain America: Civil War, cuyo estreno está pautado para abril de 2016. Así que, por si todavía hay algún despistado o esperanzando, aclaramos que no van a ver a muchos de los protagonistas de la novela gráfica original.

Nace el amor. Lo que en la primera película era solo una insinuación, un feeling, en esta se confirma y concreta. Surge el romance más letal entre los Avengers, pero no será todo color rosa.

Thor suda la gota gorda. Seguramente, si estás leyendo esto ya viste el clip con la escena en que unos relajados Vengadores after-party juegan a ver quién puedelevantar el martillo del Dios del Trueno. El Capitán América consigue moverlo un milímetro, y al rey de Asgard se le borra la sonrisa. Pero en el film habrá alguien digno de empuñar a Mjolnir.

A Hulk se le suelta la cadena. ¿Matthysse vs. Provodnikov? Naahh. La mejor pelea que vas a ver este año es el descomunal combate entre una bestia verde enloquecida por la manipulación mental y un Iron-Man anabolizado por su nueva armadura “hulkbuster”. Piña va, piña viene, los espectadores se entretienen.

Hawkeye es un capo. Relegado a un papel secundario en el primer film, el vengador encarnado por Jeremy Renner se luce en esta oportunidad como el tipo más equilibrado del equipo. Conoceremos mucho más de su personalidad y su intimidad. Animate, Marvel, que tenés un personaje tapado para un potencial film más serio y dramático que tus coloridos superhéroes. ¿Qué esperás?

Ultrón es “Red” Reddington. La malévola inteligencia artificial que amenazará al mundo en esta aventura tiene la voz de James Spader, estrella de la exitosa serie The Blacklist. El actor parece nacido para encarnar villanos tan perversos como encantadores, ya sea en la forma de un criminal al servicio del FBI o de un robot psicópata. Pero, lamentablemente, el tono cínico de sus personajes se confunde y, por momentos, queda la sensación de estar ante la versión Terminator de Raymond Reddington. Esperábamos más.

Los nuevos tienen aguante. Los Vengadores estarán más expuestos y vulnerables que nunca ante los poderes de los mellizos Aaron “Quicksilver” Taylor-Johnson y Elizabeth “Scarlet Witch” Olsen. El muchacho hace quedar a Flash como el Correcaminos, y la niña va a jugar con las cabezas de nuestros héroes como títeres. Pero la gran incógnita es Vision (muy bien en la piel de Paul Bettany), flamante aliado de inigualable fuerza y noble ¿espíritu? que merecía un papel mayor. ¿Lo tendrá en Avengers: Infinity War? Tendremos que esperar hasta 2018.

Te vas a reír (y mucho). Conociendo la experiencia del director Joss Whedon como autor de cómics (escribió, por ejemplo, Astonishing X-Men) y de TV (¿acaso debemos mencionar Buffy, la cazavampiros?), no debe sorprendernos su habilidad para transportar el humor de esos lenguajes a la pantalla grande. Ya lo habíamos comprobado y disfrutado en la primera película, pero en esta afina el lápiz con una agudeza y efectividad soberbia para insertar gags y remates que hasta le sacarían una carcajada a J.A.R.V.I.S. ¿Para cuándo Avengers: the sit-com?

No te van a alcanzar los ojos. El despliegue visual es desorbitante y hace quedar a la primera entrega como un film de bajo presupuesto. “La primera regla de hacer una secuela es tomar los mejores momentos y hacer otra cosa, ir a otro lugar”, dijo Whedon y llevó su film a las nubes, porque si creías haber visto destrucción en la anterior, ahora nos va a tirar literalmente una ciudad en la cabeza. Entusiasma y entretiene, pero la sobrecarga de personajes y el abuso de la pirotecnia digital resultan abrumadores y confusos. Uno se queda con el deseo de que la saga profundice en lugar de solo expandirse, pero bueno: de eso se trata una “franquicia”, ¿no?

No hay escena poscréditos. Era una sana costumbre de Marvel regalarnos un extra tras el final de los títulos (el chiste de Spider-Man, que apareció online hace unos días, es un muy logrado fake), pero esta vez solo habrá plus en los mid-credits. Consejo: Por el amor de Stan Lee, si todavía no lo hiciste, corré a ver Guardianes de la Galaxia.

Leer en Rolling Stone >>

Por Maximiliano Poter

martes, 21 de abril de 2015

Entrevista a Front 242: los últimos (tecno)punks

Los pioneros del EBM vuelven al país después de 15 años y charlaron con Generación B.



Hacia mediados de los 80, cuatro belgas de impronta parapolicial tomaban por asalto los escenarios independientes de Europa. Con lentes negros, borceguíes y overoles militares, parapetados tras sus teclados entre redes de camuflaje, ametrallaban pies y cabezas con bases y secuencias taladrantes. Se autoproducían, diseñaban las portadas de sus discos y le ponían agresividad, vanguardia y sentimiento «no future» a la música tecno emergente, apelando al uso irónico del sampler («¡No hay sexo hasta el matrimonio!»”, se escucha en «Welcome to Paradise») y la acidez social («busco a ese hombre para venderlo a otro hombre a diez veces su precio», cantan en «Headhunter», sobre la caza de recursos humanos en las corporaciones). Crearon su propio estilo, llamado Electro Body Music (EBM), y le dieron un golpe de Estado a la electrónica. Pero, en esencia, Front 242 eran los últimos punks.  

«Lo que es seguro es que somos muy autónomos y estamos lejos de las tentaciones comerciales. Nos podemos relacionar con el punk de algunas maneras, pero necesitamos disciplinarnos desde el comienzo porque la tecnología era muy restrictiva. Tuvimos que trabajar muchísimo para conseguir esas canciones tan complejas. El punk es mucho más “vago”, pero para mí es el último movimiento musical y artístico real, dadaísta y explosivo. Lo amo», cuenta al respecto el tecladista Patrick Codenys, en diálogo exclusivo con Generación B.

Llegarían los 90, con sus primeros discos para un sello multinacional (Tyranny For You y el doblete Up Evil y Off). Después, un cambio de estilo, más asociado al dance, los trajo por primera vez a Buenos Aires en el año 2000, dentro de la gira de su disco de remixes Re-Boot, con un show en Museum que todavía emociona a los technoheads locales. «Recuerdo que conocí a  un montón de personas que se convirtieron directamente en amigos. Jugamos al fútbol contra un equipo armado por el promotor del concierto y visitamos la ciudad. El recital se hizo en un lugar que tenía un hermoso diseño art nouveau, ¡y el público estaba en llamas!», recuerda.

Desde entonces, los terroristas del dance floor no editan nueva música y están embarcados en giras en las que revisitan y remezclan su catálogo en vivo, nuevamente bajo la estética que los caracterizó décadas atrás. ¿Nostalgia? ¿Retromanía? ¿Falta de innovación? De todo eso hablamos con Codenys antes de la presentación de Front 242 el próximo miércoles 22, en el Teatro Vorterix, cuando estas leyendas del electro entreguen su regreso al futuro.

