viernes, 10 de julio de 2009

Una esquina en el mundo


Viajar tiene dos encantos: conocer y extrañar. A veces, esa sensación y ese sentimiento se unen, cual latitud y longitud, en un punto geográfico. Acá, en San José de Costa Rica, ese lugar es "La esquina argentina".

Pero este puesto de comida al paso es mucho más que un espacio para matar el hambre y saciar la nostalgia de un porteño. Parece, en alguna medida, reflejo y lugar de encuentro de la diversidad y contrastes del país.

Aquí, el menú ofrece tanto empanadas como gallo pinto, al igual que las enquilombadas calles de esta patria muestran Porsches humillando Hyundais que carretean hacia su jubilación. Aquí desayunan los bancarios del centro tico y los vendedores ambulantes de la Avenida Principal, junto a algún empresario que afila los cubiertos pensando en qué tajada va a sacar de la reciente apertura del mercado local de telecomunicaciones -hasta el momento patrimonio del Estado, y ahora posible plato de los Tigo, los Digicel y los Movistar, entre otros.

Aquí se toma una Imperial algún operador de turismo, una de las principales industrias nacionales, para olvidar por un rato que el negocio cayó un 30 por ciento desde la "crisis mundial", mientras un empleado postal se refresca con guayaba antes de seguir repartiendo cartas en un país sin direcciones ni carteles.

Aquí almuerzan turistas como yo al lado, quién sabe, de alguno de los más de un millón de nicaragüenses que, se estima, trabajan en Costa Rica, en su mayoría en los cafetales, seleccionando granos a mano y cargando canastos de 12 kilos que se pagan tan solo 1,50 dólares. "Es un buen sueldo para ellos", me dice un lugareño. Pero a mí me resulta un trago amargo cuando se sabe que el 90 por ciento de ese café se vende a Starbucks que, después, lo sirve a cinco dólares la taza, con el cálido aroma de la explotación centroamericana.

Y también está Mary, pampeana de sesenta y pico y rostro de sufrida felicidad, que hace ocho años llegó al país y hace seis montó este lugar en el mundo. Empezó con nada: los vecinos, encariñados con ella, le prestaron ollas, sartenes y utensilios para cocinar sus primeros sueños. Y ahora Mary, además de servir a los clientes, envuelve empanadas que se venden en Automercado, una de las principales cadenas de almacenes locales. Cortesía y generosidad comunal, otras de las bellezas naturales de esta tierra, y sacrificio personal hicieron que, desde esta esquina, esta argentina pegue la vuelta hacia el pequeño empresariado.

El pollo con arroz y plátano frito estaba exquisito. Una cucaracha callejera burla la higiene del puesto y pasa corriendo por mi mesa. Por alguna razón, la comprensión le gana al asco y el reflejo instintivo de querer aplastarla. Después de todo, yo también soy otra criatura extraña buscando un poco de comer.

Me levanto con la panza llena y una idea muy digestiva: "Dejá la locura de Buenos Aires. Sé feliz: vení a Costa Rica", me dice Mary, como despedida. Y yo me voy saboreando su sugerencia de la casa como un postre de sabor local: agridulce.

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lunes, 6 de julio de 2009

Confesiones de hotel

La prostitución en la República Dominicana.


"Tenés que cogerte a una dominicana. No sabés, son firmes como una puerta", me dice al pasar, digamos, Héctor. Llamémoslo Héctor. Y yo me imagino su enorme y fofa humanidad arremetiendo sangre, sudor y grasa sobre una sólida morocha, en una versión porno de la última y degradante publicidad de Pentágono.

Un escalofrío, de pudoroso asquito, me recorrió la piel.

Héctor es directivo de una proveedora de soluciones informáticas para grandes compañías. Está acá, junto a otros 300, 350 empresarios IT, en un distinguido hotel de Santo Domingo donde estamos alojados y donde, también, se desarrollará un congreso de tecnología que me tiene como moderador de algunas conferencias. Viaja seguido a Centroamérica a dar charlas, seducir clientes y, por lo escuchado, tirarse canas sobre las esculturales negras que se ven en esta capital. Está casado -veo-, tiene más de 50 -estimo- e hijos -supongo. No lo sé: sus confesiones solo parecen fieles a las putas y a los completos extraños como yo, no a cuestiones de familia, claro.

