lunes, 28 de septiembre de 2015

Entrevista a Tarja: la dama de hierro

La diosa nórdica del metal habla de todo: sus dos nuevos discos, el próximo show en Buenos Aires, la política argentina, Gustavo Cerati, su relación con Nightwish y aquella famosa visita a Animales sueltos.



Hay tres cosas fundamentales que la humanidad le debe a Finlandia: el Nokia 1100, los Angry Birds y la maravillosa voz de Tarja Turunen. Cada vez que la reina del hielo abre sus labios, derrite hasta los corazones más duros del metal.
Niña con una garganta prodigiosa y formación en la música clásica, se convirtió en un ícono del metal sinfónico como vocalista de Nightwish, con quien compartió una década de ruta. Luego de una conflictiva separación, a finales de 2005, Tarja inició una carrera solista que ya lleva cuatro exitosos álbumes de estudio.

En pareja con el empresario y manager argentino Marcelo Cabuli desde hace 15 años, la vocalista se radicó en Buenos Aires, donde formó una familia y se convirtió en una habitué de los principales escenarios nacionales. Justamente será en nuestro país donde cerrará, el próximo 14 de noviembre en el Estadio Malvinas Argentinas, su gira «Colours in the Road», que desde hace más de dos años la tiene dando vueltas por Europa y Latinoamérica. «Estoy feliz. Cuando terminemos el tour, habremos dado 110 conciertos en 32 países, muchos de los cuales nunca había visitado antes. Será un placer volver a la Argentina y divertirme con la banda Asspera. Estamos planeando algo muy especial para la noche en el Malvinas, así que prepárense para pasarla bomba y rockear con nosotros como nunca», le promete a Generación B.

Pero no es la única novedad en su completa agenda. Tarja acaba de lanzar Ave Maria – En Plein Air, su primer álbum de música clásica, donde interpreta doce versiones del tradicional rezo a la Virgen María de distintos autores, entre ellos, Paolo Tosti, David Popper, Astor Piazzolla y Johann Sebastian Bach, además de componer su propia versión. «Hacía mucho tiempo que quería hacer un disco clásico, pero nunca tenía ni el tiempo ni la oportunidad para hacerlo bien —cuenta—. Ese género fue mi primer amor desde que era chiquita. Y trabajé un montón para transformarme en una cantante lírica aceptada, porque me hice conocida por el heavy metal. Espero que este disco me ayude un poco en ese aspecto».

¿Qué te atrajo del rezo como para hacer este trabajo? ¿Fue un vínculo religioso o solo interés musical?
Lo hice simplemente por un motivo personal. La idea de grabar este disco surgió hace varios años con la ayuda y el apoyo del organista Kalevi Kiviniemi, que viene trabajando conmigo durante muchos años. Él me sugirió hacerlo porque le gustaba cuando cantaba el Ave María en mis conciertos clásicos.
Creo que mi voz suena como nunca en la música de cámara, y ese es el estilo que más estudié como cantante. A lo largo de los años, casi siempre incluí versiones del Ave María en mis tradicionales conciertos navideños por Europa. Entonces, hace unos años, decidí escribir una para la gira, y ahora la incluyo en este álbum.

El proceso de grabación fue muy particular: en la iglesia de Lakeuden Risti, en Finlandia, en vivo y sin retoques de estudio…
Sí. Primero, el ambiente de la iglesia es muy diferente al de un estudio. Todos los músicos interpretaron las canciones conmigo sin público y, después, elegimos las mejores tomas. Así que lo que escuchás en el disco es el sonido puro y tal cual como sonaba en la iglesia durante las sesiones.
Tomó meses empezar a grabar. Tuve que hacer una profunda investigación antes de encontrar las piezas que quería incluir en el álbum. Además, necesité prepararme muy cuidadosamente con mi entrenador de canto para seguir y respetar el estilo de la composición. Tuvimos que pedir permiso al párroco y al vicario de la iglesia y reservar las fechas por anticipado. Me llevó mucho tiempo ensayar las canciones, pero la grabación se hizo en solo tres días.

En varios conciertos has homenajeado a Gustavo Cerati. ¿Cómo conociste su música y qué representa para vos?
Conozco el rock argentino por mi marido, que tiene todos los discos de Soda Stereo y de Cerati, y a mí me gustan mucho. Al principio de mi relación con el país, ni siquiera entendía las letras de las canciones, pero no me importaba en absoluto: la música me hablaba. Gustavo fue un músico muy talentoso que, con su arte, entregó mucha alegría a la vida de la gente, y eso jamás cambiará.

Si bien estás radicada en Buenos Aires, te la pasás viajando durante el año por todo el mundo. Cuando estás afuera: ¿qué cosas extrañás de la Argentina y qué otras te parecen una locura o un absurdo que solo puede ocurrir acá?
¡Extraño la carne: no puedo encontrar una parrilla decente en ningún otro lado! Y, claro, extraño mi casa y a mis amigos un montón. Pero debo sincera y decir que realmente odio la corrupción y la política en la Argentina. Ese tema está que arde en el país, y prefiero ni leer las noticias porque están llenas de negatividad. Realmente, espero un futuro más claro para un país que amo tan profundamente.
Creo que uno de los momentos de la TV más extraños y brillantes del año pasado fue tu presencia en Animales sueltos, con Alejandro Fantino. ¿Cómo fue que se dio eso?
¡Me invitaron el mismo día en que salía al aire! Estaba un poquito en pánico porque nunca había visto el programa y no sabía qué podía pasar. De todas formas, me divertí mucho y todos me trataron con mucho respeto. Espero tener otra oportunidad de charlar con Alejandro, pero cara a cara. Hace un gran programa y es muy bueno haciendo entrevistas en profundidad. Quizás, algún día, ir a tocar algo y hablar de la vida.

El año que viene sacás otro álbum: ¿qué nos podés adelantar?
En este momento lo estamos mezclando con Tim Palmer [Pearl Jam, Robert Plant, Ozzy Osbourne], quien ya trabajó conmigo en mis discos anteriores. El próximo álbum tiene los mismos elementos que ya conocés, y continué el desarrollo natural de Colours in the Dark. Con ese disco, encontré mi sonido y, con este, intenté mejorarlo y hacerlo más definido usando diferentes instrumentaciones y arreglos.
Creo que los fans se van a volver a sorprender con algunas cositas nuevas del disco, que siempre intento hacerles solo para molestarlos, ja, ja. Siento que es el mejor trabajo que hice hasta el momento en mi carrera, pero dejaré que la gente lo juzgue. Se va a lanzar a mediados del año que viene, y espero que lo disfruten.