Discos como Tyranny For You y Up Evil tienen más de veinte años y todavía suenan futuristas y peligrosos. ¿Escuchaste algo equivalente en la electrónica de los últimos años?
Una de las principales fortalezas de Front 242 es que hacemos un tipo de música muy específico y no he escuchado esa clase de sonido en otro lado. El EBM hoy está integrado en el paisaje musical, especialmente en Alemania, y se convirtió en una fórmula, un género con menos creatividad. No se reinventa. Pero hay mucho interés por el sonido old school de los 80, esa vibra de electrónica analógica, y a Front 242 todavía se lo valora.

Fueron una de las tantas bandas independientes que, durante los 90, sufrió haber firmado con una multinacional. ¿Cómo fue esa experiencia y cuál es tu opinión de la industria discográfica actual?
Los 80 fueron tiempos en los que la industria musical anglosajona no sabía qué hacer con todas las bandas que estaban experimentando con la electrónica en Europa. El sello Mute tenía una visión, pero las otras grandes disqueras no sabían cómo manejar todos esos nidos creativos. Durante los 90, con The Prodigy, The Chemical Brothers y Underworld, por ejemplo, entendieron cómo hacer plata con la música tecno alternativa. Sony incluyó a Front 242 en ese movimiento, pero fue un error para nosotros: no pertenecíamos a ese mundo. Hoy todo se ha vuelto caótico para la industria con el tema del streaming, la música libre, los múltiples formatos. Por el contrario, los artistas todavía pueden llegar a su audiencia, pero el tema es que hay demasiadas bandas, ja, ja.

En los últimos años, volvieron al sonido y a la imagen más característica de Front 242, la de los 80, y a repasar sus hits. ¿No es contradictorio este presente «retro» para una banda siempre asociada con la innovación?
Hubo innovación en algunos de nuestros discos. Pero, en 2015, la palabra «álbum» ya no significa mucho, al menos conceptualmente. El campo de experimentación cambió para nosotros. Dejamos el trabajo de estudio para desarrollar la experiencia en vivo, frente a nuestro público, con las canciones originales como pretexto para renovar secuencias, sampleos, composiciones y el diseño de sonido. Quizás no es del todo innovador, pero es muy intenso. Vi a Kraftwerk en vivo este año y, para mí, es el mismo caso.

Pero, con más de dos décadas de estar en un proceso reinterpretar y remezclar su catálogo, ¿no corren el riesgo de quedar atrapados en el revisionismo y  convertirse en un acto de «nostalgia»?
Puede ser. Pero vos tenés que explicarme por qué el 90 por ciento de las revistas hacen coberturas de dos y tres páginas sobre remasters, reediciones, libros e historias de Bob Dylan, The Doors, Rolling Stones, Bob Marley y Carlos Santana, je, je. Y los jóvenes siguen esa tendencia. ¿La nostalgia no está en los medios? Hay menos crédito en ese sentido para la música electrónica que en otros géneros. Front 242 tiene su sonido y forma y se convirtió en un valor más allá de la innovación perpetua. En cuanto a los integrantes de la banda, todos estamos involucrados en otras propuestas multidisciplinarias y, probablemente, más avanzadas. Pero no es un secreto que uno es más «prisionero» de su banda que de los proyectos paralelos.

Mirar al pasado, ser autorreferencial, usar instrumentos, técnicas y ropas de otras décadas parece ser un signo de los tiempos en la escena musical. Pero Front 242 supo ser vanguardia. ¿Por dónde pasa la innovación hoy?
Podríamos decir que la innovación no está en ningún lado para los viejos, y en todos lados para los jóvenes. Hemos hecho tanto en la música popular que, cuando escucho alguna banda de rock nueva, enseguida reconozco algo del pasado. Incluso en el dubstep, que es una extensión del drum and bass. El público joven lo descubre y disfruta porque es nuevo para ellos, y está bien que así sea. Creo que Front 242 sigue siendo vanguardia con un sonido específico, pero también con integridad en nuestra carrera.

¿Cuándo tendremos, finalmente, un álbum de Front 242 con nuevas canciones?
La banda sigue unida y todos estamos activos musicalmente, pero un disco no está en nuestra agenda.


miércoles, 15 de abril de 2015

El documental de Attaque 77 llega al BAFICI

El director, Nicky Pintos, habla de Más de un millón, la película que recorre la historia de la célebre banda punk.



«No entiendo cómo mierda hicimos. Es un verdadero milagro», dice Mariano Martínez en el tráiler del documental que muestra, justamente, cómo mierda hizo Attaque 77 para emerger del sótano punk y transformarse en íconos de nuestra música.

Más de un millón, que esta semana se estrena en el festival BAFICI, recorre las casi tres décadas de la banda, desde sus comienzos como Cabeza de Navaja hasta la actualidad, con imágenes y testimonios únicos e íntimos de sus integrantes actuales y pasados (incluidos los hermanos Ciro y Federico Pertusi), más personalidades como Juanchi Baleirón, Mario Pergolini y Andrea Álvarez.

«La premisa fue no caer en el lugar común de recopilar archivos, pegarlos y llamarlo “documental”. Ellos están todos vivos, activos, y las personas que tuvieron y tienen que ver con Attaque siguen ahí —explica Nicky Pintos, director del film—. La relación es buena con todos, y me pareció que dar una reflexión al pasado vista desde el presente era algo que podía ser mucho más interesante. En especial para los fans, que ya vieron todos los recitales, escucharon todas las canciones y ahora pueden tener acceso a información más personal».

¿Cómo surgió la idea de hacer el documental?
Soy amigo de Mariano desde que éramos chicos, y somos del mismo barrio. Coincidimos una vez que yo estaba haciendo un clip para El Otro Yo; a él le entusiasmó la forma en la que trabajamos con mi equipo y me dijo que, cuando fuera posible, hiciéramos algo. De ahí, surgió empezar a buscar material, como las primeras salidas de la banda y, cuando nos dimos cuenta, teníamos un montón de información increíble de mucha gente cercana a la banda: de los primeros Attaque hasta los últimos. Creo que la idea cerraba perfecto para poder darles, más que nada, a los fans un historial hablado desde el presente de toda la vida del grupo.

Esa es una de las particularidades del documental, dar una mirada actual…
Exacto. Tuvimos un contacto muy cercano tanto con Mariano como con Ciro, que nos brindaron una gran cantidad de entretelones, comentarios y anécdotas que hacen mucho más rica a esta película que si estuvieses viendo archivos que ya viste en la televisión o en YouTube.

Y en ese repaso de casi 30 años de historia, ¿qué cosas encontraste que quizás no sabías, que te sorprendieron o emocionaron?
Tal vez lo que me sorprendió fue tener lugar para poder ver un día en la vida de cada integrante, en sus casas, con sus familias, en su cotidianidad. Esto también sorprenderá al público.  La intención del trabajo fue que aquella información que yo conocía le resultara nueva a ciertas personas, como por ejemplo la gran incógnita: por qué Ciro se fue. Ese es el gran dilema y, en esta película, está perfectamente explicado por todos los miembros.