En República Dominicana, la prostitución es parte del paisaje (y la economía) desde hace años. Según leo en un artículo del medio local Revista 110, "hay quienes sustentan que la prostitución en el continente comenzó en Santo Domingo, apoyándose en una disposición de una real cédula, del año 1526, que creaba la primera mancebería (casa pública de mujeres) en América".

"El 13 de octubre de 1915 se dictó la Ley de Sanidad, elaborándose luego el Código Sanitario, que establecía reglamentaciones estrictas de la prostitución, al extremo de imponer la obligación de colocar un letrero rojo con letras negras, 'en las puertas de las casas de oscura reputación', donde había enfermedades venéreas", continúa la nota, que agrega: "Para la década del 50, cada 'mujer de la mala vida', como se le llamaba entonces, debía tener al día una especie de carné de las autoridades sanitarias, las que tenían un control estricto de la salud de estas mujeres, por medio a los chequeos periódicos a los que tenían que someterse".

Desde hace unos años, la Policía Turística (Politur), organismo especialmente creado con los fines de frenar la creciente delincuencia y oferta sexual (especialmente infantil) en el país, puede que haya "limpiado" los principales puntos de la ciudad para mejorar la seguridad e imagen ante los visitantes. Pero aquí, en el hotel, el oficio se pasea cual servicio a toda hora como nunca antes vi. Incluso "si desea subir con una acompañante debe registrarla", te sugieren en la conserjería.

Me pregunto cuántos Héctor habrá entre tanta business class junta, durante el coffee break del evento. Sí veo muchos John, por llamar de alguna manera a esos gringos de piel lechosa hervida cual langosta por el sol caribeño, guiando piernas negras y tacos plateados hacia sus habitaciones. Seguro que estos son viajes de negocio y placer para todos ellos. Supongo que es miseria cinco estrellas para todas ellas.

"Bajá al casino del hotel y fijate lo que es: las putas se te vienen encima como moscas", me dice otro Héctor, en un ascensor. Y fui.

Son las 9:30 de la mañana pero, desde la vidriada entrada, se ve que aquí continúa la noche, y las luces de las tragamonedas y las sonrisas de las señoritas parecen señales de las muchas cosas que adentro se ponen en juego.

Afuera, un paseo por la zona colonial es otro seductor envite. Abro la puerta y hago mi apuesta.

¡Taxi!

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sábado, 4 de julio de 2009

Desde la cintura de América


El domingo mis ojos, como los de todo el mundo, se posaron sobre Honduras tras los nefastos sucesos políticos. Y hoy, mis pies arribaron a Centroamérica. Mi trabajo me trajo a la región más agitada de nuestro ya movido continente: golpes de estados, aperturas de mercado, cambios de mandatos, oscuros asesinatos...

Estaré un tiempito instalado en República Dominicana, Costa Rica y El Salvador, y aunque no pase por Tegucigalpa, "el" escenario de la región hoy, voy a tratar de hacerme el espacio para contarles historias, experiencias, noticias o simples curiosidades que vaya encontrando sobre las distintas y dispares partes de una geografía que es casi un espejo pocket de los contrastes que caracterizaron todo lo que hay del Río Grande para abajo, prácticamente, desde la colonización.

Y acá estamos, con ganas de espiar un poco la fina cintura de América, tan sinónimo de atractivo y belleza como síntoma de hambre y desproporción.

Me despido por ahora. El viaje, las emociones, las obligaciones y un taxista que me llevó al hotel de Santo Domingo escuchando Pimpinela a un volumen que destartalaba lo poco que quedaba sólido de su camionetita Toyota me dejaron exhausto.

Buenas noches, América: me voy a dormir en tu regazo y a soñar con conocerte.