Ya pasaron diez años de tu alejamiento de Nightwish. Ahora, a la distancia: ¿cuáles son los sentimientos hacia la banda y esa etapa de tu vida?
Mis sentimientos hacia los miembros y la organización no han cambiado con los años, salvo que ya no necesito pensar en ellos todos los días. No estoy interesada en ver qué es lo que estuvieron haciendo desde que dejamos de trabajar juntos. Me siento bendecida de poder trabajar por mi cuenta, de crear mi arte y tener gente me apoye en mi carrera. Quiero estar feliz y sana. Gracias a Dios, ahora puedo estar así.

Nightwish va tocar en los próximos días en Buenos Aires, en el Luna Park. Supongamos que te invitan: ¿Los irías a ver?
Lo lamento tanto, estoy en Europa, ja, ja, ja.








jueves, 24 de septiembre de 2015

Diez series basadas en películas

Por el estreno de Minority Report, repasamos filmes que saltaron a la pantalla chica.



M*A*S*H (1972)
La gran sátira sobre la Guerra de Corea del director Robert Altman fue un éxito en 1970 (tuvo cinco nominaciones al Oscar y se quedó con uno al mejor guión adaptado). Dos años más tarde, se convirtió en un suceso televisivo que duró once temporadas y batió records de audiencia. Acidez, humor negro y, cómo olvidarlo, el clásico “Suicide isPainless”


Highlander (1992)
¿Te acordás de Christopher Lambert rebanando cabezas para ganarse la mortalidad al son de Queen? Su adaptación a la TV, con Adrian Paul como protagonista miembro del Clan MacLeod, no tuvo tanta épica y rock, pero fue un éxito que se mantuvo durante seis temporadas. Una especie de magia…


Las aventuras del joven Indiana Jones (1992)
Creada y producida por George Lucas, seguía las peripecias de un joven Indy por exóticos escenarios y encuentros con figuras históricas, desde Leo Tolstoy y Charles de Gaulle hasta Pablo Picasso, Louis Armstrong y Sigmund Freud, interpretados por un enorme elenco de estrellas. Daniel Crag, Catherine Zeta-Jones, Christopher Lee, Max von Sydow, Elizabeth Hurley y Vanessa Redgrave son algunos de los nombres rutilantes que participaron de esta serie que, por su enorme presupuesto y baja recepción, se canceló tras solo 24 episodios.


Buffy, la cazavampiros (1997)
Sí, todos amamos ahora a Joss Whedon, pero pocos recuerdan que las exitosas aventuras de nuestra cazadora favorita se basan en un flojísimo film que lo tuvo como guionista, protagonizado por Kristy Swanson en el rol que, más tarde, haría famosa a Sarah Michelle Gellar. En la TV, fue un hit: siete temporadas, un spin-off exitoso (Angel, que duró cinco años) y hasta cómics, novelas y videojuegos.

La femme Nikita (1997)
Hubo dos adaptaciones de la perfecta asesina creada por Luc Besson. La primera con Petra Wilson, que se estiró por cinco años, y otra en 2010, con el protagonismo de Maggie Q. ¿Cuál es tu femme fatale favorita?


Stargate SG1 (1997)
¿Quién iba a pensar en 1994 que la fábula de dioses egipcios y aliens de Robert Emmerich (¡con James Spader con pelo!) iba a darnos una de las franquicias de ciencia ficción más exitosas de la TV? La serie duró una década y despegó la carrera de Richard Dean Anderson de la sombra de MacGyver. Además, tuvo dos desprendimientos: Stargate Atlantis (2004-2009) y Stargate Universe (2009-2011). Al infinito y más allá.


Terminator: las crónicas de Sarah Connor (2008)
El universo creado por las películas de James Cameron se expandió a la TV con esta serie que duró apenas dos temporadas, pero nos entregó buenos momentos de apocalipsis cibernético. Con Lena Headey como una jodida Sarah Connor y Shirley Manson, vocalista de Garbage, como el más sensual y peligroso Terminator que ha dado la saga hasta el momento.

Fargo (2014)
No eran muchos los que le tenían fe a la adaptación del famoso film de los hermanos Cohen, que terminó sorprendiendo por su gran factura y el altísimo nivel de sus interpretaciones (mención especial para Billy Bob Thornton, verdadero villano favorito que se llevó un Golden Globe como el asesino Lorne Malvo). En pocos días comienza su segunda temporada, con una nueva historia situada en 1979.

From Dusk till Dawn (2014)
El director Robert Rodríguez lanzó El Rey, una señal de TV orientada al público latino de Estados Unidos, cuyo producto estrella es una adaptación de su comedia negra sobrenatural de 1996, que tuvo a George Clooney y Quentin Tarantino como los perturbados hermanos Gecko. Sus reemplazantes, D.J. Cotrona y Zane Holtz, no ofrecen la misma química, pero sí lo necesario como para garantizar una segunda temporada de vampiros, tequilas y señoritas pulposas.


Minority Report (2015)
La serie se sitúa diez años después de los sucesos de la película. PreCrimen, la división policial que apresaba a las personas antes de que cometieran el delito, ya no existe. Y los tres “precogs” capaces de vaticinar crímenes viven una vida “normal” en libertad. Pero uno de ellos, Dash (Stark Sands, de Inside Llewyn Davis), atormentado por sus visiones, regresa para ayudar a una detective (Meagan Good, de Californication) a resolver casos imposibles.
Tiene acción, humor y un tono más liviano que el film de Steven Spielberg, pero conserva su estética sci-fi de anticipación (mucho gadget loco que, seguro, será realidad pronto). El piloto entusiasma y, aunque no podemos ver el futuro, auguramos una buena temporada. Todos los martes, a las 22, por FOX.




lunes, 21 de septiembre de 2015

Entrevista a Albert Hammond Jr: Hard to Explain

El guitarrista de The Strokes está harto de la banda y grabó un disco solo.



No se sabe qué será de la vida The Strokes, pero hay algo seguro: Albert Hammond Jr. está harto. Harto de la indefinición de sus compañeros que, muy entretenidos con sus proyectos, ponen a la banda entre interrogantes. Pero, sobre todo, podrido de que le pregunten por el futuro del quinteto. “También es incierto para mí. No tengo respuestas y no me estoy guardando nada: solo que no sé qué decir al respecto. No estoy acá para hablar mal de los demás y no me parece necesario discutir con la prensa estos temas. Somos una banda de rock, las bandas tienen sus dramas, te guste o no. A mí ya me importa un carajo”, espeta, serruchado entre dientes.

Si uno intenta profundizar en las razones de esta crisis, se corre el riesgo de que el guitarrista diga “no quiero seguir hablando, chau” y te corte (lo que, efectivamente, ocurrió). Para otro momento quedaron las preguntas sobre su conexión argentina: su madre es la exmodelo Claudia Fernández, Miss 7 Días en los años 70, y el músico pasó algún tiempo aquí durante su infancia.
Pero, más allá de las calenturas y frustraciones, la cuestión de fondo es que Albert tiene muchas ganas de hacer música. Y, como sus amigos están en otra, puso todas las energías en Momentary Masters, su nuevo y tercer disco solista que, por el momento, pone los problemas de The Strokes al costado.

