Antes del estreno de "Encontrados", charla a fondo con el actor Nacho Gadano: la pandemia, Violetta, Monzón y los villanos de turno. "Arranqué mi carrera pegándole un tiro a Héctor Alterio". Además, mucha música e historias: El último concierto de John Lennon y curiosos aniversarios de Bob Dylan, Frank Sinatra y Playboy.
Audio del 3/12. "Fue difícil trabajar con mi viejo". A punto de lanzar un nuevo disco junto a Moris, Antonio Birabent pasó por VINíLOCO y habló de todo: la relación con su padre e hijo, el streaming de la vida y ser músico en esta era: "La música ha perdido su halo, hoy vende celulares".
Además, hablamos con Who, el enigmático director argentino sin nombre ni rostro, sobre la filmación de "Causalidad", una de las primeras películas locales que volvieron a rodarse tras la cuarentena y que está hecha ¡en plano secuencia! Los desafíos de filmar en pandemia una obra que, encima, no puede tener cortes.
Roxana Bavaro nos trajo su top 10 de libros del 2020, y recordamos aniversarios de "The Wall" y Scott Weiland.
Ante el estreno de "El país de las últimas cosas", hablamos con el director Alejandro Chomski: de empleado de Jennifer Lopez a revelar la locura de Charly García, adaptar a Bioy Casares y Paul Auster y ¡ser traductor entre Maradona y Kusturica! "Nadie en la historia dio tanto material para hacer cine como el Diego".
Además, Marko Silva, revelación del reggaeton argentino, le puso onda urbana a la noche de un VINíLOCO en el gambeteamos el dolor con las canciones del Diego y mucho más.
De cerrar un festival Heavy Metal en Merlo a ponerle jazz a María Elena Walsh. Pipi Piazzolla pasó por VINíLOCO con todo: la cuarentena, adelantos del nuevo disco de Escalandrum, anécdotas imperdibles y el recuerdo de su abuelo: "En esta pandemia, Ástor hubiera compuesto gran cantidad de obra".
Además, cómo un cover de Spinetta tuvo 11 millones de plays en el mundo y llevó a un dúo sanjuanino a fichar con el mítico sello Decca de Londres y grabar junto a una leyenda de la música: Cande y Paulo y un sueño de película. "Todavía nos estamos pellizcando".
Además, conocimos a Sir Hope y recordamos el día en que Paul McCartney desnudó a Los Beatles.
Pili Pascual pasó por el programa: de la "locura" mundial por "Go" en Netflix a la música: México, Argentina, la pandemia, un adelanto de su nuevo single y una revelación: "Mi primer beso fue haciendo un casting".
Además, hablamos con Silvia Bentolila, médica que asiste psicológicamente a víctimas de emergencias y catástrofes: de intervenir en las inundaciones de La Plata y la tragedia de Once a ayudar a saber cómo podemos aprender de las crisis (¡y cantar tangos!).
También, conocimos a El Club Audiovisual, que nos presentó su nuevo disco, recordamos a James Bond en el 25 aniversario de "Golden Eye" y el ruido que hicieron (y grabaron) John y Yoko la noche que "consumaron su amor".
"Me subí por primera vez a un escenario a los 19 y cuando bajé, tuve un ataque de pánico: pensé que me moría". Un viaje de la medicina a la música en una hermosa charla con Daniel Drexler: La ciencia de las cosas, la pandemia del otro lado del río ("Uruguay hoy es una isla en medio del Atlántico"), el "Aire" de su nuevo álbum y la relación con su hermano Jorge ("Es un vínculo hermoso y raro: es uno de mis mejores amigos").
Además, charlamos con el director Cristian Arriaga por el estreno de "Abuelas", un film sobre (y con) las Abuelas de Plaza de Mayo.
También, todas las novedades literarias a cargo de nuestra librera favorita, Roxana Bavaro, el recuerdo de "Rattle & Hum" de U2 y muuuucho más.
"Me tuve que armar de una coraza para poder sobrevivir en los medios". Daniela Herrero, el rock ayer y hoy y lo difícil de crecer públicamente. "Hay cosas que se tienen que dar naturalmente: esperar, pensar, dudar y no ir con todo porque te la vas a poner en algún momento".
Además. Manuel Moretti pasó por el programa y habló de todo: El disco (y libro) de Estelares que se viene, la cuarentena y sus (conocidas) neurosis "Mi problema es que vivo en mi cabeza: no riego las plantas ni hago un puto asado".
También, estuvimos con la actriz Mariana Arnaudo, protagonista del estreno "Paraíso", y recordamos el día en que Madonna se puso literariamente en pelotas (bueno, no tan "literariamente").
De reconciliar parejas a volar con Eric Clapton, cantar para sordos y vomitar en el escenario: César Banana Puerreydón como nunca. Desde anécdotas románticas con mucho rock & roll hasta la cuarentena, su pasión por El Rojo y la política: "Todavía le creo a Alberto, pero gobierno tiene que tomar un golpe de timón fuerte".
Además, las cordobesas PYM, sensación musical de las redes, nos trajeron su “Magia” y nos hicieron “PUM” el programa. Y, a 32 años, recordamos secretos, curiosidades y un imperdible backstage del histórico Festival Amnesty International que se realizó en nuestro país: El día en que Charly García le dijo a Bruce Springsteen: "Acá, el Jefe soy yo".
De un embarazo en plena pandemia a parir su primer disco: Vera Spinetta pasó por VINíLOCO y habló de todo. La actualidad de la música, el futuro de la actuación y el recuerdo del Flaco: "De chica mi viejo me decía: '¡vos sos música!' y yo no quería saber nada".
También, una de las caras más conocidas y bellas del cine indie nacional nos llevó de la selva y el hip hop urbano: Ailín Salas. Además, conocimos a dos guitarreros con palanca y mucha historia del rock para contar: Los Mudos. Festejamos los 80 pirulos de John Lennon con anécdotas, secretos y curiosidades, y Pablo Conde nos contó sobre el Festival Escenario, dedicado a la relación entre el cine y la música. Escuchá el programa completo:
"La TV abierta es un animal en extinción". Después de “Apache” y “El presidente”, Alberto Ajaka pasó por el programa para hablar del terrorífico estreno de “Los que vuelven”. La pandemia, el futuro de la ficción argentina, la globalización de Netflix y Amazon y hasta su pasión: ¡El rojo de Avellaneda! También, el dúo rosarino Queridas nos trajo sus oscuras y melancólicas melodías etéreas con el estreno de su nuevo single. Además, Roxy Bavaro tiró las novedades y recomendaciones literarias de octubre. Y recordamos a Tom Petty en un nuevo aniversario de irse pa'rriba (o abajo, andá a saber).
