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jueves, 4 de abril de 2013
viernes, 5 de noviembre de 2010
Recoil: una hora extraordinaria
El ex Depeche Mode se presentó ayer en Niceto y sumergió a 750 personas en una función de película.
Alan Wilder lo dijo en una entrevista a Rolling Stone días atrás: "No se parece en nada a Depeche Mode, de verdad" (ver más abajo). Los que todavía no le creían ayer no lo escucharon: lo vivieron. A las 21:30 el telón de Niceto Club se corrió no para dar otro concierto, sino para rodar un recital. "Recoil: A Strange Hour", se leyó en la pantalla, y un solitario Paul Kendall tras su laptop comenzaba a hacerle la película a 750 espectadores parados en las butacas de sus oídos.
Wilder apareció y se vino el estallido. Aviones y bombas comenzaron a caer al ritmo del electro-blues de "Pray", lo que inició el recorrido multimedia a lo largo de ese imaginario de ambient, trip-hop, avant-garde e industrial que es Recoil. Pegado, "Want" encantó con la sensual perversión de las imágenes del ilustrador H. R. Giger solo para hacernos acabar en el cabaret de la lujuriosa "Drifting". La excentricidad al palo, pero ¿qué carajo está pasando?
¿Estamos visualizando un soundtrack o escuchando un film? ¿Son estos los ecos perdidos en los ojos de David Lynch? ¿O acaso somos víctimas de una placentera sesión de brainwashing? Sonido y visión fusionados en una proyección de la imaginación, Recoil es un experimento vivo de inner cinema: el ver representado como última manifestación del escuchar. Abrí los oídos y mirá.
Un micro Vélez apareció cuando Wilder tomó posesión de Depeche Mode. La belicista "The Killing Ground" entró en combate con un mix de "Never Let Me Down" y la audiencia celebró la guerra con la coreografía marca registrada de la canción: brazos arriba agitados de un lado a otro y Niceto transformado en un estadio de maíz al viento. La escalada armamentista explotó cuando apareció en escena un corrosivo "Zephyr Mix" de "In Your Room". ¿El resultado? Sudor y cenizas entre la gente y un Alan Wilder que emerge triunfante como la figura que puede hacer y deshacer a su ex banda.
"Stalker" y "Faith Healer", con las imágenes del vocalista Douglas McCarthy cual maníaco predicador de fondo, empezaban a señalar que el fin estaba cerca. Con "Shunt" llegaron los créditos, pero esta celebración negra aún tenía una escena sorpresa. "Supongo que quieren escuchar algo más de Depeche Mode", dijo Wilder para el bis y, tras la estruendosa hambruna del público, extendió la función con un cierre memorable apropiándose de dos clásicos de sus otrora compañeros. Una ¿trip-hip-hopera? versión de "Walking in my Shoes" mezclada con "Jezebel" y "Personal Jesus" intervenida y reconfigurada con "Edge to Life": un mash up realmente violador.
Fue todo. Oscura, sensual, confusa, la hora (y cuarto) extraña fue, sobre todo, extraordinaria en todos los sentidos.
The end.
Leer en Rolling Stone >>
Alan Wilder lo dijo en una entrevista a Rolling Stone días atrás: "No se parece en nada a Depeche Mode, de verdad" (ver más abajo). Los que todavía no le creían ayer no lo escucharon: lo vivieron. A las 21:30 el telón de Niceto Club se corrió no para dar otro concierto, sino para rodar un recital. "Recoil: A Strange Hour", se leyó en la pantalla, y un solitario Paul Kendall tras su laptop comenzaba a hacerle la película a 750 espectadores parados en las butacas de sus oídos.
Wilder apareció y se vino el estallido. Aviones y bombas comenzaron a caer al ritmo del electro-blues de "Pray", lo que inició el recorrido multimedia a lo largo de ese imaginario de ambient, trip-hop, avant-garde e industrial que es Recoil. Pegado, "Want" encantó con la sensual perversión de las imágenes del ilustrador H. R. Giger solo para hacernos acabar en el cabaret de la lujuriosa "Drifting". La excentricidad al palo, pero ¿qué carajo está pasando?
¿Estamos visualizando un soundtrack o escuchando un film? ¿Son estos los ecos perdidos en los ojos de David Lynch? ¿O acaso somos víctimas de una placentera sesión de brainwashing? Sonido y visión fusionados en una proyección de la imaginación, Recoil es un experimento vivo de inner cinema: el ver representado como última manifestación del escuchar. Abrí los oídos y mirá.
Un micro Vélez apareció cuando Wilder tomó posesión de Depeche Mode. La belicista "The Killing Ground" entró en combate con un mix de "Never Let Me Down" y la audiencia celebró la guerra con la coreografía marca registrada de la canción: brazos arriba agitados de un lado a otro y Niceto transformado en un estadio de maíz al viento. La escalada armamentista explotó cuando apareció en escena un corrosivo "Zephyr Mix" de "In Your Room". ¿El resultado? Sudor y cenizas entre la gente y un Alan Wilder que emerge triunfante como la figura que puede hacer y deshacer a su ex banda.
"Stalker" y "Faith Healer", con las imágenes del vocalista Douglas McCarthy cual maníaco predicador de fondo, empezaban a señalar que el fin estaba cerca. Con "Shunt" llegaron los créditos, pero esta celebración negra aún tenía una escena sorpresa. "Supongo que quieren escuchar algo más de Depeche Mode", dijo Wilder para el bis y, tras la estruendosa hambruna del público, extendió la función con un cierre memorable apropiándose de dos clásicos de sus otrora compañeros. Una ¿trip-hip-hopera? versión de "Walking in my Shoes" mezclada con "Jezebel" y "Personal Jesus" intervenida y reconfigurada con "Edge to Life": un mash up realmente violador.
Fue todo. Oscura, sensual, confusa, la hora (y cuarto) extraña fue, sobre todo, extraordinaria en todos los sentidos.
The end.
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viernes, 8 de octubre de 2010
Entrevista con Alan Wilder, ex Depeche Mode
El responsable de delinear el sonido de la banda de Gahan y Gore, presentará en Buenos Aires y Rosario su ¿colectivo multimedia? denominado Recoil. ¿Qué es? Él mismo lo aclara: "No se parece en nada a Depeche".
Durante una década y media, Alan Wilder fue el responsable de delinear el sonido de Depeche Mode, la persona que dio forma y sustancia a las composiciones de Martin Gore. Hasta que en junio de 1995 se pudrió. Cansado tras la conflictiva grabación de Songs of Faith and Devotion
(con el vocalista Dave Gahan que comenzaba a hundirse en las drogas), extenuado luego de una larga y desgastante gira, y harto de los tironeos y la mecánica laboral de una banda que le daba mucho trabajo y poco reconocimiento, dijo adiós por carta y se fue con la música a otra parte.
Al poco tiempo, reactivó su proyecto Recoil, un imaginario sonoro que cruza el trip-hop, el blues, la música para películas y la electrónica experimental y que cuenta con diversos invitados, como las voces de Diamanda Galas, McCarthy (Nitzer Ebb), Toni Halliday (Curve), Nicole Blackman y el productor Paul Kendall. Este será su compañero sobre el escenario el 4 y 5 de noviembre, cuando Wilder se presente en Buenos Aires y Rosario, respectivamente, en el marco del tour mundial promocional de su último álbum, Selected, una recopilación de canciones de sus seis discos de estudio, pero reelaboradas y puestas al día.
Si tuvieses que explicar qué es Recoil, ¿qué dirías?
Por lo general, me la paso buscando los adjetivos correctos y quedo como un reverendo idiota. Entonces, sigo con un "No se parece en nada a Depeche Mode, ¡de verdad!". Al final, se me ocurre algo pretencioso como "ah, es una especie de paisaje sonoro fílmico avant garde" o alguna estupidez por el estilo.
Es difícil encontrar influencias recientes en tu trabajo, especialmente en los últimos dos discos, pero sí hay mucho del blues antiguo, la música clásica y de películas. ¿Qué estás escuchando actualmente y qué cosas del presente y del pasado te inspiran?
Siempre me gustaron músicas distintas, de diferentes épocas; principalmente cosas viejas. Algunos de mis favoritos, viejos y actuales, son U.N.K.L.E., Radiohead, David Bowie, Roxy Music, Elbow, Massive Attack, Morrissey, The Who y Goldfrapp. Mis últimas compras incluyen cosas de Gill Scott Heron, John Foxx, Architect, Boards of Canada, Johnny Cash, Howlin' Wolf y Grinderman. También escucho muchas bandas de sonido, algunas de las cuales me sirven de inspiración.