El músico tuvo preocupaciones más importantes en los últimos años, como una adicción que lo llevó a gastar unos 2.000 dólares por día en cocaína, heroína y ketamina, de la que le costó recuperarse. “Siempre hay formas diferentes de lo que se llama tocar fondo —revela—.  Creo que uno solo trata de recordar qué es la vida y, con el tiempo, te das cuenta de que eso no lo es”.

Rehabilitado y sobrio, lanzó en un excelente EP (AHJ, de 2013), que lo puso en la senda productiva hacia este nuevo álbum que suena enérgico y positivo. “La estoy pasando bien. Y esa onda proviene del entusiasmo genuino por armar el disco, por hacer los arreglos de las canciones por primera vez en el estudio, y no como en los demos. Además, en los últimos años estuve buscando hacer música con cierta sensación. No tanto enfocado en el sonido, sino en el sentimiento. Y eso encuentro en el álbum”, dice.

En Momentary Masters (título que surge de una reflexión existencialista escrita por Carl Sagan en su libro Un punto azul pálido, de 1994) se destacan los cortes “Born Slippy”, “Losing Touch” y una versión de “Don't Think Twice, It's All Right”, de Bob Dylan.Un amigo mío convocó a varios músicos para hacer a beneficio un tributo a Dylan en Dublín, donde ya habían hecho algo así sobre los Stones, Bowie y Tom Petty. Ensayé ese tema y, cuando terminé, me entusiasmé. Decidí ponerla en el medio del disco, como para dividirlo, y creo que hace que las últimas cuatro canciones del álbum suenen mejor”, cuenta.


¿Podrá ese ánimo contagiar la vuelta al estudio de una de las primeras grandes bandas del siglo xxi? “Es un lindo elogio cuando la gente dice algo como eso —responde—. Pero no creo que sea así, ni me haría bien pensarlo. Es algo que viví y que estoy disfrutando, pero yo siempre estoy concentrado en lo que sea que esté haciendo en el momento”. 



Leer en GeneraciónB.com >>

lunes, 14 de septiembre de 2015

Entrevista a Camouflage: ¡DALE BOLUDO!

Hablamos con Marcus Meyn, vocalista del trío alemán, antes de su nueva visita a Buenos Aires.



Entre los agradecimientos que pueden leerse en los créditos de Greyscale, el nuevo y muy buen álbum de Camouflage, Marcus Meyn escribe: «Last but not least: DALE BOLUDO!». ¿De dónde sale esa argentinidad al palo entre el frío electrónico teutón? «Una vez un tipo en Bogotá me dijo que, si tocábamos en Buenos Aires, tenía que decir eso. Y la siguiente vez que fuimos probé y tenía razón: ¡la gente se volvió loca! Desde entonces, esa en mi frase argentina de batalla», explica el cantante.

Los alemanes tendrán una nueva oportunidad de arengar a los hinchas locales del synth-pop el próximo 16 de septiembre, en Niceto Club, cuando lleguen por cuarta vez a nuestro país, ahora para presentar este octavo disco que los encuentra más melancólicos y relajados. «No sabemos por qué salió así. No hubo una inspiración concreta, porque la vida ya es suficiente estimulante de por sí. Creo que fue la forma en que nos sentíamos cuando escribimos las canciones —comenta—. Es muy raro cómo componemos. Usualmente, cada miembro escribe por su cuenta y los demás luego suman ideas».

Greyscale viene precedido del optimista single «Shine» e incluye «Count on Me», un dueto con Peter Heppner, una de las voces más emblemáticas y queridas por los fans del tecno pop germano. «Cuando celebramos nuestro trigésimo aniversario, en 2014, le pedimos que se sumara a un show para hacer un sueño realidad: cantar con nosotros “That Smiling Face”. Cuando tocamos, surgió la idea de hacer una nueva canción juntos, y así comenzamos a trabajar», revela Meyn.

A casi tres décadas también quedó el Camouflage más recordado, el de clásicos ochentosos como «The Great Commandment» y «Love is a Shield». ¿Qué se siente ser una banda constantemente asociada a esa década? «Está bien y, al mismo tiempo, es triste, porque hacemos discos continuamente desde hace 30 años —responde—. Pero artistas como The Killers y Hurts nos han citado como influencias, y la verdad que es genial escuchar eso».




Leer en GeneraciónB.com >>

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Entrevista a Paul Smith, de Maxïmo Park

El vocalista inglés habló sobre su nuevo disco solista y banca a Messi.




“Me agarrás en un buen momento de mi decadente carrera futbolística”, dice, contento porque ayer a la noche participó en todos los goles de la victoria 4 a 1 de su equipo. Pero más que por ser un aguerrido delantero de la liga amateur inglesa, Paul Smith es conocido por ser el vocalista de Maxïmo Park. El quinteto surgido en Newcastle fue una de las revelaciones de la escena británica hace una década, con su power pop y punk trajeado, digno para poguear entre oficinistas. Sus dos primeros álbumes (A Certain Trigger y Our Earthly Pleasures) fueron aclamados por crítica y público y terminaron entre los nominados al Mercury Prize.

El año pasado editaron el recomendable Too Much Information y ahora planean una gira para celebrar el décimo aniversario de su álbum debut. Así todo, Smith encontró espacio para lanzar su segundo trabajo en solitario (acompañado por la banda The Intimations), titulado Contradictions. “Traté de capturar en canciones pop un estado de ánimo ensoñador —cuenta el cantante a Generación B—. Hay un poco de nostalgia en las canciones, pero quise hacer un álbum positivo y movido que trajera el pasado al presente. Comparte cierta sensibilidad romántica con otras letras que escribí, pero creo que es aún más personal”.

¿Te costó dar el paso como solista? ¿Hubo momentos en que te diste vuelta y preguntaste “ey, donde están los muchachos”?
Me puso un poco nervioso porque tomé todas las decisiones y, si a la gente no le gusta, no tengo nadie quien me apoye. Dicho esto, las otras personas en el álbum son grandes músicos y se quedaron conmigo los últimos cuatro años, desde mi primer disco solista. Va a ser genial salir y divertirme tocando las canciones con ellos. Por otra parte, es fácil porque no tengo que ser democrático y puedo tocar la guitarra y cantar sin ser juzgado por los otros miembros de Maxïmo Park. Es otro sonido y, si no hiciera discos por mi cuenta, me frustraría porque no sería capaz de escribir las canciones de Contradictions.

