lunes, 2 de marzo de 2015

Diez películas que cumplen 30 años

Una decena de razones que llevarían a sostener que 1985 fue el mejor año de la historia del cine.


Volver al futuro

Sus 30 años mienten: esta película no tiene tiempo. Robert Zemeckis nos trajo una trilogía de divertidas y tiernas paradojas que comienza acá, con Marty McFly en 1955 tratando de hacer que sus padres se enamoren para no ser borrado de la historia. Luego, llegaría 2015 (escenario de la segunda parte) y, en lugar de patinetas voladoras, tendremos un musical en el teatro. ¿Ven? El pasado siempre fue mejor.




El club de los cinco

La obra definitiva de John Hughes es, también, una de las cintas “coming of age” emblemáticas. La cheta, el nerd, el bravucón, la dark y el deportista en un día de penitencia escolar para descubrir que son mucho más que estereotipos.



El color púrpura

Esta adaptación de la novela homónima de Alice Walker fue el primer film de Steven Spielberg en el terreno de los dramas históricos. El riesgo fue aún mayor para el director, que confió en Oprah Winfrey (por entonces, conductora de un talk show de la TV en Chicago) y una desconocida Whoopi Goldberg para retratar los abusos, la pobreza y el racismo a los que se enfrentaban las mujeres negras en los Estados Unidos de comienzos del siglo XX. Las dos entregaron performances que valieron nominaciones al Oscar, el film fue un suceso y Spielberg, sin abandonar la aventura y fantasía, abrió su paleta a un cine que incluiría, años más tarde, obras como El imperio del sol, Amistad, La lista de Schindler y Lincoln, entre otras.




Rocky IV

La guerra fría en el ring. Un combate de tradición contra modernidad; naturaleza y tecnología a las piñas. El espíritu americano frente a la deshumanización comunista. Un hombre contra el Estado. Rocky Balboa vs. Iván Drago: la verdadera pelea del siglo (XX).



Cocoon

El mejor secreto para la juventud eterna hasta el arribo del Viagra lo tenían guardado en una piscina un grupo de jubilados, que disfrutaban de un poder revitalizador fuera de este mundo. La película de pendeviejos por excelencia.



La rosa púrpura del Cairo

Woody Allen sale de escena y abandona un rato sus clásicos neuróticos neoyorkinos para entregarnos este tributo al poder sobrenatural del cine, en la historia de una camarera (Mia Farrow) que ve en las películas un escape para su sufrida realidad, a tal punto que encuentra su verdadero amor saliendo de la pantalla (Jeff Daniels). El séptimo arte, más que una ilusión para el entretenimiento, una salvación real.



La historia oficial

Alicia (Norma Aleandro) es una profesora de clase acomodada y conservadora que elige desconocer la realidad de la Argentina durante los años del Proceso, hasta que comienza a sospechar que su hija adoptada de cinco años fue apropiada de padres desaparecidos. Hoy se lo recuerda por ser el primer film nacional en obtener un Oscar, pero la obra de Luis Puenzo, directa, sin artificios, tiene un alto valor político al poner luz y foco, en los albores de la democracia, sobre uno de los más espeluznantes horrores de la última dictadura.




El beso de la mujer araña

Esta historia de traición y romance fue, si se quiere, el otro orgullo argentino en Hollywood de 1985. Adaptación de la novela homónima de Manuel Puig dirigida por el marplatense (radicado en Brasil) Héctor Babenco, obtuvo cuatro nominaciones al Oscar. Marcó, también, la consagración internacional para Raúl Juliá y Sonia Braga, además de darle una estatuilla de la Academia a William Hurt.   




En la mira de los asesinos

El último film de Roger Moore como 007 (que, con ¡57 años!, hizo milagros para bancar ese smoking) fue defenestrado en su momento por la crítica, pero permanece como uno de los favoritos de los fans. ¿Cómo olvidarse de la femme fatale de Grace Jones, el villano Max Zorin de Christopher Walken y, sobre todo, de este hitazo de Duran Duran, el tema más exitoso en la historia del espía británico?





El regreso de los muertos vivos

Empleados de una empresa de productos médicos liberan por accidente el gas contenido en unos misteriosos barriles militares y así desatan un pandemónium de resucitados ávidos por comer ¡cerebros! El debut como director de Dan O'Bannon (leyenda del cine sci-fi y terror, guionista de Alien: el octavo pasajero, El vengador del futuro y creador de efectos para La guerra de las galaxias) toma la crítica al sistema que caracteriza a la filmografía de George Romero y la salpica con entrañas de humor mórbido para crear, acaso, la primera punk-zombie movie (chequeen la banda de sonido con The Damned y The Cramps).


domingo, 1 de marzo de 2015

Spock rocks! La discografía de Leonard Nimoy

Recordamos el pasado musical del actor de Viaje a las estrellas, que falleció el viernes a los 83 años.


Leonard Nimoy Presents Mr. Spock's Music From Outer Space (1967)
Una de las formas históricas de usufructuar un producto televisivo exitoso es grabar un disco, y así fue como Nimoy debutó en el vinilo (en Dot Records, sello de leyendas como Pat Boone y Louis Armstrong) con una colección de instrumentales y piezas narradas bajo su personaje vulcano. Incluye los clásicos temas de presentación de Star Trek y Misión imposible (la otra serie que lo tuvo como estrella). Pero las verdaderas gemas espaciales de este delirante disco son los momentos en los que el vulcano se pone en crooner intergaláctico con sus covers de “Lost in the Stars” y “Where is Love?”. Un Scott Walker a propulsión warp.


