martes, 8 de marzo de 2016

Fat White Family: conocé a la banda más asquerosa del rock

Hablamos con Nathan Saoudi, miembro de una familia inglesa muy normal.



«Lo único que sé de tu país es no apostar por Argentina en el Mundial y que comen más carne que nosotros», dispara Nathan Saoudi, así: directo, desfachatado y con un humor que raspa. Tal como esa banda de reventados de la que es tecladista, Fat White Family, acaso el grupo inglés más desagradable del momento.

Si se hace un rápido recorrido por lo que se ha escrito sobre ellos, se encuentran calificativos como «sucios», «grotescos», «enfermos», «vulgares», «indignantes» y «guarros». «Depende de Alá hacer esa valoración. Esos adjetivos pueden ser apropiados a veces, pero también tenemos una parte tierna que, si la acariciás, y la acariciás bien, produce la mejor imagen de la represión sexual», responde el músico, y agrega el «depravados» a la lista. ¿Es para tanto?

A ver, repasemos.  La prensa británica coincide en que ofrecen uno los espectáculos más shockeantes y escandalosos de la actualidad. El cantante y hermano de Nathan, Lias, se ha puesto en pelotas en el escenario, se masturbó y se cagó (literalmente) en vivo, embadurnó de harina al público y hasta llegó a patearles una cabeza de chancho (que, dicen, golpeó de casualidad a un vegano en la audiencia. Qué puntería). Hacen videos que te desafían a no vomitar (“Cream of the Young”) o en los que (también literalmente) te muestran el ojete (“Touch the Leather”). Tienen un disco revelación titulado Champagne Holocaust (con un cerdo comunista muy bien dotado en la portada) y canciones que llevan títulos como «Bomb Disneyland» y «Who Shot Lee Oswald?». Y, además, son una familia sin pelos en la lengua: Celebraron la muerte de Margaret Thatcher con un banner que rezaba «The Bitch Is Dead», dijeron que Alex Turner, de Arctic Monkeys, «es claramente un tarado» y amenazaron con unirse a ISIS «a no ser que Mac DeMarco se retire inmediatamente de la música y la vista del público».  Ah, y no bajarían canciones de Thom Yorke  «ni que nos paguen por hacerlo».

Se podría pensar que son una manga de bocones y provocadores, pero ellos apuntan a sacudir una escena que tildan de comercial. «Es inquietante la constante cantidad de porquería que logra estar en la radio o en festivales. El 99% del tiempo son puras pavadas.  Siempre habrá grandes bandas, pero, como vivimos en un vacío espiritual, no se las considera “comercializables”», opina, y reparte también pata los artistas históricos, como los Rolling Stones, que continúan ocupando los escenarios. «Los felicito por arreglárselas para seguir caminando y respirando. Más allá de eso, ir a uno de sus recitales es solo un viaje lamentable de nostalgia. ¿A cuánto están las entradas?», remata.

Encima, como si llamaran a los problemas aún cuando no los buscan, fueron incrédulos protagonistas del fatal 13 de noviembre pasado en París, cuando tuvieron que interrumpir su show en La Cigale por los ataques terroristas (ver el minuto 45 del siguiente video). «Recuerdo que me dijeron que parase de tocar en medio de una canción y que, luego, me puse a tomar hasta caer en un abismo rezando por la bomba. Todavía sigo rezando».


La NME dicen que suenan «tan oscuros, pervertidos y desagradables como los años 70». No está nada mal: este sexteto es una orgía lisérgica de carne psicodélica y sudor punk, y ofrece momentos en los que uno  bien puede imaginar a Frank Zappa, Sparks, The Fall y The Birthday Party como miembros de la Familia Manson. Es más: el guitarrista, Saul Adamczewski, tiene el proyecto paralelo Fat White Manson Family, donde toca covers del famoso criminal. Todo cierra.
«Si el sonido de la banda fuera una voz, sería esa voz que te recuerda “¿por qué?”, “¿para qué seguir?”, “¿por qué, hermano, por qué?” —intenta ¿explicar? Saoudi—. Y el estilo de esa voz, bueno… yo me imagino que sería como Sam Neil susurrándome».

Estos dementes acaban de editar su segundo álbum, Songs For Our Mothers, donde perfeccionan su fórmula retorcida y tóxica y se obsesionan con el fascismo (vean el video del single «Whitest Boy On The Beach» más abajo) en canciones como «Duce», «Lebensraum» y «Goodbye Goebbels». «Nos interesa la historia, esa historia que dio forma y destrozó el mundo tal como lo conocemos. No creo que sea sabio considerar los extremismos de la condición humana como algo que se haya ido para nunca más volver —aclara el tecladista—. El pasado tiene que ser revisitado, estudiado y usado. Los nazis lo llevaron al límite de lo absurdo. Todos sabemos lo que hicieron. Pero, vamos, ¡Hitler debería haber leído La guerra y la paz antes de intentar invadir Rusia! Qué tonto. Este nivel de absurdo debería ser ridículo. “Lebensraum” es sobre la ola de gentrificación, que está haciendo que gente como nosotros no puedan solventar un lugar donde vivir. ¡No es una oda a la política nazi!».

El disco también cuenta con la colaboración de un hijo ilustre, Sean Lennon. «Vino a nuestro primer concierto en los Estados Unidos, en Texas, y nos ofreció generosamente algo de comida mexicana, que no pudimos rechazar. Luego, cuando fuimos a Nueva York, no teníamos dónde quedarnos y nos dio lugar a todos. Es un señor y, también, un gran músico. Puede tocar cualquier cosa. No puedo decir nada malo de él, probablemente hasta le entregaría a mi mujer», confiesa Saoudi. Y viniendo de estos degenerados, seguro que es para tomarlo literalmente.


Leer en GeneraciónB.com >>

No hay comentarios: