jueves, 6 de marzo de 2014

Devaluación y restricciones: disquerías en riesgo

Qué impacto tienen las últimas medidas económicas y tributarias para las pequeñas tiendas de discos; secretos, miedos e incertidumbres de un negocio cultural.



Si la venta de discos en la Argentina ya estaba golpeada por el download, la piratería y la inflación, las últimas medidas adoptadas desde el Ministerio de Economía y la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) ponen un signo de interrogación en el futuro de decenas de disquerías independientes cuya subsistencia depende, en gran medida, de la importación. La devaluación de la moneda disparó los costos, lo que se tradujo en aumento de precios y bajas en las ventas. Al mismo tiempo, el recrudecimiento de los controles aduaneros frenó el flujo de ingreso de mercadería, lo que está provocando una caída en el stock y la variedad de títulos.
"La devaluación afectó muchísimo el catálogo, que hoy es mucho menor al que solemos tener. Estimo que pierdo un 30 por ciento diario de ventas por no poder tener material importado", explica Alfredo Suhring, gerente general de Zivals. "Todo lo que esté relacionado a costos en dólares nos complica, porque las cotizaciones son muy cambiantes y es difícil mantener una coherencia en los precios", agrega.
En efecto, una recorrida por las principales tiendas especializadas de Buenos Aires revela la ausencia de un valor claro de referencia. Hoy, una novedad en CD de origen estadounidense y de similares características puede costar entre 220 y 350 pesos, según el local.
"Entre un 30 y 40 por ciento de lo que tenemos es importado y las últimas medidas nos generaron mucha incertidumbre, porque no sabemos cómo traer mercadería. Antes, comprábamos todas las semanas al mayorista más grande de Estados Unidos y en 72 horas teníamos el material. Ahora, las encomiendas no ingresan y las restricciones son locas e indiscriminadas. ¿Qué sentido tiene hacerle esto al disco si lo que uno trae es lo que no se fabrica acá?", se queja Martín, encargado de una disquería del Soho palermitano, que prefiere conservar el anonimato. No es un caso aislado y son varios los entrevistados que solo hablan en off o, directamente, se censuran. "Es un tema muy delicado y no quiero opinar. Ante la menor cuestión te cae la AFIP y está con la lupa. La cosa está complicada", dicen desde otro comercio referente de Palermo.
La reserva tiene que ver con la característica informal de muchos negocios, que solían funcionar con una mecánica que, en los papeles, no está permitida: la compra en sitios web del exterior de material para su posterior reventa.
"Mucho de lo que se vende es adquirido en Amazon y eso ninguna disquería te lo va reconocer", revela el responsable de un local del microcentro porteño. "Vos podés traer 50 discos para consumo personal, pero si los vendés ya estás haciendo contrabando. Y en mi caso es así: lamento decirlo, queda feo, pero esto tiene que saberse para que bajen los aranceles y hagan un régimen más benévolo para los discos. Yo prefiero que me cobren un canon razonable y traer las cosas por derecha."
Hoy, "traer por derecha" con ese método implica para los disqueros ajustarse a la última resolución de la AFIP, que exige la presentación de una declaración jurada por las compras online antes de cerrar la operación, tener una clave fiscal con nivel de seguridad 2 y pagar un tributo sobre el 50 por ciento del excedente a la franquicia de 25 dólares anuales, incluyendo los gastos de envío. La otra alternativa es inscribirse ante ingresos públicos como importadores. "Si el disco viniera por derecha así, solo el costo sería de 300 pesos", opina otro vendedor.
Desde las disquerías independientes acusan que las normas actuales no se corresponden con la realidad de su actividad, en su mayoría a cargo de microemprendimientos o firmas unipersonales con un bajo volumen de importación y ventas. Además, hay que sumar la exigencia de tener que ir a buscar toda la mercadería a la Aduana, un proceso que insume más gastos y horas de trámites y burocracia.
"Desde diciembre tengo 40 discos en el aire. Ahora me vino el aviso de Aduana para retirar y ya tendría que haber prepagado en el Banco Nación el envío. Pero el papel no aclara qué llegó. Entonces tengo que ir a la Aduana, que abran el paquete para saber qué contiene y cuánto vale para poder ir al banco a pagar el impuesto correspondiente y, recién después, regresar a retirarlo. ¡Es absurdo!", se queja Damián García, dueño de Oíd Mortales, comercio dedicado al indie que depende en un 50 por ciento de los títulos extranjeros.
Gabriel Carbone, dueño de Twilight Records, afirma que su actividad está directamente "en riesgo" por las restricciones aduaneras. Su negocio es tanto una disquería como un sello dedicado a la edición de música gótica y oscura que comercializa material "canjeado" con sellos internacionales. "No hay transacción de dinero. Si un label extranjero me pide 50 unidades de mis bandas, yo le pido lo mismo de sus productos. Este formato está contemplado afuera, pero acá no y me complica muchísimo", explica Carbone y revela: "A mí me mandan títulos de cortesía o muestra para ver si me interesa licenciarlos en Sudamérica. Pero en la Aduana intuyen que tienen fines comerciales y me piden la factura de compra, que no tengo porque es un trueque".
Para Carbone "así no se protege el mercado argentino. Yo edito de tres a cuatro discos exclusivos por mes. Eso representa una inversión de 50.000 pesos que no voy a poder hacer más porque ¿para qué voy a fabricar acá si no puedo recibir nada a cambio? Las normas deberían contemplar estas situaciones".
Para algunas voces del rubro, la solución estaría en sumar la música a la lista de artículos exentos de impuestos, como los libros. "Está fallando el régimen. Si el disco es un bien cultural como se dice, no debería pagar nada. Pero si no queremos ser tan fanáticos, lo lógico sería un arancel más bajo y acorde a cada mercadería: uno para los electrónicos, otro para la ropa, otro para los compactos y, así, tener una política de importación que diferencie qué conviene y corresponde a cada rubro", opina García.
Por su parte, Carbone afirma: "Creo que cualquiera estaría dispuesto a pagar un derecho de Aduana, pero no tener que hacerse importador porque es demasiado complejo para los volúmenes que manejamos. El disco es cultura y debería ser libre al igual que los libros".
Mientras tanto, las perspectivas para 2014 no parecen alentadoras entre los consultados. "En 2013 vendí lo mismo que el año anterior, pero me comí la inflación, y este no va a ser mejor", avizora Guillermo Hernández, dueño del enclave jazzero Minton's. "Viendo el lado positivo, quizás estas medidas puedan traer gente de vuelta a los comercios, porque ahora para sacar algo del correo tienen que hacer un montón de trámites y los discos les terminan saliendo más caros. Pero no sé: en este país nada es fijo por más de tres meses y acá se vive día a día", se resigna.

