martes, 22 de marzo de 2011

Morcheeba en Buenos Aires: el sabor del encuentro

La banda inglesa, con el regreso de la vocalista Skye Edwards después de siete años de ausencia, se presentó anoche en el Luna Park y embriagó al público.



Foto de Agustín Dusserre

Espero se entienda, no quiero hacer apología del alcoholismo. Es importante recordar que un par de copas de más pueden terminar en una desgracia. Pero también es justo decir que los que anoche fuimos al recital de Morcheeba salimos del Luna Park con una inofensiva borrachera alegre. Esa que te relaja y te hace querer hacer las paces con el mundo. La misma curda que se agarraron los hermanos Godfrey cuando, a fines de 2009, se juntaron a cenar con Skye Edwards para convencer a la emblemática cantante de regresar a la banda luego de haber sido "invitada" a dejarla tras la edición de Charango, hace ya más de siete años. Y sabemos que si algo cura las heridas es el alcohol, por eso, unos cuantos wiskachos y listo: Morcheeba olvidó rencores, ahogó las penas de un par de buenos discos sin identidad (The Antidote y Dive Deep), y recuperó memoria y voz de un trago (bueno, de varios).
Y así es como empezó la noche de anoche, en la que el trío llegó a Buenos Aires para presentar Blood Like Lemonade, su último y gran trabajo, donde vuelven a iluminar el trip-hop con las sensuales luces del blues y soul.
Vestida de rojo y abrigada por una ovación, Edwards salió al escenario de un Luna Park transformado en un enorme chill out room para arrancar con "The Sea". La parsimonia lounge del público del campo no iba a durar mucho. "¡Están sentados! ¿No se quieren parar un rato?", pidió la vocalista y arriba todo el mundo para moverse con "Friction" y "Otherwise". "Es la primera vez que estoy en Argentina y estoy muy contenta", dijo momentos antes de "Never An Easy Way", y su sonrisa se transformó en un flash que no se apagaría en toda la noche. Después vendría un mix temporal: "Even Though" (primer corte del nuevo disco) y el ya clásico "Part Of The Process", todos con una ejecución y sonido impecables.
Edwards realmente parecía alegre por la visita, pero también por el chupi. "¿Qué tenés en ese vaso?", le preguntó al guitarrista Ross Godfrey, uno de los cerebros de la banda y motor del quinteto que la acompaña en vivo. "¡TEQUILA!", gritó él. "Uy, el mío ya está vacío. ¿Alguien tiene whisky?", dijo entre risas y descorcharon la sangría de "Blood Like Lemonade".
El rush etílico se subió al escenario y a la cabeza. "Está empezando a hacer calor acá: ¿tienen ganas de relajarse un poco?", preguntó la vocalista y "Slow Down" trajo calma al boliche, con bola de espejos incluida. Enseguida llegó el mejor momento musical del show: "Crimson", un tema que demuestra por qué Blood Like Lemonade es la continuación natural y justa de Big Calm (1998), con una performance vocal descollante y un encendido solo de Godfrey en trance con David Gilmour. ¿Morcheeba es cosa del pasado? ¡Ni en pedo!
"Trigger Hippie", "Beat Of The Drum", "Blindfold" y una "Over and Over" con toques de bossa continuaron la fiesta. Luego, "Be Yourself" (con un fraseo de "Music", de Madonna, jugueteando colado) y el himno publicitario "Rome Wasn't Built in a Day" señalaron el final del encuentro.
Salú, Morcheeba. Ojalá vuelvan pronto con más noches como la de anoche, de elegancia, relax, amigos, mujeres hermosas y música embriagante. Brindo por eso (con moderación).
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viernes, 18 de marzo de 2011

Cine: estrenos destacados de la semana

Sanctum 3D

¿Escucharon el dicho que dice “donde hay agua hay vida”? Bueno, en el cine es “donde hay agua está James Cameron”. El famoso director de Terminator y Avatar tiene cierta obsesión con el entretenimiento sumergible. ¿Ejemplos? Piraña 2, El Abismo, Titanic y varios documentales sobre los misterios de las profundidades, como Expedición Bismarck, Fantasmas del abismo y Aliens of the Deep. Incluso fue productor de la versión de Steven Soderbergh de Solaris (basada en la novela de Stanislaw Lem sobre un planeta compuesto enteramente por un mar inteligente). Teniendo en cuenta tanta fijación, no quiero imaginar lo que debe ser la piscina de su casa.

Ahora el autor vuelve a la producción de una aventura acuática en este caso dirigida por el novel Alister Grierson, y que es la historia “basada en un hecho real” de una expedición de buzos que se encuentran con unas cuevas submarinas inexploradas de Papúa Nueva Guinea. Una feroz tormenta inunda el lugar y atrapa a sus miembros, que deben encontrar una salida de forma urgente para no morir ahogados.

Es un film con gran trabajo de efectos especiales 3D y decorados. Todas las secuencias submarinas se rodaron en un enorme tanque de agua de los estudios Village Roadshow en Australia, que tiene capacidad para más de 7 millones de litros de agua y donde se construyó un gran escenario acuático, incluso una cascada de 14 metros. Técnica y visualmente, la cinta logra transmitir la sensación de encierro, asfixia y desesperación por escapar de las profundidades. Ojalá el guión fuese tan creíble como el decorado.La conflictiva relación entre un padre y su hijo, el motor dramático del relato, hace agua por todos lados: pobres interpretaciones (en especial la del joven Rhys Wakefield) y una “profundidad” de diálogos que pueden provocar embolia en el espectador. Pero bueno: era de esperar que la falta de oxígeno afectara tanto ideas como comportamiento.

Después de ver Sanctum, uno emerge del cine agradeciendo que a Cameron, tan afín al sentimentalismo marino, nunca se le haya ocurrido producir Buscando a Nemo.


Un despertar glorioso

Hagamos un test: películas sobre chica dulce y muy capaz que se sobrepone a exigente situación laboral. Las reglas de Buddy (1994), Secretaria ejecutiva (1988), El diario de Bridget Jones (2001) y El diablo viste a la moda (2006) son algunos títulos que me vienen rápido a la cabeza.