Anoche armamos un triángulo de fuerza con Leo De Cecco de Attaque 77: el punk en los tiempos de coronavirus y streaming y cómo ponerle el pecho a la nueva anormalidad cortando papas y entregando pedidos de comida. "Mucha gente me reconocía haciendo delivery". Además, Jazmín Riera: del fenómeno literario a la música. "Es otro lugar de juego para poder contar historias". Y promete cosas "muy picantes". También, celebramos un nuevo aniversario de "Blood Sugar Sex Magik" de los Red Hot Chili Peppers, un álbum de amores bizarros y ¿fantasmas? Y mucho más.
Cantante, actriz, compositora, activista, modelo, diseñadora, escritora, influencer, sensacion en redes sociales… La multifacética Connie Isla pasó por #VINíLOCO, estrenó nueva canción, adelantó su próximo disco y mucho más: "Desde la industria musical te miran de reojo cuando venís de las redes". También, Guille Beresñak nos trajo su nuevo disco y repasamos su surrealista carrera: de producir 80 discos y hacer música para El Marginal, Gilda y El Potro, a tocar con Charly García y ¡con Maradona en Dubai!: "El Diego me abrazó y me dijo 'gracias, pibe, por enseñarme a cantar'". Además, recordamos el "US Festival", o el día que el cofundador de Apple creó su propio Woodstock; cómo nació "Smell Like Teen Spirit", de Nirvana, y secretos y curiosidades de la serie "The X Files", en un nuevo aniversario de su creación.
De Rosario a romper corazones en toda Latinoamérica, ELÏAS estuvo “Entre nosotros” en @vinilocoradio. Su nuevo tema, los comienzos, la pandemia y divertidas anécdotas de compartir escenarios con José Luis Perales, Arjona, Maluma, Marco Antonio Solís y muchos más. Volvió el fresquete, pero Francisca y Los Exploradores nos trajo “El temporal”: el disco que se viene en noviembre, la cuarentena, el lenguaje inclusivo y... ¿una invasión de robots? (WTF!). Además, hablamos con el director de "La Superball", el documental que cuenta por qué la pelota de fútbol es otro invento argentino. Y ¿sabías que a 22.000 millones de kilómetros de la Tierra (pasando Plutón, a la izquierda, ponele) hay un vinilo viajando por el espacio? La historia de los discos musicales que transportan las sondas Voyager, a 43 años de su lanzamiento. Escuchá:
Belén Blanco pasó por VINíLOCO para adelantarnos el estreno del thriller "Al Acecho", recordar anécdotas insólitas de la actuación, los 30 años del caso maría Soledad, la dura actualidad de la industria del espectáculo y la crisis de la pandemia: "Me aterra pensar que Macri podría haber estado comandando este barco medio hundido".
Actúa, baila, canta y, encima, ¡hace trabajos de pintura y albañilería! Celeste Sanazi estuvo en VINíLOCO, estrenó tema y nos contó cómo hacer de todo (y bien) en esta pandemia. Incluso ¡amasar pan!
Y Federico Gómez nos trajo nueva canción, historia, anécdotas de La Voz Argentina y toda la onda de The FAM: "Nuestra amistad y hermandad se convirtió en una banda".
Además: alguna vez se organizó un festival de rock que reunió a casi medio millón de personas durante una epidemia de virus respiratorio. ¿Posta? Sí: recordamos la (hoy) locura del "SARSFest" en Canadá.
Drogas, traición, peleas
y muerte rodearon el disco más difícil de sus majestades satánicas. La historia
del álbum que casi termina con la banda.
Durante más de cinco décadas, los Rolling Stones atravesaron innumerables crisis
que pusieron en vilo su existencia, aunque pocas tan conflictivas como la grabación
de Dirty Work. Lanzado en marzo de
1986, quedó al fondo de la discografía del (por entonces) quinteto como un
testimonio de su peor etapa artística. Pero también puede rescatarse como una
historia de supervivencia.
Los problemas ya venían en el estudio desde
comienzos de los 80. Richards, harto del ego y el afán controlador de Jagger,
lo llamaba despectivamente «Brenda» o «Madam» para poder insultarlo sin que se diera cuenta. La grieta pronto se trasladó a los conciertos. Se dice que, en la gira de Tattoo You, estaba estipulado por
contrato que Jagger dejara el escenario durante las canciones que cantaba
Richards. Y, en alguna oportunidad, el guitarrista llegó a secuestrar
una grúa que elevaba al cantante durante la interpretación de «You Can’t
Allways Get Wat You Want» para despacharse con un solo de veinte minutos.
Para 1983, luego de la grabación de Undercover, la relación entre los Stones
pendía entre jirones de celos, adicciones y hastío (inter)personal. «Estábamos
aburridos de tocar entre nosotros, llegamos a un punto en que nos cansamos de
todo —recordaba Jagger en un entrevista de 1995 para Rolling Stone—. Bill [Wyman] no era muy entusiasta. Es un tipo que
nunca quiere hacer mucho… es un poco vago y aburrido. Y tenías a Charlie
[Watts] exagerando en todo».
En su autobiografía Vida (2010), Richards detalla cómo las tensiones en el grupo llegaron
a los puños una noche de 1984 en un hotel de Holanda, cuando Jagger, borracho,
llamó a las cinco de la mañana a la habitación de Watts y osó preguntarle
«¿dónde está mi baterista?». No tuvo respuesta y colgó, pero a los veinte
minutos, Watts apareció en el cuarto del cantante y le dijo «nunca más vuelvas
a llamarme “tu baterista”» antes de embocarle un terrible gancho de derecha. «Mick cayó de espaldas encima de una bandeja
de salmónahumado que había en la mesa… y en
el último instante lo agarré antes de que cayera a uno de los canales de
Ámsterdam. Tardé veinticuatro horas en calmar a Charlie… pero al cabo de doce
seguía diciendo: “¡A la mierda, voy a bajar a darle otra!”. Y eso que cuesta
mucho hacerlo calentar», reveló el guitarrista.