viernes, 7 de febrero de 2014

Sentite viejo: estos diez discos cumplen diez años

Ya pasó una década del regreso de Morrissey, del gran American Idiot de Green Day y de los debuts de Franz Ferdinand, The Killers, Keane y Arcade Fire. ¿Querés deprimirte? ¡Tomá!


The Cure - The Cure

Después de amagar durante varios años con el final, Robert Smith y compañía reaparecían con un trabajo que, más que una despedida, representaba un nuevo comienzo. La producción de Ross Robinson (Korn, Limp Bizkit) los hacía sonar potentes, frescos y, a la vez, fieles a sí mismos; y lograba que una nueva generación redescubriera la banda sin decepcionar a los fans ortodoxos que siempre extrañan a Pornography (1982) y Disintegration (1989). Después, los hombres de negro no pudieron consolidar su “resurrección” con 4:13 Dream (2008), pero todavía son capaces de subirse al escenario y volarte la cabeza durante tres horas



Morrissey – You Are The Quarry
¿Querían un renacimiento artístico? ¿Qué dicen de un divo inglés recluido en Hollywood, alejado del éxito, olvidado por los fans, con sus primeras canas y jopo menguante, que un día se calza su mejor traje y sale a reconquistar su carrera ametrallando balas de orgullo, pena, amor y perdón? Nadie se salva: ni Estados Unidos, ni Bush, ni Inglaterra, ni la industria discográfica, ni Jesús. Oh, pobre y gran Moz: presa, víctima y victimario.


Franz Ferdinand - Franz Ferdinand

La sorpresa de 2004 fue el impecable debut de estos cuatro chicos listos de Glasgow y su rock prêt à porter: postura dandy, letras ambiguas y riffs de velcro para adherirse a las caderas de las chicas. Bajo el hitazo “Take Me Out”, el cuarteto liderado por Alex Kapranos parecía ser el equilibrio justo entre el “arty” de unos Talking Heads con levante y una versión “pocket” de Pulp. Ya volaron diez años y los escoceses no pasan de moda.