El film del sudafricano Roger Michell (autor de la siempre disfrutable Un lugar llamado Notting Hill) se basa en esta fórmula haaaaarrrrto probada para construir un relato sobre una productora de TV (Rachel McAdams) que es contratada por una cadena para tratar de salvar un show matinal de noticias y variedades de muy bajo rating, y tiene la idea de sumar a un periodista “de raza”, hosco y malhumorado (Harrison Ford) para hacer dupla conductora con una caprichosa y desvergonzada Diane Keaton.

Con muchos lugares comunes y alguna que otra escena simpática, el film supone una mirada tierna y humorística sobre el trastornado backstage de un programa de televisión a partir del choque de egos y personalidades. En la pantalla, termina siendo una versión de la serie 30 Rock for dummies.



Solo tres días

La nueva obra de Paul Haggis (quien ganó el premio Oscar a mejor película y mejor guión adaptado por Vidas cruzadas) es la historia de un devoto esposo (el siempre impávido Russell Crowe) que planea durante años el escape de prisión de su mujer, condenada por un asesinato que, aparentemente, no cometió. Es un thriller algo largo pero entretenido, con un poco de acción y algún que otro “giro sorpresa” que sabe mantener el ritmo y la atención del espectador, quien también podrá discutir sobre el dilema moral que plantea la trama. Pero, por sobre todo, Solo tres días es un film educativo para cualquiera que esté dispuesto a delinquir por amor. Por ejemplo:

- Nada de andar escondiendo una lima dentro de una torta cada vez que vaya de visita carcelaria. Es hora de modernizarse. En Solo tres días, Ud. puede aprender a hacer llaves universales que le permiten acceder a distintos sitios de una prisión.

- Si es Ud. es un buen estadounidense promedio cuyas circunstancias y sentimientos lo fuerzan al delito, por favor venda antes su automóvil Toyota Prius. Los criminales con conciencia no dejarán huellas de carbón, pero son más fáciles de atrapar.

- ¿Requiere documentos? En Estados Unidos, siempre hay un falsificador cerca de su domicilio. Solo recorra algunos bares y tugurios que, seguro, encontrará ese pasaporte trucho que tanto Ud. como su familia necesitan.

- Si va a huir del país, lleve un par de ancianos en su auto para despistar a los policías de frontera. Cualquier agente de la ley sabe que los malhechores no escapan con pasajeros jubilados. No olvide: matafuego a mano, balizas en el baúl y una abuela en el asiento trasero son reglamentarios para cualquier fugitivo.

- ¿Hay algún arte delictivo que no domina, por ejemplo violentar la cerradura de un coche? No se preocupe: YouTube puede ser la red social de entrenamiento criminal más grande y efectiva del mundo (bueno, era de esperarse con tanto ladri suelto en Internet, ¿no?).

Por supuesto, no todo es tan inverosímil en esta cinta. Hay que darle el crédito a Solo tres días de ser el primer film en mostrar a un estadounidense buscando dónde queda un país sudamericano en un mapa. ¿Querían cinéma vérité? Ahí tienen.

viernes, 4 de marzo de 2011

¿Por qué la música hoy suena mal?

Cada vez más discos se escuchan con un audio comprimido y saturado. En Estados Unidos, una organización propone el 25 de marzo como día para tomar conciencia sobre la "guerra del volumen" que afecta a la industria discográfica. ¿Qué relación hay entre la calidad del sonido actual y los intereses del negocio online?

Hace años que somos víctimas de una guerra que no vemos, pero que si prestamos atención podemos escuchar cada vez que damos play al iPod o al equipo de audio. Desde principios de la década de 1990, se viene desarrollando en la industria discográfica la llamada "loudness war" (guerra del volumen), una tendencia que consiste en aumentar el volumen con el que se realizan las grabaciones. Así, cada disco que se lanza al mercado suena más potente y estridente que el anterior, en el marco de una carrera armamentista sonora. Pero, ¿más fuerte significa más calidad de sonido y mejor experiencia auditiva?
La mala fidelidad del audio de gran parte de las producciones actuales puede tener su parte responsable en los métodos "caseros" de grabación digital, con herramientas y equipos que no son profesionales por más que entreguen un producto aceptable. Pero las razones esenciales parecen atadas a lo cambios en los hábitos de consumo musical: hoy, las mezclas y masterizaciones de los discos se hacen pensando en que las canciones ya no se disfrutan en equipos de alta fidelidad, sino en autos, reproductores de MP3, celulares y computadoras, y en ámbitos de ruido externos, como la calle o el transporte público. El objetivo en el estudio, entonces, pasó de querer hacerse sentir, a tener que hacerse escuchar.
Aumentar la presión del volumen significa reducir el rango dinámico de las grabaciones (la diferencia o distancia entre las frecuencias altas y bajas de un sonido), lo cual elimina todos los matices del audio, aquello que deja distinguir entre lo "suave" y lo "brusco". "Está comprobado que la música más fuerte no implica más ventas y que la hipercompresión conduce a la fatiga auditiva, que aleja al oyente de disfrutar la música", explica Eduardo Bergallo, ingeniero de grabación, mezcla y mastering con más de 1.200 discos en su currículum.
La "guerra del volumen" a la vista