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miércoles, 10 de junio de 2009

Las mejores idioteces de las plataformas electorales

¿Votás en Capital y te quejás por la carencia de propuestas y debate? Acá analizamos las plataformas de todos los partidos de la ciudad y te damos cinco ejemplos de que a los políticos les faltan ideas, pero les sobra imaginación.







1. UCP: Unidos por el Copy - Paste

El Movimiento por la Dignidad y la Independencia y el Partido Comunal proponen a Jorge Pirra como diputado por la ciudad. La Coalición Independiente Federal y el Encuentro Federal por la Unidad impulsan la candidatura de Juan Mussa. Carlos Peralta se postula tanto por Idear como por el Consenso Porteño, mientras que Enrique Piragini encabeza la lista del Partido del Campo Popular. OK, más allá de que haya personas que se candidatean por más de una fuerza política, ¿qué tienen en común todos estos partidos? Bueno, que sus plataformas son exactamente iguales.

No, no me refiero a ciertas coincidencias ideológicas: los textos, disponibles en la web del Poder Judicial de la Nación, son idénticos. Debe haber alguna razón, motivo o circunstancia, por no decir tramoya estratégica, que explique estas plataformas septillizas. Pero yo les diría que se junten, que armen una alianza, que dejen a un lado sus diferencias (aunque no sé cuáles). Es más, les tiro algunas consignas para el 2011:

En industria: Fomentar la fabricación nacional de fotocopiadoras.

En economía: Duplicación del salario y baja en los precios del tóner, ¡ya!

En salud y bienestar social: Basta de diferencias, ¡igualdad para todos!

En seguridad: ¡Más uniformes y más machetes!

En educación: ¡Más uniformes y más machetes!



2. Un estratega que se hunde solo

El Partido Popular de la Restauración tiene como primer candidato a diputado al ex militar Gustavo Breide Obeid (uno de los responsables, junto a Mohamed Alí Seineldín, del alzamiento carapintada de 1990) y, como era de esperar, su plataforma electoral es una verdadera bomba.

Entre sus muchas y "nacionalistas" ideas, siempre ligadas a la tradición, la familia y la propiedad, se propone el "Rediseño del Ejército sobre la base de los principios del arte de la guerra enunciados por Josmini y Lidell Hart" (sic).

Yo supongo que el ex carapintada se quiso referir a Antoine-Henri Jomini y a Basil Liddell Hart, pero bueno: quizás Breide Obeid no escribe correctamente los nombres de los estrategas que lo inspiran como una táctica para despistar al enemigo (o sea, a todos nosotros).

Igual, esto no es lo que más debería preocuparnos de este oscuro personaje que, entre otras barbaridades, plantea "completar o construir tres nuevos submarinos como primera barrera de defensa continental".

Ojo que el voto psicodélico está garantizado si los hacen amarillos, pero no... ¡qué va!: seguro que Breide Obeid los quiere verdes.



3. Un, dos, tres, ¡iiiiaaa!

Nadie en sus cabales puede negar la importancia del deporte en la vida, como fuente de salud y vínculo con la sociedad. Pero el Partido Demócrata Cristiano va mucho más allá y propone la "incorporación del deporte como materia obligatoria desde primer grado, apuntado a deportes que aporten disciplina y valores. Como ejemplo se propondrán las artes marciales, que otorgan conocimientos de defensa personal, disciplina, autodisciplina, esfuerzo, sacrificio, respeto por los mayores, sabiduría milenaria y valores".

Por otra parte, el Partido Popular de la Restauración, del ex carapintada Breide Obeid, "privilegiará el atletismo como base para el desarrollo de todo deporte". De más está decir que "cuerpo a tierra" y "salto rana" serán asignaturas obligatorias.



4. ¡Arriba, jubilados!

Calificar a nuestros ancianos como "clase pasiva" es algo que me molesta y hasta me resulta peyorativo. Por eso me alegra la existencia de un partido como Jubilados en Acción, que pugna por los intereses de la "tercera edad" en una sociedad que te retira cada vez más temprano.

