viernes, 8 de octubre de 2010

Entrevista con Alan Wilder, ex Depeche Mode

El responsable de delinear el sonido de la banda de Gahan y Gore, presentará en Buenos Aires y Rosario su ¿colectivo multimedia? denominado Recoil. ¿Qué es? Él mismo lo aclara: "No se parece en nada a Depeche".

Durante una década y media, Alan Wilder fue el responsable de delinear el sonido de Depeche Mode, la persona que dio forma y sustancia a las composiciones de Martin Gore. Hasta que en junio de 1995 se pudrió. Cansado tras la conflictiva grabación de Songs of Faith and Devotion
(con el vocalista Dave Gahan que comenzaba a hundirse en las drogas), extenuado luego de una larga y desgastante gira, y harto de los tironeos y la mecánica laboral de una banda que le daba mucho trabajo y poco reconocimiento, dijo adiós por carta y se fue con la música a otra parte.
Al poco tiempo, reactivó su proyecto Recoil, un imaginario sonoro que cruza el trip-hop, el blues, la música para películas y la electrónica experimental y que cuenta con diversos invitados, como las voces de Diamanda Galas, McCarthy (Nitzer Ebb), Toni Halliday (Curve), Nicole Blackman y el productor Paul Kendall. Este será su compañero sobre el escenario el 4 y 5 de noviembre, cuando Wilder se presente en Buenos Aires y Rosario, respectivamente, en el marco del tour mundial promocional de su último álbum, Selected, una recopilación de canciones de sus seis discos de estudio, pero reelaboradas y puestas al día.
Si tuvieses que explicar qué es Recoil, ¿qué dirías?
Por lo general, me la paso buscando los adjetivos correctos y quedo como un reverendo idiota. Entonces, sigo con un "No se parece en nada a Depeche Mode, ¡de verdad!". Al final, se me ocurre algo pretencioso como "ah, es una especie de paisaje sonoro fílmico avant garde" o alguna estupidez por el estilo.
Es difícil encontrar influencias recientes en tu trabajo, especialmente en los últimos dos discos, pero sí hay mucho del blues antiguo, la música clásica y de películas. ¿Qué estás escuchando actualmente y qué cosas del presente y del pasado te inspiran?
Siempre me gustaron músicas distintas, de diferentes épocas; principalmente cosas viejas. Algunos de mis favoritos, viejos y actuales, son U.N.K.L.E., Radiohead, David Bowie, Roxy Music, Elbow, Massive Attack, Morrissey, The Who y Goldfrapp. Mis últimas compras incluyen cosas de Gill Scott Heron, John Foxx, Architect, Boards of Canada, Johnny Cash, Howlin' Wolf y Grinderman. También escucho muchas bandas de sonido, algunas de las cuales me sirven de inspiración.
Estuviste en Argentina en 1994 en tu último tour con Depeche Mode. ¿Tenés algún recuerdo de aquella visita?
La verdad es que no tengo ninguna anécdota para contar. Solo sé que es un lugar hermoso y estar ahí fue una experiencia agradable. Los shows de DM en Sudamérica fueron siempre fantásticos, con un público muy entusiasta.
Esta es la primera vez que salís de gira desde entonces. ¿Con qué show se van a encontrar los fans? En el tour europeo se pudo ver una fuerte puesta multimedia...
Las presentaciones son más instalaciones artísticas que shows de una banda. Paul (Kendall) y yo simplemente llevamos lo que hicimos en el estudio al entorno en vivo, en el que agregamos efectos espontáneos y partes extras a una base ya preparada. La música está compuesta por secciones tomadas y editadas de remixes de Recoil y versiones alternativas, que se combinaron de manera tal que el resultado fuera reconocible como Recoil, pero que no necesariamente sonara como las versiones de estudio.
Tenemos cierta flexibilidad para adaptar el sonido a cada lugar, pero también estamos atados a un film continuo que acompaña todo. Los primeros tres meses del año los pasé colaborando con cuatro directores para este proyecto usando un servidor central al cual podíamos cargar nuestro trabajo en progreso. Desde la primera parte de la gira, adapté algunos elementos del show, cambié la música un poco y pusimos a los directores a trabajar también, así que va a haber un par de sorpresas...
