Grupo Laser Disc comenzará
a producir unas 40.000 unidades mensuales hacia comienzos de abril. Según la
empresa, invirtió “cerca de un millón de dólares”.
Pronto volverán los vinilos industria argentina o, mejor
dicho, “Made in Mataderos”. Grupo Laser Disc, replicadora de CD y DVD ubicada
en ese barrio porteño, confirmó en exclusiva a Generación B que comenzará a fabricar discos en el país.
La compañía incorporó dos prensas (y piensa sumar otro par),
que le permitirán tener una capacidad de producción de 40.000 unidades por mes.
“La intención la tuvimos desde hace unos años, lo que pasa es que había que
concretarla. Hubo problemas y dudas, además de una larga lucha para conseguir
las máquinas, pero ya estamos en el tramo final de la terminación de la
fábrica”, aseguró Nicolás Muscó, gerente comercial de la firma. “Calculamos
empezar en un mes y medio, entre finales de marzo y principios de abril. Esa es
la idea, pero a veces surgen contingencias. Aunque no debería haberlas, porque
esto es más sencillo que hacer un CD. Es mecánico”.
En ese sentido, el ejecutivo explicó el procedimiento de manufactura
que realizarán. “Acá nos traen el archivo de audio en WAV de 24 bits y hacemos
el tradicional corte de acetato, aunque ya no es más acetato, sino que se
emplea una plancha de PVC laqueada, donde se transfiere el contenido musical.
De ahí, pasa a un área de procesos químicos para lograr dos matrices de metal,
una por cada lado del disco. Esas matrices se colocan en la prensa y, luego de
disolver el PVC (que viene ya en negro u otro color), se colocan las etiquetas
y sale el disco terminado. Después, obviamente, se controla la calidad de cada
partida. Trabajamos con norma ISO 9000 y estamos asociados internacionalmente a
CDSA (Content Delivery & Security Association), que nos autoriza a
controlar la propiedad intelectual. En otros lados hay fabriquitas de CD y
vinilos que te hacen compilados de lo que vos quieras, pero no pagan ningún
derecho”.
La empresa está en el proceso de pruebas y ajustes, y
todavía no se sabe que títulos o qué discográfica debutarán con la pasta negra
nacional. Por lo pronto, se estima que los tres grandes sellos presentes en el
país serán sus primeros clientes. “Ya Sony y Warner me prometieron empezar,
primero, a hacer los títulos locales, y luego lo importado. Nos falta
Universal, que creo que lo va a hacer también porque, si no, no va a poder
competir —reveló Muscó—. La ventaja que tenemos con respecto al extranjero no
es precisamente el precio, sino la velocidad por hacer todo el proceso en la
Argentina”. Consultado por si la elaboración local repercutiría en una baja en
los importes, el directivo sonrió: “Y… vamos a ver cómo sigue esto”.
De esta manera, la Argentina se sumaría pronto como uno de
los pocos lugares del mundo donde existen plantas de vinilo, que cada vez dan
menos abasto para atender la creciente demanda por el revival del formato. “La idea es apostar por algo que sorprendió.
Empezó a moverse hace cinco años, y nadie pensó que iba a pegar tanto”, afirmó
el directivo, que no descarta producir para la exportación: “Por eso, las dos
prensas más. Para Chile vamos a hacer seguro. Brasil es más difícil, porque ahí
ya hay dos plantas, una en Río de Janeiro y otra en San Pablo”.
Muscó
estimó la inversión en “cerca del millón de dólares. Esta es la única empresa
que tiene perspectiva para la industria, que está pensando en el mañana y no en
que esto se muere: al revés, le estamos buscando la vuelta”.
La nueva serie de HBO
es un retrato salvaje de la industria, donde la música es la verdadera
protagonista. CUIDADO: spoilers al mango.
Vinyl, la nueva
serie de HBO creada por Mick Jagger y Martin Scorsese, comenzó con un error
histórico: los New York Dolls no derrumbaron el Mercer Arts Center, tal como se
muestra. No fue una noche de estruendosas guitarras de Johnny Thunders y toneladas
de maquillaje de David Johansen la que tumbó aquel célebre antro del underground de la Gran Manzana, que se
vino abajo solito
una tarde de agosto de 1973 por el peso de su propia decadencia. Pero hay que
entender algo, puristas del rock: todo buen relato (o, mejor dicho, todo buen
relato de Scorsese) tiene algo de verdad, mucho de fantasía y una
exageración del tamaño del Madison Square Garden.
Como suele hacer, “Marty” amolda a piacere el rigor histórico para dar forma ahora a un retrato orgiástico,
desaforado y frenético de la industria musical de los primeros años 70, en una
Nueva York acelerada en cocaína, brotada por grafitis y con los primeros
síntomas de punk, glam, hip hop y disco a flor de piel. Así, citas verídicas,
guiños de complicidad y caracterizaciones de personalidades reales, como Robert
Plant, Peter Grant, Lou Reed, Andy Warhol, más varios cameos famosos que ya
iremos viendo aparecer, se mezclan con brillantes personajes de la ficción como
Richie Finestra (un bestial Bobby Cannavale), eje de todo este relato salvaje.
Finestra nunca existió, aunque algunos juran que se parece a
Walter Yetnikoff (presidente de CBS Records por aquellos tiempos), mientras que
otros lo equiparan con Marty Thau (famoso empresario y productor que fuera representante
de los Dolls). Es como El Lobo de Wall
Street, pero del musicbiz: un
tipo con “oído de oro, lengua de plata y bolas de acero” que amasó fortuna e
hizo de su sello, el también ¿ficticio? American Century Records, un pequeño
imperio bajo prácticas matonas: cagó a artistas, fraguó contratos, transó con mafiosos
y se esnifó todo rastro de moralidad que pudiera conservar de sus épocas de bartender.
Tiene como socios a dos malandras: un jefe de ventas (J.C.
MacKenzie) capaz de fondear en la bahía las copias de los vinilos que las
disquerías no venden para evitar pagarles reembolsos, y un responsable de
promoción (Ray Romano) que actúa como “director de sobornos”, dedicado a repartir
guita y coca a musicalizadores corruptos para garantizar la difusión de sus
artistas. “¿O acaso creías que las canciones suenan en la radio porque son
buenas?”, remata en off. Ahora, su
empresa se está desangrando en deudas y el capo, junto a sus buenos muchachos, no tiene miramientos
en dibujar el balance y un contrato con Led Zeppelin para tratar de vendérsela
a los desprevenidos alemanes de PolyGram.
Finestra desea salvar la compañía y hasta quiere otra vida,
ser un hombre nuevo y no este Frankenstein de pantalones acampanados en el que
se convirtió. Pero no puede escapar del reventado y demencial hábitat del que
forma parte, que despierta sus peores demonios y en el que todos, todos, desde
los músicos y DJ hasta los representantes de A&R, pasando por la secretaria,
son adictos. Nadie se re(s)cata y, encima, un muerto viene a complicarle la resurrección.
Hasta que una epifanía se le viene, literalmente, a la cabeza.
“Es más sobre Scorsese que sobre el negocio de la música que
conozco y conocí. Es Goodfellas con
música”, define Dan Beck, exdirectivo de Epic Records y uno de los tantos
empresarios que no están felices con cómo el directorlos dejó pintados, en una nota de Billboard de Estados Unidos. Jerry Greenberg, nombrado presidente
de Atlantic en 1974, lo secunda: “Como alguien que estuvo ahí en aquellos días,
esto fue hecho obviamente para la televisión. No recuerdo ninguna disquera que
fuera así”.