Green Day – American Idiot
Cuenta la leyenda que un ladrón se llevó el master de Cigarettes and Valentines, el disco que originalmente iba a suceder a Warning (2000), y el trío, lejos de desilusionarse y regrabar todo, descartó el material por completo y empezó de cero. Por entonces, nadie daba mucho por los punks que alguna vez sorprendieron con Dookie (que, ¡ey!, cumple 20 años), y ellos se despacharon con una ambiciosa y compradora ópera rock sobre jóvenes antihéroes en la Norteamérica de los sueños rotos de George W. Bush.
Podremos discutir mucho sobre Green Day, mucho. Pero American Idiot fue y será una granada en la cabeza y el corazón de toda una generación. Y todavía hoy, cada primero de octubre, todos nos acordamos de despertar a Billie Joe Armstrong.



The Killers – Hot Fuss
Cuando “Somebody Told Me” y “Jenny Was a Friend of Mine” comenzaron a invadir las radios muchos nos preguntamos si eso que alguna vez se estrelló en el desierto de Nevada no fue el primer disco de Duran Duran. ¿De qué otra forma se explica que cuatro tipos de Las Vegas sean los más british de la new new wave?
En realidad, lejos de ser una imitación yanqui de sonidos de las islas, Hot Fuss fue apenas el primer ejercicio de una banda que usaría el neón de los 80 para iluminar la tradición de la gran canción americana. Desde entonces, Brandon Flowers y compañía, reuniendo el músculo de Bruce Springsteen, la épica de U2 y el humor romanticón de The Cars, recaudaron más que mil casinos.


Scissors Sisters - Scissors Sisters
El debut más hot hace diez años fue el de estos neoyorkinos cachondos por recuperar el lado más lascivo del disco. Cabareteros, graciosos, camp y reyes del falsete, podrían haber escandalizado por su imagen o la sexualidad de su nombre y sus canciones. Pero calentaron a medio mundo con su irrespetuosa versión de “Comfortably Numb”, de Pink Floyd. Los éxitos seguirían, aunque con los años fueron perdiendo libido.


N.E.R.D – Fly or Die
Entre 1999 y 2003 parecía que no había forma de triunfar en el negocio musical sin la ayuda de Pharrell Williams y Chad Hugo, más conocidos como The Neptunes, el dúo dinámico productor de los hits que, por aquellos años, cosecharon Britney Spears, ´N Sync, Justin Timberlake, Usher, Beyoncé y varias estrellas más. Junto con Shay Haley, debutaron en 2001 como el trío con más funk y más rock del hip hop. Pero en su segundo trabajo, los muchachos aprenden a tocar los instrumentos (no muy bien, por cierto) y salen del cascarón (o le rompen los huevos a Estados Unidos: interpreten esa portada como quieran).
Por momentos, Fly or Die suena a los Red Hot Chilli Peppers intentando experimentar con el jazz, Journey queriendo hacer rap y Burt Bacharach siendo asimilado por los borgs de Star Trek. De pronto, la frontera final del hip hop se corrió hacia donde el hombre nunca había llegado antes.


Keane – Hopes and Fears
El primer álbum del (por entonces) trío de Battle fue la cajita musical de 2004: doce preciosas canciones de sufrido optimismo para caramelizar penas y sueños. Cada tecla del piano de Tim Rice-Oxley conforma una escalera emocional para llevarte del llanto de almohada al coro de estadios. Y la voz a corazón abierto de Tom Chaplin te asegura que, cada vez que la vida te dé un golpe, Hopes and Fears será la banda de sonido de tu resiliencia.



The Libertines – The Libertines
Una amistad sellada por talento, piel y tinta ahora quebrada: Pete Doherty entre ido y avergonzado; Carl Barât que parece consolarlo, pero no puede sostenerle la mirada. Pocas veces una portada dice tanto de un disco como la de este segundo y último trabajo, surgido entre tensiones, celos, peleas y adicciones que se manifestaron en furiosas y tiernas canciones de amor y desilusión. 
A su manera (escandalosa, obvio), The Libertines fue, en 2004, lo que significaron Strangeways, Here We Come de The Smiths en 1987 y Dog Man Star de Suede en 1994: el álbum de divorcio de una de las duplas compositoras más interesantes del rock británico.