Sin embargo, me llamó la atención su idea de "crear el Ministerio de los Adultos mayores, integrado en sus cuerpos orgánicos por dignos representantes del sector". En la plataforma no hay aclaración ni ampliación alguna sobre el fin y las funciones de este organismo y, como soy una persona (de)formada por los medios, no me resultó difícil imaginar esta iniciativa como un consejo de ancianos liderados por el abuelo Simpson, abocados a quejarse por todo.

Llamé al partido para averiguar más, pero no me respondió nadie. Claro, era la hora de la siesta.



5. Ahora soy yevolucionario

Adiviná de qué partido es esta proclama: "La revolución de las instituciones es posible: La falta de representatividad de los partidos políticos ha provocado el rechazo en la gente, que pocos cree (sic) que sean el pueblo o las provincias los representados, sino las oligarquías partidarias, como parte de su asalto al Estado. La voracidad de las estructuras partidarias, en su afán de perpetuarse y reproducirse, ha colocado al Estado al borde del colapso, acabando con nuestros recursos y nuestra paciencia".

¿Es del Partido Obrero? ¿Del MST? ¿Acaso pertenece a las Asambleas del Pueblo por el Socialismo y la Libertad? No, no y no: es parte de la plataforma del Frente Es Posible, una alianza que reúne a la ex UCeDe de Alsogaray con el partido Acción por la República de Cavallo, y que es el brazo de los Rodríguez Saá en la Capital.

Revolution, revolution, saá...



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martes, 2 de junio de 2009

Mental: primer diagnóstico

De Latinoamérica para el mundo, la versión cool de House.


No me gusta comentar una serie tras solo ver el primer capítulo. Es como ir al médico y que te diagnostique con solo mostrarle la lengua. Y, en este caso, estamos hablando de un programa que trata con esquizofrénicos, paranoicos y toda una guardia de desquiciados. No es cuestión de recetar un ibuprofeno y chau picho, no: veamos cómo evoluciona así no damos una prescripción errada porque, vamos: ¿alguien podía pronosticar la genialidad y longevidad de Seinfeld o 30 Rock tras sus espantosos pilotos?


El problema es que en estos tiempos uno fagocita industria cultural tan rápido como la vomita, y así no va: tenemos que ser pacientes, como en Mental.


Lo bueno de la creación que Fox pondrá en pantalla hoy, a las 22, es que estaremos viendo una nueva serie en simultáneo con varios países y a tan solo cinco días de su estreno en Estados Unidos, lo cual esperemos se transforme en un frecuente y sano comportamiento de las cadenas de TV locales (aunque, de todas formas, no me convence eso de "estreno mundial" en la publicidad, pero bueh).


La otra gran novedad es que este es el primer show del canal para el mercado norteamericano y el resto del mundo producido en Latinoamérica: Mental parece ambientada en Los Angeles, pero en realidad está filmada en los estudios de Fox Telecolombia, en Bogotá (donde también se hizo Tiempo Final). Una medida que abarató los costos en un 50 por ciento y favoreció a muchos trabajadores de esta parte del globo.


Pese a estas buenas noticias, Mental no luce bien. Su primera impresión nos deja entrever una severa crisis de identidad en esta serie que se parece a muchas, pero que podría resumirse como una versión cool de House. Sí, acá también tenemos a un médico brillante, capaz de pensar y actuar "out of the box" para resolver casos clínicos complejos, pero en lugar de ser un jovatón rengo, huraño y adicto, Jack Gallagher (Chris Vance, ex Prison Break) es un inglés fachero, intrépido, amante del ciclismo y de los métodos poco ortodoxos. Si es necesario ponerse en pelotas para calmar a un paciente o allanarle ilegalmente el domicilio en busca de pistas para curarlo, lo hace. No importa si eso lo mete preso, pone en riesgo su flamante cargo en el hospital o fomenta la enemistad de sus estructurados colegas.