¿Fue difícil abordar el tema de la separación, considerando todo lo que significó y se dijo en su momento?
El film llevó algo más de dos años de realización, y no sabíamos qué dirección iba a tomar, porque, al invitar a exmiembros y personas que ya no están en contacto con ellos, pensamos que iba a ser complicado. 
Pero, como bien se sabe, en el homenaje que se le hizo a Vitico en Tigre, Ciro subió al escenario para tocar con Attaque. Y a fin del año pasado, Mariano fue invitado especial de Jauría. Creo que la película refleja el entendimiento, la compresión y la maduración no solo artística sino personal de todos. Me parece que la cuestión se resuelve de una manera mucho más sencilla, y que las personas, al crecer, entienden que todos hemos cometido errores, que todos cambiamos las opinión. Y creo que el mensaje total de la película tiene que ver con esto: el carácter humano, el amor por lo que hacen y el que se tienen entre ellos, además de desvanecer las cosas que se han dicho sobre la separación. En este caso, está más claro, y lo van a ver en las declaraciones de Federico Pertusi, que fue el primer cantante de Attaque. Es tranquilizante saber que son los mismos protagonistas, con sus voces, los que dan su punto de vista y que esas opiniones no chocan a lo largo del film.

Hay música nueva de Mariano, exclusiva para el documental…
Sí, él se encargó de la dirección musical e hizo un trabajo fantástico. Aprovechamos un viaje a Uruguay, durante el cual salieron muchas de las reflexiones que se ven en el tráiler, y eso lo inspiró para componer. Y si bien hay temas de Attaque, por supuesto, tratamos de que no sea el audio de un concierto o un sinfín de canciones que los fans ya recontraconocen. Mariano vino con la propuesta de ambientar la película con música propia y el resultado, para mí como director, es ampliamente satisfactorio.
 
Dejando de lado la cercanía y amistad que tenés con la banda, ¿qué lugar creés que ocupa Attaque en la historia de la música nacional?
No existe una banda igual a Attaque 77 en el rock argentino. Son muy pocos los grupos punk que han trascendido y perdurado, por lo tanto eso le da una calidad que lo convierte en único en el país. Es la única banda punk que se mantiene vigente y se renueva cada año.


martes, 14 de abril de 2015

Entrevista a Franky Perez, nueva y única voz de Apocalyptica

Los cello rockers estrenan vocalista, quien charló con Generación B y nos convenció de comprar una moto.



Un largo y ascendente camino ha transitado Apocalyptica en estas dos décadas de vida. De aquella banda de jóvenes intérpretes clásicos que llamaron la atención con sus versiones en chelo de temas de Metallica, a estas estrellas del metal nórdico que venden millones de discos y hasta le ponen power a la versión finesa del popular reality The Voice.

Pero este es un año particular para los cello rockers. Su nuevo álbum Shadowmaker, que esta semana se edita en nuestro país, es el primero en su carrera que incluye un vocalista exclusivo. La banda tuvo célebres cantantes invitados en algunos temas, como Gavin Rossdale (de Bush), Till Lindemann (de Rammstein), Corey Taylor (de Slipknot) y hasta la legendaria Nina Hagen. Pero, para este proyecto, querían un frontman hecho y derecho, y la elección cayó en Franky Perez, un motoquero de Las Vegas que supo poner su versátil y experimentada voz al servicio de Slash, Scars on Broadway, Kings of Chaos y que colaboró con integrantes de Velvet Revolver, Weezer, Queens of the Stone Age, Anvil, The Cult y Sex Pistols.

“Los muchachos deseaban un álbum de banda y una gira. Para eso, necesitaban encontrar el tipo que, no solo fuera un cantante variado, sino que también encajara en la dinámica de un grupo con veinte años de historia”, cuenta Perez a Generación B sobre cómo llegó a convertirse en la nueva y exclusiva voz de Apocalyptica. “Con eso en mente, el management salió a consultar a algunas personas clave de la industria y, de alguna forma, apareció mi nombre. Después de un par de demos que fueron y vinieron, todo se redujo a otro tipo y yo. Y aquí estoy. Sé que no fue una decisión fácil para ellos seguir este camino y estoy honrado de haber sido escogido. Hicimos clic a nivel humano, los cinco nos convertimos rápidamente amigos y me hicieron sentir como en casa desde el vamos”.

¿Cómo fue exactamente tu participación en Shadowmaker? ¿Te involucraste en la composición o solo estás dándole voz a canciones escritas por la banda?
El álbum ya estaba escrito, con la excepción de unas pocas canciones. Hubo un genuino y mutuo respeto desde el comienzo, y ellos fueron muy generosos y abiertos a mis sugerencias. No escribí canciones por mi cuenta, pero sí contribuí con un par en la secuencia final.

¿Hay posibilidad de quedarte como un miembro estable? ¿Es tu deseo?
Estoy enfocado en el presente. Amo a estos tipos no solo como músicos, sino como hermanos, y al menos sé que cada uno será parte de la vida del otro por muchos años.

El productor Nick Raskulinecz hizo discos fundamentales y muy exitosos para Foo Fighters, Mastodon y Deftones. ¿Puede Shadowmaker ser un quiebre en la carrera de Apocalyptica?
La banda ya era muy exitosa mucho antes de que él y yo nos involucráramos, pero creo que Nick va a ser recordado como un componente clave en la evolución del grupo.

Hace poco colaboraste con The Crystal Method. ¿Cómo surgió eso y qué tal fue esa experiencia con la electrónica?
La misma persona que me presentó a Apocalyptica me hizo conocer a Scott (Kirkland) y Ken (Jordan). ¡Me parece que tengo que pagarle una comisión porque fueron dos de dos, ja, ja! Hacer electrónica fue increíble, y quiero experimentar con más en el futuro.

¿Tu trabajo en Apocalyptica pondrá una pausa en tus proyectos musicales paralelos? ¿Qué pasará con Scars on Broadway y con tu veta solista?
Ahora estoy ciento por ciento con la energía enfocada en Apocalyptica. Creo en ellos y en este disco con todo mi corazón, por lo que se merecen mi completa atención.

Sabemos que sos un loco de las motos. Danos tres consejos para nuestros lectores que andan con ganas de comprar su primera máquina.
¿Qué te parecen cinco tips? Primero: Aprendé lo básico y conocé tu moto de adentro hacia afuera. Segundo: Usá ropa apropiada, tené casco, guantes, pantalones, una buena chaqueta y botas de cuero. Tercero: Comprá la moto correcta, ni muy chica ni muy grande, ni muy rápida ni, obvio, muy lenta. Recordá que necesitás potencia para poder escapar de los problemas, ja, ja. Cuatro: Tenés que ser un conductor defensivo, saber qué van a hacer los demás vehículos antes de que lo hagan. Y quinto: COMPRATE UNA. No hay nada más cool que una moto.


Para el final, lo más importante: ¿Cuándo vienen a tocar a la Argentina?
(En español) Si Dios quiere, pronto.




Leer en GeneracionB.com >> 

jueves, 9 de abril de 2015

A 45 años de la disolución de los Beatles

La vuelta al día en que Paul McCartney ¿dijo? adiós.




«P: ¿Tu separación de los Beatles es temporal o permanente? ¿Se debe a diferencias personales o musicales?
R: A diferencias personales, de negocios, musicales, pero, sobre todo, a que la paso mejor con mi familia. ¿Si es temporal o permanente? Realmente, no lo sé».

Paul nunca dijo lo que dijo. O no lo hizo porque, todavía, había muchas cosas en juego. Así que no fue él, ni la muerte de Brian Epstein, ni la llegada de Allen Klein, ni Yoko, ni las drogas, ni el hastío en el estudio, ni las rojas finanzas de Apple, porque, en realidad, nada ni nadie separó a los Beatles. Más bien, todo hizo que se desintegraran.

Hacia 1969, los fab four estaban virtualmente separados. Hacía tiempo que entre ellos primaban el recelo y el descontento. Ya el «álbum blanco» era «canciones individuales, sin ninguna música Beatle en él: es John y la banda, Paul y la banda, y así», como el mismo Lennon lo describió tiempo después. John se despidió en septiembre de aquel año y, mucho antes, había iniciado la Plastic Ono Band. Ringo Starr y George Harrison se habían ido y vuelto varias veces. Pero el grupo seguía junto en los papeles para no arruinar ni los negocios ni la pendiente salida del álbum (y documental) Let It Be, conocido en ese momento bajo el título provisorio de Get Back.

Para entonces, Apple Corps, el multimedio fundado en 1968 por los cuatro músicos, estaba al borde de la quiebra por su pésima administración y las absurdas aventuras comerciales, como la Apple Boutique (que perdió 200.000 libras en sus seis meses de vida) o una división de electrónica a cargo de Alexis Mardas, un «inventor» charlatán conocido como «Magic Alex» que engatusó a la banda en 300.000 billetes con ideas desquiciadas como un «sol artificial» o un «papel tapiz parlante».

La elección del polémico Allen Klein como nuevo manager también había marcado una grieta en el grupo. McCartney quería que John y Lee Eastman, hermano y padre de su mujer Linda, tomaran el lugar que dejó Epstein. Pero el resto se decidió por Klein, tipo de prácticas controvertidas y actitud mafiosa que, años antes, había manejado la carrera de los Rolling Stones. «Fue la primera vez en la historia de los Beatles que surgía una diferencia posiblemente irreconciliable», según una cita del bajista en el libro You Never Give Me Your Money, de Peter Doggett.

Las relaciones se resintieron aún más luego de que Lennon descubriera que McCartney había comprado por su cuenta acciones de Northern Songs, la editora de las canciones del grupo, violando el acuerdo verbal de poseer ambos el mismo share. En marzo de 1969, Dick James, principal accionista de la compañía, vendió su parte a Associated Television (ATV) sin consulta ni aviso a la banda, lo que desató una pequeña guerra por conservar el control de los derechos de los temas.

Fue en este contexto en el que un Paul harto y deprimido, con problemas de alcoholismo, comenzó a pensar en una vida post Beatle. En absoluta soledad, grabó las canciones que integrarían su primer trabajo. Pero, alertados de que este disco podía entorpecer la repercusión de Let It Be, John y George le encomendaron a Ringo llevarle al bajista un mensaje: retrasar el lanzamiento de ese debut «por el bien de la banda». McCartney echó al baterista de su casa, entre gritos y amenazas, y no cambió su decisión.

El 9 de abril de 1970 llegaron a la prensa copias de adelanto de su disco, simplemente titulado McCartney, junto a una hoy célebre «autoentrevista», en la que respondía (telegráficamente, de forma elíptica, pero con la verdad colándose entre las palabras) preguntas sobre su nuevo trabajo y el futuro del grupo. Sería, quizás, el F.A.Q. más famoso de la historia del rock.

«P: ¿Estás planeando un nuevo álbum o single con los Beatles?
R: No».

«P: ¿Este disco es un descanso de los Beatles o el inicio de una carrera solista?
R: El tiempo lo dirá. Un disco solista significa que es el comienzo de una carrera por mi cuenta, y no hacerlo con los Beatles significa que es un descanso. Entonces, es ambas cosas».

«P: ¿Ves un momento en el que Lennon-McCartney vuelva a ser un dupla compositora?
R: No».

En ninguna de las 37 respuestas que contenía aquel cuestionario McCartney afirmó abandonar la banda. No hizo falta. A la mañana siguiente, la prensa lo dijo por él. «Paul deja The Beatles», tituló el Daily Mirror, en tipografía catástrofe mayúscula. La portada fue lápida de toda una generación.

Fans desconsoladas, público y periodistas de diversas partes del mundo se congregaron frente a las
oficinas de Apple, en Saville Road, para corroborar la noticia. Un reportero de CBS llegó a decir a cámara: “El hecho es tan relevante que los historiadores pueden llegar a considerarlo como un hito en el declive del Imperio Británico”.

Todo el asunto enfureció a Lennon. «Saqué cuatro discos en el último año y no dije una puta palabra sobre renunciar — le dijo a Jann Wenner en el número 58 de Rolling Stone — . Cuando leímos toda esta mierda en el diario, con Yoko nos reímos, porque el chiste es este: primera imagen, cuatro tipos sobre el escenario iluminados. Segunda, tres tipos saliendo del escenario despreocupadamente. Tercera, un solo tipo parado ahí, gritando: “me voy”. Ya estábamos todos afuera».

El mismo 10 de abril, desde Apple se emitió un comunicado para tratar de apaciguar el estallido mediático: «La primavera está aquí, mañana el Leeds juega contra el Chelsea y Ringo, John, George y Paul están vivos y llenos de esperanza. El mundo sigue girando, al igual que nosotros y vos. Cuando pare de girar, ese será el momento de preocuparse, no antes. Hasta entonces, los Beatles están sanos y el ritmo seguirá y seguirá». Fue el último press release de la banda como tal.

«La reacción a las palabras de Paul fue mundial. Saqué un comunicado de esos que en realidad no dicen nada — recordó Derek Taylor, responsable de prensa de Apple por entonces, años más tarde en Anthology — . Realmente creía, como millones de personas, que la amistad que los Beatles tenían entre sí era un salvavidas para todos nosotros. Creía que, si esta gente era feliz y podía llevarse bien, no importaba qué sucediese, la vida valía la pena ser vivida. Pero creo que esperamos demasiado de ellos».

Días más tarde, un McCartney herido y preocupado por cómo los medios y el público estaban poniéndolo como el culpable de la ruptura, se reunió con Ray Connolly, periodista del Evening Standard, para una entrevista en la que reveló las tensiones internas de la banda, su malestar con Phil Spector por la mezcla de sus canciones en Let It Be, y los efectos de su anuncio. «Fue todo un malentendido. Cuando vi los titulares, pensé: “Dios, ¿qué hice?” y se me dio vuelta el estómago. Nunca pretendí hacer un comunicado que dijera “Paul McCartney deja los Beatles” — le contó durante su almuerzo en un restaurante del Soho londinense, acompañado por Linda — . Yo no abandoné The Beatles. Los Beatles dejaron a The Beatles, pero nadie quería ser el que dijera que la fiesta había terminado».