Si bien la "loudness war" lleva décadas en la industria, su relevancia se dio con la salida del álbum Death Magnetic, de Metallica. Tras comparar los audios tanto del CD como de las canciones incluidas en la versión del juego Guitar Hero, un grupo de fans descubrió que algunos picos de saturación del disco no estaban disponibles en el videojuego, ya que tenían una mezcla con mucha menos compresión. La banda se llamó a silencio y, si bien sus seguidores juntaron más de 20.000 firmas para solicitar que el álbum fuese remezclado, el pedido no prosperó. En la vereda opuesta, Guns N' Roses publicó su esperado disco Chinese Democracy con una mezcla que privilegia el rango dinámico. Su aparición sirvió para dar a conocer mundialmente a Turn Me Up, una organización norteamericana que propone el 25 de marzo como el "Día del rango dinámico" para terminar con esta competencia para sordos.
Sebastián Rubin, líder de Rubin y los Subtitulados e integrante de Alvy, Nacho y Rubin, masterizó su último álbum bajo los criterios de Turn Me Up. "Sabíamos que no queríamos excitar tanto el volumen del disco. No fue sino hasta el mastering donde, con Eduardo, charlamos respecto de la compresión y volúmenes finales. Él me decía que era mejor sonar un poco más bajo y que fuera la gente quien subiera el volumen, así el resultado sería mucho más satisfactorio en todo sentido", explica. Si bien, a diferencia de Bergallo, Rubín sostiene que pueden hacerse discos con buen nivel de audio en estudios hogareños, ambos están de acuerdo en otro factor. "La baja de calidad tiene origen técnico (sistemas de grabación baratos, grabaciones y mezclas realizadas por inexpertos) y artístico (los músicos no se dedican tanto a su instrumento y a su proyecto como 20 o 30 años atrás). Por eso, las bandas que más tocan, suenan mejor", afirma el técnico.

Sonido comercial

No sólo hay factores tecnológicos y de educación musical para explicar la saturación del sonido actual: quizás a estos haya que anteponerles las razones comerciales.
En América del Norte y Europa, donde se produce la mayor parte de la música popular, el canal por excelencia de distribución de canciones es el digital. La gente compra la música vía web o desde su celular en tiendas y servicios como Amazon, Spotify, Ovi Music y, en especial, iTunes, que concentra el 70% de las ventas de música digital en Estados Unidos y es el retail número uno de ese mercado, superando incluso a cadenas físicas como Walmart. Según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI, por sus siglas en inglés), el valor del segmento digital aumentó 1.000% en los últimos seis años. Hoy hay más de 400 servicios de música en ceros y unos en el mundo y el 29% de los ingresos de los sellos discográficos proviene del canal virtual.
Pero así como el CD fue el soporte comercial para la música "física" de antaño, el presente negocio digital parece estandarizado en la distribución de archivos MP3 (un método de compresión de audio con "pérdida" del sonido original) a una tasa de bits promedio de 192Kbps, lo cual crea archivos de una calidad auditiva similar a la del disco compacto (aunque lejos de ser óptima).
Aumentar la fidelidad del audio de las canciones implica usar formatos sin compresión como, por ejemplo, el WAV o FLAC, que crean mejores archivos pero también de mayor tamaño, lo cual altera toda una ecuación comercial: a más "peso", más almacenamiento, más redes, más ancho de banda y más tiempo requeriría vender música. En pocas palabras: cambiar la calidad del audio es cambiar un negocio; por lo tanto, ¿no hay una relación entre el costo, lo técnico y lo comercial para que la música hoy suene como suena?
"Para las discográficas, la economía está delante de la pasión por hacer música. Hace mucho que se transformaron en empresas muy grandes que van a lo seguro", dispara Bergallo, que agrega: "No se sale del MP3 porque los estándares son difíciles de cambiar. Ese formato se instaló cuando el download era lento y la capacidad limitada, pero hoy podés bajar a mucha velocidad. En cinco años, no vamos a estar hablando del MP3 como lo conocemos ahora. Hay mucha música que no soporta ser escuchada así, pero como eso no pasa con la mayoría del pop y el rock entonces parece que no vale la pena cambiar".
Varios medios especializados revelaron hace días que Apple, eMusic y Amazon, entre otras tiendas online, estarían en conversaciones con los sellos para aumentar la calidad del sonido de los archivos que venden. La idea sería que estos retailers puedan comercializar canciones en 24 bits, que es la frecuencia de muestreo con que se graba la música originalmente, y que luego se degrada a 16 bits para copiarlas en un CD o venderlas en la web.
Por supuesto, el cambio tiene sus consecuencias. Por un lado, gran parte de las computadoras y players que hay en el mercado mundial hoy no es capaz reproducir audio en 24 bits, con lo cual hace falta una renovación tecnológica. Por el otro, el formato crea archivos de mayor tamaño, lo que complica la transferencia online, especialmente para aquellos servicios basados en streaming. Además: ¿quién se va a hacer cargo de los costos? ¿Los usuarios estarían dispuestos a pagar más por archivos high-fidelity? "No creo que la calidad del audio sea el principal desafío de la música hoy. Lo que más buscan los melómanos es acceder más fácilmente a la música", dijo a CNN Shawn Lyden, jefe operativo de Sony Network, empresa que acaba de lanzar en Estados Unidos el servicio pago de streaming Music Unlimited.
¿Es esto realmente así? ¿Un pibe que oye su iPod en el subte prefiere la comodidad sobre la calidad? ¿O acaso este no es otro síntoma de una cultura que nos ha adoctrinando el oído a la forma de un negocio? Quizás también haya que subir el volumen de estos cuestionamientos para empezar a escuchar música mejor.
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viernes, 25 de febrero de 2011

Cine: Los estrenos destacados de la semana

127 horas


El año pasado el cine nos entregó dos destacados “unipersonales al límite”, esos que muestran la lucha de un protagonista por superar una situación crítica para su vida: la claustrofóbica Enterrado, del español Rodrigo Cortés, y esta nueva cinta del director inglés Danny Boyle (Trainspotting, ¿Quién quiere ser millonario?). Por qué esta es una de las candidatas al Oscar a mejor película, siendo una obra de menor intensidad emocional e interpretativa que la primera, es algo que puede tener respuesta en el caprichoso gusto de los miembros de la academia.

Pero hay un elemento clave en esta elección: 127 horas está basada en un hecho real, la odisea del ciclista y montañista Aron Ralston, que queda atrapado por cinco días en un cañón de Utah al desprenderse una enorme roca que aprisiona su mano. Solo, incomunicado y con los víveres agotados, toma una drástica decisión para salvarse.

El manual básico de estilo para una historia de estas características indicaría, quizás, un film oscuro y con abuso de imágenes fuertes con el objeto de sensibilizar al espectador y transmitir la desesperación de la situación. Pero Boyle se las ingenia para comunicar lo mismo haciendo todo lo contrario: 127 horas es una película luminosa, de colores sobrexpuestos, flashbacks, música pop (un sello de Boyle) y una estética cercana al videoclip, elementos que, es verdad, generan cierta “artificialidad” al relato y a la correcta interpretación de James Franco. Pero son recursos que están en sintonía con la personalidad del protagonista y el mensaje del film. 127 horas no es un drama sobre una tragedia, es una aventura sobre la resiliencia: la capacidad de sobreponerse a la adversidad.


Amigos con derechos



Por esas cosas locas de la agenda de estrenos locales, podemos tener en cartelera a un mismo actor en dos papeles muy diferentes (lo cual, a veces, es tan divertido como terrible). En este caso, podemos ver a Natalie Portman como una bailarina al borde de la locura en el recomendado psycho-trhiller El cisne negro, por un lado, y por el otro como protagonista de esta liviana comedia romántica.

En realidad, la bella actriz es lo único rescatable de este film sobre los dilemas del amor en los tiempos modernos. Ella es una médica descreída del romanticismo que, luego de muchos años, se encuentra con Adam (el insufrible Ashton Kutcher), un amigo de la infancia que ahora es productor de TV. Se acuestan y, al otro día, deciden continuar la relación en los términos de lo que los norteamericanos llaman friends with benefits: solo diversión, nada de enamorarse. Pero ¿hay amistad después del sexo? ¿Y puede haber vínculos así, sin las “ataduras” del amor?

Lo que es seguro es que aquí hay un film tan previsible como olvidable, no porque se trate de un tema trillado o superficial, sino por la sencilla razón de que con una colección de gags y personajes caricaturizados no se hace una comedia. En el cine, como en la vida, puede que haya sexo sin amor, pero no hay buenas películas sin un buen guión.


Biutiful


Alejandro González Iñárritu divide aguas en el público y la crítica. Algunos destacan la cruda poesía con la que aborda los aspectos más bajos de la condición humana, mientras otros denuncian que su cine se regodea en esas miserias, que es solemne o manipula al espectador.

En lo personal, disfruto de las obras del director mexicano, más allá de que a veces peque de pretencioso, moralista y algo morboso en su constante abordaje de las calamidades del mundo. En este sentido, Biutiful es una película 100% Iñárritu, aunque construida de una manera diferente a sus obras anteriores: un único relato lineal y casi cronológico en lugar de ser coral y fragmentado, como los de 21 gramos y Babel.

Aquí, Javier Bardem encarna a Uxbal, tipo relacionado al turbio negocio de la inmigración ilegal y el trabajo esclavo en España, y con el don de poder hablar con los muertos, que un día es diagnosticado de cáncer terminal y decide replantear su vida, en especial la relación con su esposa (en la piel de la argentina Maricel Álvarez), bipolar y alcohólica, y sus dos hijos. Peor, imposible.

A caballo de una enorme actuación de Javier Bardem (el más duro contendiente de Colin Firth, de El discurso del rey, por el Oscar a mejor actor), y filmado en un estilo cercano al documental, Biutiful es una película sobre la vida a la luz de la muerte y la redención. Dura, extenuante, hermosa o despreciable, según el ojo con que se mire.

jueves, 24 de febrero de 2011

Oscar: conocé a los nominados a mejor música

Quiénes son y qué hicieron los que pugnan por la estatuilla a mejor banda de sonido original; sus vínculos con el pop y el rock, y qué posibilidad de ganar tienen.


El domingo 27 de febrero es el gran día: una nueva ceremonia de entrega de los premios Oscar se llevará a cabo. Mientras todos discuten qué película ganará, si Red Social, si El cisne negro, si Natalie Portman será la mejor actriz o no, si el mejor director es este o aquel, nosotros nos concentramos en una categoría en especial, la destinada a premiar a la mejor banda de sonido original. Así, días antes de conocer al ganador, hacemos un repaso por cada uno de los nominados, cuáles son sus vínculos con la música más allá del cine y qué posibilidades tienen de triunfar...

1) Hans Zimmer, por El Origen (de Christopher Nolan)

Da la sensación de que no hay película que no tenga música de este prolífico "tanque alemán", que ha compuesto para más de 120 obras tan diversas como Rain Man, Thelma y Louise, La delgada línea roja, El caballero de la noche y El rey león (que le valió un Oscar). Su trabajo para El Origen es, quizás, lo mejor de su carrera: una fanfarria electrónica, tan misteriosa como críptica y romántica, que se acopla a la perfección con la aventura onírica de Nolan sin perder cohesión ni coherencia como obra individual. "Time", la canción de la escena final, con la guitarra del ex The Smiths Johnny Marr, suena a futuro clásico de película.

Conexión rockera: Zimmer tiene un pasado popero y ochentoso. Tocó con The Buggles y hasta se lo puede ver en el histórico clip del hit "Video Killed The Radio Star". También formó Camera Club, con Bruce Woolley (ex Buggles) y Thomas Dolby (quien se haría famoso como solista con "She Blinded Me With Science"), y Helden, junto a Warren Cann, batero de Ultravox. Ya como consagrado autor de música para films, continuó trabajando con artistas del pop y el rock, como la vocalista Lisa Gerrard (ex Dead Can Dance) para Gladiador, y Robbie Williams (en la canción de la comedia Johnny English), entre otros.

Chance de ganar: Media. Que el filme no sea uno de los favoritos a "mejor película" y que Nolan no esté nominado a "mejor dirección" (una locura) le quita posibilidades. Pero la banda de sonido se corta sola y puede ser premiada, también, como un reconocimiento a la carrera de Zimmer.

Qué otras cosas escuchar: El mencionado score para Gladiador, con Gerrard, es un must. Pero toda su discografía es riquísima. Conocé un poco de todo lo que hizo acá.