Visto así, Mental parece un caso serio, pero no hay de qué preocuparse: la serie no es grave, y eso desilusiona un poco. Por ahora, no hay síntomas de grandes conflictos, salvo la previsible relación amor-odio entre Gallagher y su jefa, Nora Skoff (Annabella Sciorra, ex The Sopranos). Aunque, aparentemente, tiene una hermana con problemas y en el futuro asoman peleas con un psiquiatra cómplice de las empresas farmacéuticas interesadas en experimentar drogas con los internados.


Mental tiene a su favor que llega en una grilla televisiva algo vacía, justo tras el final de temporada de todas las principales series y sin próximos estrenos de importancia en el horizonte. Para algunos, el programa podrá ser la receta para matar la espera por el regreso de los grandes títulos. Para otros, será como tratar la ansiedad con Armonil. Veamos cómo funciona. Y, si no, bueno: yo no soy médico, pero recomiendan que, de vez en cuando, apagar la tele puede ser un buen remedio.




miércoles, 27 de mayo de 2009

American Idol: ¡qué final más puto!

Contra toda lógica y justicia en el universo, Adam Lambert no ganó. Y quizás es lo mejor que pudo haber pasado.






Entre los muchos placeres culposos que tengo está ver American Idol, afición que ha devenido en cierto fanatismo adolescente desde las últimas dos temporadas tras la aparición de algunos interesantes artistas que han revitalizado el reality. Me refiero, en especial, a David Cook, gran triunfador el año pasado, y el impresionante Adam Lambert, "la" figura de esta edición cuyo final se vio en nuestro país el último domingo.

Versión emo de un Ziggy Stardust estrellado en Broadway, Lambert es uno de los descubrimientos más excitantes del show business musical de los últimos años y, sin dudas, fue el principal responsable de que este haya sido el mejor ciclo de American Idol en su historia, lo que llevó al programa a un nuevo nivel de calidad y popularidad (con un récord de casi 100 millones de votos en la final y 624 en toda la temporada).

Carismático, camaleónico, con presentaciones irreverentes y teatrales y un registro vocal bisexual, capaz de conmover cielo y tierra con una sola nota, "Glambert" se robó escenarios, cámaras y elogios, y su lugar en la final estuvo reservado prácticamente desde su primera audición. Entonces, ¿por qué perdió? Por puto, así de simple. Por puto.

Está más que claro que el triunfo de Kris Allen habla más de la hipocresía y el conservadurismo del público estadounidense que de las virtudes de este muchachito de Arkansas, amante de esas tibias baladas acústicas que tanto seducen a las chicas. En la tierra de la libertad, un gay está para ponerle voz a Cats o letra a Will & Grace, no para ser premiado en el espectáculo televisivo más importante del país. Menos si anda suelto por ahí revoleando las plumas, sacándose fotos travestido, besando tipos, y con un pasado de performances casi prostibularias, dignas de La jaula de las locas en un cabaret del infierno. No way.

Así, no es raro pensar que Lambert haya perdido porque Allen capturó el puritanismo yanki y los miles de "votos cristianos" que quedaron tras la partida de Danny Gokey.

Lo cierto es que el chico del delineador negro y la garganta de oro perdió y, ¿saben qué?, es lo mejor y más divertido que pudo haber sucedido. Durante meses, vimos cómo millones de norteamericanos fueron seducidos por un maricón que, una vez a la semana, por las noches, les hizo lo que él quiso sin dar explicaciones a nadie. Y en el final, le pintó la cara a Kiss, conquistó a Queen y se quedó con la fama sin cargar el (a veces) pesado y desacreditante título de ser el "ganador de un reality show". Un verdadero ídolo, sin etiquetas.


viernes, 15 de mayo de 2009

La "tinellización" del humor político

Caras y caretas testimoniales de una triste realidad.


Foto: Jorge Luengo / Ideas del Sur


Plantear la reaparición de Gran Cuñado como la "vuelta del humor político a la televisión", como lo dijo Marcelo Tinelli, es un blooper, o una "joda para VideoMatch", ya que andamos desempolvando recuerdos. Más bien, deberíamos hablar del retorno de la "tinellización" política o, al menos, de su humor.