¿Cómo y cuándo te vinculaste con la música y empezaste a componer?
Empecé a tocar la guitarra con mis amigos en la escuela de arte de Hartlepool. Estábamos inspirados por bandas instrumentales y artistas folk. Cada uno traía sus ideas para practicar y ver si las podíamos juntar de manera melódica. ¡Cuando empezamos solo hacíamos ruido! Como era una banda instrumental, me sorprendió cuando Maxïmo Park me pregunto si quería estar con ellos. Pensaron que sería un buen frontman, y resulta que podía cantar afinado. Así es como empecé a escribir letras. Los temas que más me caben son las cuestiones personales y emocionales, y sigo manteniendo ese enfoque hoy.

Siempre se mencionan a Morrissey y Jarvis Cocker como tus influencias. Pero, ¿son referentes tuyos? ¿Te joden esas comparaciones?
No, la verdad que para nada. La gente necesita algo con que compararte, y esos artistas son muy respetados, así que ¡podría ser peor, je! Cuando era adolescente, los Smiths eran todo para mí, y siempre quise escribir sobre la vida cotidiana con sentimiento e ingenio, lo cual en parte deriva de esa etapa de mi vida. Pero podrías decir lo mismo de Prefab Sprout, The Go-Betweens o Tindersticks, que también me gustaban cuando era pibe. Creo que el tema con Jarvis Cocker viene por ciertas similitudes líricas y porque ambos vestimos traje y nos movemos mucho sobre el escenario. Pero si me ves en vivo, notarás que soy muy diferente.

Anunciaron un tour para celebrar los diez años de A Certain Trigger. ¿Cómo fue reencontrarse con esas canciones y qué balance hacés de Maxïmo Park en esta década?
Nunca las dejamos de lado, sino que las vamos rotando de gira en gira, con lo cual hay muchas que hace años que no tocamos. ¡Todavía no empezamos a ensayar, así que te aviso pronto qué tal nos va, je! Creo que hemos sido una banda muy consistente y dejamos todo en cada concierto. Lo que hacemos no les podrá gustar a todos, pero estoy muy orgulloso de nuestra música.

Fueron una de las primeras bandas de rock en firmar con Warp, un sello de culto de la electrónica. ¿Cómo se dio esa extraña junta?
Lanzamos un 7” color rojo con nuestro propio sello, Billingham Records. Dibujé algo en el sticker y puse nuestro email. La gente de Warp lo vio en una disquería Rough Trade de Londres y nos contactó. Dijeron que podíamos hacer lo que quisiéramos, lo cual fue música para nuestros oídos. Funcionó porque son amantes de la música y nos permitieron hacer nuestro propio camino. Queríamos que nos vieran como algo diferente en la multitud, y estar con Warp ayudó a ese objetivo.

Volvamos al fútbol: Si no te hubieras dedicado a la música, ¿tenías pasta para llegar a ser jugador de primera? ¿Con quién podrías compararte, en cuanto a características?
No creo que tuviera la arrogancia y el físico para hacerme profesional cuando era joven. Soy bastante bueno en superar a mi rival y jugar de delantero, pero, en mi adolescencia, mis compañeros más desarrollados atléticamente fueron reclutados por profesionales y tenían padres insistentes que intercedían en los clubes a su favor. En un mundo ideal, podría compararme con Alexis Sánchez, porque persigue a los demás y tiene un gran nivel de entrega, pero también puede desplegar habilidad y tiene un tiro feroz (¡mi realidad no es tan buena!).

¿Qué opinás de Messi? Acá hay mucha polémica porque en la selección no rinde como en el Barcelona…
Me encanta cómo juega y lo prefiero sobre Ronaldo. Y, además, no es un arrogante. Me gustan los jugadores que pueden correr con la pelota y gambetear, pero él puede rematar y dar pases también. Es verdad que su performance internacional no es tan sorprendente, pero podemos ver lo importante que es tener todo un equipo que juega al máximo nivel. Por ejemplo: si no le dan la pelota en la posición justa, se le complica. Quizás siente más presión porque se trata de la selección, de su país, y la parte mental de este juego es enorme. Eso es un verdadero enigma, pero, aunque no juega como en el Barça, igual la rompe.

¿Alguna chance de que la banda o vos vengan a Buenos Aires pronto?
Así lo espero, pero salvo que tengamos la oferta de algún festival, lo veo difícil. Sé que el público de allá es muy apasionado y la ciudad está buenísima, así que ¡corré la voz y hagamos que se dé!



Leer en GeneracionB.com >> 

Todo lo que hay que saber sobre El agente de C.I.P.O.L.

Historias y curiosidades del famoso espía de los años 60, ante el estreno de su nueva adaptación al cine.



Origen

La película se basa en la popular serie norteamericana emitida entre 1964 y 1968, protagonizada por Robert Vaughn (como el agente estadounidense Napoleón Solo) y David McCallum (en el papel del espía soviético Illya Kuryakin), dupla de una agencia secreta de inteligencia internacional conocida como C.I.P.O.L. (adaptación del inglés U.N.C.L.E: United Network Command for Law and Enforcement). Originalmente, Kuryakin iba a tener un rol muy secundario, pero su creciente popularidad a lo largo de los episodios (en especial, entre el público femenino) lo puso como coprotagonista.


Solo, Napoleón Solo
El agente de C.I.P.O.L . tiene una conexión con el espía más famoso del mundo: James Bond. Ian Fleming, creador de 007, elaboró el personaje de Solo a pedido del productor de la serie, Norman Felton, luego de que este leyera Thrilling Cities, un diario de viajes que Fleming realizó alrededor del mundo y del cual obtuvo varias ideas para las aventuras del agente británico. En un principio, la serie iba a tener el título de Ian Flemming’s Solo, pero luego el escritor se apartó del proyecto.
C.I.P.O.L.M.A.N.Í.A.
En su época, el show fue un exitazo y desató una fiebre por las series de espías (pocos años más tarde, aparecerían Misión imposible, Yo soy espía y El agente 86, entre otras). El merchandising no tardó en llegar: libros, luncheras, juegos de mesa y muñecos de acción. McCallum llegó a ser incluso más popular que Vaughn y tuvo que enfrentar niveles de histeria a escala Beatles. En una gira de promoción de la serie por Estados Unidos, terminó encerrándose en un baño tras haber sido herido y rasguñado por sus admiradoras, mientras la policía lo protegía afuera. Y en Nueva York, tuvo que cancelar una presentación en la tienda Macy’s luego de que se presentaran más de 15.000 admiradoras. Por aquellos años, Kuryakin era el exótico amor imposible de toda una generación. La serie Mad Men dio una idea de esto en aquel episodio de la cuarta temporada, en el que Sally Draper se masturba viendo un episodio de The Man from U.N.C.L.E.

La agente
Como era de esperar, el furor dio a luz en 1966 a The Girl from U.N.C.L.E, un spin-off protagonizado por Stephanie Power en el rol de April Dancer (nombre también sugerido por Ian Fleming). Tuvo una única temporada de 29 capítulos.