El clima empeoró en
1985 cuando el frontman decidió concentrar
las energías en su debut solista, She’s
the Boss. Richards se sintió defraudado al ver que su «hermano de diferente
padre» dejaba la banda de lado ni bien acababan de firmar un multimillonario
acuerdo con CBS Records. «El timing
fue muy raro, sacar un disco obviamente comercial justo antes de que empezáramos
a trabajar en un nuevo disco de los Stones —contó el violero a Spin en 1986—. Si hubiera hecho sus
canciones favoritas de folk irlandés con una arpista, tenido a Liberace acompañándolo
en covers de Frank Sinatra o algo que
no pudiera hacer con los Stones, hubiera estado bien. Para mí, un álbum de Mick
Jagger debería haber sido un evento gigantísimo y no cualquier otro disco. Le
dije que era tontería y no un trabajo inspirado».
«Cuando firmamos el contrato con CBS, tenía
estipulado hacer un disco en solitario. Keith sabía de eso, así que no fue algo
que salió de la nada. No
quiero justificar lo que pasó. Fue una mala época. Todos nos estábamos llevando muy mal», se defendió Jagger años más
tarde. Pero la herida estaba abierta. El disco salió en febrero de aquel año, justo
cuando la banda comenzó a componer en Francia. Richards despreciaba She’s the
Boss. «Un título que lo dice todo. Nunca he llegado a escucharlo entero. ¿Quién lo hizo? Es como Mi lucha. Todo el mundo tenía una copia, pero nadie lo escuchaba», escribió décadas
más tarde, aún con saña.
La mayor parte del «trabajo sucio» recayó en
Richards. Según el guitarrista,
el clima en los estudios Pathé Marconi de París «estaba enrarecido». Habían
tenido que retrasar las sesiones varias veces por los compromisos de Jagger,
quien «apenas llevaba canciones con las que trabajar porque las había metido
todas en su disco» y «ni siquiera aparecía en el estudio». «El espantoso
ambiente que se respiraba estaba afectando a todo el mundo. Bill Wyman
prácticamente dejó de acudir y Charlie se volvió a su casa», confiesa el músico
en su libro.
Alguna vez pensaron en titularlo
19 Stitches, luego de que un técnico
drogado se cayera sobre una mesa de vidrio y quedara con múltiples heridas. Ron Wood, que aún se recuperaba de su
alcoholismo, compuso temas y se hizo cargo de muchas de las partes de bajo, al
tiempo que Watts hacía lo que podía. Su adicción al speed y la heroína apenas lo dejaba tocar, y varias canciones
quedaron en los palillos de Steve JordanyAnton Fig. Mientras tanto, Richards echaba espuma por la
pluma con letras directas hacia su ausente amigo. «Te voy a machacar hasta que seas un montón
de moretones / porque eso es lo
que estás buscando… / Tengo que pelearme / no lo puedo evitar», lo amenaza «Fight». Y el bromance se pudre en «Had It With You», donde destila más
odio que amor:
«Siempre tratás de molestarme.
Siempre parecés acecharme.
Emitiendo órdenes, gritando instrucciones.
Y me harté, me harté, me harté, me harté de
vos.
Y me harté, me harté, me harté, me harté de
todo».
«Creo que nunca
había escrito ninguna canción, aparte de “All About You”, cuyo protagonista
fuera tan claramente Mick», confesó luego el violero, como si faltara
confirmarlo.
El 13 de julio de 1985, cuando casi promediaba
la grabación de Dirty Work, la banda se
presentó en el festival Live Aid y exhibió en vivo de lo que pasaba en el
estudio: Richards y Woods, por un lado, acompañaron el set de Bob Dylan, mientras
que Mick Jagger hizo su propio show, donde
aprovechó para difundir su flamante single
«Just Another Night» e interpretó el clásico «It's Only Rock 'n Roll (But I Like It)» (en un recordado dueto con Tina
Turner).
Los Stones se resquebrajaban
y, si faltaba un golpe para partirlos, llegó el 12 de diciembre con la muerte
de Ian Stewart de un ataque al corazón. El pianista y road manager, histórico «sexto Stone» a quien
el productor Andrew Loog Oldham había expulsado del grupo en los 60 por feo, era
una autoridad y referencia para el resto de los miembros, una suerte de conciencia
blusera en la forma de un paciente hermano mayor. «Todavía trabajo para
él. Entiendo que los Rolling Stones le pertenecen», afirmó Richards en Vida, quien aseveró que la muerte lo
afectó tanto como la de su hijo.
Dirty Work se
editó poco después, en marzo de 1986, dedicado en su honor y con una grabación
del pianista incluida como tema oculto. El disco fue precedido en febrero por «Harlem
Shuffle», un cover de Bob & Earl
de 1963 que Jagger grabó en apenas dos tomas. Por primera vez en veinte años,
los Stones no lanzaban como primer sencillo un original de Jagger-Richards. Era
un anticipo de la sequía del álbum, donde apenas tres de los once tracks llevaban la rúbrica del célebre tándem.
El segundo single fue el poco
memorable «One Hit (To the Body)», una premonición del rock de fórmula genérica
que la banda editaría en los años venideros (¿alguien puede notar la diferencia
entre este y temas como «Rock and a Hard Place»,
«You Got Me Rocking» o «Rough Justice»?)
«Dirty Work fue el período más complicado de todo nuestro viaje. Te
das cuenta porque tiene cuatro canciones mías, lo cual es un claro signo de que
el motor compositor de Keith y Mick no estaba funcionando bien», se sinceró Ron
Wood en una entrevista de 2003.
Ni la participación de Jimmy Page,
Tom Waits y Bobby Womack, ni la producción del ascendente Steve Lillywhite (Peter
Gabriel, U2, Simple Minds) ayudaron a cubrir la falta de inspiración. La
portada terminó de rematar la obra más débil y fechada de los Stones con una
foto que los hacía lucir como una banda de narcotraficantes fugados de División Miami. Aun así, Dirty Work fue un éxito comercial: los
Stones sonaban (y se veían) en sintonía con los tiempos, encontraron en «Harlem
Shuffle» el hit (y el videoclip)
necesario para no perder el tren de la era MTV y el disco rankeó entre los
primeros puestos en Estados Unidos y el Reino Unido. Pero ¿es un álbum de los
Rolling Stones?