¿Cuánto es realidad y cuánto es invento? ¡Todo es
entretenimiento! Y la verdadera protagonista es la música. El soundtrack de Vinyl (que Warner acaba felizmente de editar en nuestro país) es la
amalgama para este mashup de
desmesura. Originales históricos de Ottis Reading, Edgar Winter y Jimmy Castor se
mezclan con covers clásicos de Dee
Dee Warwick (“Suspicious Minds”) y Foghat (“I Just Want to Make Love to You”),
pero también con nuevas reinterpretaciones y composiciones exclusivas. David
Johansen regrabó algunos de sus temas de los Dolls, mientras que el vocalista de
Vintage Trouble, Ty Taylor, retropropulsa el divertido “Cha Cha Twist”. Y Mick
Jagger hace pareja con su hijo James (que actúa en la serie como líder de los
proto-punks Nasty Bits) para firmar “Rotten Apple”.
La música tiene un rol tan estelar en Vinyl que, los viernes de cada semana, en Estados Unidos se editará
un EP digital con nuevos tracks, a
modo de anticipo de los capítulos que se emiten el domingo. El último incluye a
Julian Casablancas con su
versión de “Run Run Run”, de The Velvet Underground. Y a mediados de abril,
para el final de los diez episodios que componen esta primera temporada, se
lanzará un segundo volumen de la banda sonora.
¿Habra second season? Obvio, eso ya
está arreglado. Martin Scorsese compró a todos desde la primera escena y ahora
nosotros, también, no podemos escapar de esta adicción. Bienvenidos a la
máquina.
No solo
Kanye West rebautiza sus discos. Acá, una lista de otras obras con problemas
de identidad.
The
Beach Boys - Pet Sounds (1966)
Por esas misteriosas razones
del marketing en Oceanía, el disco
ícono de los muchachos de la playa se conoció en Australia como The Fabulous Beach Boys y tuvo una
portada diferente. Lanzamientos posteriores se pusieron a tono con el mundo.
The Beatles – «The White Album» (1968)
Ya todos sabemos que «El álbum blanco» no es más que el
nombre popular para referirse al autotitulado trabajo doble de los chicos de
Liverpool. Pero no muchos conocen que, en realidad, iba a llamarse A Doll’s House, título de una obra de Henrik Ibsen. El artista John Byrne (alias
«Patrick») llegó a diseñar una portada acorde (que recién apareció en 1980,
como tapa del compiladoThe Beatle’s Ballads). Pero la banda
descartó el nombre cuando Family, un grupo de rock progresivo británico, editó Music
in a Doll's Houseapenas unos meses antes.
The Who - Tommy(1969)
La ópera rock de los
británicos cuenta la historia de un niño que es sordo, tonto y ciego, y así se
iba a titular: Deaf, Dumb and Blind Boy.
Hasta que Pete Townshend y compañía prefirieron algo, digamos, menos «literal».
The Rolling Stones – Let it Bleed (1969)
Sus majestades satánicas querían
que el sucesor de Beggars Banquet setitulara Automatic Changer. Incluso Keith Richards llamó a su amigo el
artista Robert Brownjohn (que diseñó las secuencias de apertura de
varios filmes de James Bond) para que elaborase una portada en sintonía. Luego, los Stones descartaron el título, pero
mantuvieron la famosa tapa que hoy es
parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York.
The
Beatles - Let It Be (1970)
El lanzamiento final de John,
Paul, George y Ringo se grabó antes que Abbey
Road (que, vale mencionar, alguna vez tuvo el working title de Everest)
bajo el nombre de Get Back. En 2003,
Paul McCartney, que siempre estuvo disgustado con la producción que Phil
Spector hizo del álbum, se deshizo de muchos de sus arreglos y lanzó una
versión con nuevo nombre: Let It Be…
Naked.
Led Zeppelin - Presence
(1976)
Acaso el álbum más
subvalorado de Led Zeppelin, registra uno de los períodos más difíciles de la
banda, con Robert Plant recuperándose de un accidente automovilístico. No tuvo
título hasta el día final de la grabación, víspera de acción de gracia, cuando
Jimmy Page sugirió que lo iban a bautizar Thanksgiving.
El estudio Hipgnosis ideó un arte de tapa con fotos de personas interactuando con
un objeto en forma de obelisco. «El diseñador dijo que, cuando pensaba en el
grupo, siempre pensaba en poder y fuerza. Que había una presencia ahí. Eso fue
todo. Él quería llamarlo Obelisk.
Pero, para mí, era más importante lo que había detrás del obelisco. La tapa es
una broma, para ser honesto. Una suerte de cargada al film 2001. Creo que es divertida», explicó Page años más tarde.
Fleetwood Mac - Rumours(1977)
Uno de los discos récord de
la historia de la música fue concebido en medio de un verdadero despelote
emocional: John y Christine McVie se habían divorciado, los recién llegados Lindsey
Buckingham y Stevie Nicks se amaban y odiaban con la misma intensidad, y Mick
Fleetwood descubrió que Jenny Boyd, esposa y madre de sus hijos, lo engañaba
con su mejor amigo (algo para lo que encontró consuelo en la cama de Nicks,
como para echar nafta al fuego). El disco se iba a llamar Yesterday’s Gone (línea extraída de la canción «Don’t Stop»), lo
cual no hubiera estado nada mal, aunque Rumours
suena, por lejos, mucho más apropiado y descriptivo del momento de la banda.
Talking Heads - Remain In Light (1980)
David Byrne y compañía
grabaron este clásico con Melody Attack
en la cabeza, título sacado de un videojuego japonés homónimo. El nombre inspiró
la tapa original del álbum, en la que se ve una formación de aviones militares
pixelados por computadora, la que luego, al cambiarse el título, se transformó
en la contraportada que hoy conocemos.
Morrissey - Viva
Hate (1988)
El debut en solitario de Moz iba
a llamarse Education in Reverse.
Incluso, en Australia llegaron a editar con ese título las primeras copias (que
hoy cotizan en alza en eBay). Otro dato curioso: el álbum incluye la polémica
canción «Margaret on the Guillotine» (en la que se sueña con la muerte
de Thatcher), que iba a ser el nombre original del álbum de The Smiths The Queen is Dead.
Soda Stereo – Canción
animal (1990)
¿A cuántos millones de años
luz hubiera estado el visceral éxito de este álbum si el trío decidía conservar
su título original, Tensión e integridad?
U2 - Achtung Baby (1991)
¿Se imaginan a esta verdadera
obra maestra titulada Adam, 69, Man
o Cruise Down on Main Street? Esos
fueron algunos de los títulos que Bono y sus amigos barajaron antes decidirse
por Achtung Baby, una frase que solía
decirles durante las grabaciones el ingeniero de sonido Joe O'Herlihy, y
que se menciona en la canción «To Be or Not to Be (The Hitler Rap)», parte de la banda sonora del film
homónimo de Mel Brooks de 1983.
Nirvana - In Utero(1993)
Kurt Cobain quería ponerle al
tercer (y último) álbum de estudio del trío grunge I Hate Myself And I Want To Die, título de una canción que,
después, no fue incluida en el disco. Parece que Krist Novoselic lo convenció
de que era un poquito zarpado y que podían llegar a tener que darle muchas
explicaciones a un juez si algún fan con los cables cruzados se lo tomaba de
forma muy literal.
Wilco - Yankee
Hotel Foxtrot (2001)
Esta joyita de la banda de
Chicago tenía como título provisorio Here
Comes Everybody, hasta que el vocalista Jeff Tweedy escuchó The Conet Project, un box de discos con grabaciones de
misteriosas estaciones de radio de onda corta. Uno de los tracks es el audio de una mujer repitiendo las palabras «Yankee,
Hotel, Foxtrot» (alfabeto fonético de la OTAN para las letras Y, H y F). La
banda decidió renombrar así su trabajo y hasta incluyó clips de estas grabaciones en el disco, lo cual no terminó bien, ya
que recibieron una demanda por violación del copyright.
Radiohead - Hail
To The Thief (2003)
Los británicos consideraron bautizar
su sexto trabajo como The Gloaming.
También pensaron en Snakes and
Ladders, Little Man Being Erased
y The Boney King of Nowhere (que,
si agarran el álbum, verán que quedaron como subtítulos de las canciones «Sit
Down. Stand Up», «Go To Sleep» y «There There», respectivamente). Hail to the Thief juega con «Hail to the
Chief», título del himno presidencial de los Estados Unidos, en alusión a que «el
país más poderoso del mundo es gobernado por alguien que se robó una elección»,
según definió Thom Yorke en referencia a George W. Bush en una entrevista.
Kanye West – The Life of Pablo (2016) Hablemos
de crisis de identidad: el flamante trabajo del señor Kardashian tuvo al menos
¡cuatro! títulos cuasi oficiales. Primero, dijo que se iba a llamar So Help Me God, después Swish, más tarde Waves, hasta que finalmente se decidió (por ahora, nunca se sabe).
El músico ya había dado muestras de su volatilidad en 2010, cuando su disco My Beautiful Dark Twisted Fantasy fue
anunciado durante mucho tiempo como Good
Ass Job.
Hablamos con el dúo español antes de su show en Buenos Aires.
Dicen ser “absolutamente mainstream”, tienen uno de los discos
más exitosos de la historia del rock español (Estrella de mar, de 2002) y compartieron escenarios con notables figuras,
como Moby, Lenny Kravitz, Annie Lennox
y Queen. Sin embargo, Eva Amaral y Juan Aguirre son dos “indies” en esencia: desde cuando se
conocieron en el fondo de un bar de Zaragoza a principios de los 90 y comenzaron
a componer juntos, hasta cuando tocaban el cielo arriba de hits siderales como “Te
necesito” y “Sin ti no soy nada”.
El dúo encontró una
particular forma para llegar a las masas bajo sus propios métodos y recursos y,
desde 2011, con el lanzamiento de Hacia
lo salvaje, tiene su propio sello. “Somos una banda
libre y libertaria en su forma de funcionar”, explican desde España en diálogo
con Generación B. “Para nosotros, la
autogestión ha sido siempre básica a la hora de hacer discos. Antártida es el
nombre de nuestro sello y, más que eso, es una bandera bajo la cual editamos
nuestra música”.
Su último trabajo es Nocturnal, un álbum en el que, sin
abandonar el pop universal que los caracteriza, suenan más crudos y
comprometidos, y que presentarán el próximo 3 de marzo en el Teatro Vorterix. “Va a ser un reencuentro con una ciudad que sentimos como nuestra. Esperamos un show enérgico, eléctrico”, adelantan.
¿Qué experiencias de estos cuatro años que hubo
entre los álbumes influyeron en la creación de Nocturnal?
Multitud de viajes en América y Europa, además de los
tiempos convulsos y cambiantes que nos han tocado vivir en este rincón de
Europa así como experiencias personales y de gente cercana. Cualquier
sensación, cualquier sentimiento puede ser el detonante para un texto, para una
canción.
¿Tenían algún objetivo sonoro en particular para
este álbum? ¿Querían que se escuchara de determinada manera o que transmitiera
algo específico?
Componemos de una forma muy caótica, básicamente
anárquica, dejando que hable la parte más irracional e instintiva. Luego, una
vez que el sonido se ha registrado, pensamos sobre lo que hemos hecho. Pero
creemos en la fórmula de dejarnos llevar sónicamente. Es una manera de estar
abiertos a sorpresas. Así es como entendemos el hecho de hacer música. Es un
proceso de búsqueda, de continua insatisfacción. Esta idea de viaje a lo
desconocido forma parte de la filosofía de la banda. Es como un proceso
continuo de cambio.
Han dicho que son “populares, no rebuscados”.
¿Cómo se encuentra el equilibrio para tratar de llegar a la mayor cantidad de
gente posible sin caer en un fórmula “apta para todo público” y sin resignar la
experimentación?
La filosofía de la banda pasa por aislarnos completamente
de este tipo de categorías. Básicamente, siempre hemos volado por encima de las
etiquetas de la industria del entretenimiento. Siempre hemos estado al margen
de esta industria. En ese sentido, somos una banda libre y libertaria en su
forma de funcionar.
Si bien no se consideran una banda politizada, en
este trabajo aparecen más a la vista las críticas y opiniones, como en
“Ratonera”, “La ciudad maldita” o “Llévame muy lejos”. ¿Fue algo que salió por
inspiración y reacción al contexto social en España? ¿O decidieron
conscientemente estar más atentos e involucrarse con lo que está pasando en el
país?
Siempre se han filtrado en nuestros discos imágenes de
los tiempos en los que fueron escritos y grabados. No es algo nuevo. Lo que
ocurre es que, últimamente, a nivel global, hay una presión del poder muy
fuerte sobre cada uno de los ciudadanos. Tiene que ver con la voracidad
imparable de las élites económicas que influye poderosamente sobre las
decisiones políticas.
“La ciudad
maldita” es una canción muy personal, relacionada con un familiar de Eva que
fue fusilado…
Sí. Está dedicada a una persona que sufrió la pérdida de
un ser querido a causa de una guerra injusta. Pretende destacar la vitalidad y
la luz de esa persona que dejó su ciudad natal tras el fusilamiento de su padre
y cómo vuelve después de mucho tiempo a ese lugar con
unas ganas de vivir impresionantes. Es una canción que habla del recuerdo, de
la necesidad de la memoria para seguir adelante. En ese sentido, las historias
de España y de Argentina ofrecen tristes similitudes.
¿Cómo está la escena del rock español por estos
días?
Hay un momento de efervescencia enorme. Hay bandas
diferentes y de distintos géneros que merecerían más atención de los medios. En
nuestra ciudad, Zaragoza, siempre ha florecido un montón de grupos
interesantes. Ahora mismo destacaríamos nombres que pueden buscar en la red,
como Copiloto, Calavera, Ygram…
Y al revés: ¿Qué artistas argentinos de los
últimos tiempos están sonando hoy en España? Estuve unos días en Madrid y
Barcelona en septiembre pasado y nadie sabía nada del rock argentino actual,
salvo mencionar a Andrés Calamaro…
En nuestro caso ocurre que estamos bastante conectados
con Argentina. Tenemos amigos allí y escuchamos su música de forma bastante
habitual. La última banda argentina que vimos tocar en un club de Madrid fue El
mató a un policía motorizado.
Más allá de aquella colaboración con Ariel Rot en
“Sin saber qué decir”, ¿con qué otro
artista argentino desearían colaborar en un futuro próximo?
Normalmente, las
colaboraciones surgen de un modo bastante natural, sin planificarlas demasiado.
Salen por amistad, por casualidad, por admiración o simplemente por alineación
de planetas que hacen que los encuentros ocurran, ja, ja.
Drogas, traición, peleas
y muerte rodearon el disco más difícil de sus majestades satánicas. La historia
del álbum que casi termina con la banda.
Durante más de cinco décadas, los Rolling Stones atravesaron innumerables crisis
que pusieron en vilo su existencia, aunque pocas tan conflictivas como la grabación
de Dirty Work. Lanzado en marzo de
1986, quedó al fondo de la discografía del (por entonces) quinteto como un
testimonio de su peor etapa artística. Pero también puede rescatarse como una
historia de supervivencia.
