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viernes, 18 de diciembre de 2020

VINíLOCO 2020 - Entrevistas a Pablo Bernasconi y Altocamet



"Me amigué con la palabra artista, pero soy más bien intérprete". Pablo Bernasconi pasó por VINíLOCO con un collage de emociones: la pandemia, el arte, la poesía y cómo usar milanesas, vinilos, fideos y hasta animales muertos (!) para ilustrar.  "Una vez intenté hacer a un presidente con soretes". 

Además, surfeamos la noche y 25 años de historia con Altocamet: "Una vez me agarró Cerati en el estudio y me dijo: "aunque sea podrías intentar afinar, ¿no?"

Nuestra "booklogist" Roxana Bavaro nos trajo todas las novedades editoriales de Diciembre, y celebramos los 31 años de Los Simpsons recordando los mejores cameos rock de la serie.

 




viernes, 11 de diciembre de 2020

VINíLOCO 2020 - Entrevista Nacho Gadano

 


Antes del estreno de "Encontrados", charla a fondo con el actor Nacho Gadano: la pandemia, Violetta, Monzón y los villanos de turno. "Arranqué mi carrera pegándole un tiro a Héctor Alterio". Además, mucha música e historias: El último concierto de John Lennon y curiosos aniversarios de Bob Dylan, Frank Sinatra y Playboy.

viernes, 4 de diciembre de 2020

VINíLOCO 2020 - Entrevistas a Antonio Birabent y Who

 

Audio del 3/12. "Fue difícil trabajar con mi viejo". A punto de lanzar un nuevo disco junto a Moris, Antonio Birabent pasó por VINíLOCO y habló de todo: la relación con su padre e hijo, el streaming de la vida y ser músico en esta era: "La música ha perdido su halo, hoy vende celulares". 

Además, hablamos con Who, el enigmático director argentino sin nombre ni rostro, sobre la filmación de "Causalidad", una de las primeras películas locales que volvieron a rodarse tras la cuarentena y que está hecha ¡en plano secuencia! Los desafíos de filmar en pandemia una obra que, encima, no puede tener cortes.

Roxana Bavaro nos trajo su top 10 de libros del 2020, y recordamos aniversarios de "The Wall" y Scott Weiland.

Escuchá el programa completo:


viernes, 27 de noviembre de 2020

VINíLOCO 2020 - Entrevistas a Marko Silva y Alejandro Chomski

 



Ante el estreno de "El país de las últimas cosas", hablamos con el director Alejandro Chomski: de empleado de Jennifer Lopez a revelar la locura de Charly García, adaptar a Bioy Casares y Paul Auster y ¡ser traductor entre Maradona y Kusturica! "Nadie en la historia dio tanto material para hacer cine como el Diego".

Además, Marko Silva, revelación del reggaeton argentino, le puso onda urbana a la noche de un VINíLOCO en el gambeteamos el dolor con las canciones del Diego y mucho más.



viernes, 13 de noviembre de 2020

VINíLOCO 2020 - Entrevista a Pilar Pascual y Silvia Bentolila

 



Pili Pascual pasó por el programa: de la "locura" mundial por "Go" en Netflix a la música: México, Argentina, la pandemia, un adelanto de su nuevo single y una revelación: "Mi primer beso fue haciendo un casting". 

Además, hablamos con Silvia Bentolila, médica que asiste psicológicamente a víctimas de emergencias y catástrofes: de intervenir en las inundaciones de La Plata y la tragedia de Once a ayudar a saber cómo podemos aprender de las crisis (¡y cantar tangos!).

También, conocimos a El Club Audiovisual, que nos presentó su nuevo disco, recordamos a James Bond en el 25 aniversario de "Golden Eye" y el ruido que hicieron (y grabaron) John y Yoko la noche que "consumaron su amor".


viernes, 16 de octubre de 2020

VINíLOCO 2020 - Entrevistas a César Banana Pueyrredón y PYM

 



De reconciliar parejas a volar con Eric Clapton, cantar para sordos y vomitar en el escenario: César Banana Puerreydón como nunca. Desde anécdotas románticas con mucho rock & roll hasta la cuarentena, su pasión por El Rojo y la política: "Todavía le creo a Alberto, pero gobierno tiene que tomar un golpe de timón fuerte".