«Es raro, porque usualmente
me gusta hablar de los discos que acabo de hacer, pero con este siento que no
quiero decir mucho. Mick hizo un poco, pero fue un disco inspirado por Keith
Richards», dijo un dubitativo Lillywhite a Spin
en 1986. En 2010, en una entrevista con A.V. Club, no se guardó nada: «Sí, yo
produje el peor disco de los Rolling Stones. Hasta que llegó el que le siguió.
[Risas]. Pero, básicamente, porque no pude rechazarlos. Un verdadero hombre
nunca dejaría pasar la chance de trabajar con leyendas como ellos. Pero eso no
quiere decir que supiera que iba a ser bueno. Es necesario un buen viento de
cola para hacer un gran disco, y los Stones no lo tenían entonces. Había demasiada
amargura. Fue el mal final de sus adicciones. Fue un lío, pero tuve que
hacerlo. Aprendí más de ellos que ellos
de mí, eso es todo lo que puedo decir de la experiencia».
Pese a los deseos de Richards,
Jagger se negó a presentar el álbum en vivo y se lo informó al resto de una
manera, digamos, diplomática: por carta. «Hacer un tour con Dirty Works hubiera sido una pesadilla.
Fue un período terrible —le contó en 1995 al periodista Jann Wenner—. Nos
odiábamos, había muchos desacuerdos. Era lamentable, y Charlie estaba en muy
mal estado… En retrospectiva, estuve ciento por ciento en lo correcto…
Probablemente hubiera sido el final de la banda».
El guitarrista lo tomó como
un vil engaño cuando se enteró de que el cantante iba a presentarse en vivo con
un segundo álbum solista bajo el brazo. «La gran traición de Mick, la que me cuesta perdonar, una maniobra que
parecía diseñada con el propósito de acabar con los Rolling Stones, fue que
anunciara en marzo de 1987que saldría de gira conPrimitive Cool —escribió «Keef»—.Para nosotros aquello fue una bofetada en la
cara, una condena a muerte pendiente de apelación».
Para echar más leña
al fuego, en una entrevista Jagger dijo que los Stones eran «una piedra atada
al cuello». En respuesta, Richards desató «la Tercera Guerra Mundial» en la
prensa y salió a atacarlo con todo lo que tenía. Hasta amenazó con cortarle la
garganta si se le ocurría tocar canciones de los Stones con otros músicos. «Ya nirecuerdo
todos los comentarios mordaces y las burlas que salieron de mi boca: “Es un disco boy;el grupito para que Jagger se haga una paja;
¿por qué no se junta con Aerosmith?”… —relata Richards en Vida—. Llegó un punto en que la cosa se puso muy fea, y un día un
periodista me preguntó: “¿Cuándo van a dejar el puterío?”. “Pregúntale a la
puta”, respondí. Y luego pensé: “Que haga lo que le plazca, ¡que se rompa la
cara él solito!”. Había dado muestras de la más absoluta falta de amistad y
camaradería, carecía de lo necesario para mantener unida a una banda. Todo era
una mierda».
Dirty Work casi termina como el último disco de los Stones, pero hoy puede verse
como el fusible que evitó el apagón final. Jagger inició su faceta como solista,
y hasta Richards comenzó a pensar y trabajar en la suya de la mano de su propia
banda, los X-Pensive Winos. La guerra entre ambos continuó un tiempo, hasta que
en 1989 acordaron una reunión en Barbados para firmar la paz. «Independientemente
de lo que haya podido pasar, Mick y yo tenemos una relación que todavía
funciona. ¿Cómo si no, al cabo de casi cincuenta años, podríamos plantearnos
aún volver a salir juntos a la carretera?», escribió el guitarrista en su
libro. La respuesta la podemos escuchar esta semana, en la ciudad de las
diagonales.
Lugar clave de la noche parisina, tuvo impacto en la cultura rioplatense. Allí se reunieron Lou Reed, John Cale y Nico tras la separación de The Velvet
Underground. Los discos que se grabaron en su escenario.
Mucho más que una mera sala de conciertos, el Teatro
Bataclan es una pieza histórica de la cultura parisina de los últimos 150 años.
Por allí pasaron desde óperas y revistas musicales hasta espectáculos de café
concert, películas y conciertos de rock, como el de Eagles of Death Metal que fue escenario de uno de los atentados de
ayer.
Con un diseño inspirado en las pagodas orientales, su nombre
viene de Ba-ta-clan, una opereta de
temática china de Jacques Offenbach,
y fue inaugurado en 1865, en una ceremonia a la que asistió Napoléon III
(último monarca en reinar Francia y, sí, sobrino de aquel Napoleón).
Entrado el siglo xx,
tras sucesivos cambios de dueños, el lugar se consagró como centro del vodevil
y los espectáculos de cabaret más “picarescos” de la ciudad, al punto que se
formaron varias compañías para llevar sus presentaciones al extranjero. Una
llegó al viejo Teatro Ópera de Buenos Aires, a principios de los años 20, con
un show tan popular y subido de tono
para la época que la expresión “bataclana” se integró al lunfardo para designar
a las mujeres descocadas y de “vida alegre”.
Incluso, el famoso tango “Garufa”, de 1927, la tiene entre
sus estrofas: “Del barrio La
Mondiola sos el más rana / y te llaman Garufa por lo bacán/ Tenés más
pretensiones que bataclana / que hubiera hecho suceso con un gotán”. Y Niní Marshall protagonizó la película de
Manuel Romero, Yo quiero ser bataclana,
en 1941.
En 1933, el Bataclan sufrió un incendio que destruyó buena
parte de su arquitectura original. Luego
de nuevas reformas y cambios de administración, funcionó como cine hasta
finales de la década del 60, cuando nuevamente se instaló como plaza para
conciertos y exhibiciones.
Dentro de la cultura rock, el Bataclan quedó inmortalizado
un 29 de enero de 1972, cuando Lou Reed,
John Cale y Nico se volvieron a reunir en vivo luego de la separación de The Velvet Underground. La grabación
del concierto fue uno de los bootlegs
más codiciados por los fans durante décadas, hasta su lanzamiento oficial en
2004, con el título Le Bataclan `72.