Hans Zimmer y Johnny Marr tocando "Time" en la premiere de El Origen




2) Trent Reznor y Atticus Ross, por Red social (de David Fincher)

La posibilidad de que el vocalista y cerebro de Nine Inch Nails, principal exponente de un género tan relegado como el rock industrial, pueda alzarse con un Oscar es una de las pequeñas grandes sorpresas que dieron las nominaciones de este año. El trabajo ya obtuvo un Globo de Oro y este año la dupla volverá a trabajar con Fincher en la música de The Girl with the Dragon Tattoo, adaptación estadounidense de la película basada en el primer libro de la exitosa saga Millennium, de Stieg Larsson.

Conexión rockera: Creo que no hace falta abundar en este punto, ¿no?

Chance de ganar: Relativa. Si nos basamos en el histórico conservadurismo de la Academia, el estilo oscuro y futurista del soundtrack tiene pocas posibilidades. Pero este año hay mucha juventud entre los nominados (incluso la gala será conducida por James Franco y Anne Hathaway, de 32 y 28 años respectivamente), quizás una señal de "modernización" de la entidad y, por ese lado, Reznor quizás termine bañado en oro.

Qué otras cosas escuchar: Bueno, si todavía no le pusiste el oído a The Downward Spiral de NIN (1994) hay un vacío importante en tu vida. Otra cita obligada es el EP debut de How To Destroy Angels, la banda que reúne a Reznor, su mujer Mariqueen Maandig y Ross.



3) John Powell, por Cómo entrenar a tu dragón (de Chris Sanders y Dean DeBlois)

Este compositor canadiense trabajó con varios estilos y músicos, entre ellos con su competidor de "terna" Hans Zimmer, pero es un especialista en cine de animación: P ollitos en fuga, Bolt, Happy Feet, Kung Fu Panda y las tres Era de hielo son algunas de las obras que llevan su sonido. Para esta historia de fantasía vikinga de los estudios DreamWorks, Powell creó una banda sonora medieval, tan épica como infantil, con la mágica participación de Jónsi, vocalista de Sigur Rós, y su tema "Sticks & Stones".

Conexión rockera: Powell viene de otro palo, tiene formación como violinista y llegó a tener una banda de soul llamada The Fabulistics en su juventud. En realidad, lo que rockea son las películas en las que trabajó: Contracara, Shrek, Sr. y Sra. Smith y X-men: La batalla final, entre otras. ¡Rocanrrollnnnn!

Chance de ganar: Muy difícil. Es su primera nominación de la Academia y va contra pesos muy pesados.

Qué otras cosas escuchar: Sin dudas, sus obras de la trilogía Bourne, especialmente para La supremacía Bourne: orquesta, colchones electrónicos y heavy drums que llegan al jungle persecutorio. Encima, incluye "Extreme Ways", de Moby, canción sello del desmemoriado y letal agente secreto.

Jónsi - "Sticks & Stones"



4) Alexandre Desplat, por El discurso del rey (de Tom Hooper)

Quizás uno de los más grandes compositores clásicos modernos. El francés da clases magistrales en La Sorbonne y en el Royal College of Music y es un especialista en esas bandas de sonido que parecen imperceptibles durante el film, pero que son el alma de la película. Viene de cerrar un año con tres grandes obras: la música para El escritor oculto (de Roman Polanski), Harry Potter y las reliquias de la muerte - Parte 1 y El discurso del rey, que lo deja acariciando su primera estatuilla.

Conexión rockera: Desplat es conocido por su trabajo en Luna nueva, la segunda entrega de la saga Crepúsculo, donde sus románticas y vampirescas composiciones conviven con canciones de Muse, The Killers y Thom Yorke, entre otros. Pero también tiene antecedentes en el pop francés, como ser autor de "Love, etc.", interpretada por Charlotte Gainsbourg.

Chance de ganar: Muchas. Desplat acaba de ganar un BAFTA a mejor música y corre con el caballo del comisario, ya que El discurso del rey cosechó premios internacionales como soja y es una película 100% "made for the Oscar".

Qué otras cosas escuchar: En lo personal, me gusta mucho su trabajo para Syriana (de Stephen Gaghan, 2005). Pero la banda de El Fantástico Sr. Zorro, film de animación cuadro por cuadro de Wes Anderson basado en la novela infantil homónima, es una muestra de la versatilidad de Desplat, en la que viste a la orquestra tradicional de guitarras, banjos e instrumentos de la música sureña norteamericana y todo suena a granjeros okupas en el Colón.



5) A.R. Rahman, por 127 horas (de Danny Boyle)

Si los hindúes no tuviesen a Sarasvati como deidad de la música, Rahman podría ocupar su lugar. Símbolo de Bollywood, le puso su sello para más de cien films y es uno de lo artistas más vendedores de la historia. Considerado el "Mozart de Madrás" (Chennai, su ciudad nativa) y una de las 100 personas con más influencia en el mundo por la revista Time, alcanzó popularidad mundial con el hindú-hopero score de otra película de Boyle, ¿Quién quiere ser millonario? (2008), por la que obtuvo dos Oscar.

Conexión rockera: Trabajó con diversos artistas internacionales como Vanessa-Mae, Pussycat Dolls, Usher y miembros de A-ha y Travis. Su colaboración más renombrada es con M.I.A. en la canción "O. Saya", incluida en la anterior cinta de Boyle. Para 127 horas hizo dupla con Dido en la bella "If I Rise", nominada a mejor canción original.

Chance de ganar: Pocas. Rahman sorprendió hace dos años llevándose merecidamente las estatuillas a mejor música y mejor canción, pero es difícil que ahora repita.

Qué otras cosas escuchar: Rahman parece tener seis manos y es difícil seguir su prolífica discografía. La revista Time consideró su primer soundtrack, para el film Roja, una de las diez mejores bandas de sonido de todos los tiempos. Para tener una idea más general de lo que hace, acá hay un "Best of".