Los problemas ya venían en el estudio desde
comienzos de los 80. Richards, harto del ego y el afán controlador de Jagger,
lo llamaba despectivamente «Brenda» o «Madam» para poder insultarlo sin que se diera cuenta. La grieta pronto se trasladó a los conciertos. Se dice que, en la gira de Tattoo You, estaba estipulado por
contrato que Jagger dejara el escenario durante las canciones que cantaba
Richards. Y, en alguna oportunidad, el guitarrista llegó a secuestrar
una grúa que elevaba al cantante durante la interpretación de «You Can’t
Allways Get Wat You Want» para despacharse con un solo de veinte minutos.
Para 1983, luego de la grabación de Undercover, la relación entre los Stones
pendía entre jirones de celos, adicciones y hastío (inter)personal. «Estábamos
aburridos de tocar entre nosotros, llegamos a un punto en que nos cansamos de
todo —recordaba Jagger en un entrevista de 1995 para Rolling Stone—. Bill [Wyman] no era muy entusiasta. Es un tipo que
nunca quiere hacer mucho… es un poco vago y aburrido. Y tenías a Charlie
[Watts] exagerando en todo».
En su autobiografía Vida (2010), Richards detalla cómo las tensiones en el grupo llegaron
a los puños una noche de 1984 en un hotel de Holanda, cuando Jagger, borracho,
llamó a las cinco de la mañana a la habitación de Watts y osó preguntarle
«¿dónde está mi baterista?». No tuvo respuesta y colgó, pero a los veinte
minutos, Watts apareció en el cuarto del cantante y le dijo «nunca más vuelvas
a llamarme “tu baterista”» antes de embocarle un terrible gancho de derecha. «Mick cayó de espaldas encima de una bandeja
de salmónahumado que había en la mesa… y en
el último instante lo agarré antes de que cayera a uno de los canales de
Ámsterdam. Tardé veinticuatro horas en calmar a Charlie… pero al cabo de doce
seguía diciendo: “¡A la mierda, voy a bajar a darle otra!”. Y eso que cuesta
mucho hacerlo calentar», reveló el guitarrista.
El clima empeoró en
1985 cuando el frontman decidió concentrar
las energías en su debut solista, She’s
the Boss. Richards se sintió defraudado al ver que su «hermano de diferente
padre» dejaba la banda de lado ni bien acababan de firmar un multimillonario
acuerdo con CBS Records. «El timing
fue muy raro, sacar un disco obviamente comercial justo antes de que empezáramos
a trabajar en un nuevo disco de los Stones —contó el violero a Spin en 1986—. Si hubiera hecho sus
canciones favoritas de folk irlandés con una arpista, tenido a Liberace acompañándolo
en covers de Frank Sinatra o algo que
no pudiera hacer con los Stones, hubiera estado bien. Para mí, un álbum de Mick
Jagger debería haber sido un evento gigantísimo y no cualquier otro disco. Le
dije que era tontería y no un trabajo inspirado».
«Cuando firmamos el contrato con CBS, tenía
estipulado hacer un disco en solitario. Keith sabía de eso, así que no fue algo
que salió de la nada. No
quiero justificar lo que pasó. Fue una mala época. Todos nos estábamos llevando muy mal», se defendió Jagger años más
tarde. Pero la herida estaba abierta. El disco salió en febrero de aquel año, justo
cuando la banda comenzó a componer en Francia. Richards despreciaba She’s the
Boss. «Un título que lo dice todo. Nunca he llegado a escucharlo entero. ¿Quién lo hizo? Es como Mi lucha. Todo el mundo tenía una copia, pero nadie lo escuchaba», escribió décadas
más tarde, aún con saña.
La mayor parte del «trabajo sucio» recayó en
Richards. Según el guitarrista,
el clima en los estudios Pathé Marconi de París «estaba enrarecido». Habían
tenido que retrasar las sesiones varias veces por los compromisos de Jagger,
quien «apenas llevaba canciones con las que trabajar porque las había metido
todas en su disco» y «ni siquiera aparecía en el estudio». «El espantoso
ambiente que se respiraba estaba afectando a todo el mundo. Bill Wyman
prácticamente dejó de acudir y Charlie se volvió a su casa», confiesa el músico
en su libro.
Alguna vez pensaron en titularlo
19 Stitches, luego de que un técnico
drogado se cayera sobre una mesa de vidrio y quedara con múltiples heridas. Ron Wood, que aún se recuperaba de su
alcoholismo, compuso temas y se hizo cargo de muchas de las partes de bajo, al
tiempo que Watts hacía lo que podía. Su adicción al speed y la heroína apenas lo dejaba tocar, y varias canciones
quedaron en los palillos de Steve JordanyAnton Fig. Mientras tanto, Richards echaba espuma por la
pluma con letras directas hacia su ausente amigo. «Te voy a machacar hasta que seas un montón
de moretones / porque eso es lo
que estás buscando… / Tengo que pelearme / no lo puedo evitar», lo amenaza «Fight». Y el bromance se pudre en «Had It With You», donde destila más
odio que amor:
«Siempre tratás de molestarme.
Siempre parecés acecharme.
Emitiendo órdenes, gritando instrucciones.
Y me harté, me harté, me harté, me harté de
vos.
Y me harté, me harté, me harté, me harté de
todo».
«Creo que nunca
había escrito ninguna canción, aparte de “All About You”, cuyo protagonista
fuera tan claramente Mick», confesó luego el violero, como si faltara
confirmarlo.
El 13 de julio de 1985, cuando casi promediaba
la grabación de Dirty Work, la banda se
presentó en el festival Live Aid y exhibió en vivo de lo que pasaba en el
estudio: Richards y Woods, por un lado, acompañaron el set de Bob Dylan, mientras
que Mick Jagger hizo su propio show, donde
aprovechó para difundir su flamante single
«Just Another Night» e interpretó el clásico «It's Only Rock 'n Roll (But I Like It)» (en un recordado dueto con Tina
Turner).
Los Stones se resquebrajaban
y, si faltaba un golpe para partirlos, llegó el 12 de diciembre con la muerte
de Ian Stewart de un ataque al corazón. El pianista y road manager, histórico «sexto Stone» a quien
el productor Andrew Loog Oldham había expulsado del grupo en los 60 por feo, era
una autoridad y referencia para el resto de los miembros, una suerte de conciencia
blusera en la forma de un paciente hermano mayor. «Todavía trabajo para
él. Entiendo que los Rolling Stones le pertenecen», afirmó Richards en Vida, quien aseveró que la muerte lo
afectó tanto como la de su hijo.
Dirty Work se
editó poco después, en marzo de 1986, dedicado en su honor y con una grabación
del pianista incluida como tema oculto. El disco fue precedido en febrero por «Harlem
Shuffle», un cover de Bob & Earl
de 1963 que Jagger grabó en apenas dos tomas. Por primera vez en veinte años,
los Stones no lanzaban como primer sencillo un original de Jagger-Richards. Era
un anticipo de la sequía del álbum, donde apenas tres de los once tracks llevaban la rúbrica del célebre tándem.
El segundo single fue el poco
memorable «One Hit (To the Body)», una premonición del rock de fórmula genérica
que la banda editaría en los años venideros (¿alguien puede notar la diferencia
entre este y temas como «Rock and a Hard Place»,
«You Got Me Rocking» o «Rough Justice»?)
«Dirty Work fue el período más complicado de todo nuestro viaje. Te
das cuenta porque tiene cuatro canciones mías, lo cual es un claro signo de que
el motor compositor de Keith y Mick no estaba funcionando bien», se sinceró Ron
Wood en una entrevista de 2003.