Algunos otros discos que se grabaron allí son Once in a Livetime, de Dream Theater; Au Bataclan, de Jane Birkin;
Paris Le Trash, de los New York Dolls; y Live from the Bataclan, de Jeff
Buckley, donde interpreta un medley
con “Je N'en Connais Pas la Fin” y "Hymne à l'amour", de Édith Piaf.
Incluso
el argentino Jairo pasó por aquel
escenario y registró Live Bataclan,
editado en 1988.
Hoy es una sala de 1.500 localidades en la que también dejaron su huella Metallica, Oasis, ThePolice, Prince y The Cure, por
solo mencionar algunos artistas. Deftones
tenía agendados shows para hoy y mañana, que ya fueron suspendidos. Y, si
bien no hay información oficial aún, se presume que lo mismo sucederá con las
presentaciones del blusero Gary Clark Jr.
y los británicos Rudimental,
programadas para este 18 y 19 de noviembre, respectivamente.
Hace 40 años, la
prensa revelaba que Peter Gabriel dejaba Genesis, una decisión que la banda
ocultó durante nueve meses, tras un disco traumático y una gira imposible. La
historia de un final que marcó dos inicios.
¿GABRIEL AFUERA DE
GENESIS? La pregunta en la portada de Melody
Maker del 16 de agosto de 1975, en mayúscula catástrofe, era más bien
retórica. Una duda que revelaba un pacto de silencio que duró nueve meses. Y el
resultado de una crisis que se gestó durante más de un año.
A principios de 1974, Genesis estaba en ascenso en la escena
británica. Su quinto disco, Selling
England by the Pound (1973), fue un éxito y los llevó a una extensa gira que
los consagró como una de las mejores experiencias en vivo. Pero toda la
atención se centraba en Peter Gabriel,
cuyas impactantes performances vestido con extravagantes y complejos disfraces
eclipsaban la labor de sus compañeros. «Había momentos en los que entraban
personas al camarín y decían: “¡Gran show, Peter. Cuando te pusiste esa
máscara, se volvieron locos!”. Y los demás nos mirábamos pensado “Eeeh: hola,
esto es una banda. Y la música siempre está primero”», reveló Phil Collins a la BBC, décadas más
tarde, para dar una idea del clima dentro del grupo.
Así todo, en abril el
quinteto se reunió en Headley Grange,
una vieja casona que sirvió de albergue y orfanato durante el siglo xix y que había sido lugar de grabación
de Led Zeppelin. Allí comenzaron a
planear su trabajo más ambicioso hasta el momento: un disco doble conceptual. El
lugar estaba en deplorable estado, infestado por ratas y, según Steve Hackett, por algún que otro
fantasma. «Si alguna vez existió una casa embrujada, era esa. Podías escuchar
sonidos extraordinarios por la noche y era casi imposible dormir», dijo.
Dos temáticas
entraron en pugna. Mike Rutherford
quería un álbum basado en El principito,
la novela de Antoine de Saint-Exupéry,
pero Gabriel impuso una surrealista historia propia sobre la búsqueda de
identidad protagonizada por Rael, un inmigrante de Puerto Rico que debe enfrentar
diversos peligros y criaturas en Nueva York para recuperar a su hermano. Tony Banks detestaba la idea, y el
resto no veía bien que el vocalista asumiera el control y tuviera en el estudio
el protagonismo que ya mostraba sobre el escenario. Ganó la intransigencia de
Gabriel. «Si querés definir un mundo, tenés que dejar que una persona lo pinte:
pocas grandes novelas son creadas por un comité», afirmó. Aunque The Lamb Lies Down on Broadway sería,
más bien, un drama.
Genesis era una
democracia quebrada. Gabriel se sentía cada vez más limitado por los compromisos
de la banda y alejado artísticamente de sus compañeros. En una habitación de la
vieja casona, aislado del resto, le daba letra a su casi álter ego Rael y, cuando
podía, tomaba su bicicleta y se escapaba hacia una cabina telefónica cercana
para hablar sobre un proyecto que lo entusiamaba mucho más. Llamaba a William Friedkin, director en boga
entonces tras el controvertido éxito de El
exorcista (1973), quien lo quería como consultor de su próxima película,
inspirado tras haber leído el texto que Gabriel escribió en la portada de Genesis Live (1973). «Eso era muy
importante para mí. Desafortunadamente, no pasó nada; fue uno de esos proyectos
de Hollywood que se caen. Pero fue algo con lo que la banda (que, luego, le dio
mucho lugar a Phil para que hiciera sus cosas fuera de Genesis) no estaba
feliz», dijo el cantante en una entrevista de 2011. Finalmente, ese film se
convirtió en Sorcerer (1977), que
contó con la música de los electrónicos Tangerine Dream.
Por otra parte, Gabriel fue el primer integrante del grupo
en formar una familia. En julio de ese año, nació su hija, Anna-Marie, luego de
un muy complicado embarazo que dejó a la bebé en una incubadora por tres meses.
«Los doctores no pensaban que iba a sobrevivir. No hay nada más importante que
tu familia, y la banda fue muy poco compasiva. No vio que yo estaba lidiando
con un tema de vida o muerte. Charlamos esto por entonces, pero había un veneno
creciendo entre nosotros, internamente. Había algo de celos y resentimiento
sobre la atención que estaba recibiendo como frontman», explicó a la revista Uncut.
La situación no mejoró cuando el grupo decidió mudarse a una
granja en Gales para comenzar a grabar. Repartido entre sus obligaciones
personales y profesionales, Gabriel escribía en soledad las letras y visitaba
con poca frecuencia el lugar, donde los demás componían la música. Fue un
proceso engorroso, pero dio la primera señal de que Banks, Rutherford, Hackett
y Collins podían trabajar prescindiendo del vocalista, quien, agobiado, les
pidió suspender las tareas un tiempo. «Y
todos le dijimos “no, no queremos parar”. Era una cuestión de principios sobre
cualquier otra. Entonces nos respondió: “OK, quiero hacer la película, así que
me voy”. Recuerdo que estábamos sentados en el jardín preguntándonos qué íbamos
a hacer. “Bueno, tengamos un grupo instrumental”, dije, lo cual por cinco
segundos fue una idea en serio, porque teníamos un montón de música hecha»,
contó Collins en The Book of Genesis,
de Hugh Fielder.