Dejaste Depeche hace ya 15 años. ¿Qué cambió en tu forma de trabajar y qué aprendiste como músico en este tiempo?
Obviamente, gané una vasta experiencia desde mi época en el grupo, particularmente al trabajar con gente como Daniel Miller, Gareth Jones y Flood. Mi modo de trabajar no cambió mucho desde que hicimos Songs of Faith and Devotion, para el cual refiné una metodología y logré el equilibrio justo entre performance humana y electrónica. Ahora sé de qué manera quiero hacer discos y me temo que, actualmente, implica un alto grado de autonomía.
Aprendí que, al hacer música, puede ser liberador no tener que someter cada decisión a votación, pero también puede ser bastante duro trabajar solo, sin nadie cerca para saber qué opina. También tuve que aprender a confiar en mis instintos y a creer en mi propia perspectiva. Puede ser algo arrogante (y el peligro es que podés volverte indulgente con vos mismo), así que me vi obligado a imponer mi propia disciplina a todo el proceso.
Resulta extraño que, con tu experiencia y perfil, no hayas trabajado como productor más allá de ocasionales remixes y colaboraciones que hiciste para algunos artistas. ¿Por qué?
Me pidieron muchas veces que produjera, pero es algo que no me entusiasma demasiado; principalmente, porque en ese trabajo hay muchísimos elementos que no necesariamente se centran en la creación de música. Producir a otro grupo, por lo general, implica actuar como mediador en su política interna, ¡a veces incluso como asesor conyugal o psicoanalista! Era de eso de lo que quería librarme cuando opté por dejar de ser miembro de una banda. Habiendo dicho esto, voy a seguir escuchando ofertas y, si aparece el trabajo indicado, estaría abierto a la idea. Debería ser algo que me interesara explorar especialmente.
Los fans de Depeche tuvieron una gran sorpresa este año cuando te reuniste con la banda en el escenario del Royal Albert Hall, y ahora Martin Gore va a ser DJ en uno de tus recitales en California. ¿Cuál es tu relación con ellos hoy?
Sigo en contacto con Dave, sobre todo por e-mail o mensajes de texto. No tuve mucha comunicación con Martin o Fletch (Andrew Fletcher) desde 1995, pero estuvo bueno encontrarnos en nuestra reciente reunión. Estoy ansioso por ver de nuevo a Martin en California para la gira de Recoil.
¿Sos conciente de que gran parte del público y la crítica dice que hay un período pre y post Wilder en la música de Depeche y que se extraña tu presencia en sus últimos trabajos?
Eso es algo que me honra y halaga. Desde mi punto de vista, las canciones de Martin merecían más que un tratamiento pop descartable, aun cuando el sonido de DM fuese fresco y diferente en las primeras épocas "puramente electrónicas". Mi objetivo era endurecer el sonido, erradicar algunas de las reglas restrictivas (como nada de guitarras, nada de músicos extras) y tratar de darle más profundidad. Quería desesperadamente que la banda fuese tomada en serio y durante mucho tiempo eso no pasó. Con los años y con la ayuda de Daniel (Miller), Flood y otros, el sonido evolucionó y siento que estuvo en su punto más interesante desde Black Celebration hasta Songs Of Faith And Devotion.
¿Te pasó por la cabeza la idea de volver? ¿No sentiste la necesidad de llamarlos y decirles: "Chicos, los extraño"?
No me sentí abrumando de deseo, je, je. Pero, claro, hay aspectos de esa vida que extraño y hay algunos de los cuales todavía puedo prescindir.
¿Tampoco sentiste la tentación de llamarlos y decirles: Ey, muchachos, ¡por favor, consigan un mejor productor para sus discos!?
Ja, ja, ja...
Leer en Rolling Stone >>



sábado, 2 de octubre de 2010

La era de los conciertos virtuales

Del recital de U2 en Second Life a la presentación de Kiss en Facebook y el tour virtual de Mike Posner, cómo la tecnología e internet están cambiando el concepto de concierto en vivo.