Arcade Fire - Funeral
Concebido durante un crudo invierno en un hotel de Montreal y enmarcado por varios fallecimientos de familiares de la banda, Funeral es una lúgubre celebración. Un ensamble del barroquismo sonoro que aportan acordeones, violines y xilófonos con un lirismo tan escalofriante (“Mis ojos están tapados por las manos de mis hijos nonatos, pero mi corazón sigue viendo a través de mis párpados”, se escucha en “Neighborhood #4”), como poético y existencialista (“Somos solo un millón de pequeños dioses que provocan tormentas que convierten todo lo bueno en óxido”, cantan en “Wake Up”). La muerte fue solo el comienzo para la banda más sorprendente de los últimos diez años.



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miércoles, 29 de enero de 2014

Frankenstein: historia, secretos y curiosidades

Cinco cosas que quizás no sabías sobre la creación de Mary Shelley y su relación con el cine, ante el estreno del film Yo, Frankenstein.



1. It’s Alive!
La historia de Frankenstein surge de un desafío entre los autores Mary Shelley (Godwin, por entonces), su futuro esposo Percy Bysshe Shelley, John Polidori y Lord Byron para escribir el cuento más terrorífico, mientras pasaban un aburrido, frío y lluvioso verano de 1816 en la mansión de Villa Diodati, Suiza. Inspirada por conversaciones con sus colegas sobre la teoría del Galvanismo y por un sueño que tuvo sobre un cadáver reanimado, Shelley comenzó a escribir lo que, dos años más tarde, se convertiría (para muchos) en la primera novela de ciencia ficción.
Curiosidad: Aquella competencia veraniega para matar el tiempo dio a luz otra obra precursora de género: El vampiro, publicada por Polidori en 1819, que abrió la puerta de la literatura a los chupasangres y sirvió de gran inspiración para Drácula, de Bram Stoker.

2. Nada que ver
En la novela, el monstruo de Frankenstein se describe como una criatura de casi dos metros y medio, de piel amarillenta y traslúcida, ojos acuosos, pelo y labios negros y grandes dientes blancos. Sabe leer, aprende a hablar en varios idiomas y hasta es capaz de reflexionar filosóficamente sobre su condición ¿humana?
La imagen que se ha popularizado de una bestia torpe, gutural y violenta, de tez verde y de cráneo plano con dos electrodos en el cuello pertenece a la caracterización de Boris Karloff para el célebre film de 1931.
Curiosidad: En realidad, esa famosa cinta es una adaptación de la obra de teatro de Peggy Webling de 1927.

3. Debut electrizante
El film de los años 30 será la versión más famosa, pero la primera aparición de Frankenstein en el cine fue en 1910, en una cinta muda producida por Edison Studios (sí, la compañía cinematográfica del famoso inventor Thomas Alva Edison).
Curiosidad: Esta primera película se creyó perdida durante décadas hasta que fue revelada al público recién en 1970. Acá, la podemos ver completa:


4. Frankenstein es ¡¿Drácula?!
Boris Karloff fue el hombre que inmortalizó la figura del monstruo de Frankenstein en el cine, pero la primera opción para encarnar al personaje en aquella icónica obra de 1931 fue ¡Bela Lugosi!, quien venía de clavarla en la yugular como el Drácula más famoso del séptimo arte.
Parece que el actor húngaro no quiso saber nada con el maquillaje del bicho (dicen que, también, tuvo actitudes de “divo”) y salió del film cuando la producción cayó en manos del director James Whale.
Sin embargo, años más tarde, Lugosi hizo de Ygor en El hijo de Frankenstein (en la que compartió cartel con Karloff) y El fantasma de Frankenstein hasta que, en 1943, accedió a interpretar a la bestia en la extravagante Frankenstein contra el hombre lobo.
Curiosidad: La creación de Mary Shelley también reunió a dos eminencias del terror del otro lado del Atlántico. En 1957, los británicos Peter Cushing y Christopher Lee fueron, respectivamente, el barón científico y su horrible creación en La maldición de Frankenstein.

5. Bizarro
Los personajes de la novela han sufrido muchas y muy raras adaptaciones al cine. Algunos ejemplos son El joven Frankenstein (genial comedia de Mel Brooks); Frankenstein perdido en eltiempo (dirigida por el legendario Roger Corman, en la que un científico del año 2031 viaja a 1817 y conoce a Víctor Frankenstein y Mary Shelley) y Frankenstein’sArmy (una locura en estilo found footage sobre unos soldados rusos de la Segunda Guerra Mundial que terminan combatiendo horribles criaturas creadas por el chiflado doctor).
Curiosidad: Sin dudas, el premio a la bizarreada se lo lleva Frankenstein Conquers the World (1965), film japonés donde un Frankenstein gigante pelea contra Baragon, un dinosaurio enorme onda Godzilla. Denle play y descubran esta monstruosidad.