El clima se
descomprimió y todos viajaron a Londres, a terminar los últimos detalles del
álbum en los estudios Island, donde
surgieron nuevos roces. Gabriel invitó al ex Roxy MusicBrian Eno,
quien se encontraba allí grabando su disco Taking
Tiger Mountain(By Strategy),
para que «enosifique» algunas canciones con efectos y tratamientos sonoros. «En
realidad, su contribución fue mínima. Suelo preguntarme por qué lo mencionamos
en los créditos, porque lo que hizo fue muy poco», dijo Banks, principal
opositor a esta colaboración.
Así fue cómo
Genesis dio a luz a The Lamb Lies Down on
Broadway, que salió a la venta el 18 de noviembre de 1974. Para muchos, es su
obra maestra, un álbum monumental que, con los años, sería objeto de libros,
análisis, controversias y veneración, pero que, en su momento, fue recibido con
tibieza (por ser generosos). «Hasta Hitler tuvo mejor prensa», dijo alguna vez
Rutherford. No era un obra fácil, sino desafiante y críptica para la crítica,
el público y hasta para los mismos integrantes de Genesis. «No sé de qué se
trata. Preguntale a Peter, yo solo soy el baterista», señaló Collins en una entrevista
a Rolling Stone de 1975.
Para sumar
complicaciones, la banda se comprometió a una extensa gira por Estados Unidos y
Europa que resultó una pesadilla técnica. Se tocaba el disco entero bajo una ambiciosa
puesta multimedia con la proyección de 1.500 dispositivas en tres pantallas, que
debían funcionar en sincronía con el relato en escena (algo que solo ocurrió en
contadas ocasiones). A lo que hay que sumarle el amplio vestuario de Gabriel, que
incluía un inmanejable traje con genitales inflables (el famoso «Slipperman»)
que provocó varias situaciones dignas de This
isSpinal Tap.
«Siendo francos,
fue un desastre. El álbum no tenía grandes ventas y el tour estaba repleto de problemas. Estábamos intentando hacer un show increíble con un presupuesto pequeño
y hubo muchas, muchas noches en las que las cosas salieron mal», dijo Banks
tiempo más tarde.
Hubo algo peor. La
mayoría del público que asistía a los conciertos aún no había escuchado el
álbum y no entendía lo que pasaba, pero más que nunca todos los focos se concentraban
sobre Gabriel. Su figura se acrecentaba y el tour parecía un one-man show
que relegaba a sus compañeros al rol de una banda de acompañamiento, lo cual aumentaba
las fricciones internas. En marzo de 1975, Hackett le decía a un periodista de NME que cubría la gira: «Es verdad, en
escena elegimos hacernos anónimos. Pero me molesta que la gente piense que
Peter hizo todo, desde escribir las canciones hasta diseñar el escenario. En el
último disco hizo menos de la música que nosotros».
Ese cronista no lo
sabía entonces, pero el músico destilaba sus últimas broncas por una situación que
ya tenía un final escrito. Mucho antes, el 25 de noviembre de 1974 en el
Swingos Hotel de Cleveland, Estados Unidos, Gabriel le comunicó primero al manager, Tony Smith, y al resto, después, que dejaba la banda. Apenas habían
transcurrido cuatro de las 102 presentaciones de la gira. El grupo acordó
seguir unido para cumplir con las fechas y dar tiempo a la búsqueda de un nuevo
cantante, pero también porque estaba endeudado con su sello, Charisma. Aun después de la partida del
cantante, debían unas 160.000 libras, según el libro Genesis and The Lamb Lies Down on Broadway (2008).
Aquel fue un
verdadero tour de force que las
partes soportaron en silencio: Uno deseando irse, otros buscando cómo continuar,
juntos en una gira mágica y mentirosa. «Estaba desesperado por contarle a la
audiencia que me iba. Sentía que estaba traicionando a la gente que pagaba por
venir a vernos. No podía ser sincero y decirles lo que sentía», reveló el
cantante el documental Together and Apart
(2014).
«Después del tour, tuve una larga charla con él e
intenté persuadirlo para que se quedara, porque pensé que podíamos superar las cosas.
Pero ya se había ido psicológicamente», explicó Banks años más tarde. «En
cierta forma, fue como una pérdida personal para mí, pero también un alivio, no
puedo negarlo. Entonces teníamos algo que probar, nos dio un nuevo objetivo».
Tras el último
concierto, el 22 de mayo en Francia, la banda retornó al Reino Unido y cada uno
siguió su camino, manteniendo el secreto. Pasaron otros tres meses hasta que la
partida se hizo tapa de Melody Maker.
«El lugar de Peter Gabriel en Genesis está en duda tras rumores que sugieren
que ha abandonado la banda», escribía el semanario. Desde el entorno negaban
las especulaciones: «El grupo está algo taciturno en este momento, pero eso
pasa todos los años cuando están pensado y escribiendo el nuevo LP», respondió el
manager.
Días después, sería
el mismo Gabriel quien confirmaría la noticia de puño y letra con una de las
cartas de renuncia más largas, sinceras y mordaces que el rock pueda recordar. «El
vehículo que construimos para servir nuestras composiciones se convirtió en
nuestro amo y nos enjauló dentro del éxito que habíamos querido. Afectó la
actitud y el espíritu de toda la banda. La música no se ha agotado y todavía
respeto a los demás músicos, pero nuestros roles se habían vuelto rígidos», decía
en el inicio.
Allí contó su deseo
de pasar más tiempo con su familia («Es importante liberar el papá que hay en
mí»), de escapar de la maquinaria industrial («Comencé a pensar en términos
comerciales, muy útil para quien fuera un tímido músico, pero tratar los discos
y al público como dinero me estaba apartando de ellos») y de su
necesidad de experimentar en el arte («Mi futuro en la música, si existe, será bajo
todas las situaciones posibles»). Y finalizaba
con una humorada que tendría algo de verdad y parte de vaticinio:
«Gabriel se fue de Genesis: 1) Para hacer teatro.
2) Para ganar plata como artista solista.
3) Para hacer “la Bowie”.
4) Para hacer “la Ferry”.
5) Para ponerse una “boa peluda alrededor del cuello y ahorcarse”.
6) Para ir a un hospital.
7) Para volverse senil en el medio de la nada».
Sería un encore tan extravagante y teatral como sus presentaciones y la
génesis de dos nuevas historias del rock.