El "vamos todos", esa arenga musical por excelencia, nunca sonó tan literal como en nuestros días. No importa qué artista la grite y, menos aún, dónde. Puede ser desde el filo del escenario en el Rose Bowl de Pasadena, Estados Unidos, o desde la intimidad del estudio Hansa de Berlín. Hoy, gracias a las redes digitales, vos podés estar ahí.
El uso de servicios online de streaming, plataformas de telefonía móvil y redes sociales aparecen como medios ideales para llegar a más público y aumentar los ingresos en un mercado deprimido donde es cada vez más complicado vender un disco.
La forma más elemental de "concierto virtual" es el webcast del show a través de YouTube o servicios similares, fórmula que ya ha sido empleada en numerosas ocasiones por estrellas como Alicia Keys, U2, Foo Fighters y Radiohead. El portal de videos de Google inauguró la era del live stream el 22 de noviembre de 2008, cuando transmitió un recital especial en el que participaron Joe Satriani, Katy Perry y Will.I.Am, entre otros.
Pero algunos artistas fueron más allá del simple broadcast apelando a las ventajas de la tecnología y la interactividad que ofrece la red de redes. Keane, por ejemplo, realizó en abril del año pasado el primer recital para internet en 3D. Solo bastaba conectarse a su web y calzarse los tradicionales anteojitos bicolores para ver al trío saltar del mítico estudio Abbey Road a tu pantalla.
Hace dos meses, Arcade Fire emitió en YouTube su presentación en el Madison Square Garden (filmada por Terry Gilliam, director de 12 monos y Brazil), en la que el público podía interactuar desde su hogar: elegir diversos ángulos de cámaras para ver el show, votar por la canción del "bis" y hasta enviar fotografías que luego eran proyectadas en las pantallas del escenario durante uno de los temas. El evento fue el primero de la serie de streaming concerts denominada Unstaged, que hace días tuvo su segunda fecha con la presentación de John Legend y The Roots junto a varios invitados en Nueva York, en esta oportunidad con Spike Lee tras la lente.
También hubo varias iniciativas fuera de YouTube, Ustream,Livestream o plataformas similares. Sting, Duran Duran y U2 son algunos de los que, en algún momento, se subieron al escenario de Second Life, aquella comunidad virtual en 3D que tanto auge tuvo hace algunos años, antes de que Twitter y Facebook se robaran el protagonismo de la web 2.0.
Justamente, la red fundada por Mark Zuckerberg sirvió de tribuna el sábado pasado para la presentación de Kiss dentro de Nightclub City, un popular jueguito social (más de ocho millones de usuarios) donde uno puede ser el manager de un club nocturno.
Los equipos móviles también representan una gran audiencia. En octubre de 2009 Mariah Carey dio el primer concierto virtual para celular. Los usuarios de diversos países podían comprar vía SMS un ticket para ver el show de la diva en Las Vegas desde su teléfono móvil por 9,99 dólares.
Pero si se trata de presentaciones digitales, el cantante de synthpop / hip-hop Mike Posner elevó la apuesta al hacer el primer tour de prensa virtual para la presentación de su último disco 31 Minutes to Takeoff (de reciente edición en nuestro país).
Desde su sitio web, Posner "aterriza" en distintos países con entrevistas, videos y otros contenidos digitales estreno. El tour comprende 13 destinos (Canadá, México, Australia, España, Suiza, Alemania, Suecia, Finlandia, Corea, Singapur, Reino Unido, Irlanda y Estados Unidos), donde en diversas fechas se va activando el acceso exclusivo al material del músico.
Coreando desde el celular o haciendo pogo entre el teclado y el monitor de casa, internet es una entrada para ese recital al que siempre quisiste ir y, en vivo, desde el lugar donde estés, ser parte de la audiencia más grande del mundo.
Leer en Rolling Stone >>