Estuviste en Argentina en 1994 en tu último tour con Depeche Mode. ¿Tenés algún recuerdo de aquella visita?
La verdad es que no tengo ninguna anécdota para contar. Solo sé que es un lugar hermoso y estar ahí fue una experiencia agradable. Los shows de DM en Sudamérica fueron siempre fantásticos, con un público muy entusiasta.
Esta es la primera vez que salís de gira desde entonces. ¿Con qué show se van a encontrar los fans? En el tour europeo se pudo ver una fuerte puesta multimedia...
Las presentaciones son más instalaciones artísticas que shows de una banda. Paul (Kendall) y yo simplemente llevamos lo que hicimos en el estudio al entorno en vivo, en el que agregamos efectos espontáneos y partes extras a una base ya preparada. La música está compuesta por secciones tomadas y editadas de remixes de Recoil y versiones alternativas, que se combinaron de manera tal que el resultado fuera reconocible como Recoil, pero que no necesariamente sonara como las versiones de estudio.
Tenemos cierta flexibilidad para adaptar el sonido a cada lugar, pero también estamos atados a un film continuo que acompaña todo. Los primeros tres meses del año los pasé colaborando con cuatro directores para este proyecto usando un servidor central al cual podíamos cargar nuestro trabajo en progreso. Desde la primera parte de la gira, adapté algunos elementos del show, cambié la música un poco y pusimos a los directores a trabajar también, así que va a haber un par de sorpresas...
Dejaste Depeche hace ya 15 años. ¿Qué cambió en tu forma de trabajar y qué aprendiste como músico en este tiempo?
Obviamente, gané una vasta experiencia desde mi época en el grupo, particularmente al trabajar con gente como Daniel Miller, Gareth Jones y Flood. Mi modo de trabajar no cambió mucho desde que hicimos Songs of Faith and Devotion, para el cual refiné una metodología y logré el equilibrio justo entre performance humana y electrónica. Ahora sé de qué manera quiero hacer discos y me temo que, actualmente, implica un alto grado de autonomía.
Aprendí que, al hacer música, puede ser liberador no tener que someter cada decisión a votación, pero también puede ser bastante duro trabajar solo, sin nadie cerca para saber qué opina. También tuve que aprender a confiar en mis instintos y a creer en mi propia perspectiva. Puede ser algo arrogante (y el peligro es que podés volverte indulgente con vos mismo), así que me vi obligado a imponer mi propia disciplina a todo el proceso.
Resulta extraño que, con tu experiencia y perfil, no hayas trabajado como productor más allá de ocasionales remixes y colaboraciones que hiciste para algunos artistas. ¿Por qué?
Me pidieron muchas veces que produjera, pero es algo que no me entusiasma demasiado; principalmente, porque en ese trabajo hay muchísimos elementos que no necesariamente se centran en la creación de música. Producir a otro grupo, por lo general, implica actuar como mediador en su política interna, ¡a veces incluso como asesor conyugal o psicoanalista! Era de eso de lo que quería librarme cuando opté por dejar de ser miembro de una banda. Habiendo dicho esto, voy a seguir escuchando ofertas y, si aparece el trabajo indicado, estaría abierto a la idea. Debería ser algo que me interesara explorar especialmente.
Los fans de Depeche tuvieron una gran sorpresa este año cuando te reuniste con la banda en el escenario del Royal Albert Hall, y ahora Martin Gore va a ser DJ en uno de tus recitales en California. ¿Cuál es tu relación con ellos hoy?
Sigo en contacto con Dave, sobre todo por e-mail o mensajes de texto. No tuve mucha comunicación con Martin o Fletch (Andrew Fletcher) desde 1995, pero estuvo bueno encontrarnos en nuestra reciente reunión. Estoy ansioso por ver de nuevo a Martin en California para la gira de Recoil.
¿Sos conciente de que gran parte del público y la crítica dice que hay un período pre y post Wilder en la música de Depeche y que se extraña tu presencia en sus últimos trabajos?