Cuna de estrellas
Muchos actores que pasaron por la serie se harían famosos luego. Allí aparecieron juntos por primera vez William Shatner y Leonard Nimoy, dos años antes de protagonizar Viaje a las estrellas. Barbara Feldon hizo un rol de traductora un año antes de convertirse en la Agente 99 y compañera de Maxwell Smart, mientras que Ricardo Montalbán participó como villano mucho antes de liderar La isla de la fantasía.  

De películas
Hay ocho films basados en la serie original, que en realidad son capítulos extendidos con nuevas escenas, o bien episodios dobles que fueron retitulados y proyectados en los cines. En 1983, se estrenó The Return of the Man from U.N.C.L.E, una cinta original para televisión que reunió a los protagonistas después de 15 años en una nueva aventura (que, además, incluye un guiño a los fans de James Bond).


Misión imposible
La idea de llevar la serie a la pantalla grande estuvo dando vueltas durante más de 20 años. Se hicieron más de una docena de guiones y cuatro directores (Quentin Tarantino, Matthew Vaughn, David Dobkin y Steven Soderbergh) estuvieron involucrados en la adaptación, hasta que quedó en manos de Guy Ritchie (Snatch, Sherlock Holmes). George Clooney fue la primera elección para el rol de Napoleón Solo, pero dejó el papel por problemas físicos. Channing Tatum, Ryan Gosling, Ewan McGregor, Matt Damon, Michael Fassbender y John Hamm, entre otros, fueron considerados para reemplazarlo, y la elección recayó en Tom Cruise, quien en mayo de 2013 abandonó el proyecto para filmar la quinta entrega de Misión Imposible. Finalmente, el agente de C.I.P.O.L.  fue Henry “Superman” Cavill.

Estreno
Henry Cavill (al que le basta un flemático acento para borrar a Clark Kent de la memoria) es un seductor y cerebral Napoleón Solo. Armie Hammer (mucho mejor agente de la KGB que Llanero solitario) es un muscular Illya Kuryakin. Empiezan como enemigos íntimos de la Guerra Fría y terminan en un bromance antiterrorista de proporciones atómicas. Guy Ritchie acierta en no modernizar la historia y bajar las revoluciones de su cine, y así logra un divertido y estilizado homenaje no solo a la serie original, sino a todo el género espía de los años 60.



Leer en Rolling Stone >>

jueves, 20 de agosto de 2015

Leonardo Sbaraglia, el hipnotizador

El actor protagoniza la nueva serie original de HBO que estrena este domingo 23 de agosto.



Hay un lugar entre el sueño y la vigilia que no, no es donde Campanita aguarda el regreso de Peter Pan. Es una ciudad taciturna sin nombre, ubicada en una frontera imaginaria y un tiempo añejo indefinido, donde lo fantástico se filtra en lo real y donde el pasado no le da descanso al presente.
Ese es el mundo pendular de El hipnotizador, la nueva serie original de HBO Latin America que se estrena este domingo 23 a las 21, protagonizada por Leonardo Sbaraglia como el enigmático Sr. Arenas, un maestro de la hipnosis atormentado por una tragedia y condenado al insomnio por su rival, Darek (el actor brasileño de origen mexicano Chico Díaz). A lo largo de ocho episodios, Arenas usará sus habilidades para ayudar a las personas a resolver sus misterios, mientras intentará librarse de su maldición.

La exquisita producción bilingüe, filmada en Montevideo, reúne actores brasileños, uruguayos, españoles, portugueses y argentinos (entre ellos, Marilú Marini y Chino Darín). “Somos todos muy diferentes en la manera de trabajar, y había situaciones donde convivían las nacionalidades que eran muy interesantes. Se aprende mucho de esa dinámica, y la propia mezcla del idioma forma parte de la historia”, cuenta Sbaraglia.

La serie está basada en el breve cómic homónimo de Pablo De Santis y Juan Sáenz Valiente (publicado en la revista Fierro) y, si bien respeta su esencia, amplía su universo con nuevas figuras y le otorga la gravedad de un elaborado thriller onírico. “Ninguna persona va a buscar encontrarse en la serie con el cómic, que es solo un punto de partida. Es imposible reproducir en un capítulo las apenas cinco páginas de la historieta —explica—. Teníamos que encontrar la complejidad de los personajes y darles más oscuridad”.

¿Cómo elaboraste a Arenas? El cómic da pocas claves, si bien tiene algo de detective…
Exacto. Se convierte en una especie de Raymond Chandler que tiene que ir pesquisando el inconsciente. Un actor también tiene que convertirse en un detective, porque construís el personaje sobre pistas, encontrando lo que hay detrás de ellas. Yo me agarré de elementos de la hipnosis, de cosas del género policial, de Humphrey Bogart. Al margen de que en los primeros capítulos se describe a Arenas como alguien misterioso e impenetrable, la gente va ir estableciendo una relación de intimidad con él. Hay que entenderlo como un tipo al que le interesan los demás, con algo humanitario, que tiene la capacidad de ver el dolor en el otro e intenta ayudarlo. Y, a medida que avance la historia, el espectador va ir viendo el drama de Arenas, porque  solo tiene partes del rompecabezas en su memoria. Cada caso que se presenta en los capítulos funciona con cierta autonomía, pero va a iluminar ese pedazo de vida que no recuerda.   

Un hipnotizador trabaja con la historia, es una suerte de exorcista de vivencias. En lo personal, ¿cómo te llevás con el pasado?
Me parece que esta serie tiene un elemento existencial. Por ejemplo, hay un capítulo titulado “El coleccionista de días”, sobre alguien que compra y guarda los días de aquellos que los quieran olvidar. ¿Cuántos instantes de la vida se me han borrado de la memoria porque el dolor o la experiencia han sido insoportables en ese momento? Porque hay una parte tuya que te baja la térmica, que apaga esa zona de tu mente. En mi caso, me interesa prender todas las teclas: tratar de volver a incorporar en mí presente aquellas cosas que tengo más difusas de mi pasado.

¿No hay días que quisieras olvidar?
¡Al contrario, los quiero recuperar! Al margen de lo actoral, tengo la necesidad de recuperar muchos días de mi propia vida. La serie juega con eso, toca un lugar filosófico existencial, de hacerse preguntas. En definitiva, la psiquis humana es un misterio.