Tal como fue anunciado, McCartney salió a la venta el 17 de abril, compuesto por 13 temas, varios de ellos instrumentales, de arreglos sencillos y con la tónica de grabaciones caseras e improvisadas. Recibió críticas pobres, pero llegó al número uno en los Estados Unidos y al puesto dos en el Reino Unido. Y de ninguna manera opacó el éxito de Let It Be, editado apenas tres semanas más tarde. Después, llegarían las peleas con sus excompañeros, las demandas, los dardos envenenados en las canciones.

«P: ¿Cuáles son tus planes ahora? ¿Vacaciones? ¿Un musical? ¿Una película? ¿Retirarte?
R: Mi único plan es crecer».

Paul lanzó otros 34 discos. Ringo ya va por el 19. George tuvo una docena y John llegó a 11. Jamás volvieron a estar juntos. Hubo amagues, alguno tocó como invitado en el álbum de otro, pero nada más. La casualidad los reunió otro 17 de abril, pero de 1971, cuando cada uno tuvo un single en el ranking británico: «Another Day», de McCartney; «Power to the People», de Lennon; «It Don’t Come Easy», de Starr y «My Sweet Lord», de Harrison. Hicieron más de 70 álbumes por su cuenta, ninguno tan brillante ni trascendente como los que crearon en conjunto.

¿Cómo sería si nunca se hubiesen separado, si Paul no decía lo que no dijo, si triunfaba la literalidad y, efectivamente, el «ritmo seguía y seguía»? En 2009, un tal James Richards dijo haber visitado un mundo paralelo donde los Beatles seguían juntos y se trajo un cassette (todavía no habían inventado el CD en este bizarro world) de ellos para comprobarlo. Lo cierto es que este supuesto álbum de los fab four alternativos, titulado Everyday Chemistry, no es más que un mash-up de diversas canciones de nuestros ex Beatles.

Es que ni aun los más locos pueden escapar a esta realidad; la de un mundo que, desde hace 45 años, dejó de girar.

Leer en Rolling Stone >>

martes, 31 de marzo de 2015

Angus Young cumple 60 años

Historias, secretos y curiosidades del peor alumno del rock y su legendaria banda, AC/DC.





Un buen escocés
La banda es oriunda de Australia, pero Angus nació en Glasgow, Escocia, y a los ocho años se mudó son su familia a la tierra de los canguros. Hoy es uno de los guitarristas más reconocidos del mundo, pero su primer instrumento fue el banjo. Recién obtuvo su primera viola eléctrica a los 16 años, cuando fue a una tienda de música cerca de su casa en Sídney y compró una Gibson SG de segunda mano, marca y modelo que lo acompañó durante toda su carrera.

Uniformado
Dos elementos claves en la historia de la banda se debieron a la hermana mayor de Angus, Margaret. Fue ella quien sugirió que usara el uniforme escolar sobre el escenario, luego de que el músico se probará varios trajes, entre ellos el de Spider-Man y el del Zorro. Alguna vez, la revista Guitar le preguntó a Angus si seguiría usando su uniforme cuando tenga 64 años, y respondió: “¿Vieron lo que usan los artistas jóvenes hoy? ¡Lucen como si les hubieran robado las polleras a sus madres! Si eso es moda, entonces podemos decir que yo mantuve un look distintivamente clásico”.
Margaret es también es la responsable del nombre del grupo, luego de ver las siglas “AC/DC” al costado de su máquina de coser (aunque el libro Shock to the System, de Mark Putterford, asegura que el electrodoméstico inspirador fue una aspiradora). El título se convertiría en uno de los logos más emblemáticos del rock en manos del diseñador Gerard Huerta, quien jamás vio un dólar del multimillonario merchandising que devino de su pluma. Las siglas fueron objeto de disputa en internet ya que, hasta hace pocos años, el dominio “acdc.com” estuvo asociado a un sitio porno.

Jazzero
Para sorpresa de muchos críticos, que le achacan el sonido primitivo y “cuadrado” de su banda, Young es fanático de Louis Armstrong. En una entrevista publicada en la revista Guitar, de 1992, recordó que lo vio en vivo cuando era pequeño. “Fue algo que siempre se quedó conmigo. Es increíble escuchar sus viejos discos y sentir su musicalidad y emoción. Tenía un aura”, declaró.

Arma mortal
La música de AC/DC fue usada por el ejército estadounidense para lograr que el dictador Manuel Noriega abandonara su escondite en la Nunciatura Apostólica del Vaticano en Panamá, durante la invasión de Estados Unidos a ese país a finales de 1989. Soldados y helicópteros rodearon su refugio y, durante varios días, pasaron por altavoces las canciones “Highway to Hell” y “Hell Bells” a un volumen ensordecedor que obligó al líder de facto a rendirse.
Otro caso letal: En julio de 2012, una instalación nuclear en Irán quedó paralizada luego de que su sistema informático fuese atacado por un virus que reproducía la canción “Thunderstruck” en todas las computadoras del lugar.

Callejeros
En marzo de 2000, el pueblo de Leganés, España, nombró una de sus calles con el nombre de “AC/DC”. Angus y su hermano Malcom estuvieron en la ceremonia de inauguración. La placa original fue robada en cuestión de horas y las reposiciones sufrieron tantos hurtos durante los años siguientes que el Ayuntamiento decidió comenzar a vender réplicas. Cuatro años más tarde, la ciudad de Melbourne, Australia, rebautizó una de sus calles como “ACDC Lane”, sin la barra diagonal entre las letras, ya que una normativa vigente entonces impedía colocar signos en los nombres. Eso no impidió que un artista callejero montara un trueno de chapa que atravesaba el cartel, que rápidamente se transformó en atracción turística (y botín de fanáticos).

Magnate
Desde 2007, Angus vive en una enorme mansión en Aalten, Holanda, pueblito natal de su esposa de apenas 13.000 residentes, los cuales no estuvieron para nada contentos con la fastuosa construcción de tres pisos y ajena a la humilde arquitectura local. Según un listado elaborado aquel año por la revista económica Quote, el violero tendría una fortuna estimada en 125 millones de dólares.

El secreto de su sonido
Durante muchos años, músicos y estudiantes se preguntaron con qué pedales, efectos o técnicas Angus logró ese clásico tono de guitarra que patentó desde el álbum Back in Black. La respuesta llegó tres décadas más tarde gracias a un fan acérrimo de AC/DC llamado Fil “SoloDallas” Olivieri  quien, a partir de una vieja entrevista, descubrió que el violero únicamente usaba un equipo wireless Schaffer-Vega Diversity System (SVDS) de mediados de los 70, algo muy raro ya que no se estila emplear equipos inalámbricos para grabar en estudio.
Para demostrarlo, “SolloDallas” se contactó con Ken Schaffer, el creador de ese sistema, para que le prestara las últimas unidades que guardaba como recuerdo, ya que habían dejado de fabricarse en 1981. Las conectó a su equipo y ahí salió el sonido que todos los guitarristas del mundo intentaban imitar. Tiempo después, este fanático contrató a dos especialistas para que analizaran e hicieran retroingeniería sobre esos SVDS, y así pudieron volver a producir el equipo (ahora llamado (The Schaffer Replica) que fue utilizado por Angus en la grabación de Rock or Bust (2014). Sin dudas, una historia de amor obsesivo por la música.