Además, las cordobesas PYM, sensación musical de las redes, nos trajeron su “Magia” y nos hicieron “PUM” el programa. Y, a 32 años, recordamos secretos, curiosidades y un imperdible backstage del histórico Festival Amnesty International que se realizó en nuestro país: El día en que Charly García le dijo a Bruce Springsteen: "Acá, el Jefe soy yo". 


viernes, 15 de abril de 2016

Aftermath cumple 50 años

Cómo se hizo el disco que cambió la carrera de los Rolling Stones.



Los Stones son lo que son hoy gracias a Aftermath, el disco en el cual dejaron de copiar a sus héroes del blues para comenzar a mirarse a sí mismos y delinear un sonido que, medio siglo después, los sigue definiendo.

Es en este cuarto trabajo (sexto para el mercado estadounidense) donde la banda da su gran salto artístico, al ser el primero compuesto en su totalidad por Mick Jagger y Keith Richards. El incentivo del productor Andrew Loog Oldham, quien encerraba a la dupla en la cocina del departamento que solían compartir en Londres hasta que saliera con un tema propio, les había dado el impulso. Y el enorme éxito de «(I Can’t Get No) Satisfaction» (1965), ese hit inmortal que Richards soñó un noche y encontró a la mañana siguiente registrado en su grabadora, les dio la confianza para abandonar el cancionero de sus ídolos de juventud y empezar a escribir su propia historia.

Aftermath es el producto final de ese rush creativo que el grupo tuvo durante diversas estancias en los estudios RCA de California, una «etapa mágica», según el propio Richards, en la que junto a Jagger comenzó a dar forma al dúo autoral más tarde conocido como los Glimmer Twins. «Una época en la que todo (componer, grabar, actuar) pasó a otro nivel, y también el momento en que Brian empezó a sacar los pies del plato», dijo en su autobiografía Vida.

La banda llegó por aquellos días a Los Ángeles luego de un tour por Australia y antes de iniciar una serie de conciertos por los Estados Unidos. A diferencia de otras oportunidades, en las que el quinteto solo buscaba capturar en sus discos la energía y el vértigo de sus presentaciones en vivo, ahora tenían tiempo; podían pensar, ahondar en sentimientos y experiencias, expresarlas y experimentar con sonidos. En años en los que los Beatles marcaban tendencia en mostrar todas las sofisticaciones que podían salir al exprimir el estudio, por primera vez los Stones encontraban el valor de la producción. Una tarea en la que fue vital la colaboración de Jack Nitzsche, mano derecha y protegido de Phil Spector, en ambos lados de la consola.

«Estábamos aprendiendo a hacer que el álbum fuera el centro de atención, que fuera ese y no el single el formato de la música —contó Richards sobre aquellas sesiones—. Hacer un LP solía ser cuestión de reunir dos o tres sencillos de éxito y sus correspondientes lados B y, luego, meter algo más de relleno. Los singles siempre eran de dos minutos y veintinueve segundos porque, si no, no te ponían en la radio. Nosotros lo cambiamos: todas y cada una de las canciones del disco eran potencialmente un single, no había relleno y, si lo había, era un experimento. Aprovechábamos que con un álbum teníamos más tiempo para lo que podría describirse como una declaración de principios sobre algo. Si los discos no hubieran existido, probablemente los Beatles y nosotros no habríamos durado más de dos años y medio».