Ni la participación de Jimmy Page,
Tom Waits y Bobby Womack, ni la producción del ascendente Steve Lillywhite (Peter
Gabriel, U2, Simple Minds) ayudaron a cubrir la falta de inspiración. La
portada terminó de rematar la obra más débil y fechada de los Stones con una
foto que los hacía lucir como una banda de narcotraficantes fugados de División Miami. Aun así, Dirty Work fue un éxito comercial: los
Stones sonaban (y se veían) en sintonía con los tiempos, encontraron en «Harlem
Shuffle» el hit (y el videoclip)
necesario para no perder el tren de la era MTV y el disco rankeó entre los
primeros puestos en Estados Unidos y el Reino Unido. Pero ¿es un álbum de los
Rolling Stones?
«Es raro, porque usualmente
me gusta hablar de los discos que acabo de hacer, pero con este siento que no
quiero decir mucho. Mick hizo un poco, pero fue un disco inspirado por Keith
Richards», dijo un dubitativo Lillywhite a Spin
en 1986. En 2010, en una entrevista con A.V. Club, no se guardó nada: «Sí, yo
produje el peor disco de los Rolling Stones. Hasta que llegó el que le siguió.
[Risas]. Pero, básicamente, porque no pude rechazarlos. Un verdadero hombre
nunca dejaría pasar la chance de trabajar con leyendas como ellos. Pero eso no
quiere decir que supiera que iba a ser bueno. Es necesario un buen viento de
cola para hacer un gran disco, y los Stones no lo tenían entonces. Había demasiada
amargura. Fue el mal final de sus adicciones. Fue un lío, pero tuve que
hacerlo. Aprendí más de ellos que ellos
de mí, eso es todo lo que puedo decir de la experiencia».
Pese a los deseos de Richards,
Jagger se negó a presentar el álbum en vivo y se lo informó al resto de una
manera, digamos, diplomática: por carta. «Hacer un tour con Dirty Works hubiera sido una pesadilla.
Fue un período terrible —le contó en 1995 al periodista Jann Wenner—. Nos
odiábamos, había muchos desacuerdos. Era lamentable, y Charlie estaba en muy
mal estado… En retrospectiva, estuve ciento por ciento en lo correcto…
Probablemente hubiera sido el final de la banda».
El guitarrista lo tomó como
un vil engaño cuando se enteró de que el cantante iba a presentarse en vivo con
un segundo álbum solista bajo el brazo. «La gran traición de Mick, la que me cuesta perdonar, una maniobra que
parecía diseñada con el propósito de acabar con los Rolling Stones, fue que
anunciara en marzo de 1987que saldría de gira conPrimitive Cool —escribió «Keef»—.Para nosotros aquello fue una bofetada en la
cara, una condena a muerte pendiente de apelación».
Para echar más leña
al fuego, en una entrevista Jagger dijo que los Stones eran «una piedra atada
al cuello». En respuesta, Richards desató «la Tercera Guerra Mundial» en la
prensa y salió a atacarlo con todo lo que tenía. Hasta amenazó con cortarle la
garganta si se le ocurría tocar canciones de los Stones con otros músicos. «Ya nirecuerdo
todos los comentarios mordaces y las burlas que salieron de mi boca: “Es un disco boy;el grupito para que Jagger se haga una paja;
¿por qué no se junta con Aerosmith?”… —relata Richards en Vida—. Llegó un punto en que la cosa se puso muy fea, y un día un
periodista me preguntó: “¿Cuándo van a dejar el puterío?”. “Pregúntale a la
puta”, respondí. Y luego pensé: “Que haga lo que le plazca, ¡que se rompa la
cara él solito!”. Había dado muestras de la más absoluta falta de amistad y
camaradería, carecía de lo necesario para mantener unida a una banda. Todo era
una mierda».
Dirty Work casi termina como el último disco de los Stones, pero hoy puede verse
como el fusible que evitó el apagón final. Jagger inició su faceta como solista,
y hasta Richards comenzó a pensar y trabajar en la suya de la mano de su propia
banda, los X-Pensive Winos. La guerra entre ambos continuó un tiempo, hasta que
en 1989 acordaron una reunión en Barbados para firmar la paz. «Independientemente
de lo que haya podido pasar, Mick y yo tenemos una relación que todavía
funciona. ¿Cómo si no, al cabo de casi cincuenta años, podríamos plantearnos
aún volver a salir juntos a la carretera?», escribió el guitarrista en su
libro. La respuesta la podemos escuchar esta semana, en la ciudad de las
diagonales.
The Deram Anthology permite redescubrir al artista mucho antes de
que cayera a la Tierra.
Antes de Ziggy, Aladdin y aún más lejos de su versión del
extraterrestre Thomas Newton, hubo un David
Bowie que, ahora, parece más alienígena. Un escuálido veinteañero de
peinado mod y look eduardiano, amante del music hall e ignorante del glam, con el
que podemos (re)hacer contacto.
Universal acaba de editar en nuestro país The Deram Anthology 1966 – 1968, una
colección cronológica de los trabajos que el cantante realizó para aquel sello (subsidiario
del famoso Decca), que nos muestra un asombroso y no muy conocido período del
plástico artista: esos años en los que deja atrás The King Bees, The Manish
Boys, The Lower Third y The Buzz, abandona el nombre Davy Jones
y comienza a moldear su leyenda como David Bowie.
Originalmente lanzado en 1997, el álbum incluye los primeros
singles que grabó para esa
discográfica, sus respectivos lados B y su disco debut completo, una
experiencia que, para quien esté acostumbrado al sonido del Duque Blanco, puede
resultar «el equivalente en vinilo de una mujer loca en el ático» (como alguna
vez el biógrafo David Buckley
describió al primer álbum de Bowie).
Estas son veintisiete canciones de un artista en búsqueda y fuera
de tiempo que, en plena era de psicodelia, LSD, distorsión, y en medio de las
apariciones de Pink Floyd, The Doors y Jimi Hendrix, prefería encontrar su primera forma en los musicales
y el varieté de artistas como Danny Kaye y Anthony Newley. El trabajo de este polifacético
compositor británico fue una influencia formadora para Bowie desde que vio su
obra de temática circense Stop the World – I
Want to Get Off, de 1961, en el West End. «En ese momento empecé a elaborar mi propio
estilo. Newley era el único que no intentaba cantar con un falso acento norteamericano»,
dijo años más tarde, cuando ya se había convertido en Ziggy Stardust. Y en
canciones como «Rubber Band» y «The Lonely Boy» puede escucharse cómo imita su
estilo vocal y hasta exagera la pronunciación británica.
La antología puede resultar el extraño encuentro con un Bowie de otra
dimensión, pero también es el anticipo del genio que caería a la Tierra poco
después. En la teatralidad de canciones como «Uncle Arthur», «Little
Bombardier», «Silly Boy Blue», «There is a Happy Land» y «Please Mr.
Gravedigger» boceta sus primeros personajes. Hay rastros de Aladdin Insane en la joya «Let Me Sleep
Beside You». Y no cuesta imaginar en el soundtrack
de Laberinto (1986) a la
infantil «The
Laughing Gnome», una canción inconcebible hasta para Alvin y las Ardillas que el artista, treinta años más tarde, llegó
a asociar como precursora de «Little Wonder».
«Para mí, un camaleón es algo que se disfraza para verse lo
más parecido posible a su ambiente. Siempre pensé que hice exactamente lo
opuesto a eso», decía Bowie en 1993, sobre el mote que lo acompañaría gran
parte de su vida. Este disco es el primer testimonio de cuán ciertas fueron
esas palabras.
La DJ, que será una
de las atracciones del próximo Lollapalooza Argentina, quiere abrir camino para
las mujeres detrás de las bandejas.