Leer en GeneracionB.com >>


viernes, 20 de marzo de 2015

Cuatro razones para ir a ver Directo al corazón

Se estrena el film con Al Pacino sobre una leyenda del rock que cambia su vida a partir de una carta de John Lennon.




Porque es una tierna película fallida. ¿Y qué demonios es una “película fallida”? Aquella que tiene una gran idea que no consigue concretar de igual manera en pantalla. Y el concepto de Directo al corazón es tan hermoso como la vida misma. Está inspirada en la historia real de Steve Tilston que, en 1971, era un novel músico británico de folk que dio una entrevista a la revista ZigZag, en la que mencionaba su preocupación por caer en las trampas de la fama. John Lennon leyó el artículo y le escribió una carta, en la cual lo aconsejó y hasta dejó su teléfono personal, para quedar en contacto. Tilston nunca llegó a recibirla y desconoció su existencia hasta el año 2005, cuando un coleccionista que la había comprado se la mostró.
¿Qué sería de Steve Tilston hoy de haber recibido aquellas palabras del ex Beatle a tiempo? Ese es el gran “what if” que Dan Fogelman (guionista de Cars y Enredados, en su debut como director) lleva al cine, pero desde la fantasía: la historia de Danny Collins, un veterano rockstar, exitoso y multimillonario (la personificación de todo aquello a lo que Tilston temía de joven) que recibe la misiva de su ídolo 40 años después y decide replantear su vida. Así se desarrolla un relato de decadencia, despertar y redención que podrán calificar (con razón) de sentimentaloide, edulcorado y simplista, pero que llega al corazón a fuerza de ternura y un elenco impecable.

Porque tiene el Al Pacino más disfrutable de los últimos 20 años. Y acá podría empezar la discusión sobre cuándo vimos el último buen papel del ex Tony Montana. Algunos gritarán “Hoo-Haa!” y elegirán Perfume de mujer (1992); otros dirán que su eterna mirada somnolienta brilló como el detective Will Dormer en Noches blancas (2002). Don Michael Corleone ya supo meterse en la piel de los excesos y la decrepitud del rock para Phil Spector (2013), pero no llegó a mimetizarse como ahora. Fogelman ideó a Danny Collins con Pacino en mente, y se nota: su andar encorvado y borrachín, su voz añeja y sus ojos etílicos van la perfección para construir una decadente leyenda, cruza entre Barry Manilow y Cacho Castaña, de cadenitas y chalinas brillantes, novia “barely legal” y peinado antigravedad, que usufructúa desde hace cuatro décadas, gira tras gira, los mismos éxitos “oldies” (ya va por su “Greatest Hits” volumen tres), y ahoga cualquier mañana en whisky y cocaína. Salú, Al (digo, Danny).

Porque hay una gran banda detrás. Si ver a Pacino haciendo (bien) de sí mismo  (¡y cantando!) no es motivo suficiente, bueno: también hay un acompañamiento que brilla por lo justo. La siempre inapelable Annette Bening, como gerenta de un hotel que será la voz de la razón de Danny (y su “Real Love”); unos toques de Christopher Plummer, como manager y amigo fiel en quien sostenerse; Bobby Cannavale es el hijo “Working Class Hero” que deberá recuperar; y Jennifer Garner y Giselle Eisenberg (atenti a futuro con este monstruito de la pantalla) como la nuera y nieta que le demostrarán que lo único que necesita es amor.

Porque tiene música de Ryan Adams. Directo al corazón tiene el mérito de haber conseguido los derechos para que suenen varias canciones de Lennon, pero el atractivo oculto lo da la música original compuesta por el músico de Jacksonville, que hace sonar a Al Pacino como el eslabón perdido entre Bob Dylan y Leonard Cohen. Si te quedaba alguna duda, eso sí que no es para perdérselo.

jueves, 19 de marzo de 2015

Steve Tilston: habla el verdadero “Danny Collins”

Entrevista con el músico que recibió una carta de John Lennon casi 40 años después, historia en la que se basa el film Directo al corazón, que hoy se estrena en nuestro país.



¿Qué hubiera pasado si John, Paul y George no echaban a Pete Best? ¿Y si Mick Jagger y Keith Richards se desencontraban en la estación de Kent, aquel octubre de 1961? ¿Qué tal si Ozzy Osbourne simplemente decía “no” a su primer Jack Daniels? ¿Si Stevie Ray Vaughan esperaba y se subía al cuarto helicóptero, o si Pappo se quedaba cinco minutos más en aquel bar, antes de salir a la maldita Ruta 5? En la larga lista de los “what if” de la historia del rock que podemos imaginar, hay un lugarcito especial para Steve Tilston.

En 1971, Tilston era un joven músico de Liverpool de 21 años que, en una entrevista a la (ya difunta) revista ZigZag, opinó que la fama y la fortuna podrían tener un efecto nocivo para su música. John Lennon, que por entonces tenía 30, leyó ese artículo y le escribió una carta en la que rebatía sus dichos. “Ser rico no cambia tu experiencia de la manera en que pensás —le aconsejaba, de puño y letra—. La única diferencia, básicamente, es que no tenés que preocuparte por la plata (comida, techo, etc.) Pero todo lo demás, las emociones, las relaciones, son iguales que las de cualquiera. Lo sé. Fui rico y pobre, y también lo fue Yoko. Entonces, ¿qué pensás sobre eso?”. Y debajo de su firma, le dejaba su teléfono personal, por si quería continuar el diálogo.

Tilston jamás pudo responderle, porque nunca recibió ese mensaje y desconoció su existencia durante 34 años, hasta que en 2005 un coleccionista estadounidense que compró la carta lo contactó para confirmar si él era el destinatario que mencionaba, para poder autenticarla. Hoy, casi cuatro décadas más tarde, no debe preocuparse por las penas del dinero y la gloria. Sigue haciendo música como un “desconocido” aunque respetado miembro de la escena folk británica, con más de 20 discos y hasta una novela editada. Pero ¿cómo sería su vida de haber recibido aquellas palabras a tiempo?

Su historia, y esa punzante duda existencial, fue reimaginada en Directo al corazón, film que se estrena hoy en nuestro país, para la creación de Danny Collins, un decadente rockstar (encarnado por Al Pacino) perdido por la celebridad, los excesos y sus millones que replantea su vida al recibir, 40 años después, la misiva de de su ídolo Beatle. “Me alivia decir que no tengo nada en común con el personaje. Nuestros caminos musicales no podrían ser más diferentes y, que yo sepa, no tengo hijos todavía sin conocer —cuenta Tilston a Generación B, sobre su alter ego cinematográfico—. Creo que terminó siendo un personaje bastante compasivo una vez que empieza a perder el bagaje de los excesos”.