Así, los incipientes Glimmer Twins se despacharon con 14 temas que profundizaban esa imagen que Oldham les pergeñó de «chicos malos» con un lírica sobre groupies, hoteles, frustraciones, drogas, depresión y sudoroso machismo. «Muchas de las canciones de aquellos tiempos tenían unas letras que podrían calificarse de “antichicas”, y los títulos también: “Stupid Girl”, “Under My Thumb”, “Out of Time”, “That Girl Belongs to Yesterday”», contó Richards años más tarde. «Tal vez las estábamos provocando un poco, quizás algunas de esas canciones les abrieron un poco el corazón y los ojos al hecho de que “¡eh, somos mujeres, somos fuertes!”. Lo cierto es que los Beatles y (especialmente) los Stones tal vez las ayudaron a librarse de la actitud “no soy más que una damita”».

La sociedad que comenzó a consolidar con Jagger fue algo que terminó de resquebrajar la relación con Brian Jones, cada vez más alejado y menos involucrado con la banda. «En cierta manera, supongo que Brian estaba resentido de que Mick y Keith compusieran. Físicamente, y en los demás aspectos también, Brian no era lo suficientemente fuerte para tomar el control. Era un músico muy astuto, pero no insistía con algo lo suficiente como para probar ser un gran músico. Tocaba algo por tres semanas, y luego nunca más», declaró Charlie Watts.

«Seguramente lo que sacó de quicio a Brian fue que Mick y yo empezáramos a escribir canciones: primero, perdió el estatus y luego el interés. Venir al estudio a aprenderse un tema que habíamos escrito Mick y yo lo deprimía; para Brian era una herida abierta», confesó Richards.

Desplazado y cada vez más sumido en las adicciones, Jones dejó de lado la guitarra por una atracción hacia el arpa, el dulcimer, las marimbas y el sitar, que tocó en sus pocas participaciones durante la grabación. «Cuando estaba, si estaba de verdad, era increíblemente versátil, podía agarrar cualquier instrumento que hubiera por allí tirado y sacarle algo bueno: el sitar en “Paint It Black”, la marimba en “Under My Thumb”... Pero luego no volvías a ver en cinco días al muy cabrón y seguíamos teniendo que grabar un disco, y había sesiones confirmadas y... ¿dónde está Brian? No había forma de encontrarlo, y cuando por fin dábamos con él se hallaba en un estado lamentable», reveló Richards. Así todo, esas exóticas intervenciones resultaron determinantes en el sonido y el carácter de un álbum libre, abierto a la investigación e improvisación, en el que se animaron a romper con la tiranía de los rock and roll de 150 segundos e incluir, por ejemplo, una jam de más de 11 minutos, con «Goin’ Home».

Aftermath se lanzó en Gran Bretaña el 15 de abril de 1966 (y el 20 de junio en Estados Unidos, en una versión con tres canciones menos y con el single número uno «Paint it Black», no incluido en la edición inglesa). «Cuando fue publicado, resultó imposible no darse cuenta de las similitudes con Rubber Soul. Los Beatles acaban de sacar su obra más “madura”, atrevida, literariamente sofisticada hasta la fecha, y ahora los nuevos Stones competían por ganarse el favor de la crítica de un modo similar», opina John McMillian, en su libro Los Beatles vs. Los Rollling Stones.

Si fue así, el quinteto lo consiguió. Aftermath no solo fue un suceso en ventas a ambos lados del Atlántico, sino que fue considerado un triunfo por la prensa especializada. Y llegó en tiempos de inspirada competencia artística, en el que los principales exponentes del rock se influenciaban mutuamente y parecían desafiarse a superarse. Tan solo un mes más tarde, los Beach Boys salían con Pet Sounds y Bob Dylan despachaba su Blonde on Blonde, hasta que en agosto, los Beatles volverían a subir la vara con Revolver. Para los Stones, fue solo la prueba (para sí mismos y para todos) de que esto era apenas el comienzo.



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viernes, 31 de octubre de 2014

El último éxito de Elvis

Hace 45 años, “Suspicious Minds” le daba a Presley su último número uno antes de morir. La historia de la resurrección antes del final.