Parece que esa idea de que la electrónica y las raves componen el ámbito artístico más
diverso y equitativo de la música es, como diría algún político en busca de
minimizar problemas culturales y sociales, efectivamente solo una «sensación».
De acuerdo a un relevamiento realizado por Female Pressure, en 2015 las mujeres representaron
apenas un 10,8 por ciento de los artistas que tocan en los festivales dance
en todo el mundo. Para peor, el número baja al 9,6 si se toman en cuenta solo
las presentaciones en el escenario natural de la EDM: los boliches.
Lamentablemente, este género, también, es cosa de hombres. Por eso, cuando una
dama talentosa agarra las bandejas del gueto masculino, llama la atención (aunque
se llame «Jack»).
Jacqueline «Jack»
Novak nació en Chicago y, luego, se mudó a Nueva York, donde trabajó como
modelo hasta que decidió replantearse todo, hizo sus valijas y se fue a Los
Ángeles. «Estaba buscando una oportunidad para saber qué quería hacer con mi
vida. En Los Ángeles no conocía a nadie, pero lo pensé, me pareció un lugar en
el que tenía que estar y me arriesgué», revela a Generación B.
Allí, la casualidad la reunió con el dance. «Fui a una
fiesta y nunca había escuchado ese tipo de música. Pero, de inmediato, me dije
“esto es para mí, me encanta”. Creo que mucha gente entró de esa forma —cuenta—.
Mis amigos siempre me pedían que pasara música, que pusiera lo que me parecía
bueno. Y después de un tiempo pensé “tal vez tendría que ser DJ”. Pronto me di
cuenta de que debía hacer mi propia música, el tipo de cosas que quería
escuchar».
El deseo se transformó en acción. Novak montó un pequeño
estudio en su casa y comenzó a practicar las artes DJ y a componer durante dos
años. Hasta que llamó la atención de Joel Zimmerman, capo de la agencia William
Morris Electronic en Estados Unidos, quien la sumó a su troupe de estrellas pinchadiscos, como Afrojack, Deadmau5 y Calvin
Harris. En 2013, Jack se convirtió en la DJ de la gira de Pharrell Williams y, más
tarde, compartió escenarios con Skrillex, Nervo, David Guetta y Snoop Dogg,
entre muchos otros. El año pasado, lanzó bajo su propio sello, Power &
Light Records, los singles «Driving
Blind», en colaboración con la cantante Bright Lights, y «If it Kills Me», con
voz de Blackbear.
¿Te encontraste con problemas y prejuicios en una escena
tan dominada por hombres?
Mmm… no tuve demasiados. La gente está abriendo más la
cabeza. Es una época que entusiasma porque hay muchas artistas femeninas
geniales que están tratando de ser reconocidas. Las cosas están cambiando un
poco. A mí realmente no me importa si sos varón o mujer, solo presto atención a
la música. No importa qué aspecto tiene la persona, sino si la música es buena
o no.
Hace un par de años
dijiste que querías inspirar a otras mujeres para que se dieran cuenta de que
pueden ser DJ sin necesidad de tocar en corpiño. ¿Viste un cambio positivo en
ese sentido desde entonces?
Sí, constantemente. Una linda parte de hacer lo que hago es
que recibo más y más mensajes de los fans, todas las semanas, por email, Twitter, Instagram. Y muchos son
de chicas que quieren ser DJ. Es increíble, y quiero inspirarlas a que lo
intenten.
¿Y qué les
aconsejarías?
Les diría que, si les gusta, que lo intenten. No va a ser
fácil. Pero, si realmente querés algo, no te detengas. Algunos se desaniman,
porque hay mucha competencia. Pero, si te sentís inspirado, si esto significa
todo para vos, dale para adelante, arriesgate, sin importar lo difícil que
pueda ser. Lo puedo decir por experiencia. En mis primeros dos años como DJ, no
gané nada de plata, tal vez 50 mangos de vez en cuando después de un show. Pero seguí, seguí y seguí y no
aceptes una negativa.
Alguna vez te sugirieron
que no era necesario que te molestaras en componer, que lo podían hacer otros y
que vos solo tenías que poner tu imagen…
Sí, fue lo primero que me ofrecieron. A mí me encanta
trabajar con otros productores, con los compositores, con los músicos. Pero
nunca, jamás podría haber puesto mi nombre en algo que hizo otra persona y
decir «lo hice yo». No es genuino y no refleja quién soy.
¿Cuándo vas a sacar tu primer álbum?
No es realmente un disco, pero tenemos programados cuatro
lanzamientos hasta abril. Son cosas geniales, que ya terminé, algunas
colaboraciones. Estoy entusiasmada con eso. Es gracioso, porque siento que
hasta ahora me estuve enfocando en una canción tras otra, pero estoy empezando
a pensar en un EP, no sé si un álbum completo.
Ya participaste de Lollapalooza en los Estados Unidos, pero
¿cuál es tu expectativa para tu presentación en la edición de
Argentina?
Simplemente voy a ir a dejar todo. Por lo que sé de la gente
de Argentina, creo que va a ser espectacular. Sé que las mujeres son muy
hermosas, ja, ja, ja, y dos o tres cosas más… Pero me entusiasma aprender y sé
que nos vamos a divertir. Quiero salir y ver cómo es Argentina. Irá conmigo un
equipo de filmación, para captar realmente un poco de su cultura. Deseo que
vengan, que bailen, que se diviertan conmigo, que se me acerquen, que me
saluden si me ven por ahí. No me voy a quedar en el backstage: quiero vivir la experiencia completa.
Tras su muerte, ¿hay nuevos
artistas que continúan su legado?
Pretendamos por un momento que David Bowie nunca existió. Millones
de niños nacieron el 8 de enero de 1947, pero ningún David Robert Jones. Por lo
tanto, no hubo un Major Tom, ni un Ziggy Stardust, ni un Aladdin Sane, ni un
Duque Blanco. Hubo una sola odisea espacial. La androginia no tuvo madre, el
glam no tuvo padre, y el rock y la moda jamás se conocieron. Lou Reed no recorrió
el lado salvaje, ni Iggy Pop la vanguardia. Sonido y visión jamás se sumaron, y
pop y arte se dividieron. Berlín se quedó sin trilogía y todas las mascotas con
heterocromía no tienen nombre. Probablemente, Brian Eno sea jurado en Britain’s Got Talent y jamás escuchamos hablar
de Joy Division, Roxy Music, Duran Duran, Japan, Bauhaus, Blondie, Siouxsie
Sioux, Grace Jones, Boy George, Depeche Mode, Gary Numan, Nine Inch Nails,
Björk, Suede, Placebo…
Borrar su nombre basta para concretar el más atroz de los
genocidios musicales y dejar a gran parte de la cultura popular occidental traumada,
con blancos, vacíos imposibles de identificar y completar con una cara y un sonido
referente. ¿Plastic-soul? ¿Gótico? ¿New wave? ¿Post-punk? ¿Synth-pop? ¿Qué?
Ayer, amanecimos en ese mundo: un mundo sin David Bowie.
Como si hubiéramos despertado en la más triste ucronía pop que la ciencia
ficción pueda elucubrar, este es, ahora, un lugar parecido a ese: con menos
riesgos artísticos, menos fantasía y sorpresa, menos estilo, menos experimentación
y, claro, menos héroes. Un mundo sin Bowie es, como aquel, un mundo sin
transformaciones ni reinvenciones, con el futuro en pausa.
“Todos nosotros somos hijos de Bowie. Él nos inspiro y
cambió nuestras vidas”, publicaron en sus redes sociales los Pet Shop Boys en
condolencia. Es fácil ver los rasgos de paternidad en el dúo británico (que
llegó a colaborar con el cantante en “Hello Spaceboy”) y en decenas de artistas
de los años 80 y 90 que llevan su ADN (o el de Stardust o el de cualquiera de
sus alter egos históricos). ¿Pero dónde
están sus hijos recientes? ¿Quiénes son los artistas surgidos en los últimos quince
años que continúan su legado?