¿Cómo surgió hacer una película inspirada en tu historia?
Me estaban entrevistando de un diario británico sobre mi música y la publicación de mi primera novela, All For Poor Jack, y me preguntaron si había algo más que quisiera agregar, como para “sazonar” la charla. Mencioné la carta y así surgió todo. Fue algo que se volvió “viral”. Dan Fogelman leyó el artículo y se comunicó conmigo con una idea que tenía para su debut como director, inspirada en el incidente de la carta. Esa es la única conexión real con mi vida y, como el hecho es algo que me pasó a mí, es mi propiedad intelectual. Pero lo demás, es ficción pura.

¿Viste el film? ¿Qué te pareció?
Lo vi hace un año y disfruté mucho. Me gustó la manera en que Dan fue capaz de evitar todos esos clisés de Hollywood que uno podría esperar de este tipo de película. Y, por supuesto, Pacino siempre se deja ver. De hecho, todo el elenco es muy sólido.

¿Cómo reaccionaste cuando te enteraste, tanto tiempo después, de que Lennon te había escrito?
Por lo que recuerdo, fue un torbellino de emociones mezcladas; el enojo y la frustración estuvieron muy presentes. Si la hubieras recibido a tiempo, ¿de qué manera tu vida podría haber sido diferente? Lennon terminó su carta con la frase “¿Y vos qué pensás de eso?” y puso el teléfono de su casa. Lo habría llamado, no cabe la menor duda. Pero la vida de todos está plagadas de esos “qué habría pasado si…”, y son puras conjeturas. Lo irritante es que nunca tuve la oportunidad de enterarme, así que definitivamente es un caso de “el camino no transitado”, y no por decisión mía.

Tenés 40 años de historia en la escena del folk británico, pero sos desconocido para el público masivo. ¿Qué expectativas tenés con respecto a lo que la película pueda generar a tu alrededor?
Con razón o no, guardo cierta satisfacción al saber que me las ingenié para ser un músico profesional por más de cuatro décadas y, en su mayor parte, lo hice en mis propios términos. La mayoría de los artistas en el ámbito folk (y también aplica para el jazz y clásico) son desconocidos para el público general y eso es algo que uno tiene que aceptar como artista. Tener una carrera en la música no debería automáticamente conducir a un deseo rapaz de fama y celebridad. No estoy siendo elitista para nada. Es que la mayoría de la música mainstream no me interesa. Y, con respecto a lo que puede llegar a provocar la película, sería lindo vender algunos discos más y llenar algunos asientos más.

Seguro que vas a recibir más atención, pero ¿no temés que el film te convierta en “el tipo de la anécdota con Lennon” en lugar de que la gente se interese en vos por tu música?
Nadie sabe adónde va a llevar esto. Todo el episodio es, por lo menos, extraño. La carta no es ni remotamente la cosa más importante en mi vida. Mi música está ahí y, mejor aún, todavía sigo haciéndola, así que dejemos que hable por sí misma y que la gente la descubra. “Lo que será será”.

Steve Tilston – “The Road When I Was Young”


Leer en GeneracionB.com >>

martes, 17 de marzo de 2015

La larga historia del plagio en la música

Qué pasó antes (y qué podría pasar después) del escándalo por "Blurred Lines".

«Los buenos artistas crean, los grandes roban». De acuerdo con la famosa frase de Pablo Picasso, para la Justicia de Estados Unidos, Robin Thicke Pharrell Williams son genios con una pena de 7,3 millones de dólares. Un jurado de Los Ángeles determinó la semana pasada que su hit «Blurred Lines», de 2013, es una copia de la canción de Marvin Gaye «Got To Give It Up», de 1977, después de un año de lucha en la Corte, en el último y más mediático episodio de la larga historia del plagiarismo en la industria musical.

Los tribunales norteamericanos cuentan más de 170 años de conflictos por infracciones al derecho de autor en el ámbito de la música. Según la Music Copyright Infringement Resource, el primer caso encontrado data de 1844: «Millett vs. Snowden», por la republicación sin permiso en una revista de la partitura completa de la canción «The Cot Beneath the Hill». ¿El fallo? William Snowden tuvo que pagar entonces 625 dólares.
Ya entrado el siglo XX, y luego de la revolución del rock, los casos se multiplicaron, e implicaron a muchos artistas famosos como The Beach Boys, The Beatles y Led Zeppelin, quienes tuvieron que afrontar decenas de demandas.

La famosa «Surfin’ U.S.A.», el hit de los chicos de la playa de 1963, estuvo acreditada en un principio a Brian Wilson, quien escribió la letra, pero sobre la música del tema de 1958 «Sweet Little Sixteen», de Chuck Berry. Luego de años de presiones, todos los derechos pasaron a Berry. Y en el álbum 20/20, de 1969, figura «Never Learn Not to Love» con la autoría de Dennis Wilson, si bien se trata de un «homenaje» a  «Cease to Exist» de Charles Manson, que nunca inició acción legal pese a no recibir crédito alguno.

En 1967, los Beatles incluyeron un arreglo de Glenn Miller de «In the Mood» en una parte de «All You Need is Love», por lo cual el sello EMI debió pagar royalties eternos. Dos años después, John Lennon también le pidió prestado a Chuck Berry unas líneas de «You Can’t Catch Me» (1959) para su «Come Together» (1969), acción que lo metió en un conflicto con el propietario de los derechos, Morris Levy, y su sello Big Seven Music. En compensación, el músico accedió a grabar tres covers del catálogo de la compañía para su álbum solista"Walls and Bridges", acuerdo que no cumplió (lo hizo recién en 1975, para "Rock and Roll") y debió pagar casi 6.800 dólares.

Y luego de seis años en los tribunales, George Harrison perdió una demanda por el obsceno robo  a «He's So Fine», de The Chiffons (1963), en su primer número uno, «My Sweet Lord» (1970).





Led Zeppelin tiene un verdadero prontuario. «Dazed and Confuzed» está inspirada en el tema homónimo deJake Holmes, si bien recién obtuvo el crédito en 2012. «The Lemon Song» tomó de «Killing Floor», de Howlin Wolf; mientras que «Bring It On Home» y «Whole Lotta Love» tienen partes de canciones compuestas por Willie Dixon. Todos fueron reclamos que se arreglaron extrajudicialmente.

La banda también pagó regalías a Ritchie Valens, por tomar de su «Ooh! My Head» (que, a su vez, era un birlo a «Ooh! My Soul» de Little Richards) para escribir «Boogie with Stu» (1975), y a Anne Bredon, verdadera autora de «Babe I'm Gonna Leave You». Pero todavía tiene que afrontar su caso más espectacular. En mayo de 2014, los herederos del guitarrista del grupo Spirit, Randy California, presentaron una demanda porque la introducción de «Starway to Heaven» (1972) suena calcada del instrumental «Taurus» (1968). El dato que ahuyenta la simple coincidencia: a fines de los 60, Led Zeppelin fue soporte de Spirit. Bloomberg y Forbes hacen un interesante análisis de este caso que podría involucrar más de 500 millones de dólares en royalties



Entre otros pleitos resonantes de los años 70 y 80, Johnny Cash tuvo que abonar 75.000 dólares en 1971 porque su éxito «Folsom Prison Blues» (1955) es un plagio de «Crescent City Blues» (1953), de Gordon Jerkins

Rod Stewart perdió una demanda por haber robado la melodía de su éxito «Da Ya Think I'm Sexy?» (1978) a la canción del brasilero Jorge Ben Jor «Taj Mahal» (1972).  Y, en 1983, Bee Gees afrontó una acusación del compositor Ronald Selle, quien aseguró que «How Deep Is Your Love» (1977) es copia de un demo que compuso en 1975 titulado «Let It End». El jurado le dio la derecha, pero el juez revirtió el veredicto a favor de los hermanos Gibb.