«En todo relato de un regreso, la verdadera prueba está en casa. Y nadie estaba más lejos de casa que Elvis Presley». Son las primeras palabras del texto que acompaña la última reedición de From Elvis in Memphis, el disco de 1969 que, para muchos, es el mejor trabajo del cantante. Y son la dura verdad.

Hacia fines de los años 60, el hombre de la pelvis que sacudió una generación ya no era el «Rey del Rock». Atrás habían quedado el fenómeno, los récords y la locura alrededor de su figura, y su carrera se había enfocado en el cine, como protagonista de ordinarias comedias musicales. Durante esa década filmó 27 películas, algunas exitosas en recaudación (en especial, por sus soundtracks), pero pobrísimas en calidad y con un declinante reporte en taquilla. Elvis ganaba un millón de dólares por film, pero al precio de devaluar su reputación con cada estreno.

Su relevancia se estaba desvaneciendo. Alejado de los escenarios, la escena comenzaba a estar dominada por The Beatles, The Rolling Stones entre los más jóvenes, y Tom Jones emergía como un candidato a robarle la corona entre su público. Pero un especial para la televisión de la cadena NBC de diciembre de 1968 reavivó su mito y lo puso de vuelta en el escenario. Conocido tiempo después como el ‘68 Comeback Special, el show presentó un segmento de música en vivo con un Elvis en esencia: delgado, carismático, desinhibido, vestido de cuero negro, ofreciendo ante una pequeña audiencia esa mezcla de rockabilly, soul, country, blues y gospel que lo había consagrado en los años 50. Fue un suceso en la TV y reconectó al artista con sus raíces. De pronto, volver a la música sonaba como un regreso al hogar. Y en muchas formas lo fue.

Para ello, Presley decidió no grabar en los estudios de RCA en Nashville, como lo hacía de forma usual por contrato, y aceptó la sugerencia de sus amigos de hacerlo en el American Sound Studio de Memphis, la ciudad donde se crio. El lugar estaba a cargo de Chips Moman, un productor en ascenso que, entre 1967 y 1971, consiguió la impresionante marca de meter 120 canciones en los charts de Billboard para diversos artistas.

Era la combinación que Elvis necesitaba: estar su ciudad, trabajar con un hitmaker, en un gran estudio con una destacada banda propia (un dream team de talentos conocidos como The Memphis Boys) y ejecutar un repertorio contundente. Pero a Moman no le resultó fácil relacionarse con Felton Jarvis, histórico productor de Elvis que no quería verse relegado en sus funciones, ni con el séquito que siempre rodeaba al cantante y que ya le había advertido que se limitara a ser un simple «sí, señor».

Elvis llegó al American Sound el 13 de enero de 1969. A pesar de su resfriado, sacó un cigarrillo y los miembros de la usual corte de «amigos» que lo acompañaba se peleaban por quién se lo encendía. Ni Moman ni los músicos podían creer la ridícula escena, y el escepticismo resonaba en el estudio. Así todo, trabajaron hasta las cinco de la mañana y, el día siguiente, la jornada se extendió hasta las ocho. Grabaron «Long Black Limousine», «Wearin' That Loved-on Look», «I'm Movin’ On» y «Gentle on My Mind». Presley estaba ronco, pero inspirado, y seguía las firmes (aunque respetuosas y pacientes) indicaciones de Moman con ganas y sin objeciones.

Volvió al estudio casi una semana después para dedicarse a «In the Ghetto», un tema sobre el que tenía reparos en grabar. Su letra, polémica para la época, sobre la pobreza en los barrios, la indiferencia social y el ciclo vida marginal al que los habitantes parecían estar condenados (originalmente, la canción llevaba el subtítulo «The Vicious Circle»), podía disgustar y alejar a un sector de su audiencia.

Pero lograron convencerlo y fue la decisión fue acertada: la grabación de «In the Ghetto» llevó todo un día y significó un punto de inflexión tanto en el entusiasmo de Elvis como en su relación con los músicos, todavía algo desconfiados. Wayne Jackson, el trompetista de aquella larga jornada, lo certifica: «Simplemente, cantó de maravilla. La primera vez que oí “In the Ghetto” me estremecí».

