sábado, 15 de agosto de 2015

…Y entonces fueron cuatro

Hace 40 años, la prensa revelaba que Peter Gabriel dejaba Genesis, una decisión que la banda ocultó durante nueve meses, tras un disco traumático y una gira imposible. La historia de un final que marcó dos inicios.




¿GABRIEL AFUERA DE GENESIS? La pregunta en la portada de Melody Maker del 16 de agosto de 1975, en mayúscula catástrofe, era más bien retórica. Una duda que revelaba un pacto de silencio que duró nueve meses. Y el resultado de una crisis que se gestó durante más de un año.

A principios de 1974, Genesis estaba en ascenso en la escena británica. Su quinto disco, Selling England by the Pound (1973), fue un éxito y los llevó a una extensa gira que los consagró como una de las mejores experiencias en vivo. Pero toda la atención se centraba en Peter Gabriel, cuyas impactantes performances vestido con extravagantes y complejos disfraces eclipsaban la labor de sus compañeros. «Había momentos en los que entraban personas al camarín y decían: “¡Gran show, Peter. Cuando te pusiste esa máscara, se volvieron locos!”. Y los demás nos mirábamos pensado “Eeeh: hola, esto es una banda. Y la música siempre está primero”», reveló Phil Collins a la BBC, décadas más tarde, para dar una idea del clima dentro del grupo.

 Así todo, en abril el quinteto se reunió en Headley Grange, una vieja casona que sirvió de albergue y orfanato durante el siglo xix y que había sido lugar de grabación de Led Zeppelin. Allí comenzaron a planear su trabajo más ambicioso hasta el momento: un disco doble conceptual. El lugar estaba en deplorable estado, infestado por ratas y, según Steve Hackett, por algún que otro fantasma. «Si alguna vez existió una casa embrujada, era esa. Podías escuchar sonidos extraordinarios por la noche y era casi imposible dormir», dijo.

Dos temáticas entraron en pugna. Mike Rutherford quería un álbum basado en El principito, la novela de Antoine de Saint-Exupéry, pero Gabriel impuso una surrealista historia propia sobre la búsqueda de identidad protagonizada por Rael, un inmigrante de Puerto Rico que debe enfrentar diversos peligros y criaturas en Nueva York para recuperar a su hermano. Tony Banks detestaba la idea, y el resto no veía bien que el vocalista asumiera el control y tuviera en el estudio el protagonismo que ya mostraba sobre el escenario. Ganó la intransigencia de Gabriel. «Si querés definir un mundo, tenés que dejar que una persona lo pinte: pocas grandes novelas son creadas por un comité», afirmó. Aunque The Lamb Lies Down on Broadway sería, más bien, un drama.

Genesis era una democracia quebrada. Gabriel se sentía cada vez más limitado por los compromisos de la banda y alejado artísticamente de sus compañeros. En una habitación de la vieja casona, aislado del resto, le daba letra a su casi álter ego Rael y, cuando podía, tomaba su bicicleta y se escapaba hacia una cabina telefónica cercana para hablar sobre un proyecto que lo entusiamaba mucho más. Llamaba a William Friedkin, director en boga entonces tras el controvertido éxito de El exorcista (1973), quien lo quería como consultor de su próxima película, inspirado tras haber leído el texto que Gabriel escribió en la portada de Genesis Live (1973). «Eso era muy importante para mí. Desafortunadamente, no pasó nada; fue uno de esos proyectos de Hollywood que se caen. Pero fue algo con lo que la banda (que, luego, le dio mucho lugar a Phil para que hiciera sus cosas fuera de Genesis) no estaba feliz», dijo el cantante en una entrevista de 2011. Finalmente, ese film se convirtió en Sorcerer (1977), que contó con la música de los electrónicos Tangerine Dream.

Por otra parte, Gabriel fue el primer integrante del grupo en formar una familia. En julio de ese año, nació su hija, Anna-Marie, luego de un muy complicado embarazo que dejó a la bebé en una incubadora por tres meses. «Los doctores no pensaban que iba a sobrevivir. No hay nada más importante que tu familia, y la banda fue muy poco compasiva. No vio que yo estaba lidiando con un tema de vida o muerte. Charlamos esto por entonces, pero había un veneno creciendo entre nosotros, internamente. Había algo de celos y resentimiento sobre la atención que estaba recibiendo como frontman», explicó a la revista Uncut.

La situación no mejoró cuando el grupo decidió mudarse a una granja en Gales para comenzar a grabar. Repartido entre sus obligaciones personales y profesionales, Gabriel escribía en soledad las letras y visitaba con poca frecuencia el lugar, donde los demás componían la música. Fue un proceso engorroso, pero dio la primera señal de que Banks, Rutherford, Hackett y Collins podían trabajar prescindiendo del vocalista, quien, agobiado, les pidió suspender las tareas un tiempo.  «Y todos le dijimos “no, no queremos parar”. Era una cuestión de principios sobre cualquier otra. Entonces nos respondió: “OK, quiero hacer la película, así que me voy”. Recuerdo que estábamos sentados en el jardín preguntándonos qué íbamos a hacer. “Bueno, tengamos un grupo instrumental”, dije, lo cual por cinco segundos fue una idea en serio, porque teníamos un montón de música hecha», contó Collins en The Book of Genesis, de Hugh Fielder.

El clima se descomprimió y todos viajaron a Londres, a terminar los últimos detalles del álbum en los estudios Island, donde surgieron nuevos roces. Gabriel invitó al ex Roxy Music Brian Eno, quien se encontraba allí grabando su disco Taking Tiger Mountain (By Strategy), para que «enosifique» algunas canciones con efectos y tratamientos sonoros. «En realidad, su contribución fue mínima. Suelo preguntarme por qué lo mencionamos en los créditos, porque lo que hizo fue muy poco», dijo Banks, principal opositor a esta colaboración.