Dos grandes clásicos ochentosos estuvieron en disputa cuando Huey Lewis acusó a Ray Parker Jr. por tomar la melodía de «I Want a New Drug» para el famoso tema del film «Ghostbusters», un litigio que duró una década y se resolvió fuera del estrado. 

Copiar y pegar(la)

El desarrollo del sampler permitió un mundo de posibilidades a los artistas para tomar «muestras» de otros temas y reutilizarlos en nuevas composiciones (ver Las canciones más sampleadas de la historia), en especial en el género del hip hop. Pero también trajo nuevas querellas por el uso no autorizado de extractos sonoros. Por ejemplo, el hit tecno de 1987 «Pump of the Volume», de MARRS, tuvo que afrontar varias demandas por el empleo de unos ¡30! sampleos (entre ellas, la del nefasto trío de productores Stock, Aitken & Waterman).

Otros famosos conflictos en el uso «indebido» del sampling en aquella época fueron el de MC Hammer y su«U Can't Touch This» (1990), que robó el riff de «Super Freak» (1981) de Rick James; y el de Vanilla Ice vs.Queen y David Bowie, por el empleo de la línea de bajo de «Under Pressure» (1981) para construir el éxito de 1990 «Ice Ice Baby». 

Quizás el caso más controvertido en este sentido fue el de «Bitter Sweet Symphony». El éxito de The Vervede 1997 usa, con licencia, una porción de un cover del tema de los Rolling Stones «The Last Time», a cargo de la Andrew Oldham Orchestra, de 1965. Aun sin ser un sampleo de la canción original, el quinteto británico fue demandado por Allen Klein, quien posee los derechos de todo el material de los Stones anterior a 1970. Como resultado, el 100% de las regalías fueron para Klein, mientras que Mick Jagger y Keith Richards quedaron como compositores, a pesar de la autoría del vocalista Richard Ashcroft, quien después del veredicto dijo, con ironía: «Es la mejor canción que Jagger y Richards escribieron en 20 años». 



Otros éxitos de los 90 tuvieron que vérselas con abogados. Radiohead debió compartir la autoría de «Creep» (1992) por ser un espejo de «The Air That I Breathe», de The Hollies. Noel Gallagher tuvo que hacer lo mismo porque su «Whatever» (1994) se parece demasiado a «How Sweet To Be An Idiot», de Neil Innes. Además,Oasis tuvo que pagar medio millón de dólares tras probarse que «Shakermaker» toma parte de la melodía de«I'd Like to Teach the World to Sing (In Perfect Harmony)», de The New Seekers (1971). Mientras que «Step Out» (1996), el lado B del exitoso single «Don't Look Back in Anger», también lleva el crédito de Stevie Wonder por su semejanza con «Uptight (Everything's Alright)», de 1966.

El polémico hit «Justify my Love», de Madonna, recibió dos demandas. Primero, por haber dejado de lado a la poeta mexicana Ingrid Chávez como autora de la letra y, luego, por haber utilizado sin autorización la base del tema «Security of the First World», de Public Enemy (que, nobleza obliga, a su vez era un hurto al drum loop de «Funky Drummer», de James Brown).

Una de las demandas más curiosas durante los años 90 fue la acusación de «autoplagio» a John Fogertyque le hizo la discográfica Fantasy (propietaria de los derechos de Creedence Clearwater Revival) cuando el músico se lanzó como solista a través de Warner Bros. Para el sello, el vocalista copió su propia canción«Run Through the Jungle» (1970) para «The Old Man Down the Road» (1984). El mismísimo Fogerty estuvo en el estrado tocando su guitarra para demostrar que las composiciones eran diferentes. Por el bien de la cordura, el jurado decidió en su favor.

En los últimos años, uno de los litigios más destacados fue el de Coldplay y el parecido de «Viva la Vida» (2008) no con uno, sino con tres temas: «Foreigner Suit», de Cat Stevens«Song I Didn’t Write», de Creaky Boards; y «If I Could Fly», de Joe Satriani, quien decidió demandar a Chris Martin y compañía, si bien el caso fue desestimado un año más tarde.

En agosto del año pasado, un juez de Estados Unidos encontró que el single «Loca», de Shakira, (2010) es un plagio de la canción «Loca con su Tiguere», del dominicano Ramón Arias Vásquez.

Pero el gran «dedos de oro7 de la última década es, sin dudas, Will.I.Am, que estuvo involucrado en al menos una decena de asaltos a mano armada, ya sea como solista, productor o al frente de The Black Eyed Peas. Aquí hay un repaso de su historial delictivo, entre los que se encuentran grandes atracos como este:

Quizás, «Blurred Lines» ponga otro clavo más en el féretro de la originalidad, pero algunos señalan que el fallo en su contra deja un peligroso precedente. El argumento está en que el éxito de Thicke no samplea ni copia la melodía o la letra de la canción de Gaye, sino que imita algunos de sus elementos: la voz en falsetto, el estilo del bajo y la percusión, los sonidos de «fiesta» como background. Todos son componentes que la hacen sonar parecida a «Got To Give It Up», pero que no están expresados en la partitura, que es lo que está protegido por el derecho de autor. Es así que la decisión del jurado abre la puerta a que el estilo, la «vibra» u «onda» de un tema, y no estrictamente su composición, sea sujeto de copyright

«Cuando decimos que una canción “suena como” cierta era es porque los artistas de esa época estaban haciendo muchas cosas iguales (o, sí, copiándose mutuamente). Si el copyright se extendiera y fuera más allá de cosas como la melodía para cubrir las otras partes que conforman el “feeling” de una canción, no hay forma de que una era, una ciudad o un movimiento puedan tener cierto sonido. Sin eso, nos vamos a perder el próximo disco, el próximo Motown, el próximo conjunto de canciones de protesta», dice Parker Higgins, activista y director de Electronic Frontier Foundation, en su recomendable artículo de Ratter.

Más allá del revés millonario, los autores de «Blurred Lines» dicen dormir tranquilos sabiendo que no copiaron nada. Quizás Pharrell Williams esté aún más aliviado, al enterarse de que la familia de Gaye no va demandarlo otra vez, ahora por el notable parecido de su megahit «Happy» con «'Ain't That Peculiar». Podrá seguir feliz, escuchando cómo los límites de la inspiración en la música son cada vez más borrosos.