martes, 14 de septiembre de 2010

Comer, rezar, amar: un viaje a la espiritualidad burguesa

Ryan Murphy es hoy el niño mimado de Hollywood, principalmente porque es un especialista en hacer productos tan lucrativos como inteligentes. Como creador de la serie Nip/Tuck, brindó una cruda, sexy e irónica reflexión sobre el mundo de la imagen y la autoestima desde los enredos de dos cirujanos plásticos. Como ideólogo de Glee, puso a bailar todos los clichés de las típicas historias de adolescentes losers para reinventar el musical teen y crear un fenómeno mediático. Y ahora, en su segundo trabajo cinematográfico como director, nos mete un cuento de espiritualidad burguesa.

Comer, rezar, amar está basada en las memorias de Elizabeth Gilbert, una escritora en sus treinta y pico a la que le agarra una crisis existencial, descubre que no quiere seguir casada, que está insatisfecha y deja todo para emprender un viaje con el fin de encontrarse a sí misma. Así, pasa cuatro meses en Italia, donde descubre los placeres del ocio y la gula (“comer”). Luego, vive otro cuatrimestre en la India, tratando de conectarse con su espíritu a través de la meditación (“rezar”). Y, por último, termina un año sabático en Indonesia, buscando el equilibrio y el coraje para volver abrir su corazón (“amar”).

Si hay algo que deja en claro la película es que, para encontrarte a vos mismo, necesitás pasaporte en regla y mucha guita, así que lo lamento, estimada morocha que todos los días te tomás el 98 hasta Berazategui: estás perdida.

El personaje de Julia Roberts es de esas personas que solo viajando a Oriente puede encontrar la iluminación y allá convive sin miedos con la miseria y los niños que hurgan la basura por comida porque, claro, ese tipo de relevaciones no se obtienen dándole 50 centavos al pibe que te limpia amenazadoramente el parabrisas en algún semáforo de Once.

En este y otros sentidos, la historia peca del narcisismo de esta generación del “yo, yo y yo” que se crió amamantada por el psicoanálisis y educada por cientos de volúmenes de “How to be happy” comprados en Amazon, sin olvidar la usual visión “ombliguista” del estadounidense, en especial del neoyorquino.

El alegato sobre la autonomía y superación femenina que la película pretende mostrar se derrumba porque no toma en cuenta el principal obstáculo que tienen (y tendrán) las mujeres reales para alcanzar eso: la barrera social, económica y de género que persiste en nuestra cultura para con el llamado sexo “débil”. Por lo tanto, solo si tenés plata y sos flaca, podés ir tranquila a Italia a sacar pancita ejerciendo el dolce far niente para alimentar tu alma. Pero si tenés pibes, laburás 12 horas por día y luchás por conservar el culo (y el empleo), sorry, ragazza: andá a llenar tu vacío existencial con una napolitana de Ugi’s.

Ahora bien: ¿todo esto hace que sea una mala película? No, para nada, porque Murphy sabe cómo hacer funcionar sus productos y también entiende que el cine puede ser como un libro terapéutico: a veces, la pantalla solo sirve para mostrarnos cosas que ya sabemos pero que necesitamos oír y ver para sentirnos mejor. No importa si su discurso se construye con consejos de un gurú místico o sobre eslóganes del marketing emocional. No importa si las imágenes son experiencias reales o tan solo el videoclip de algún Agulla – Baccetti de la espiritualidad. Después de todo, el suceso detrás de toda obra de autoayuda no pasa tanto por ser creíble, sino por ser reconfortante.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Loudream en la nube: nueva canción

Hola, tanto tiempo. Nos subimos a la nube y ahora también estamos en SoundCloud, desde donde estrenamos "My Own Heaven", nuestra última creación, un tema con toques de electro-pop estilo New Order (o algo así, je). Escuchen y, si les gusta, compartan libremente.