Dido y A.R. Rahman - "If I Rise"



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jueves, 17 de febrero de 2011

INXS en Buenos Aires: el hit inmortal

Los australianos, con el canadiense J.D. Fortune en voz, se presentaron anoche en el Luna Park e hicieron lo que mejor saben: entretener con sus grandes éxitos.


¿A qué fueron los que asistieron anoche al recital de INXS, de este INXS? ¿A ver una banda emblemática? ¿A ver una banda emblemática más un cantante? ¿A comparar en vivo a J.D. Fortune con Michael Hutchence? ¿A gritar "Maikeeell, Maikeeeeeelll"? ¿A bailar y apretar con la novia/o (bueno, ya esposa/o)? ¿A recordar los viejos buenos tiempos, aquellos años de nuevas sensaciones, y emocionarse hasta las lágrimas (amargas, je)? Quizás a un poco de todo esto, pero sobre todo, a ver un espectáculo. Y eso es algo que INXS, aquel y este INXS, siempre supo dar. Desde esa primera impresión en el Festival Rock & Pop de 1985, hasta el olvidable recuerdo de 2002 con el aún más olvidable Jon Stevens como frontman; pasando por la tragedia de una pérdida irrecuperable y el desparpajo de un reality show, el grupo australiano siempre supo que esto es, sobre todo, entretenimiento. Y ayer a las 21:30, el telón del escenario porteño se corrió una vez más e INXS, este INXS, salió a continuar el show.
Los tres hermanos Farris, en look CQC y clave batucada, abrieron un juego que desembocó en la explosiva "Suicide Blonde", con Fortune emergiendo a escena como un crooner con galera. La batería de clásicos se embaló con "Devil Inside", "Mystify" y "Listen Like Thieves". "Afterglow" trajo algo contemporáneo al repertorio, pero rápidamente el sonido volvió a los 80 con "Love Is (What I Say)", una joyita recuperada del álbum The Swing (1984). Después llegaría una versión desenchufada de "Don't Change", a cargo solo de los miembros originales, y la artista invitada de la noche: Deborah de Corral, con una folkie "New Sensation" (incluida en Original Sin, nuevo disco de reversiones con distintos vocalistas que la banda está presentando) que generó una tibia y respetuosa respuesta del público.
Tras una etérea y dramática "Beautiful Girl" con Fortune otra vez al frente, "Mediate" trajo de vuelta la electricidad al show y el sexteto dejó los formalismos de lado. Chau trajes y corbatas, hola a la vestimenta rocker (sombreros de cowboy y hasta cascos de aviador incluidos), y los australianos arremetieron con lo mejor de su arsenal: "Need You Tonight", "Bitter Tears", "Not Enough Time", "Disappear", "Original Sin", "What You Need", nuevamente "New Sensation" (pero à la old school) y la siempre conquistadora "Never Tear Us Apart".
A esta altura, poco pesan las dudas y cuestionamientos que pueden rondar por las cabezas. Si este INXS parece una banda de covers de sí misma o no. Por qué hace diez años que permanecen en un estado de permanente interpretación y reinterpretación de su pasado en lugar de evolucionar. O si J.D. Fortune será, finalmente, una voz hacia el futuro o solo un efectivo ejecutor que no desentona con uno de los catálogos pop más sólidos (y sacros) de los últimos 25 años. El cierre, otra vez con "Don't Change", pero ahora en actitud punk, suena como un mensaje en respuesta a esos pensamientos.

jueves, 3 de febrero de 2011

Cine: Los estrenos destacados de la semana


El avispón verde

No nos dan un poco de paz, ni siquiera en vacaciones. Estamos a 3 de febrero y ya tenemos un gran candidato a peor estreno del año. ¡Esto es trabajo insalubre! Pero, bueh: ahí vamos.

Surgido en la década de 1930 como show radial, el Avispón Verde se hizo algo más popular hacia fines de los 60 como una serie de televisión protagonizada por Van Williams en el papel del magnate editor de un periódico que decide hacer justicia haciéndose pasar por delincuente para infiltrase en las redes criminales, acompañado de su fiel asistente Kato, encarnado por la hoy leyenda de las artes marciales Bruce Lee.

Cuatro décadas más tarde, el personaje es desempolvado para una nueva generación con una adaptación al cine que, al menos en la intención, es buena: no replicar la típica película de héroe de cómic a lo Batman, sino parodiar el género en el marco de una comedia de súper acción. Pero el film tiene dos grandes fallas:

1) Demasiado Seth Rogen: el comediante canadiense, conocido por sus trabajos en Superbad y Virgen a los 40, no solo encarna al vengador enmascarado, sino que también es coguionista y coproductor del film. Quizás demasiado trabajo afectó tanto su performance actoral, que se ve incómoda, como la calidad de la historia y los diálogos, por momentos soporíferos.

2) Muy poco Michel Gondry: el director francés, autor también de Eterno resplandor de una mente sin recuerdo y La ciencia del sueño, está desaparecido. Su particular técnica de filmación y ese estilo visual onírico tan reconocido por sus innovadores videoclips para artistas como Björk, Radiohead y The White Stripes, solo emergen en unas pocas escenas que te despiertan.

El resultado es una película que luce desaprovechada, incluso en el inerte uso del 3D. Ni siquiera el pequeño pero simpático rol de Cameron Diaz (Loco por Mary) o la intervención del gran Christoph Waltz (Bastardos sin gloria), en el papel de archienemigo, consiguen salvar a un avispón al que conviene “echarle flit”.


Conocerás al hombre de tus sueños

Tengo casi una buena noticia: Woody Allen casi hizo una buena película. Esta “comedia triste”, como el mismo director la definió, está entre lo más rescatable de su despareja “filmografía europea”, hogar de su autoexilio profesional y escenario de algunas de sus obras más desafortunadas, como Scoop, Cassandra´s dream o Vicky Cristina Barcelona.