Yo, Frankenstein – Trailer





lunes, 13 de enero de 2014

¿Inflación, impuestos, tarifazo? Diez canciones sobre el dinero

Acá tenés una decena de motivos para dejar las preocupaciones monetarias de lado y hacer que el dinero, por una vez, sea música para tus oídos.



10. “Mo Money Mo Problems” – The Notorious B.I.G.
Eso de “más guita, más problemas” fue casi un epitafio para Christopher George Latore Wallace. Con un pasado pobre y delictivo, se dedicó a la música y se transformó en ícono del rap de Nueva York. Con solo 22 años, su disco debut (Ready to Die, 1994) le dio fama y fortuna, pero también lo puso al frente de una guerra contra la escena hip hop de la costa oeste, liderada por Tupac Shakur. Ambos fueron asesinados en dos episodios aún irresueltos. “Mo Money Mo problems” fue el segundo single número uno de su álbum póstumo, Life After Dead (1997), hoy un clásico definitivo del género.


9. “What Do You Do For Money Honey” – AC/DC

¿Quién creó el universo? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Y qué hacés por plata, querida? Gracias Brian, Angus y Malcom por sumar interrogantes a las grandes dudas existenciales de la humanidad.



8. “Opportunities (Let’s Make Lots of Money)” - Pet Shop Boys

Yo tengo la cabeza, vos tenés la facha: Vamos a hacer mucha plata”. Incluida en el disco Please (1986), Chris Lowe y Neil Tennant se ríen de la fórmula del éxito y crean un estilo aparte: el $ynth-pop.  



7. “Money’s Too Tight (to Mention)” - Simply Red

Despidos, deudas y bancos que se ríen en tu cara. ¿Te suena? Parece escrita en plena crisis argentina de 2001, pero fue la crítica contra las Reagannomics del dúo norteamericano The Valentine Brothers, en 1982. Tres años después, los ingleses liderados por el colorado Mick Hucknall la convirtieron en su single debut y un verdadero clásico.



6. “She Works Hard for the Money” - Donna Summer

A comienzos de los 80 las cosas no andaban bien para la “Reina del Disco”. El género que la coronó agonizaba y su redescubrimiento de la fe cristiana la llevó a replantear su carrera y romper con Casablanca, el sello que la había comercializado como el “sex symbol” de una era. La situación no mejoró al firmar con Geffen, que despidió a sus colaboradores (Giorgio Moroder entre ellos) y hasta le “congeló” un disco doble durante ¡15 años! (I’m a Rainbow) por no estar de acuerdo con el rumbo musical de la diva. La fortuna (nunca mejor dicho) le llegaría en 1983 cuando, inspirada en una chica que vio limpiando los baños de un bar, compuso su mayor éxito en esa década.


5. “Big Time” - Peter Gabriel

Con el álbum So (1986), el ex Genesis pasó de excéntrico art-rocker a estrella pop. No será estrictamente autorreferencial, pero suena a vaticinio. ¿Quién otro es este hombre camino al éxito que ve cómo su auto, su casa y su cuenta bancaria se hacen más y más grandes?

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4. “Taxman” – The Beatles

Para Revolver (1966), los fabulosos cuatro comenzaba a ver cómo la mayor parte de sus primeros millones quedaban en manos del abusivo sistema impositivo de Gran Bretaña, que retenía hasta el 95 por ciento de las ganancias de personas de altos ingresos (lo cual motivó el exilio de muchos artistas hacia Estados Unidos, en especial).
La bronca de George Harrison fue tal que lo inspiró para crear una de sus primeras composiciones para la banda, en la que se despacha contra Harold Wilson, por entonces líder del partido Laborista y principal impulsor del impuestazo.



3. “Money for Nothing” - Dire Straits

Un pobre empleado en una tienda de electrodomésticos se rompe el lomo moviendo heladeras y microondas mientras los televisores muestran a los nuevos ricos de MTV. “Eso no es trabajo… Dinero por nada y chicas gratis”, ríe Mark Knopfler y se mete en la cabeza de toda una nueva generación con uno de los videoclips más famosos de la historia catódica.