En la preparación del personaje consultaste con un especialista en hipnotismo. ¿Qué técnicas aprendiste?
Sí, pero no me hipnotizó, sino que me mostró lo que debería hacer. Me dio claves para sugestionar a alguien y, para eso, primero tenés que darle a esa persona elementos reales para que confíe en vos.  Por ejemplo, nosotros en este momento estamos charlando, vos tenés un suéter negro, estás con un teléfono en la mano, tenés lentes: cosas de la realidad objetiva. Pero, en el medio de eso, comenzás a introducir elementos que tienen que ver con una realidad subjetiva, que se empieza a mezclar con la otra de manera incremental. Y así terminás en el mundo que el hipnotizador quiere que vos creas.
Hay que saber observar a las personas, sus pequeños movimientos y hasta su respiración. Supuestamente, vos tenés que hablar cuando el otro inspira: ahí es cuando te meten una idea. La voz y el peso de cada palabra son muy importantes. El que hace hipnosis, mientras dice algo, lo está graficando. Tiene mucho que ver con la programación neurolingüística. Es muy interesante, porque hay empresas y comerciantes que usan eso para el convencimiento. Los actores norteamericanos la emplean para establecer una relación con el espectador y determinar qué están transmitiendo a cada momento con sus gestos y palabras.

Decí la verdad: ya usaste las técnicas con alguien, ¿no?
A mi hija a veces la duermo así.




Leer en Rolling Stone >>

sábado, 15 de agosto de 2015

…Y entonces fueron cuatro

Hace 40 años, la prensa revelaba que Peter Gabriel dejaba Genesis, una decisión que la banda ocultó durante nueve meses, tras un disco traumático y una gira imposible. La historia de un final que marcó dos inicios.




¿GABRIEL AFUERA DE GENESIS? La pregunta en la portada de Melody Maker del 16 de agosto de 1975, en mayúscula catástrofe, era más bien retórica. Una duda que revelaba un pacto de silencio que duró nueve meses. Y el resultado de una crisis que se gestó durante más de un año.

A principios de 1974, Genesis estaba en ascenso en la escena británica. Su quinto disco, Selling England by the Pound (1973), fue un éxito y los llevó a una extensa gira que los consagró como una de las mejores experiencias en vivo. Pero toda la atención se centraba en Peter Gabriel, cuyas impactantes performances vestido con extravagantes y complejos disfraces eclipsaban la labor de sus compañeros. «Había momentos en los que entraban personas al camarín y decían: “¡Gran show, Peter. Cuando te pusiste esa máscara, se volvieron locos!”. Y los demás nos mirábamos pensado “Eeeh: hola, esto es una banda. Y la música siempre está primero”», reveló Phil Collins a la BBC, décadas más tarde, para dar una idea del clima dentro del grupo.

 Así todo, en abril el quinteto se reunió en Headley Grange, una vieja casona que sirvió de albergue y orfanato durante el siglo xix y que había sido lugar de grabación de Led Zeppelin. Allí comenzaron a planear su trabajo más ambicioso hasta el momento: un disco doble conceptual. El lugar estaba en deplorable estado, infestado por ratas y, según Steve Hackett, por algún que otro fantasma. «Si alguna vez existió una casa embrujada, era esa. Podías escuchar sonidos extraordinarios por la noche y era casi imposible dormir», dijo.

Dos temáticas entraron en pugna. Mike Rutherford quería un álbum basado en El principito, la novela de Antoine de Saint-Exupéry, pero Gabriel impuso una surrealista historia propia sobre la búsqueda de identidad protagonizada por Rael, un inmigrante de Puerto Rico que debe enfrentar diversos peligros y criaturas en Nueva York para recuperar a su hermano. Tony Banks detestaba la idea, y el resto no veía bien que el vocalista asumiera el control y tuviera en el estudio el protagonismo que ya mostraba sobre el escenario. Ganó la intransigencia de Gabriel. «Si querés definir un mundo, tenés que dejar que una persona lo pinte: pocas grandes novelas son creadas por un comité», afirmó. Aunque The Lamb Lies Down on Broadway sería, más bien, un drama.

Genesis era una democracia quebrada. Gabriel se sentía cada vez más limitado por los compromisos de la banda y alejado artísticamente de sus compañeros. En una habitación de la vieja casona, aislado del resto, le daba letra a su casi álter ego Rael y, cuando podía, tomaba su bicicleta y se escapaba hacia una cabina telefónica cercana para hablar sobre un proyecto que lo entusiamaba mucho más. Llamaba a William Friedkin, director en boga entonces tras el controvertido éxito de El exorcista (1973), quien lo quería como consultor de su próxima película, inspirado tras haber leído el texto que Gabriel escribió en la portada de Genesis Live (1973). «Eso era muy importante para mí. Desafortunadamente, no pasó nada; fue uno de esos proyectos de Hollywood que se caen. Pero fue algo con lo que la banda (que, luego, le dio mucho lugar a Phil para que hiciera sus cosas fuera de Genesis) no estaba feliz», dijo el cantante en una entrevista de 2011. Finalmente, ese film se convirtió en Sorcerer (1977), que contó con la música de los electrónicos Tangerine Dream.

Por otra parte, Gabriel fue el primer integrante del grupo en formar una familia. En julio de ese año, nació su hija, Anna-Marie, luego de un muy complicado embarazo que dejó a la bebé en una incubadora por tres meses. «Los doctores no pensaban que iba a sobrevivir. No hay nada más importante que tu familia, y la banda fue muy poco compasiva. No vio que yo estaba lidiando con un tema de vida o muerte. Charlamos esto por entonces, pero había un veneno creciendo entre nosotros, internamente. Había algo de celos y resentimiento sobre la atención que estaba recibiendo como frontman», explicó a la revista Uncut.

La situación no mejoró cuando el grupo decidió mudarse a una granja en Gales para comenzar a grabar. Repartido entre sus obligaciones personales y profesionales, Gabriel escribía en soledad las letras y visitaba con poca frecuencia el lugar, donde los demás componían la música. Fue un proceso engorroso, pero dio la primera señal de que Banks, Rutherford, Hackett y Collins podían trabajar prescindiendo del vocalista, quien, agobiado, les pidió suspender las tareas un tiempo.  «Y todos le dijimos “no, no queremos parar”. Era una cuestión de principios sobre cualquier otra. Entonces nos respondió: “OK, quiero hacer la película, así que me voy”. Recuerdo que estábamos sentados en el jardín preguntándonos qué íbamos a hacer. “Bueno, tengamos un grupo instrumental”, dije, lo cual por cinco segundos fue una idea en serio, porque teníamos un montón de música hecha», contó Collins en The Book of Genesis, de Hugh Fielder.

El clima se descomprimió y todos viajaron a Londres, a terminar los últimos detalles del álbum en los estudios Island, donde surgieron nuevos roces. Gabriel invitó al ex Roxy Music Brian Eno, quien se encontraba allí grabando su disco Taking Tiger Mountain (By Strategy), para que «enosifique» algunas canciones con efectos y tratamientos sonoros. «En realidad, su contribución fue mínima. Suelo preguntarme por qué lo mencionamos en los créditos, porque lo que hizo fue muy poco», dijo Banks, principal opositor a esta colaboración.