Eso es algo que me honra y halaga. Desde mi punto de vista, las canciones de Martin merecían más que un tratamiento pop descartable, aun cuando el sonido de DM fuese fresco y diferente en las primeras épocas "puramente electrónicas". Mi objetivo era endurecer el sonido, erradicar algunas de las reglas restrictivas (como nada de guitarras, nada de músicos extras) y tratar de darle más profundidad. Quería desesperadamente que la banda fuese tomada en serio y durante mucho tiempo eso no pasó. Con los años y con la ayuda de Daniel (Miller), Flood y otros, el sonido evolucionó y siento que estuvo en su punto más interesante desde Black Celebration hasta Songs Of Faith And Devotion.
¿Te pasó por la cabeza la idea de volver? ¿No sentiste la necesidad de llamarlos y decirles: "Chicos, los extraño"?
No me sentí abrumando de deseo, je, je. Pero, claro, hay aspectos de esa vida que extraño y hay algunos de los cuales todavía puedo prescindir.
¿Tampoco sentiste la tentación de llamarlos y decirles: Ey, muchachos, ¡por favor, consigan un mejor productor para sus discos!?
Ja, ja, ja...
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(con el vocalista Dave Gahan que comenzaba a hundirse en las drogas), extenuado luego de una larga y desgastante gira, y harto de los tironeos y la mecánica laboral de una banda que le daba mucho trabajo y poco reconocimiento, dijo adiós por carta y se fue con la música a otra parte.
Al poco tiempo, reactivó su proyecto Recoil, un imaginario sonoro que cruza el trip-hop, el blues, la música para películas y la electrónica experimental y que cuenta con diversos invitados, como las voces de Diamanda Galas, McCarthy (Nitzer Ebb), Toni Halliday (Curve), Nicole Blackman y el productor Paul Kendall. Este será su compañero sobre el escenario el 4 y 5 de noviembre, cuando Wilder se presente en Buenos Aires y Rosario, respectivamente, en el marco del tour mundial promocional de su último álbum, Selected, una recopilación de canciones de sus seis discos de estudio, pero reelaboradas y puestas al día.
Si tuvieses que explicar qué es Recoil, ¿qué dirías?
Por lo general, me la paso buscando los adjetivos correctos y quedo como un reverendo idiota. Entonces, sigo con un "No se parece en nada a Depeche Mode, ¡de verdad!". Al final, se me ocurre algo pretencioso como "ah, es una especie de paisaje sonoro fílmico avant garde" o alguna estupidez por el estilo.
Es difícil encontrar influencias recientes en tu trabajo, especialmente en los últimos dos discos, pero sí hay mucho del blues antiguo, la música clásica y de películas. ¿Qué estás escuchando actualmente y qué cosas del presente y del pasado te inspiran?
Siempre me gustaron músicas distintas, de diferentes épocas; principalmente cosas viejas. Algunos de mis favoritos, viejos y actuales, son U.N.K.L.E., Radiohead, David Bowie, Roxy Music, Elbow, Massive Attack, Morrissey, The Who y Goldfrapp. Mis últimas compras incluyen cosas de Gill Scott Heron, John Foxx, Architect, Boards of Canada, Johnny Cash, Howlin' Wolf y Grinderman. También escucho muchas bandas de sonido, algunas de las cuales me sirven de inspiración.
Estuviste en Argentina en 1994 en tu último tour con Depeche Mode. ¿Tenés algún recuerdo de aquella visita?
La verdad es que no tengo ninguna anécdota para contar. Solo sé que es un lugar hermoso y estar ahí fue una experiencia agradable. Los shows de DM en Sudamérica fueron siempre fantásticos, con un público muy entusiasta.
Esta es la primera vez que salís de gira desde entonces. ¿Con qué show se van a encontrar los fans? En el tour europeo se pudo ver una fuerte puesta multimedia...
Las presentaciones son más instalaciones artísticas que shows de una banda. Paul (Kendall) y yo simplemente llevamos lo que hicimos en el estudio al entorno en vivo, en el que agregamos efectos espontáneos y partes extras a una base ya preparada. La música está compuesta por secciones tomadas y editadas de remixes de Recoil y versiones alternativas, que se combinaron de manera tal que el resultado fuera reconocible como Recoil, pero que no necesariamente sonara como las versiones de estudio.