My Own Heaven by Loudream

viernes, 30 de julio de 2010

La primera canción hecha con Twitter

Un músico español compuso un tema usando como letra decenas de twitts confesionales. 140 caracteres de emociones que ahora tienen sonido.



Más que una red social (o el último grito geek para estar de moda), Twitter puede ser un entretenimiento, un canal de información, una mesa de discusión, un confesionario y una fuente de inspiración a la vez. Al menos así lo es para Juan Zelada, un novel músico español que hizo algo tan tierno como astuto: componer una canción usando los twitts que, cotidianamente, se publican bajo la popular etiqueta (o hashtag) #YoConfieso, rótulo que agrupa todas las confidencias, desahogos y revelaciones personales en 140 caracteres que hacen los usuarios del microblogging.
"Un amigo me comentó la posibilidad de componer una canción con esta etiqueta y, al hacer el search en Twitter, vi que las frases tenían mucha musicalidad -explica Juan-. Imprimí cinco o seis páginas de confesiones ajenas y, en un avión rumbo a Lisboa, compuse la canción. Luego, grabación casera con la banda y a grabar el video. Todo el proceso habrá durado dos o tres semanas".
Así nació "#YoConfieso", un folk dulce con aires rioplatenses onda Jorge Drexler que, desde hace días, recorre la web y que está ayudando a poner a este trovador ibérico en el mapa musical, gracias a la viralidad de Internet.
"Lo mejor ha sido la cantidad de sitios donde ha llegado la canción, sobre todo en Latinoamérica. En Twitter la respuesta ha sido tremenda, pero también radios y programas de TV se han interesado por la historia y la verdad es que todo el ruido viene muy bien para quien está empezando su carrera musical", comenta. Nada mal para alguien que se considera "bastante paquete" (expresión española que significa "principiante") en cuanto a redes sociales y cuestiones techie. "Mi cuenta de Twitter la empecé unos meses antes del "#YoConfieso" y recién ahora comienzo a entender las posibilidades de conectar que tiene", confiesa.
Juan está radicado en Londres tras vivir muchos años en Hong Kong y, a pesar de su incipiente historia musical, ya tuvo el placer de codearse con algunos grandes del showbiz. Fue soporte de Amy Winehouse ("la pobre ni se aguantaba en pie en el escenario, esperemos que haya ido a rehab porque tiene un talento espectacular", recuerda) y hasta fue felicitado por Sir Paul McCartney por su tesis final (un álbum) al recibirse en el Liverpool Institute for Performing Arts (que el ex Beatle fundó y dirige). "Tiene pinta de un chaval de 35, en vez del abuelo que es, ¡y piropeó mi disco! 'Smashing CD', me dijo", se emociona Juan, que acaba de terminar de grabar nuevas canciones en tres míticos estudios británicos: Abbey Road, Metropolis y Rockfield.
¿Tendrá este twitt-hit su versión en inglés? Juan responde: "Una vez que abres la lata de Twitter y sus hashtags las posibilidades son infinitas y ya he recibido muchas sugerencias para crear la versión inglesa. Si hacemos algo, intentaremos seguir siendo creativos y no simplemente repetir el concepto. Atentos a @juanzelada para novedades, ja, ja, ja".
Leer en Rolling Stone >>


Mirá el video de "#YoConfieso" por Juan Zelada



jueves, 15 de abril de 2010

Seguí los pasos de Loudream


Seguimos componiendo, y seguimos regalones. Nuestra nueva criatura se llama "Follow Your Steps" y la podés descargar gratis siguiendo estos pasos:
1) Entrás a Facebook.
2) Te hacés fan de Loudream.
3) Bajás y disfrutás.

jueves, 25 de marzo de 2010

On The Road


No pude terminar el libro. Las 60 páginas que llegué a completar fueron una experiencia abrumadora, como si hubiese vivido en carne propia el desgarrador viaje de ese padre y su hijo hacia el sur, huyendo del frío y la hambruna que dejó un Armagedón que extinguió a casi todas las formas de vida en el planeta; por una carretera arrastrado los últimos pertrechos de la humanidad, esquivando árboles que se desploman carbonizados y ocultándose de los vándalos y los caníbales. Fue demasiado para mí. No hay caso: en tiempos de bajón, hay que viajar a los relatos de verano y no soportar crueles inviernos post apocalípticos. Así que, como Joey en aquel capítulo de Friends donde, asustando, pone a The Shining en el freezer, dejé mi copia de The Road entre milanesas de soja y filetes de merluza. El terror se mantendrá fresco hasta cuando se me vuelva a abrir la garganta (aunque debo confesar que ahora huele muy mal).