Así fue cómo Genesis dio a luz a The Lamb Lies Down on Broadway, que salió a la venta el 18 de noviembre de 1974. Para muchos, es su obra maestra, un álbum monumental que, con los años, sería objeto de libros, análisis, controversias y veneración, pero que, en su momento, fue recibido con tibieza (por ser generosos). «Hasta Hitler tuvo mejor prensa», dijo alguna vez Rutherford. No era un obra fácil, sino desafiante y críptica para la crítica, el público y hasta para los mismos integrantes de Genesis. «No sé de qué se trata. Preguntale a Peter, yo solo soy el baterista», señaló Collins en una entrevista a Rolling Stone de 1975.

Para sumar complicaciones, la banda se comprometió a una extensa gira por Estados Unidos y Europa que resultó una pesadilla técnica. Se tocaba el disco entero bajo una ambiciosa puesta multimedia con la proyección de 1.500 dispositivas en tres pantallas, que debían funcionar en sincronía con el relato en escena (algo que solo ocurrió en contadas ocasiones). A lo que hay que sumarle el amplio vestuario de Gabriel, que incluía un inmanejable traje con genitales inflables (el famoso «Slipperman») que provocó varias situaciones dignas de This is Spinal Tap.

«Siendo francos, fue un desastre. El álbum no tenía grandes ventas y el tour estaba repleto de problemas. Estábamos intentando hacer un show increíble con un presupuesto pequeño y hubo muchas, muchas noches en las que las cosas salieron mal», dijo Banks tiempo más tarde.

Hubo algo peor. La mayoría del público que asistía a los conciertos aún no había escuchado el álbum y no entendía lo que pasaba, pero más que nunca todos los focos se concentraban sobre Gabriel. Su figura se acrecentaba y el tour parecía un one-man show que relegaba a sus compañeros al rol de una banda de acompañamiento, lo cual aumentaba las fricciones internas. En marzo de 1975, Hackett le decía a un periodista de NME que cubría la gira: «Es verdad, en escena elegimos hacernos anónimos. Pero me molesta que la gente piense que Peter hizo todo, desde escribir las canciones hasta diseñar el escenario. En el último disco hizo menos de la música que nosotros».

Ese cronista no lo sabía entonces, pero el músico destilaba sus últimas broncas por una situación que ya tenía un final escrito. Mucho antes, el 25 de noviembre de 1974 en el Swingos Hotel de Cleveland, Estados Unidos, Gabriel le comunicó primero al manager, Tony Smith, y al resto, después, que dejaba la banda. Apenas habían transcurrido cuatro de las 102 presentaciones de la gira. El grupo acordó seguir unido para cumplir con las fechas y dar tiempo a la búsqueda de un nuevo cantante, pero también porque estaba endeudado con su sello, Charisma. Aun después de la partida del cantante, debían unas 160.000 libras, según el libro Genesis and The Lamb Lies Down on Broadway (2008).
  
Aquel fue un verdadero tour de force que las partes soportaron en silencio: Uno deseando irse, otros buscando cómo continuar, juntos en una gira mágica y mentirosa. «Estaba desesperado por contarle a la audiencia que me iba. Sentía que estaba traicionando a la gente que pagaba por venir a vernos. No podía ser sincero y decirles lo que sentía», reveló el cantante el documental Together and Apart (2014).

«Después del tour, tuve una larga charla con él e intenté persuadirlo para que se quedara, porque pensé que podíamos superar las cosas. Pero ya se había ido psicológicamente», explicó Banks años más tarde. «En cierta forma, fue como una pérdida personal para mí, pero también un alivio, no puedo negarlo. Entonces teníamos algo que probar, nos dio un nuevo objetivo».



Tras el último concierto, el 22 de mayo en Francia, la banda retornó al Reino Unido y cada uno siguió su camino, manteniendo el secreto. Pasaron otros tres meses hasta que la partida se hizo tapa de Melody Maker. «El lugar de Peter Gabriel en Genesis está en duda tras rumores que sugieren que ha abandonado la banda», escribía el semanario. Desde el entorno negaban las especulaciones: «El grupo está algo taciturno en este momento, pero eso pasa todos los años cuando están pensado y escribiendo el nuevo LP», respondió el manager.

Días después, sería el mismo Gabriel quien confirmaría la noticia de puño y letra con una de las cartas de renuncia más largas, sinceras y mordaces que el rock pueda recordar. «El vehículo que construimos para servir nuestras composiciones se convirtió en nuestro amo y nos enjauló dentro del éxito que habíamos querido. Afectó la actitud y el espíritu de toda la banda. La música no se ha agotado y todavía respeto a los demás músicos, pero nuestros roles se habían vuelto rígidos», decía en el inicio.

Allí contó su deseo de pasar más tiempo con su familia («Es importante liberar el papá que hay en mí»), de escapar de la maquinaria industrial («Comencé a pensar en términos comerciales, muy útil para quien fuera un tímido músico, pero tratar los discos y al público como dinero me estaba apartando de ellos») y de su necesidad de experimentar en el arte («Mi futuro en la música, si existe, será bajo todas las situaciones posibles»). Y finalizaba con una humorada que tendría algo de verdad y parte de vaticinio:

«Gabriel se fue de Genesis:

1) Para hacer teatro.
2) Para ganar plata como artista solista.
3) Para hacer “la Bowie”.
4) Para hacer “la Ferry”.
5) Para ponerse una “boa peluda alrededor del cuello y ahorcarse”.
6) Para ir a un hospital.
7) Para volverse senil en el medio de la nada».

Sería un encore tan extravagante y teatral como sus presentaciones y la génesis de dos nuevas historias del rock.



 Leer en GeneracionB.com >>

jueves, 13 de agosto de 2015

¿Quién carajo es Ezra Furman?

El artista de Chicago busca su identidad entre el judaísmo y el cross-dressing y encuentra uno de los discos del año.



«Quería que este fuera mi mejor álbum y creo que no lo es, lo cual es un poco decepcionante. Pero es bueno tener una meta inalcanzable, porque te empuja a mejorar siempre».  Al teléfono con Generación B desde su Chicago natal, las palabras de Ezra Furman se arrastran cargando el peor peso de la autoexigencia: el de la constante insatisfacción.

Habla de Perpetual Motion People, su reciente tercer trabajo como solista (y sexto de su carrera) que, por el contrario, se siente liviano de cualquier karma: es uno de los discos más destacados y divertidos de este último semestre del año; la inquieta mezcla de pop, punk y doo-wop de un tipo inclasificable que, al mismo tiempo, parece un Tom Waits de la Galería Bond Street, un Jonathan Richman travestido o un Lou Reed obsesionado con el old time rock & roll. «Los tres tienen algo para enseñarme. Pero, si tuviera que elegir uno solo, me quedaría con Lou Reed, porque escuchar sus canciones fue lo que me hizo creer que era posible para mí hacer esto. Su manera de cantar, esa libertad para transitar todas las categorías, tiene armonía y ritmo sin límites. Eso me cambió la vida», comenta, más que sobre sus influencias, sobre su identidad artística.