2. “Money (That's What I Want)” - Barrett Strong

Todo bien con el amor, pero “el amor no paga las cuentas: dame plata”. La honestidad brutal de la pluma de Berry Gordy le dio el primer hit para su futuro y famoso sello Motown Records y catapultó al vocalista Barrett Strong, quien después brilló como compositor para Marvin Gaye y The Temptations (“Papa Was a Rollin' Stone”, por ejemplo, es de él). “Money” tuvo decenas de covers a cargo de The Beatles, Roy Orbison, Led Zeppelin, The Smashing Pumpkins y otros. Una de las versiones más raras y exitosas es la del dúo británico The Flying Lizards, que puede escucharse las películas La mejor de mis bodas, Los ángeles de Charlie y El señor de la guerra.



1. “Money” - Pink Floyd

Todos conocemos el color (y hasta el olor) del dinero, pero pasar saber cómo suena hay que viajar al lado oscuro de la Luna. Roger Waters es puro cinismo sobre la capacidad corruptora del vil metal al ritmo de una icónica línea de bajo y del primer ¿loop financiero? de la historia del rock: un patrón a base de sonidos de cajas registradoras y monedas que el músico copió y pegó a mano en una cinta que alcanzó (dicen) más de seis metros. Como no podía ser de otra manera, el single convirtió a The Dark Side of the Moon en un récord de ventas y transformó a los Pink Floyd en millonarios. ¿No dice el dicho que “la plata llama a la plata”?




Por Maximiliano Poter

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jueves, 26 de diciembre de 2013

Cine: las películas que vienen en 2014





En la última columna de Negro Positivo, por FM ESPN 107.9, repasamos el calendario de los estrenos más importantes que tendremos el año próximo.


jueves, 5 de diciembre de 2013

Cine: crítica de "Kon-Tiki" - FM ESPN




En Bebe va de 10, por FM ESPN 107.9, hablamos de la película noruega candidata al Oscar por mejor film extranjero.

Diez películas que deberías haber visto este año

Qué estrenos de la pantalla grande local tenés que ver antes de que se termine 2013 y por qué; así de simple.



Una aventura extraordinaria
¿Por qué? Porque ¡la pucha que vale la pena estar vivo!

Un joven indio y el tigre computarizado más real que hayas visto, náufragos en el océano de la vida, en un viaje poético, espiritual (si se quiere), cargado de simbolismos y moralejas sobre las formas de afrontar los desafíos de la existencia y, por ende, interpretar lo que nos pasa.

Quien vea la obra del director Ang Lee con ojos irónicos e hipercríticos dirá que es un film edulcorado de poesía new age con mensajes de esa nueva “espiritualidad de supermercado”. Quien deje descansar el cinismo por dos horas, descubrirá una obra reconfortante, inspiradora, sin solemnidades y con un lirismo visual arrollador. Como mucho en esta vida, depende de vos.


El gran Gatsby
¿Por qué? Porque Leo Di Caprio es lo más.

Cuenta la leyenda que Scott Fitzgerald, al comenzar a delinear su novela, dijo que quería hacer “algo novedoso; algo extraordinario, bello, simple y, a la vez, intrincado”. Casi 90 años después, Ben Luhrmann le da nueva vida en un film que, para los puristas, podrá pecar de extravagante, pero que, bajo una mirada posmoderna y personal, recupera, respeta y enaltece aquella intención del escritor. Luhrmann toma una historia de amor (imposible) clásica, pero la filma en un 3D espectacular, la remixa con hip-hop y electrónica y apela a todos los recursos estéticos y estilísticos del siglo XXI para expresar la fastuosidad y el despilfarro de los años 20.

Un film “de época” solo en ubicación y vestuario, pero netamente actual en confección, con un descomunal Leonardo Di Caprio (quien este año también brilló en Django sin cadenas), que se consolida como la gran estrella masculina de cine de las últimas dos décadas.


El hombre de acero
¿Por qué? Porque es el (súper) regreso del año.