Hace unos días conseguí la película y los miedos reaparecieron: que el film no esté a la altura ni de lo que alcancé a leer de la obra; que un director de videos musicales no sea capaz de plasmar la profundidad del relato ni la angustiante visión del autor; que un actor de segunda línea no dé con el papel… y que el DVD termine en el cesto de la basura y no en la heladera.

Todos fueron temores infundados.

The Road es, quizás, la obra más descriptiva, lúgubre pero, a la vez, más “accesible” de Cormac McCarthy y, en ese sentido, John Hillcoat aparece como un director correcto para trasladarla a la pantalla: un creador de clips para bandas que hacen popular lo oscuro, como Depeche Mode, Placebo, Siousxie & The Banshees y Nick Cave (quién, a su vez, escribió el guión y el soundtrack de su anteúltimo film, The Proposition). Por eso, comparar esta adaptación con la que hicieron los hermanos Coen del otro gran texto de McCarthy, No Country for Old Men, es incorrecto e injusto: son dos libros muy diferentes.

El resultado, ciertamente, no tiene nada de MTV. Lo que escritor (d)escribe con cenizas, Hillcoat lo respeta y retrata con alta fidelidad en 16 millones de grises, aunque con ciertos problemas para conseguir una ilación que otorgue el dramatismo necesario a las crudas imágenes (un vicio de “videasta” que intentó resolver con la desafortunada inclusión de ocasionales relatos en off, que distraen y quitan tensión).

Para un argentino, puede resultar complicado ver ahora a Viggo Mortensen sin separarlo del chiste futbolero. Durante el film, uno está esperando la aparición del banderín de San Lorenzo colgando del changuito de miserias que el personaje empuja en su viaje. Pero “Guido”, ese alter ego tribunero del ex Aragorn, desaparece tras una actuación tan escueta y vívida como la prosa de McCarty: le basta con una simple mirada para ponerle color esperanza a un mundo pintado en carbón y conseguir vincularnos con ese padre que está en el duro camino de criar a su hijo (el simple y a la vez hondo núcleo de la historia). ¿Se imaginan a un Tom Cruise o a un Brad Pitt logrando esto? Difícil.

Finalmente, pude llegar al final de The Road. El DVD no terminó acompañando al libro en mi congelador de miedos. Quizás porque la película sea más digerible, o quizás porque me dejó helado.

lunes, 22 de marzo de 2010

La isla siniestra: te conozco, mascarita


Volviste. Te disfrazaste de un Kubrick disfrazado de Hitchcock, pero sos vos: paranoico y violento, el de siempre; de vuelta asustando a la gente, asumiendo algunos riesgos, como te gusta desde hace algún tiempo, con aciertos y errores; dándole vida a imágenes inolvidables y, a veces, vergonzosas (ay, ay, ese diálogo automovilístico sobre esa burda pantalla verde…).
Sí, sos vos, con una película que, si la hiciese otro, sería defenestrada por ser un gran plagio, pero que, en tu caso, es un gran regreso.
Es bueno tenerte otra vez por acá.

viernes, 19 de marzo de 2010

Headbangers

Anvil!, Good Hair y Capitalism: tres documentales para mover la cabeza.