Así fue cómo Genesis dio a luz a The Lamb Lies Down on Broadway, que salió a la venta el 18 de noviembre de 1974. Para muchos, es su obra maestra, un álbum monumental que, con los años, sería objeto de libros, análisis, controversias y veneración, pero que, en su momento, fue recibido con tibieza (por ser generosos). «Hasta Hitler tuvo mejor prensa», dijo alguna vez Rutherford. No era un obra fácil, sino desafiante y críptica para la crítica, el público y hasta para los mismos integrantes de Genesis. «No sé de qué se trata. Preguntale a Peter, yo solo soy el baterista», señaló Collins en una entrevista a Rolling Stone de 1975.

Para sumar complicaciones, la banda se comprometió a una extensa gira por Estados Unidos y Europa que resultó una pesadilla técnica. Se tocaba el disco entero bajo una ambiciosa puesta multimedia con la proyección de 1.500 dispositivas en tres pantallas, que debían funcionar en sincronía con el relato en escena (algo que solo ocurrió en contadas ocasiones). A lo que hay que sumarle el amplio vestuario de Gabriel, que incluía un inmanejable traje con genitales inflables (el famoso «Slipperman») que provocó varias situaciones dignas de This is Spinal Tap.

«Siendo francos, fue un desastre. El álbum no tenía grandes ventas y el tour estaba repleto de problemas. Estábamos intentando hacer un show increíble con un presupuesto pequeño y hubo muchas, muchas noches en las que las cosas salieron mal», dijo Banks tiempo más tarde.

Hubo algo peor. La mayoría del público que asistía a los conciertos aún no había escuchado el álbum y no entendía lo que pasaba, pero más que nunca todos los focos se concentraban sobre Gabriel. Su figura se acrecentaba y el tour parecía un one-man show que relegaba a sus compañeros al rol de una banda de acompañamiento, lo cual aumentaba las fricciones internas. En marzo de 1975, Hackett le decía a un periodista de NME que cubría la gira: «Es verdad, en escena elegimos hacernos anónimos. Pero me molesta que la gente piense que Peter hizo todo, desde escribir las canciones hasta diseñar el escenario. En el último disco hizo menos de la música que nosotros».

Ese cronista no lo sabía entonces, pero el músico destilaba sus últimas broncas por una situación que ya tenía un final escrito. Mucho antes, el 25 de noviembre de 1974 en el Swingos Hotel de Cleveland, Estados Unidos, Gabriel le comunicó primero al manager, Tony Smith, y al resto, después, que dejaba la banda. Apenas habían transcurrido cuatro de las 102 presentaciones de la gira. El grupo acordó seguir unido para cumplir con las fechas y dar tiempo a la búsqueda de un nuevo cantante, pero también porque estaba endeudado con su sello, Charisma. Aun después de la partida del cantante, debían unas 160.000 libras, según el libro Genesis and The Lamb Lies Down on Broadway (2008).
  
Aquel fue un verdadero tour de force que las partes soportaron en silencio: Uno deseando irse, otros buscando cómo continuar, juntos en una gira mágica y mentirosa. «Estaba desesperado por contarle a la audiencia que me iba. Sentía que estaba traicionando a la gente que pagaba por venir a vernos. No podía ser sincero y decirles lo que sentía», reveló el cantante el documental Together and Apart (2014).

«Después del tour, tuve una larga charla con él e intenté persuadirlo para que se quedara, porque pensé que podíamos superar las cosas. Pero ya se había ido psicológicamente», explicó Banks años más tarde. «En cierta forma, fue como una pérdida personal para mí, pero también un alivio, no puedo negarlo. Entonces teníamos algo que probar, nos dio un nuevo objetivo».



Tras el último concierto, el 22 de mayo en Francia, la banda retornó al Reino Unido y cada uno siguió su camino, manteniendo el secreto. Pasaron otros tres meses hasta que la partida se hizo tapa de Melody Maker. «El lugar de Peter Gabriel en Genesis está en duda tras rumores que sugieren que ha abandonado la banda», escribía el semanario. Desde el entorno negaban las especulaciones: «El grupo está algo taciturno en este momento, pero eso pasa todos los años cuando están pensado y escribiendo el nuevo LP», respondió el manager.

Días después, sería el mismo Gabriel quien confirmaría la noticia de puño y letra con una de las cartas de renuncia más largas, sinceras y mordaces que el rock pueda recordar. «El vehículo que construimos para servir nuestras composiciones se convirtió en nuestro amo y nos enjauló dentro del éxito que habíamos querido. Afectó la actitud y el espíritu de toda la banda. La música no se ha agotado y todavía respeto a los demás músicos, pero nuestros roles se habían vuelto rígidos», decía en el inicio.

Allí contó su deseo de pasar más tiempo con su familia («Es importante liberar el papá que hay en mí»), de escapar de la maquinaria industrial («Comencé a pensar en términos comerciales, muy útil para quien fuera un tímido músico, pero tratar los discos y al público como dinero me estaba apartando de ellos») y de su necesidad de experimentar en el arte («Mi futuro en la música, si existe, será bajo todas las situaciones posibles»). Y finalizaba con una humorada que tendría algo de verdad y parte de vaticinio:

«Gabriel se fue de Genesis:

1) Para hacer teatro.
2) Para ganar plata como artista solista.
3) Para hacer “la Bowie”.
4) Para hacer “la Ferry”.
5) Para ponerse una “boa peluda alrededor del cuello y ahorcarse”.
6) Para ir a un hospital.
7) Para volverse senil en el medio de la nada».

Sería un encore tan extravagante y teatral como sus presentaciones y la génesis de dos nuevas historias del rock.



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