Se cumplen 45 años
del debut en el cine del líder de los Rolling Stones, con un film que cita la
obra del escritor argentino y arruinó su amistad con Keith Richards. Un cuento
borgeano de sexo, traiciones y rock and roll.
La mayoría pensará en su protagónico en Ned Kelly; y es lógico. Un rodaje maldito, con incendios, heridas
de armas y una novia en coma tras un intento de suicidio son razones más que
memorables. Pero la primera incursión en el cine de Mick Jagger pertenece a un
film olvidado y menos catastrófico, aunque mucho más extraño y polémico.
Hacia fines de 1967, el vocalista de los Rolling Stones
había terminado las sesiones del álbum Their
Satanic Majesties Request, y un nuevo horizonte asomaba en su carrera:
la actuación. Hasta el momento, Jagger solo había puesto la cara en documentales
con su banda. La oportunidad en la ficción llegaría con Performance, un sórdido y violento drama criminal en el que
interpreta a un rockstar retirado que
da asilo a un gánster (James Fox) en la mansión donde vive con dos mujeres.
Entre ambos protagonistas se desarrolla un peligroso juego psicológico de
identidades, de ficción y realidad, cargado de sexo, drogas y rock and roll.
La historia fue escrita y codirigida (junto a Nicolas Roeg,
famoso luego por El hombre que cayó a la
tierra, protagonizada por David Bowie) por Donald Cammell y está muy
influenciada por la literatura de Jorge Luis Borges, del que el autor era un gran
fanático. En un pasaje del film, Jagger recita un momento cúlmine del famoso
cuento «El Sur»: «En ese punto, algo imprevisible ocurrió. Desde un rincón, el
viejo gaucho extático (…) le tiró una daga desnuda que vino a caer a sus pies (…)».
También hay referencias al relato «Tlön, Uqbar,
Orbis Tertius» en un diálogo y hasta una fotografía del escritor argentino se
muestra en la cruda escena final.
Performance no se
hizo conocida por sus asociaciones literarias, sino por sus controvertidas
imágenes y por ser la causa por la cual la relación entre Jagger y Keith
Richards nunca volviera a ser la misma. Marianne Faithfull, por entonces pareja
del vocalista, iba a interpretar a una de sus compañeras en el film, pero no
pudo debido a las complicaciones posteriores a su malogrado embarazo, y su rol
quedó a cargo de Anita Pallenberg, novia del guitarrista (y ex de Brian Jones).
Jagger y la modelo italiana hicieron mucho más que «actuar» las fogosas escenas de sexo, en las que
también participó Michèle Breton. En sus memorias, tituladas Vida, Richards dijo que ignoró la
aventura durante años, pero que «lo olía, en especial en Mick». Quizás esas
sospechas fueron las que lo llevaron a no poner su guitarra en «Memo from
Turner», la canción que Jagger compuso para la cinta (y su primer single solista, si bien ambos figuran
como autores); su lugar fue ocupado por Ry Cooder.
La vendetta no
tardaría en llegar. Richards y Faithfull tuvieron luego un affaire, que la autora de «Sister Morphine» calificó como «la mejor
noche de su vida». «Aún hoy se destaca.
Creo que fue tan memorable porque fue solo una noche, eso es todo. Y todavía
seguimos siendo grandes amigos», dijo en una entrevista el año pasado. En su
libro, Richards recuerda haber escapado por la ventana descalzo y con la ropa
colgando cuando Jagger volvió a la casa más temprano de lo esperado. «Con
Marianne todavía seguimos bromeando sobre eso. Me manda mensajes: “sigo sin
encontrar tus medias”».
Performance se rodó
en 1968, pero se proyectó recién dos años después, ya que en Warner estaban
horrorizados con el carácter alucinógeno, sexual y violento del film. Dicen que
la mujer de un ejecutivo vomitó durante una función privada, y el estudio forzó
cortes, ediciones y censuras varias antes de estrenarlo (en forma limitada) el
3 de agosto de 1970, primero en Estados Unidos y, tiempo después, en Europa.
La crítica fue despiadada en su momento, más allá de los
destacados y convincentes trabajos de Jagger y Fox. Sin embargo, con el tiempo,
la cinta adquirió el estatus «de culto». Hoy, resulta imposible no encontrar
elementos estilísticos de esta obra en el cine de Quentin Tarantino, de Guy
Ritchie y, en especial, de Jonathan Glazer (James Fox hasta hizo un cameo casi evocativo
en La bestia salvaje, de 2000). También
ha sido objeto de referencias en canciones de Happy Mondays, The Charlatans y
Big Audio Dinamite.
Para Jagger, este sería el comienzo de una intermitente
carrera actoral que continuó con el estreno, poco después, de la accidentada Ned Kelly y, décadas más tarde, con Freejack, Bent y Gigoló, además de
varios cameos en otras producciones. Se volvería a cruzar con Borges, pero
fuera del cine. Alguna vez, vio al escritor en el lobby del Hotel Westin Palace de Madrid y se acercó a saludarlo.Se arrodilló, tomó su mano y le dijo: «Maestro, lo
admiro». Borges, que no veía, le preguntó quién era. «Soy Mick Jagger»,
respondió, a lo que contestó: «Ah, uno de los Rolling Stones». La anécdota fue
contada en varias oportunidades por su mujer, María Kodama, testigo
privilegiada de un encuentro digno de Ficciones.
Para el director Cammell, Performance quedaría como la primera y la más reconocida de sus cinco
películas, todas retorcidas, oscuras, desafiantes y de escaso suceso comercial.
Su trabajo más popular fue, quizás, el videoclip de «Pride (In the Name of
Love)», de U2.
Muchos
años después de aquel debut, Cammell y Richards se vieron por casualidad en Los
Ángeles. El músico lo odiaba porque lo consideraba el principal responsable del
romance entre su amigo y su novia. «Se
deleitó con la idea de estar complicando las cosas entre nosotros. Que Mick y
Anita hicieran de pareja era una trampa. Fue el sorete más dañino que conocí, afirmó. En aquel cruce, el
Rolling Stone le dijo que nunca le había dado alegría a nadie y le pidió que
tuviera la hombría de matarse. Paradójicamente, Cammell se pegó un tiro en la
cabeza poco tiempo después, en 1996, agobiado por problemas de salud. Cuenta la
leyenda que no falleció al instante, sino que sobrevivió varios minutos y que,
en un extraño estado de euforia, le pidió a su esposa que sostuviera un espejo
delante de él. Mirándole la cara a la muerte, le preguntó a su mujer, en clara
referencia a su obra maestra: «¿Podés ver la imagen de Borges?».