Pavada de desafíos: Reflotar una franquicia hundida tras el fracaso de Superman Regresa (2006) y recuperar un personaje que estaba desde ridiculizado hasta opacado y dejado de lado por el público, ahora afín a héroes más “creíbles” como Batman, Spider-Man o Iron Man.
¿Cómo, entonces, respetar el origen y la esencia fantásticos de Superman y, a la vez, dotarlo de humanidad en sus dilemas para hacer empatía con la platea actual? La respuesta fue darle la producción de El hombre de acero a Christopher Nolan, artífice del renacimiento de Batman al otorgarle gravedad y realismo. Pero dejarle la dirección a Zack Snyder, tipo con experiencia en adaptar cómics a la pantalla y gusto por la pirotecnia visual (300 y Watchmen).

El resultado es la mejor película de Superman que se ha hecho hasta el momento. Henry Cavill es un Kal-El dignísimo y el film, más allá de sus altibajos, es irreprochable en su cometido de recuperar al personaje, sentar las bases para una franquicia y hacerte salir del cine creyendo que un hombre, realmente, puede derretir el metal con su mirada o surcar los cielos como un avión.


Antes de la medianoche
¿Por qué? Porque es la gran historia de amor cinematográfica de toda una generación.

Tercera parte (y etapa) de la vida amorosa entre Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy). Y si tenés alrededor de 30 o 40 años es muy difícil no sentirse vinculado a ellos: su historia ha crecido a la par de su audiencia y hay pocas películas románticas (aún menos sagas) que, dentro de los cánones de la fantasía idílica del género, son tan naturales, observadoras, profundas y humanas como la trilogía del director Richard Linklater.

Este es el capítulo más agridulce de los tres, un film tan cínico y amargo como tierno y esperanzador. Verlo con caramelos ácidos de limón duplica la experiencia cinematográfica.


Titanes del Pacífico
¿Por qué? Porque ¡¡¡ROBOTS Y MONSTRUOS!!!

Un impactante tributo hollywoodense a dos especialidades del arte visual japonés: el animé mecha (los dibujitos con mecanoides gigantes) y el cine de kaiju (esas películas en las que Tokio siempre era pisoteada por alguna criatura enorme y exótica, caso Godzilla). Gracias, Guillermo del Toro, por recordarnos que, alguna vez, cuando éramos chicos, todos quisimos ser piloto de Mazinger.


Metegol
¿Por qué? Porque es nuestra Toy Story.

Hay muchísimas cosas para destacar del primer trabajo de animación de Juan José Campanella. Tiene una factura técnica impecable, con astucia para evitar lo más demandante (y caro) de la CGI sin perder un píxel de detalle y preciosismo, comparables al de producciones extranjeras.

Es una historia de valores “glocales”: Metegol defiende tradición, pasión y comunidad por sobre corporativismo, marketing y individualismo sin descuidar identidad, costumbrismos, códigos y léxico futbolero nacional. Y arriesga: ni menottista ni bilardista, Metegol es “campanellista”. Fiel a esa melancolía barrial del director, se anima a dar vida a un juego tan nostálgico como olvidado (en lugar de “ir a lo seguro”, como antropomorfizar animalitos) para intentar poner a la Argentina en el mapa de la animación digital 3D.

¿Es un peliculón inobjetable que no tiene un solo problema? No, claro; pero hasta en eso su planteo es generoso y da material para que discutan los plateístas.


El conjuro
¿Por qué? Porque terror era el de antes.

El film de James Wan tiene una casa embrujada (ubicada, claro, en un bosque tenebroso); una familia humilde víctima de lo demoníaco; una médium; una mujer poseída que vomita y habla con voz gruesa (por ende, también hay un exorcismo); una ahorcada; una bruja; chirridos en puertas; relojes que se detienen a cierta hora; un sótano tétrico; un placard misterioso; pájaros que se estrellan contra las ventanas; apariciones en un espejo; una muñeca antigua poseída; objetos que se mueven solos; presencias misteriosas que deambulan por habitaciones... Y, por supuesto, todo está basado en hechos reales.

Tiene 20 elementos de terror que refieren, al menos, a una docena de películas, a saber: El exorcista, La profecía, El orfanato, Los pájaros, Actividad paranormal, Donde habita el diablo, Posesión infernal, Aquí vive el horror, Chucky, el muñeco asesino, La noche del demonio, El títere y El resplandor.

El conjuro es, para quien escribe, la gran estafa del 2013, pero tiene un enorme mérito: explotar la memoria visual del espectador y lograr asustar no por lo que es, sino por disparar en la mente aquello que nos aterrorizó alguna vez. Hay miedos que ya están en nuestro ADN cinéfilo, y con solo saber copiar la tipografía setentosa de El exorcista en sus títulos de apertura El conjuro eriza los pelitos de la nuca.