Es verdad que ha sido un padre ausente durante este período.
La retrospección y la enfermedad le quitaron liderazgo, energía y presencia
como guía de nuevas generaciones. ¿Pero dónde están esos que tanto dicen seguir
su influencia? No los que visten extravagante, copian gestos y arreglos o provocan
para las cámaras. Sino los que generan, como él, un torbellino de creatividad a
su alrededor y salpican su talento a otros. Los que, como alguna vez dijo, no
están para glorificar el rock and roll, sino para usarlo como uno de los
materiales del artista. Aquellos que atraviesan música, teatro, cine, moda, pintura
y sexualidad y los redefinen y unen con su paso. Los que, como él, llaman más
la atención por lo que no son que por lo que les gustaría pensar que son. ¿Dónde
están? ¿Quiénes son? Quiero conocer a los últimos hijos de David Bowie, por el
bien de este mundo.
Una selección de los tanques
que llegarán el año que viene y que no podemos esperar.
Zoolander 2
Quince años después, ya retirado de la moda, Derek Zoolander regresará al mundo fashion para ayudar a Interpol a resolver un crimen y reencontrarse con su archienemigo. El 11 de febrero quedaremos perplejos por su mirada “blue steel”.
Los ocho más odiados
Apenas hay que aguardar hasta el 14 de enero para lo nuevo
de Quentin Tarantino que, después del éxito de Django (2012), regresa con otro western ambientado años después de
la Guerra
Civil norteamericana, sobre ocho extraños que se refugian de una tormenta de
nieve y se verán involucrados en una conspiración. Con Samuel L.
Jackson, Kurt Russell, Tim Roth, Jennifer Jason Leigh, Demian Bichir y Michael
Madsen, entre otros, además de la música original del genial Ennio Morricone.
Batman vs. Superman
El director Zack Snyder tendrá la enorme de responsabilidad
de llevar a la pantalla uno de los enfrentamientos históricos del cómic en un
film multipropósito: continuar la saga del hombre de acero, revivir al
encapotado y ubicarlos en un universo de superhéroes (junto a la Mujer
Maravilla y Acuaman) y supervillanos que prepare el terreno para La Liga de Justicia. Lo que a Marvel le
llevó varios años y películas, Warner-DC intentará lograrlo de un solo y
riesgoso golpe maestro que, ante todo, esperamos que no defraude. El 24 de
marzo lo sabremos.
Capitán América: Civil War
Será la otra gran pelea de superhéroes del año, en este caso
entre Steve Rogers y Tony “Iron Man” Stark, enfrentados por una medida de
control del gobierno que partirá al equipo de Vengadores en dos facciones. Una
historia que promete ser una “mini The
Avengers” y que servirá de presentación para Black Panther y la
introducción de Spider-Man al universo cinemático de Marvel. El mundo se
dividirá el 5 de mayo.
Angry Birds
Los pajarracos más famosos
en la historia gamer volarán al cine
el 12 de mayo en una aventura de animación en 3D, con las voces de Peter Dinklage (Mighty Eagle), Jason
Sudeikis (Red) y Josh Gad (Chuck).
X-Men: Apocalipsis
Lo buena que se ha puesto esta saga después de Primera generación (2011) y Días del futuro pasado (2014) no tiene
nombre. Ahora continuará en los años 80, con el primer y más poderoso mutante,
que despierta luego de un sueño centenario y planea eliminar a la humanidad de
la Tierra. El fin del mundo llega el 19 de mayo.
Warcraft
Sabemos que las películas basadas en videojuegos no suelen
ser buenas, pero ¿cómo no tener expectativas ante la adaptación de una de las
franquicias más geniales y exitosas? ¿Y cómo no darle crédito si dirige Duncan
Jones, autor de dos excelentes películas como Moon (2006) y Ocho minutos
antes de morir (2011)? El 30 de junio, el cine se llenará de gigas y gigas
de fantasía épica.
Cazafantasmas
A más de uno se le paralizó la nostalgia cuando se enteró
que iban a rebootear el clásico
equipo de cazadores de espíritus de los 80, pero como un team femenino. Más allá de la polémica, hay que tener fe cuando son
de la partida especialistas en comedias como Kristen Wiig, Melissa McCarthy,
Kate McKinnon, Leslie Jones y el directorPaul
Feig (Damas en guerra, Chicas armadas y peligrosas). Después de
todo, si esta es la idea, who you gonna
call? Estrena el 21 de junio.
El escuadrón suicida
Hasta hace pocos meses, solo el comiquero de ley conocía a
este grupo de tareas de delincuentes, antihéroes y supervillanos que realiza
operaciones sucias del gobierno para conmutar penas. Pero ahora tiene millones
de fans y la expectativa de todo el mundo cinéfilo tras ver que estará ¿liderado?
por una nueva y desquiciada versión del Guasón, a cargo de Jared Leto, que
revoluciona las redes sociales con cada foto que aparece de su caracterización.
Hay que aguantar hasta el 11 de agosto.
Los siete magníficos
Remake de aquel clásico
western de los años 60 con Charles Bronson, Yul Brynner y Steve McQueen, entre
otros (que, a su vez, era una versión de un film de Akira Kurosawa), sobre un
grupo de pistoleros que se unen para proteger a un pueblo contra salvajes
ladrones. Llegará el 22 de septiembre, con Chris Pratt, Matt Bomer, Denzel
Washington, Ethan Hawke, Peter Sarsgaard y gran elenco bajo las órdenes de Antoine
Fuqua (Día de entrenamiento, Revancha).
Doctor Strange
Benedict Cumberbatch será el encargado de darle vida al hechicero
supremo, un personaje que puede abrir el universo Marvel hacia la magia, el
misticismo, las dimensiones paralelas y el lado más lisérgico y sobrenatural del
cómic. El actor británico, una elección que parece acertadísima, estará
acompañado de los siempre brillantes Mads Mikkelsen (Hannibal) y Tilda Swinton (Un
reino bajo la luna, Snowpiercer) bajo
las órdenes del director Scott Derrickson, quien en los últimos años se ha
consolidado como uno de los capos del terror (El exorcismo de Emily Rose, Sinister,
Libéranos del mal). Todavía no hay
imágenes y apenas circulan unas pocas primeras fotografías del set, así que
deberemos esperar hasta el 3 de noviembre tratando de olvidar la primera
película que se hizo de Dr. Strange, allá en 1978.
Rogue One: A Star Wars Story
Después de la locura desatada por El despertar de la fuerza, queremos más. Por eso, de acá a 2019 vamos a tener una película de Star Wars por año. Esta será la primera de una nueva serie de historias situadas en la galaxia muy muy lejana, en este caso una aventura que conecta los
acontecimientos de Episodio III y IV, protagonizada por el grupo de
rebeldes que roba los planos de la Estrella de la muerte. El universo se
seguirá expandiendo el 15 de diciembre.
Un adelanto con algunos
de los álbumes más anticipados para el año que recién comienza.
David Bowie – Blackstar
El próximo 8 de enero, cuando
el ex Duque Blanco apague las 69 velitas, nos regalará un nuevo álbum, sucesor
del inesperado The Next Day (2013). Y
lejos de aquel autobiográfico y retrospectivo viaje, los primeros adelantos de Blackstar muestran al Bowie más excéntrico
y antipop en décadas, con una mezcla de electrónica glacial, jazz esotérico e
imaginario gótico-místico. La vanguardia llega en apenas una semana.