Es que, tal como lo hacía Reed, Furman juega tanto con los estilos musicales como con su imagen y suele presentarse maquillado y vestido de mujer, como si esto de borrar los géneros fuera, literalmente, algo tan sonoro como físico. «Sí, creo que hay un paralelo con eso. Después de todo, usamos la palabra “género” para designar ambas cosas, y la verdad es que no me dejo llevar por las etiquetas ni en la música ni en cuanto a cómo se supone que un hombre tiene que vestirse y verse», reflexiona.

Pero esa libertad del cross-dressing y la vida rocktámbula hacen equilibrio con sus profundas convicciones judías. «La religión es una parte tan esencial de mi vida que me sorprende que no esté más reflejada en mi música. Es un aspecto crucial de quién soy», revela, y sostiene que «el judaísmo es una manera de pensar, un modo de ser, una mentalidad, y no solo un conjunto de rituales y de hechos». Así todo, tuvo que ingeniárselas para seguir con su carrera sin dejar de respetar el sabbat. «Es algo que tengo que hacer. Cuando entendí qué significa el sabbat y lo importante que es, me di cuenta de que tenía que encontrar una manera de no tocar los viernes por la noche o dejar la música», explica. «Considero que cualquier éxito que tenga en la música es directamente proporcional a cuán fiel soy a mis obligaciones espirituales y a mi ser». 

De chico, Furman quería ser escritor, «pero a los doce años me metí en el punk. Era lo que necesitaba en ese momento, porque era una suerte de marginado social (no es que ahora no lo sea, ja, ja) —recuerda—. Antes de escuchar punk, tenía la idea de que podías sentirte orgulloso de ser un inadaptado, que era una insignia de honor, y esa era la revelación: aceptar tu yo inadecuado. Así conocí gente a la que le gustaba esa música y me dije que tenía que empezar a tocar».

A los 20 años, en la universidad, formó Ezra Furman and the Harpoons, cuarteto con el que editó tres álbumes hasta que, en 2012, se lanzó en solitario con The Year of No Returning gracias a una ayudita de sus fans por internet. «No tenía un sello ni plata y estaba pensando cómo sacar el disco, tal vez pedir un préstamo… y mis amigos me hablaron de Kickstarter, que no sabía qué era. Pensé “tal vez haya suficiente gente que quiera ayudarme” y me sorprendió la cantidad de personas dispuestas a hacerlo. Si pensás que muchos van a apoyar lo que querés hacer, dale para adelante», recomienda sobre la plataforma de mecenazgo online.

Un año más tarde, le siguió Day of the Dog, con el que comenzó a llamar la atención de público y prensa, y ahora se encuentra promocionando Perpetual Motion People, un disco que, aunque no para de recibir excelentes críticas (Rolling Stone, Clash, Mojo, NME, The Guardian, Q Magazine, Uncut y, claro, Generación B, lo han elogiado), no puede calmar su ansiedad: «Mi meta es la grandeza, y no estoy conforme con lo que hice. Y aunque lo estuviera, quiero ser mejor». 



Leer en GeneraciionB.com >>

Las peores familias del cine

Inspirados por el estreno de El clan, de Pablo Trapero, recordamos cinco parentelas desquiciadas de la pantalla grande.




Los Brewster - Arsénico y encaje antiguo (1944)
Mortimer Brewster (Cary Grant) es un joven periodista que viaja a visitar a la familia que lo crió para comunicarles su flamante matrimonio. Así se reencontrará con sus tías, Abby y Martha, que tienen el hobby de matar a jóvenes solteros y deprimidos con arsénico y una pizca de cianuro. Las viejitas entierran los cuerpos en el sótano, aprovechando que el chiflado primo Teddy, que cree que es Theodore Roosevelt, cava y cava porque piensa construir el Canal de Panamá. Y, encima, cae a la reunión su hermano Jonathan, un psicótico asesino prófugo con un fiambre a cuestas. En esta genial y clásica comedia negra, ¿adivinen quién es el adoptado?


Los Corleone – El padrino (1972)
El clan mafioso por excelencia de la pantalla grande. Vito Corleone (Marlon Brando) construyó un imperio criminal junto a sus hijos Sonny (James Cann), Fredo (John Cazale), Tom (Robert Duvall), Connie (Talia Shire) y, quizás el más temible de todos, Michael (Al Pacino). El comienzo de una trilogía que, por encima de asesinatos, traiciones y vendettas, demuestra que siempre lo primero es la familia.


Los Sawyer – La masacre de Texas (1974)
La familia caníbal del famoso “Leatherface” quedó escrita con motosierra y sangre en la historia del cine, y revolucionó para siempre el género slasher con toda una serie de películas enfermizas, donde se podrá cambiar el linaje, pero el horror siempre se mantiene. Si quieren comprobarlo, véanla completa acá:


El clan Jupiter – La colina de los ojos malditos (1977)
Papá y mamá Jupiter y sus angelitos Mars, Pluto, Mercury y Ruby son una horrible parentela de salvajes que viven de atacar y hacerse una panzada con cualquier amante del camping en el desierto de Nevada. Y no hay OFF que evite que estos bichos te morfen.


Los Simpson – Los Simpson: la película (2007)
¿Cómo que qué hacen acá? A ver, repasemos: Un padre alcohólico y golpeador, una madre con adicción al juego, un hijo mayor endemoniado que alguna vez se empastilló hasta robar un tanque, una bebé que se tirotea con mafiosos y, en el medio, una hija cerebrito que hace lo que puede entre esta manga de locos. Ah: y no olvidemos a un abuelo caníbal que escondía tesoros nazis, una abuela prófuga de la Justicia y dos tías que, alguna vez, secuestraron a una decadente estrella de TV. 


Bonus:

Los Puccio - El clan (2015)
A diferencia de las anteriores, esta es una familia de verdad: los vecinos ejemplares de San Isidro que, entre 1982 y 1985, hicieron un negocio de los secuestros extorsivos y los asesinatos usando su propia casa como fachada y prisión. Por primera vez, Pablo Trapero (Carancho, Elefante blanco) adapta un caso real a la pantalla y se centra en el perverso dominio patriarcal que Arquímedes Puccio (un temible Guillermo Francella) ejercía sobre sus hijos, en especial sobre Alejandro (Peter Lanzani, una revelación), estrella del club de rugby CASI y ex jugador de Los Pumas que servía como entregador. Quizás la narración no fluya como en otras obras del director, pero eso se suple con la contundencia de la historia, la filmación y la reconstrucción de la época de un país que seguía sin ver y callaba demasiado.