Con un logrado maquillaje e interpretaciones basadas en gestos y muletillas, la troupe actoral de ShowMatch construye buenas sátiras, pero están muy lejos del gran objetivo del humor político, que es motivar en el espectador la reflexión crítica sobre la realidad que lo afecta. Todo lo contrario: por formato (el segmento se da en el marco de un reality show ficticio), talento y estilo (Tinelli no es ni aspira ser un Tato Bores), Gran Cuñado contribuye a licuar el pensamiento del televidente al "superficializar" la imagen de los dirigentes. Los presenta como un grupo de personajes risueños e inofensivos con los que hasta podemos llegar a encariñarnos (incluso con aquellos más nefastos).

En este marco, el temor de ciertos sectores del oficialismo y de la oposición a que la ridiculización de sus figuras impacte en la población (el recordado "efecto De la Rúa") es totalmente exagerado.

Aquel fatídico encuentro televisivo entre el entonces presidente y su lograda mimesis, a cargo de Freddy Villareal, estuvo lejos de provocar la debacle y caída del gobierno de la Alianza (como el ex mandatario alguna vez deliró). En todo caso, fue la habilidad del mismo Fernando de la Rúa de superar a su caricatura lo que terminó de desgastar su persona y autoridad ante el público. Sin embargo, esa imitación sí es en gran parte responsable de que hoy recordemos a "Chupete" no como el culpable de uno de los períodos más funestos de nuestra historia reciente, sino simplemente como un "dormido", un "pusilánime" o un "pobre tonto".

Tanto en el humor como en la política, la "tinellización" dispersa, no profundiza. Aliviana las cuestiones de fondo y a sus hacedores. Sí, ShowMatch puede ser un reflector con el que algunos políticos pueden quemarse, pero también ofrece la plataforma para llegar todas las semanas a millones de próximos electores con una horizontalidad similar a la única propuesta (y preocupación) de la clase dirigente actual: mostrar una imagen simpática, no importa si es original o duplicado, tanto como no interesa si en junio se vota por quién realmente va a asumir.

Así, con o sin esa "intencionalidad" a la que Tinelli hizo referencia cuando presentó la nueva edición del ciclo, Gran Cuñado termina siendo un espectáculo funcional tanto a los intereses del programa y su medio como al escenario político "testimonial" de hoy: un show burlesco con un elenco de caretas que buscan distraernos para no revelar que, detrás, sus pocas ideas siguen patinando.

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Hombre trabajando



Lamento el largo silencio en este blog, pero anduve muy ocupado con diversas cuestiones. En los próximos días estaré publicando algunos textos recientes para Rolling Stone y otros medios.
Saludos

viernes, 27 de marzo de 2009

Rock era el de antes

¿Recordás esa época cuando tu artista favorito era enigmático e inalcanzable y no contaba en Twitter si estaba constipado? Bueno, Tom Morello y yo la extrañamos.