¿El resultado? La película de terror sensación de este año: más de 315 millones de dólares de recaudación en el mundo (sobre 20 millones de presupuesto) y más de 500.000 espectadores en nuestro país.

¿El consejo? Déjese asustar por imitaciones, pero no olvide comprar siempre terror original.


Gravedad
¿Por qué? Porque es la película del año.

Una obra maestra con la espectacularidad, tragedia y urgencia del cine catástrofe más el nervio y la desesperación de una historia de supervivencia: dos astronautas, varados en la inmensidad del cosmos, que tratan de volver a la Tierra.

Más allá del contexto sci-fi, este es un relato de resiliencia y superación personal. Gravedad habla de no aferrarse al dolor, de dejar ir aquello que te aleja del mundo y te aísla en la oscuridad.

Es, además, técnicamente única y revolucionaria. El director, Alfonso Cuarón, y su equipo idearon nuevas prácticas de filmación en 3D para replicar como nunca antes la sensación de flotación, vértigo y vacío que hay en el espacio. La cámara gira constantemente alrededor de los protagonistas, se mete en sus cascos, flota, desorienta. Y el film te envuelve en un silencio inmenso, tan pacífico como aterrador.

De los 7.000 millones de habitantes que hay en este planeta, apenas 530 personas fueron al espacio. Con solo ver Gravedad, vos podés ser uno de ellos.


Blue Jasmine
¿Por qué? Porque es el mejor Woody Allen.

Si con Medianoche en París (2011) el director se reencontró con los elementos que lo hicieron un ícono (ese humor intelectual y poder de observación mordaz y crítico de las clases sociales en los Estados Unidos), Blue Jasmine es su trabajo superador.

Hace décadas que no se veía a un Woody Allen tan consistente, fiel a su estilo sin apelar a tics y autohomenajes y, a la vez, tan duro, amargo y crudo en su comentario sobre la burguesía yanqui. Todo de la mano de una soberbia Cate Blanchett como esa patética señora bien en desgracia (vayan reservando el Oscar, señores de la Academia).

Pregunta para los que todavía discuten a Allen: ¿cuántos directores son capaces hoy de hacer, luego de 78 años y 45 películas, una de las mejores obras de su carrera?


Rush: pasión y gloria
¿Por qué? Porque enaltece el valor de la enemistad.

¿Es necesariamente malo tener un enemigo? ¿Qué pasa cuando la idea de vencer a ese adversario hace que te superes, que seas mejor? ¿Por qué tu enemigo no puede ser, también, tu gran inspiración?

Ron Howard llevó al cine una de las más emocionantes rivalidades de la Fórmula 1 durante la década de 1970: la del inglés James Hunt y el austriaco Niki Lauda. Pero también es una historia sobre el yin y el yang. Dos polos con el mismo origen e igual talento, pero personalidades opuestas. De un lado, Hunt: el playboy carismático, vicioso e irresponsable, acaso el primer rock-star del automovilismo. Del otro, Lauda: “la rata” cerebral, pragmática, laboriosa, parca y con un conocimiento técnico impecable, quizás el hombre que llevó las carreras a un nuevo nivel de profesionalismo.

Ambos se odian (en el film, en la vida real no era tan así), pero es un odio que encierra envidia, respeto y, en el fondo, admiración. Y van a llevar esa competencia a las pistas, en una carrera que incluye mujeres (muchas mujeres), excesos, traiciones, pasión, testosterona y una tragedia inspiradora.
Rush quizás no sea una gran obra: es una muy buena película sobre dos leyendas. Howard no filma con lirismo y vuelos estilísticos. Pero con su estilo clásico y ágil, avanza, acelera, se lleva puestas las delicadezas estéticas para meterte en la época y en los cascos de dos mentes apasionantes.

Y si no se te hace un nudo en la garganta con el final, con ese final que tiene Rush, entonces andá al mecánico a que te revise el corazón, porque algo anda muy mal en ese motor.


martes, 3 de diciembre de 2013

Comentario de "Bloodsports", el regreso de Suede - FM 89.90




En "Chill Out", por FM 89.90, presentamos el nuevo álbum de Suede, su retorno luego de 10 años, y por qué el destino fue tan injusto con una banda que podría haber sido la más grande del rock británico de los 90.