1. Anvil! The Story of Anvil
A principios de los 80, el grupo de metal canadiense Anvil estuvo por conquistar el mundo cuando se codeaba en el escenario del Super Rock Festival de Japón con futuras estrellas como Bon Jovi, Scorpions y Whitesnake. Incluso sus primeros discos son citados por Lars Ulrich, Slash o Lemmy como una importante influencia en sus carreras. La fama nunca les llegó, pero sus dos miembros fundadores, hoy con 50 años, perseveraron por décadas tratando de concretar ese sueño durante las vacaciones de sus trabajos miserables, girando en tren por Europa del Este, tocando en lugares patéticos ante cuatro gatos locos, sin que les paguen y pidiendo dinero prestado a la familia para grabar su decimotercer álbum (quizás, por fin, el que los devuelva a la gloria).
Sacha Gervasi, guionista de The Terminal y ex roadie de la banda cuando era pibe, hace su debut como director y logra, quizás, el mejor documental sobre el mundo del heavy hasta el momento. Hilarante, trágica, vergonzosa, bizarra y conmovedora, la historia de Anvil es la versión real y dramática de This is Spinal Tap y le va a sacar lagrimones hasta al metalero más duro.




2. Good Hair
Chris Rock se mete con la obsesión que tiene la población negra de Estados Unidos por alisar su cabello y descubre una millonaria industria que mueve 9.000 millones de dólares, basada en la comercialización de peligrosos productos capilares (que incluyen hidróxido de sodio, capaz de desintegrar latas de Coca-Cola en pocas horas) y la importación de pelo humano desde la India. Con mucho enjuague humorístico, Rock revela una cultura que esconde, por qué no, una nueva forma de esclavitud.



3. Capitalism: A Love Story
Michael Moore hace un crudo análisis del modelo económico de Estados Unidos a la luz de la reciente crisis financiera, mostrando la desintegración de la industria nacional en las últimas décadas; la precarización laboral, incluso en los empleos más calificados (pilotos de jets comerciales que ganan 1.500 dólares por mes, por ejemplo) y el pacto entre republicanos y demócratas para salvar a los mismos conglomerados empresariales que hundieron al país (cualquier semejanza con la Argentina es pura casualidad).
Quizás este no sea el mejor trabajo del director de Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11, pero tiene el valor de muchas imágenes testimoniales (como ver cómo los bancos echan a la gente de sus hogares cuando no pueden afrontar la hipoteca) y una opinión incendiaria: ¿A cuántos yanquis escuchaste decir que el “capitalismo es maléfico y hay que eliminarlo”?

miércoles, 17 de marzo de 2010

Misión cumplida


Peter Graves nunca me pareció un gran actor; sin embargo, para mí tuvo un rol importantísimo: desde Mission: Impossible, el programa que le dio su papel más popular, fue uno de las grandes responsables de mi fanatismo por las series televisivas.

Allí encarnó a Jim Phelps, líder de los agentes de la Impossible Missions Force, durante seis de las siete temporadas originales (entre 1966 y 1973) y luego en la irregular remake que se hizo desde 1988 a 1990. Pese a ser la figura principal, su personaje no era mi favorito (ese lugar lo tenían el genial Martin “Rollin Hand” Landau y la preciosa Barbara “Cinnamon Carter” Bain, quizás porque se trataba de la misma dupla estelar de una de mis series de sci-fi preferidas: Cosmos 1999). Pero su figura era uno de los protagonistas más importantes de mis trasnoches frente a la pantalla de Canal 9, allí donde se mezclaba la lucha de estos agentes contra regímenes dictatoriales y organizaciones criminales con las aventuras de Bodie y Doyle, de Los profesionales, y (cuando no había nada para leer o ganas de dibujar) las historias del detective Mannix (más que nada para ver los espectaculares autos que manejaba, aunque ninguno tan bueno como el Ford Capri 3.0 plateado con el que Bodie marcaba neumáticos en las calles de Londres).

En alguna medida, Graves (o Jim Phelps, como prefieran) también fue el jefe que reclutó a todos esos personajes para, en aquellos años de niñez y adolescencia, tomar por asalto mi cabeza, engañar y matar mil veces el aburrimiento y lograr, finalmente, que la TV me conquistara.
Descansá en paz, Peter: misión cumplida.