"… no diría necesariamente que suscribo a esto, pero una de las cosas que disfrutaba de las bandas cuando era chico era que tenían cierta aura mágica alrededor. No me enteraba de lo que comían todos los días en el catering de sus conciertos, porque no lo publicaban en Twitter. Quizás haya algo que decir al respecto".
Esto dijo Tom Morello, ex guitarrista de Rage Against The Machine y Audioslave, en una reciente y muy linda entrevista de Los Angeles Times. Y, sí: hay mucho para decir sobre este fenómeno. ¿Internet les quitó misterio a los artistas?
Morello (quien, por cierto, editó como solista uno de los discos imprescindibles del año pasado) no es un abolicionista de la tecnología, pero está lejos de ser un geek. Él mismo reconoce en la charla que la comunicación digital es un mundo secreto que desconoce, que escuchar hablar sobre Twitter para él es "como enseñarle a manejar un auto a un perro" y que hasta cambiarle las baterías a su pedalera le da suficiente problemas. Parecen los esfuerzos de un señor mayor que intenta ponerse a tono con los tiempos, aunque, en el caso de Morello, sospecho que son algunos de los conflictos de ser un trovador político de alma en la era de la autocracia del clic. Pero también son los síntomas de que la red, mucho más que un modelo de negocios, cambió un esquema de comunicación en la industria musical.
Todavía recuerdo observar la portada de Love Gun y preguntarme quiénes eran en realidad esos seres fantásticos con mujeres rendidas a sus pies. O mirar la de Siete y el tigre harapiento (porque tenía la edición nacional) y pensar lo intocables que eran esos tipos en eterna pose, cual perfectos maniquíes en la vidriera de los 80. Claro, después uno crece y se da cuenta de que Gene Simmons, más que un demonio, es un reverendo idiota, y que la distancia que me separaba de Simon Le Bon estaba dada, fundamentalmente, por kilómetros de maquillaje. Pero, antes, las reglas del espectáculo respetaban las leyes de la astronomía: las estrellas eran inalcanzables.
Ahora, todos pueden ser tu amigo en Facebook y es posible saber vía Twitter qué se compró Britney en su última salida de shopping, por qué Mikey Way, de My Chemical Romance, prefiere Aquafina en lugar de Dasani y que Rivers Cuomo, de Weezer, odia las computadoras Dell, o ver a uno de los chicos de Bloc Party haciendo culopatín o a Matt Bellamy, de Muse, comiéndose la galletita.
Sí, Internet corrió un telón de fondo y nos mostró un backstage de viles mortales. Y no tiene nada de malo. Pero ya sabemos qué pasa cuando se desvela un misterio: también se pierde la magia.

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martes, 24 de marzo de 2009

Battlestar Galactica: adiós a la mejor serie de la historia

Punto final para un programa que, revestido de sci-fi, nos mostró el drama de ser humanos y la aventura de descubrir el destino. Por favor: que nunca hagan una continuación. So say we all.



El sábado pasado se emitió en Estados Unidos el último episodio de la serie Battlestar Galactica (BG). Fue el final de una travesía de cuatro años para esos últimos restos de humanidad (o los primeros, según cómo se vea) que, cada semana, recorrían el universo buscando mucho más que un nuevo hogar llamado Tierra. Y fue el cierre del programa más inteligente, duro, impactante y emocionante que nos ha dado la televisión desde su existencia. Todo un logro y una reivindicación si consideramos el ridículo show original.

Parece mentira que aquella patética versión camp de Star Wars de fines de los 70 se haya trasformando en el escenario de este ambicioso y cuidado retrato de las emociones que nos hacen lo que somos (amor, odio, envidia, compasión, etc.) y que nos hacen hacer lo que hacemos (amar, matar, lastimar, traicionar, perdonar, imaginar, crear, etc.). Y, dentro de ese marco, BG abordó cuestiones como ningún otro programa se animó a hacerlo en la TV norteamericana post 9/11. Porque no lo hizo con la mera intención de ser contemporáneo en los temas, o controvertido en las imágenes, sino con el objetivo de crear un entretenimiento que toma los interrogantes más universales como motores reflexión y acción. Usó la base de la condición humana: el pensamiento, la duda y la angustia existencial.

Así, todas las semanas, pudimos polemizar sobre el dilema de abortar en una raza que se extingue; sobre la validez y el poder real de una democracia en épocas de guerra; sobre la fe y el fanatismo; sobre la religión como política, y el militarismo como religión; sobre la tortura como excusa de la defensa; sobre xenofobia y tolerancia; o sobre si tecnología es necesariamente evolución, por solo mencionar unos pocos conflictos.

Sí, fue por momentos una alegoría más a los Estados Unidos de Bush con un telón sci-fi de fondo. Pero detrás (o, más bien, delante) de esas naves interplanetarias, robots, combates espaciales y una imaginería e impacto visual inéditos hasta el momento en la pantalla chica, hubo, en esencia, una obra clásica; esa que expone el drama de ser humano y desarrolla la épica aventura de descubrir el destino empleado el efecto especial más viejo de todos: la buena actuación.

No es lo mismo. Este no fue un espectáculo realmente fantástico. Fue una historia fantásticamente real.