En esta oportunidad, el creador de clásicos como Dos extraños amantes, Manhattan y La rosa púrpura del Cairo vuelve a Inglaterra para mostrar la crisis de dos matrimonios de una misma familia burguesa de Londres: uno representado por Gemma Jones (Harry Potter) y Anthony Hopkins (El silencio de los inocentes), quien se divorcia luego de 40 años para casarse con una joven prostituta. El otro centrado en la hija de estos, a cargo de Naomi Watts (La llamada), harta de su marido, un escritor en desgracia protagonizado por Josh Brolin (Sin lugar para los débiles), y enamorada de su jefe, un galerista en la piel de Antonio Banderas (Evita).

Apelando al relato coral de un elenco envidiable, Allen reflexiona con ironía sobre las crisis generacionales y saca a relucir su habilidad para leer las neurosis de la clase media-alta, su recurrente hipocresía o doble moral y su apego a la fantasía y el misticismo para evadir la realidad. Pero el problema del film es su falta de solidez y resolución. Por momentos, parece una colección de tics o ecos del mejor Allen, una cinta confeccionada a partir de “momentos” de su filmografía. Quizás eso es lo que hace a Conocerás al hombre de tus sueños una obra reconocible, disfrutable y, al mismo tiempo, inconsistente.


Lazos de sangre

Cada vez estamos más cerca de la entrega de los premios Oscar y, por eso, las distribuidoras locales apuran el estreno de las candidatas que aún no habían llegado a las pantallas nacionales. Lazos de sangre es una de ellas y acaso la “sorpresa”, con cuatro nominaciones incluida la de mejor película (aparte de haber sido galardonada en varios festivales internacionales).

Esta es la historia de una chica de 17 años, a cargo de su madre y sus hermanos, que debe encontrar a su padre, desaparecido luego de poner su casa como parte de la fianza para su libertad. Con el riesgo de quedarse sin hogar, la joven emprende una búsqueda en la que enfrentará los peligros de una familia de granjeros que esconde un sórdido secreto tras un pacto de silencio.

A caballo de la gran actuación de Jennifer Lawrence (una verdadera revelación), Lazos de sangre es una cinta ardua, áspera, de cierto corte documentalista en el retrato de los personajes y en su temática: el abordaje de la marginalidad y la miseria en las zonas rurales de Estados Unidos, donde escasea el trabajo, apremia el hambre y el narcotráfico y la drogadicción son más vías de supervivencia que de escape. Y todo sin golpes bajos, juicios o solemnidades: solo la cruda descripción de una realidad que no se suele ver a menudo en el cine norteamericano. Quizás esa sinceridad sea el mayor premio de tenga este recomendable film.

sábado, 29 de enero de 2011

Cine: estrenos destacados de la semana

Amor de madres
Rodrigo García es mucho más que el hijo del gran Gabriel García Márquez. Es un especialista en retratar la psiquis humana, en especial la femenina. Esto lo pudimos comprobar en sus obras anteriores como Con sólo mirarte (1999), Nueve vidas (2005) y la excelente serie In Treatment (En terapia), en la que fue productor y director de decenas de capítulos, y que justamente se desarrollaba en un consultorio psicológico.

Fiel al estilo de su filmografía, Amor de madres es un relato coral concentrado en tres mujeres que sirven para retratar diversos estadios y expresiones de la maternidad: Naomi Watts, como una joven ejecutiva de un estudio de abogados, liberal e independiente, que termina embarazada de forma inesperada tras un affaire con su muy mayor jefe; Kerry Washington, en el papel de una chica incapaz de tener hijos y ansiosa por obtener un bebé en adopción; y la cada vez más brillante Annette Benning, quien luego de su excelente interpretación en Mi familia, vuelve a descollar aquí en el rol de una médica en sus cincuenta años, solterona, que decide buscar a la hija que abandonó en su adolescencia.

Estos tres caminos se terminarán vinculando (como es de esperar) y nos ofrecerán un viaje por distintas problemáticas y subtramas: los conflictos de la adopción, los miedos de la maternidad primeriza, los desafíos de un embarazo no deseado, la angustia, la culpa y la ausencia. La cinta destila, por momentos, cierta moralina aleccionadora y peca, para mi gusto, de un final muy hollywoodense (¿acaso responsabilidad del productor del film, el siempre polite Alejandro González Iñárritu?). Pero eso no quita que Amor de madres sea una muy buena película, intensa, que ofrece algunas lecturas notables, actuaciones ejemplares y varias escenas emocionalmente demandantes (no solo para las mujeres).


El Oso Yogi, la película
Primero fueron Los Picapiedras, luego Scooby-Doo y ahora le toca el turno de sumarse a la pantalla grande a, quizás, el plantígrado más famoso del mundo, ideado por esa factoría de personajes animados que supo ser el estudio Hanna-Barbera, allá por la década del 50.

La adaptación al cine del Oso Yogi guarda mucha relación estética con la que se hizo de Scooby-Doo en 2002, donde personajes reales interactuaban con una versión digitalizada y algo caricaturizada de la criatura. Pero también lo hace en la tónica del film, que conserva el mismo estilo de humor infantil y los gags “chaplinescos” del dibujo animado. En esta ocasión, vamos a ver de vuelta a Yogi (con la voz de Dan Aykroyd) y a su fiel compañero Boo Boo (a cargo de Justin Timberlake) en sus clásicas andanzas de robar cestas de picnic a los visitantes del parque Jellystone. La dosis de actualidad corre por el toque ecologista del guión: el bosque está en peligro de desaparecer porque un malvado alcalde quiere recortar gastos públicos, por lo que Yogi, junto al guardaparques Smith y una joven documentalista, se lanza a la aventura de salvar su hábitat.

Uno podría pedir una adaptación más “jugada” y no tan insulsa, pero hay que recordar que tanto este dibujo, como todos los productos de Hanna-Barbera en general, eran livianos, familiares y políticamente correctos (quizás con alguna excepción por el lado de Don Gato y su pandilla). Así, El Oso Yogi, la película no tiene otra pretensión más que ser un producto digno y a la altura de un clásico: entretenimiento conservador (en todos los sentidos).