The Strokes – Sin
título
Unos pocos meses atrás, el futuro de los chicos de Nueva
York era una incógnita. El guitarrista Albert
Hammond Jr. se hartó de la falta de definición de sus compañeros, lanzó un
nuevo álbum solista y hasta nos
dijo que ya le importaba un carajo todo. Pero en septiembre pasado, Julian Casablancas confirmó que estaban
los cinco de vuelta en el estudio para grabar el sucesor de “Comedown Machine” (2013).
PJ Harvey – Sin
título
Mientras algunos componen en secreto, “Polly” hizo de todo
el proceso de grabación de su noveno disco una instalación artística llamada “Recording in Process” en la Somerset
House, que el público podía visitar y verla trabajar junto a Flood y John Parris, sus usuales colaboradores. Para los que no pudieron
entrar a esa suerte de estudio abierto, la cantante estrenó varios temas en un
concierto en Londres el pasado octubre y también publicó en YouTube un teaser de lo que, parece, será un álbum
tan visceral como transparente.
TLC – Sin titulo
Hay curiosidad sobre
el retorno tras 14 años de las reinas del hip-hop de los años 90, ahora como
dúo tras la muerte de Lisa “Left Eye”
Lopes en 2002. Pero lo que más queremos saber es qué hicieron con toda la
plata que los fans les dieron vía internet para solventar la grabación del
álbum. Las ya señoras crearon una campaña en Kickstarter en enero pasado solicitando
150.000 dólares y, en un mes, recaudaron más de 400.000 (con el aporte de
varios miles por parte de figuras como Justin
Timberlake y Katy Perry). A un
año de eso, el LP es una incógnita, sin título ni fecha de lanzamiento, y
varios fans reclamaron su dinero en Twitter bajo el irónico hashtag “#TLCIsGoingToJailParty”.
T-Boz y Chilli: entreguen el disco o devuelvan la bolsa.
Violent Femmes – We Can Do Anything
Los célebres
exponentes del rock “alternativo” norteamericano de los 80 regresarán en marzo
después de 16 años, aunque sin su baterista Victor DeLorenzo, quien se fue lamentando “la pérdida de ese sueño
e ideal que alguna fue Violent Femmes”. Nada raro para un grupo con muchos vaivenes,
separaciones, reuniones y hasta juicios entre sus integrantes.
Red Hot Chili Peppers – Sin título
El baterista Chad Smith dijo que el undécimo trabajo
de los californianos estará disponible hacia mediados de 2016 y que será “algo
único y muy diferente”. Será el primero en 25 años en no contar con la
producción de Rick Rubin, y en su
lugar estará el multifacético Danger
Mouse. “Es muy bueno en traer ideas supermodernas, pero también está en
contacto con la guitarra acústica en la sala de control y puede desnudar una
canción a su esencia”, dijo el cantante Anthony Kiedis a Rolling Stone. Ya en 2014, el guitarrista Josh Klinghofer había declarado
que la banda tenía unas 30 canciones que trabajaron en el nuevo estudio que
posee Flea. ¿Se viene un disco
doble? Mmhh…
Radiohead – Sin título
Después de
“Spectre”, el tema que crearon para el film homónimo de James Bond y que fue
rechazado, ahora esperamos un álbum. Tanto el guitarrista Jonny Greenwood como el baterista Phil Selway confirmaron que la banda está ocupada en eso, y Thom
Yorke mostró dos posibles nuevas canciones (“Silent Spring” y “Desert Island
Disk”) en un concierto acústico en París vinculado a la conferencia sobre el
cambio climático en las Naciones Unidas, a comienzos de diciembre pasado. Su
título, fecha, formato, contenido y canal de venta serán, como suele suceder
con Radiohead, una extraña sorpresa.
Gorillaz – Sin título
“2016 va a ser un
año todo de Gorillaz”, le confirmó Damon
Albarn a NME el pasado octubre,
así que podemos esperar pronto más fantasías animadas del proyecto que comparte
con el dibujante Jamie Hewlett,
quien dijo que renovará la imagen de la banda virtual: “Va a cambiar, no puedo
decir cómo. Pero por supuesto que va a ser diferente. No puedo hacer lo mismo
que ya hice, no sería interesante para mí. De la misma manera en que Damon
cambia con su música y evoluciona, yo hago lo mismo. Así que va a haber un look distinto”.
The Last Shadow Puppets – Sin título
El tiempo que nos separó del brillante The Age of the Understatement fueron ocho años que parecieron una
eternidad. Pero ya está. Ya pasó: acá están de vuelta Alex Turner y Miles Kane
para (esperemos) entregarnos otra dosis de rock-pop scottwalkeriano.
¿Guns N' Roses?
Todo parece indicar
y varios medios dan por hecho que la
banda más peligrosa del mundo volvería a tocar junta después de casi 23
años en el próximo festival Coachella (que ya parece la fiesta oficial de los
reencuentros, tras las vueltas de Rage
Against The Machine, The Jesus and
Mary Chain, My Bloody Valentine,
Pulp, Violent Femmes y Ride,
entre otros). Entonces, ¿por qué no soñar con un nuevo álbum, aunque sea en
vivo? En un mundo donde se editó Chinese
Democracy y Axl y Slash hacen la amistad, todo es posible.
Sobredosis de divas
El flamante 2016 parece que también estará marcado por la
vuelta de las últimas damas del pop. Britney
Spears, Christina Aguilera y Beyoncé están trabajando en nuevos
discos. Rihanna lanzaría su demorado
Anti, del cual ya escuchamos tres
adelantos (incluido “FourFiveSeconds”, junto a Paul McCartney y Kanye West).
El manager de Katy Perry confirmó que llegaría el sucesor del exitoso Prism (2013), mientras que Gwen Stefani tendría entre manos, según
varias entrevistas, un “álbum de ruptura”, en relación al final de su
matrimonio con el cantante de Bush, Gavin Rossdale. Algunos rumores también
dicen que Jennifer Lopez está grabando
en secreto y que Lady Gaga estaría
colaborando con el productor Mark Ronson
(Amy Winehouse, Duran Duran) en el sucesor de ARTPOP
(2013).
Bonus discs
La
cosecha 2016 incluirá, además, álbumes de Savages
(Adore Life); Animal Colective(Painting
With); The 1975(I Like
It When You Sleep For You Are So Beautiful Yet So Unaware Of It); James Blake (Radio Silence); M.I.A. (Matahdatah); Sky Ferreira (Masochism);
Megadeth (Dystopia); Drake (Views From the 6); Band of Horses; Bon Iver;
Frank Ocean; Crystal Castles; Haim; M83; Phoenix; Nine Inch Nails;
Jimmy Page; Sigur Rós; Tool; Bloc Party; The XX;Vampire Weekend;
Lush; Kanye West; Blink-182 y Elton John, entre muchos otros. Deseamos
que sea un año muy feliz (e inspirado) para todos. Leer en GeneraciónB.com >>
Periodista, conductor y productor, especializado en espectáculos y cultura digital (música, cine, TV, tecnología, libros y tendencias).
Trabajé para más de 25 medios de Argentina y Latinoamérica, entre ellos TN.com.ar, FM 100, Rolling Stone, FM Rock & Pop, La Nación, Quiero Música TV, Radio Con Vos 89.9, Página/12, FM ESPN, Radio Nacional, El Cronista, PC Magazine, Brando, Apertura, 10Musica.com, Nacional Rock 93.7, IT NOW (Centroamérica), La Segunda (Chile), El Tiempo (Colombia), Open (México), Nación (Costa Rica) y más. Escribí el libro "LOSERS - Historias de famosos perdedores del rock", lanzado por Ediciones B (Penguin Random House - 2018).
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