Historia, secretos y
curiosidades de la saga protagonizada por Tom Cruise, antes del estreno de su
quinta entrega.
Por si hay alguien que recién salió de un termo, recordamos
que Misión imposible se basa en la
serie de TV homónima, que se desarrolló entre 1966 y 1973 y contó con las
actuaciones de Peter Graves,Martin Landau, Leonard Nimoy, Greg Morris
y Barbara Bain, entre otros. En 1988, se realizó una nueva versión, con Graves otra
vez como el líder de la Impossible Missions Force, Jim Phelps.
Parte del elenco
del show original fue convocado para el
film de 1996, a cargo de Brian De Palma, pero se rehusaron a participar
disgustados con el guión. A Graves le ofrecieron repetir su papel, pero lo
rechazó al ver que lo convirtieron en un traidor (rol que recayó en Jon Voight),
mientras que Landau no estaba de acuerdo con la muerte de los miembros del
equipo. “¿Por qué ofrecerse voluntariamente a que nuestros personajes cometan
suicidio? Pasé”, dijo.
Aquel fue el primer film producido por Tom Cruise (que continuaría
con los otros cuatro, además de obras como Los
otros y Minority Report: Sentencia
previa). Pero también marcó el gusto (ya casi obsesivo) del actor por desempeñar
él mismo las escenas de riesgo. La más recordada quizás sea en la que, colgado
desde el techo, debe robar información de una computadora alojada en una
habitación con sensores de movimiento. Durante la filmación, la estrella no
paraba de darse la frente contra el piso cada vez que lo bajaban. Hasta que le
pidió a un asistente que le pusiera monedas en sus zapatos, para que hicieran
contrapeso. No sabemos si alguna vez devolvió ese cambio.
La película de De Palma también es recordada por la versión
que los U2 Adam Clayton y Larry Mullen Jr. hicieron del tradicional tema de la
serie compuesto por Lalo Schifrin, además de la música incidental de Danny
Elfman. Pero, originalmente, ese trabajo estaba a cargo de Alan Silvestri, que
llegó a componer más de 20 minutos del score
antes de ser “renunciado” (según se cuenta) por el mismísimo Cruise, que quería
a Elfman a bordo porque había quedado sorprendido con el trabajo que hizo en Todo por un sueño, donde actuó Nicole
Kidman, su por entonces esposa.
Otra canción histórica de la saga (aparte de, bueno, esto de Limp Bizkit fue “I Disappear”, que Metallica compuso especialmente para Misión imposible 2 (2000) y que se
filtró meses antes del estreno en internet vía Napster y desató la famosa pelea
de la banda con la empresa de downloads.
La segunda parte iba a ser dirigida por Oliver Stone, pero
tuvo que bajarse del proyecto por problemas de agenda cuando el rodaje de
Cruise en Ojos bien cerrados (1999)
se extendió más de lo pensado. John Woo tomó la posta y lo convirtió en el film
más taquillero de 2000 en los Estados Unidos, y todavía se mantiene, con más de
540 millones de dólares, como la más recaudadora de la saga después de la
cuarta entrega (que embolsó casi 700 millones). Es, también, la más pirotécnica,
absurda y exagerada. El metraje original tenía más de tres horas, y el estudio
forzó a dejarlo en 123 minutos (lo cual explica muchas de las incongruencias
del relato). Cruise también se lució con performances de riesgo, como la pelea en
la que un cuchillo queda a milímetros de su pupila, en la que se usó un arma
real, o la épica escalada libre en Utah (con el uso parcial de un doble experto
en montañismo).
En 2006, llegó la tercera entrega, tras varios problemas. David
Fincher iba a ser el director, pero renunció por diferencias con el estudio, y
fue reemplazado por Jon Carnahan, quien llegó a trabajar más de un año en el
film antes de también dar un paso al costado. Finalmente, J.J. Abrams, quien
venía de éxitos en televisión como Alias
y Lost, se hizo cargo y fue su debut
en la pantalla grande. El elenco original también incluía a Kenneth Branagh
como villano, además de Carrie-Anne Moss y Scarlett
Johansson. Resultó la más cara de la saga, y la menos recaudadora.
Misión imposible:
Protocolo fantasma se estrenó cinco años más tarde y también marcó otro
debut, ya que fue el primer film “live action” de Brad Bird, quien hasta
entonces solo había realizado cine de animación (Los increíbles, Ratatouille). Nos mostró a Cruise en más tomas de
gran altura, trepando la torre Burj Khalifa de Dubai, el edificio más alto del
mundo.
Como era de esperar, para Misión imposible: Nación secreta Cruise subió la apuesta con dos
escenas épicas. En una se lo podrá ver colgado del fuselaje de un avión de
transporte militar Airbus a 1.500 metros de altura. La estrella dijo que estuvo “cagado de miedo:
estaba agarrado de un arnés al costado del cuerpo que estaba algo suelto, por
lo que se puede ver mi cuerpo vibrando contra el avión”. Así todo, repitieron
la toma ocho veces.
En otro momento descomunal, se zambulle en un enorme tanque
con más de 260.000 litros de agua presurizada, para lo que tuvo que entrenar y aprender
a retener la respiración por más de seis minutos. Basta, Tom: nos vas a matar
de un infarto.
Periodista, conductor y productor, especializado en espectáculos y cultura digital (música, cine, TV, tecnología, libros y tendencias).
Trabajé para más de 25 medios de Argentina y Latinoamérica, entre ellos TN.com.ar, FM 100, Rolling Stone, FM Rock & Pop, La Nación, Quiero Música TV, Radio Con Vos 89.9, Página/12, FM ESPN, Radio Nacional, El Cronista, PC Magazine, Brando, Apertura, 10Musica.com, Nacional Rock 93.7, IT NOW (Centroamérica), La Segunda (Chile), El Tiempo (Colombia), Open (México), Nación (Costa Rica) y más. Escribí el libro "LOSERS - Historias de famosos perdedores del rock", lanzado por Ediciones B (Penguin Random House - 2018).
Contacto: mpoter@gmail.com