De amor y otras adicciones
Siempre se dice que el que mucho abarca poco aprieta, incluso en el cine. Pero este nuevo film de Edward Zwick (Leyendas de pasión, El último samurai, Diamante de sangre) cumple en su tarea de comprender una gran diversidad de temas sin soltarnos de la butaca.

La historia se centra en Jamie (Jake Gyllenhaal), empleado seductor y casanova de una casa de electrodomésticos que, tras ser despedido, consigue empleo como visitador médico del poderoso laboratorio Pfizer, y utilizará sus dotes de pillo y Don Juan para que los galenos comiencen a recetar un nuevo antidepresivo de la empresa. En esta tarea, conocerá a una paciente llamada Maggie (Anne Hathaway), chica artista, bohemia e independiente que sufre de Parkinson en su fase inicial.

El director se las ingenia muy bien para evitar caer en el melodrama y transformar un relato candidato al bodrio lacrimógeno en una película muy disfrutable, que reúne distintos tonos y temas, desde el drama de una enfermedad terminal hasta una cínica mirada sobre el modus operandi de la industria farmacéutica. Hay chistes buenos, chistes muy malos, sexo, Viagra, sorpresas, ternura, lugares comunes, escenas olvidables, ironía y sí: alguna que otra lágrima, pero todo en dosis controladas, terapéuticas. Lo necesario para salir del cine contento, estable y sin efectos secundarios.

miércoles, 26 de enero de 2011

Las mejores 25 canciones sobre el dinero

Me divertí mucho recordando y seleccionando las mejores 25 canciones sobre el dinero para la revista Apertura, y este es el resultado. ¿Cuál te parece que falta?









miércoles, 12 de enero de 2011

Cine: estrenos destacados de la semana

Imparable

La filmografía de Tony Scott es una vía rápida y explosiva. Top Gun (1986), Días de trueno (1990), Enemigo público (1998), Hombre en llamas (2004) y Déjà Vu (2006) son algunas de sus muchas estaciones que permiten comprobarlo.

En su último film, el director lleva a la superficie el vértigo ferroviario de Rescate en el metro 123, y ahora hay que detener un tren fuera de control cargado de sustancias tóxicas que va camino a provocar un desastre sin proporciones en una poblada ciudad de Estados Unidos.

Al rescate se suben Denzel Washington, héroe de acción fetiche de Scott, y Chris Pine (el nuevo capitán Kirk en Viaje a las estrellas, de J. J. Abrams), como dupla de maquinistas que desafiarán las reglas y la muerte para detener al peligroso convoy.

Scott entrega otra de sus películas marca registrada, donde ritmo, peligro y acción aceleran en cada escena, y nunca descarrila en su misión de brindar un efectivo entretenimiento.

Somewhere, en un rincón del corazón

Soledad y alienación son temas frecuentes en las obras de Sofia Coppola: desde su ópera prima Las vírgenes suicidas (1999) hasta este último trabajo, que recuerda mucho a su película más celebrada, Perdidos en Tokio (2003).

En esta oportunidad, la hija de Francis Ford posa su melancólica, puntillosa y cínica mirada sobre la intimidad de una estrella de cine llamada Johnny Marco, un bad boy de Hollywood encarnado por Stephen Dorff (Blade, Enemigos públicos), amante de los excesos y las mujeres fáciles, cuya vida sin rumbo se ve replanteada al tener que cuidar de su hija de 11 años (Elle Fanning, hermanita de la célebre Dakota).

Con un registro apesadumbrado, tenso, cargado de abundantes tiempos muertos, la directora nos ofrece espiar a una estrella en su cotidianidad cargada de vacíos: mujeres en lugar de amor; strip-teases en vez de sensualidad; popularidad sin compañía; u hoteles en reemplazo de un hogar. Y, en el medio de todo esto, una niña que viene a oficiar de norte, señal, razón y contenido en su vida.

Desde lo privado, Coppola construye un retrato de la vacuidad existencial hollywoodense, sin dejar de señalar la enajenación y el patetismo del mundo del espectáculo (basta ver la escena donde el protagonista viaja a Italia a recibir un premio y se ve inmerso en el bizarro show-bizz de la TV de Berlusconi, en un momento demasiado parecido al de Bill Murray haciendo la publicidad de whisky en Japón de Perdidos en Tokio).

El film no llega al punto de denunciar “la tristeza del niño rico”, pero ofrece un mensaje crítico muy impostado. Que una directora criada en la meca de la industria del entretenimiento mundial me recuerde que tiene más valor compartir un helado con mi hija que tener un Ferrari puede resultar tan superado como pedante. Demasiado indie-cool, inclusive para Sofía Coppola.

El retrato de Dorian Gray

Una nueva adaptación del clásico relato de Oscar Wilde, sobre este hedonista personaje que posee un retrato capaz de envejecer por él, pero con la maldición de no solo reflejar su natural paso del tiempo, sino también toda la perversión y los pecados de su vida.

Con una medida interpretación de Ben Barnes (Las crónicas de Narnia), Oliver Parker (Otelo) crea una película correcta, disfrutable, que destila esa sensualidad y terror gótico de la novela, pero que, a diferencia de esta, resulta demasiado conservadora, algo moralista y, por ende, poco memorable.

Volver al futuro

La nota de color cinematográfica de este verano es la reposición en las pantallas de este clásico protagonizado por Michael J. Fox, en conmemoración de los 25 años de su estreno.

La idea surgió por una acción personal de Sir Chandler, pseudónimo tras el que se esconde el creador del sitio CinesArgentinos.com.ar que, tras el éxito que tuvo el reestreno en Estados Unidos y México, decidió replicar la idea en nuestro país.

Aportando plata de su bolsillo, consiguió que la película de Robert Zemeckis se pueda volver a disfrutar en 28 salas nacionales solo por esta semana. “Si junto 5.000 espectadores no tengo que vender el auto”, dijo el autor de esta movida a los medios, así que ya saben: románticos y amantes del cine ochentoso, vayan a revivir una de las más simpáticas comedias sci-fi de la historia que, de paso, no dejan a nadie a pata.