«In the Ghetto» puede haber encendido la sensibilidad y pasión en el estudio, pero el camino de regreso al éxito vendría de la mano de un hit malogrado. «Suspicious Minds» era un tema de Mark James y había sido editado como sencillo tan solo un año antes, sin suerte. Moman sentía que Elvis podía aportarle el atrevimiento y sensualidad que esta balada soul sobre amor e infidelidad necesitaba para convertirse en un éxito. Y así fue.

Entusiasmado y efusivo en la grabación, incluso haciendo ejercicios de karate entre las tomas, Presley logró «la misma mezcla extraordinaria de ternura y equilibrio que había conseguido en “In the Ghetto”, pero con un importante añadido: una cualidad expresiva que oscila entre el estoicismo (por la sospecha de infidelidad) y la angustia (por la pérdida inminente). Todos los presentes en el estudio comprendieron de inmediato que aquella era la canción que estaban buscando», cuenta Peter Guralnick, autor de la imprescindible biografía de Elvis, Amores que matan.

El olor a futuro hit atrajo los problemas. Después de esa grabación, Presley se tomó un breve receso en Aspen con Priscilla, momento que su entorno aprovechó para presionar a Moman para que cediera parte de sus derechos de la canción. El productor se negó y amenazó con suspender las sesiones y devolver los 25.000 dólares que RCA le había pagado para alquilar el estudio. «Agarren todo lo que hicimos hasta ahora y lárguense de acá», les gritó. El conflicto y los recelos duraron varios días, pero el clima logró enfriarse lo suficiente como para continuar el trabajo tras la vuelta de Elvis, a mediados de febrero.

De esa segunda tanda, surgieron «True Love Travels on a Gravel Road», «Power of My Love», «Kentucky Rain», «Only The Strong Survive» y más canciones. Las sesiones terminaron el 22 de febrero. Luego, Presley se dedicó a cumplir con su último compromiso fílmico (la película Cambio de hábito) y rubricó un importante contrato por una serie de shows en el Hotel International de Las Vegas, que aún no se había terminado de construir.

Doce canciones de aquellas sesiones en American Studio conformaron el exitoso LP From Elvis in Memphis, entre ellas el single «In the Ghetto», que en julio llegó hasta el tercer puesto: su primer top ten y disco de oro desde 1965. El rey acariciaba la cúspide otra vez, y el salto final se lo daría «Suspicious Minds».

No se incluyó en el disco y se lanzó como sencillo en agosto, sin la participación de Moman en los créditos y con muchos cambios en su producción. Entre ellos, se le incorporó su ahora característica coda, ese fade out y luego “regreso” que repetía los últimos versos, imitando el falso final que Elvis hacía en sus recitales en el International. Incluso la nueva mezcla incorporó la sección de vientos que usó en esos espectáculos.

«Nos pareció ridículo el fundido final. Hacer esto en directo, cuando el público está presente y participa con él, es una cosa, pero en un disco no tiene nada que ver», fue la reacción de algunos de los involucrados en la grabación original al escuchar la nueva mezcla, según puede leerse en Amores que matan. Moman estaba indignado. «La misma gente que había intentado apropiarse de sus derechos de autor lo había suprimido de los créditos y ahora trataba de robarle su sonido», revela Guralnick.

Los enojos poco les importaron a Elvis y sus seguidores. El 1 de noviembre de 1969, «Suspicious Minds» alcanzó el número uno en Estados Unidos, el primero desde 1962 y el último que consiguió con vida. Presley disfrutaba de su resurrección musical, sus presentaciones en el International habían convocado 101.500 personas y recaudado 1,5 millones de dólares: los shows más exitosos en la historia de Las Vegas. El rey estaba en la cima. Sería la última vez que miraría al mundo desde lo más alto.