Tenemos cierta flexibilidad para adaptar el sonido a cada lugar, pero también estamos atados a un film continuo que acompaña todo. Los primeros tres meses del año los pasé colaborando con cuatro directores para este proyecto usando un servidor central al cual podíamos cargar nuestro trabajo en progreso. Desde la primera parte de la gira, adapté algunos elementos del show, cambié la música un poco y pusimos a los directores a trabajar también, así que va a haber un par de sorpresas...
Dejaste Depeche hace ya 15 años. ¿Qué cambió en tu forma de trabajar y qué aprendiste como músico en este tiempo?
Obviamente, gané una vasta experiencia desde mi época en el grupo, particularmente al trabajar con gente como Daniel Miller, Gareth Jones y Flood. Mi modo de trabajar no cambió mucho desde que hicimos Songs of Faith and Devotion, para el cual refiné una metodología y logré el equilibrio justo entre performance humana y electrónica. Ahora sé de qué manera quiero hacer discos y me temo que, actualmente, implica un alto grado de autonomía.
Aprendí que, al hacer música, puede ser liberador no tener que someter cada decisión a votación, pero también puede ser bastante duro trabajar solo, sin nadie cerca para saber qué opina. También tuve que aprender a confiar en mis instintos y a creer en mi propia perspectiva. Puede ser algo arrogante (y el peligro es que podés volverte indulgente con vos mismo), así que me vi obligado a imponer mi propia disciplina a todo el proceso.
Resulta extraño que, con tu experiencia y perfil, no hayas trabajado como productor más allá de ocasionales remixes y colaboraciones que hiciste para algunos artistas. ¿Por qué?
Me pidieron muchas veces que produjera, pero es algo que no me entusiasma demasiado; principalmente, porque en ese trabajo hay muchísimos elementos que no necesariamente se centran en la creación de música. Producir a otro grupo, por lo general, implica actuar como mediador en su política interna, ¡a veces incluso como asesor conyugal o psicoanalista! Era de eso de lo que quería librarme cuando opté por dejar de ser miembro de una banda. Habiendo dicho esto, voy a seguir escuchando ofertas y, si aparece el trabajo indicado, estaría abierto a la idea. Debería ser algo que me interesara explorar especialmente.
Los fans de Depeche tuvieron una gran sorpresa este año cuando te reuniste con la banda en el escenario del Royal Albert Hall, y ahora Martin Gore va a ser DJ en uno de tus recitales en California. ¿Cuál es tu relación con ellos hoy?
Sigo en contacto con Dave, sobre todo por e-mail o mensajes de texto. No tuve mucha comunicación con Martin o Fletch (Andrew Fletcher) desde 1995, pero estuvo bueno encontrarnos en nuestra reciente reunión. Estoy ansioso por ver de nuevo a Martin en California para la gira de Recoil.
¿Sos conciente de que gran parte del público y la crítica dice que hay un período pre y post Wilder en la música de Depeche y que se extraña tu presencia en sus últimos trabajos?
Eso es algo que me honra y halaga. Desde mi punto de vista, las canciones de Martin merecían más que un tratamiento pop descartable, aun cuando el sonido de DM fuese fresco y diferente en las primeras épocas "puramente electrónicas". Mi objetivo era endurecer el sonido, erradicar algunas de las reglas restrictivas (como nada de guitarras, nada de músicos extras) y tratar de darle más profundidad. Quería desesperadamente que la banda fuese tomada en serio y durante mucho tiempo eso no pasó. Con los años y con la ayuda de Daniel (Miller), Flood y otros, el sonido evolucionó y siento que estuvo en su punto más interesante desde Black Celebration hasta Songs Of Faith And Devotion.
¿Te pasó por la cabeza la idea de volver? ¿No sentiste la necesidad de llamarlos y decirles: "Chicos, los extraño"?
No me sentí abrumando de deseo, je, je. Pero, claro, hay aspectos de esa vida que extraño y hay algunos de los cuales todavía puedo prescindir.
¿Tampoco sentiste la tentación de llamarlos y decirles: Ey, muchachos, ¡por favor, consigan un mejor productor para sus discos!?
Ja, ja, ja...
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