Two Sides of Leonard Nimoy (1968)
Para su segundo viaje, Spock nos lleva donde la autoparodia nunca había llegado. El disco abre con el brillante swing-pop de “Highly Illogical”, donde  reflexiona sobre la falta de lógica en los humanos, y “The Difference Between Us”, sobre el dilema entre la naturaleza vulcana y terrícola. Para la otra cara, Nimoy muestra su lado más folk y pop. Aunque solo un agujero negro puede explicar qué lo llevó a meterse con El Hobbit en la indescriptible “The Ballad of Bilbo Baggins” (¿serán las orejas puntiagudas en común?). No hay banda heavy en este planeta que rescate a Tolkien de esto. 


The Way I Feel (1968)
La parte humana vence al frio y analítico alienígena y, para su tercer LP, Nimoy deja a Spock para dedicarse a la interpretación romántica. Incluye versiones de otro planeta de clásicos como “Both Sides Now” (Joni Mitchell), “If I Had a Hammer” (Pete Seeger) y “Sunny” (famosa en la voz de Cher).


The Touch of Leonard Nimoy (1969)
En el año Woodstock, la paz y el amor, el actor se entrega a la naturaleza y a un repertorio sobre autoconciencia, optimismo y esperanza. Se destaca su versión de “I Think it's Gonna Rain Today”, de Randy Newman. Gana más confianza como autor y escribe tres temas, entre ellos “Maiden Wine” (que llega a interpretar en un episodio de Star Trek). Y el vulcano hace un pequeño cameo en “Contact”.


The New World of Leonard Nimoy (1970)
Su último álbum propiamente dicho, antes de una larga serie de compilados, audiolibros y narraciones, continúa la senda ¿pastoral? de su trabajo anterior, aunque con una impronta más country dada por “I Walk the Line”, de Johnny Cash, “Ruby, Don't Take Your Love to Town”, que popularizó Kenny Rogers, y (ay, ay, ay, por el amor de Surak) una terrible versión de “Proud Mary”, de John Fogerty.


Bonus tracks:

La frase “Pure energy” que se escucha en el hit de Information Society “What’s On Your Mind” (número uno del chart Dance en 1988), es un sampleo de su voz, extraído de un capítulo de Star Trek de 1967. Así es como Spock conoció la cima de un ranking: con una ayudita de la tecnología terrestre.


Nuestro ídolo fue protagonista del clip alternativo que tuvo el single “The Lazy Song”, de Bruno Mars. Es genial verlo como un jovato vago y gruñón que asusta pibes, va en bata al supermercado a comprar revistas porno y se fuma un faso en su casa. Así lo queremos recordar también. Trekkers: presten atención que hay cameos directos al corazón. 

martes, 24 de febrero de 2015

La caja inteligente

Internet y las nuevas tecnologías están cambiando el consumo de entretenimiento. ¿Cómo serán las series y películas del futuro? ¿Dónde veremos noticieros o escucharemos música? Un vistazo al mañana del esparcimiento digital.



El futuro del entretenimiento digital puede resumirse en tres W. ¿World Wide Web? No exactamente. En los despachos de los grandes estudios de cine y televisión, así como en las oficinas de pequeñas productoras y en las cabezas de los creativos audiovisuales, se habla de la última máxima para la creación de contenidos: «Whatever content they want, whenever they want it, wherever they want it». Traducido: Lo que deseen, cuándo y dónde lo quieran.

No interesa si es un capítulo de Game of Thrones, el último videojuego de Angry Birds, el trailer de The Hobbit, un partido de fútbol o el nuevo disco de U2. El consumidor quiere disfrutar de todo lo que le gusta al instante, de manera fácil, sin importar el dispositivo, el lugar, los horarios o de dónde y cómo le llega ese contenido. Así, «la nube» de Internet aparece como la plataforma donde se montan los nuevos proveedores de entretenimiento digital. ITunes es un paradigma en este sentido: un servicio que ofrece música, series, películas y aplicaciones para diversos equipos, desde la televisión (vía el equipo Apple TV) hasta desktops, laptops, tablets y smartphones.

Netflix es otro ejemplo de los cambios en el mercado y cómo las compañías deben adaptarse los nuevos esquemas del negocio. La firma, que comenzó siendo un sistema de alquiler de DVD por correo en 1997, evolucionó para convertirse en un servicio de streaming on demand con más de 50 millones de suscriptores, que no solo provee series y películas, sino que hoy hace sus propias producciones (como los celebrados shows House of Cards, Orange is the New Black y Hemlock Grove, entre otros).

Pero, más allá de la transformación y aparición de empresas que darán nuevas formas al negocio, ¿a qué tipo de entretenimiento podremos acceder en los próximos años? ¿Cómo será y dónde lo podremos disfrutar? Algunos sostienen que parte de esa respuesta ya está en nuestros bolsillos.

De acuerdo a un informe de la consultora comScore, en 2014 uno de cada tres minutos que se pasa en los medios digitales se da a través de un smartphone o tablet. Hoy, los dispositivos móviles compiten con la TV como principal fuente de atención o la complementan como una «segunda pantalla». Crece y crece la práctica de comentar en redes sociales lo que se está viendo en «la caja boba», sea el superclásico o la entrega de los Oscar. En concreto, el uso de Twitter tuvo influencia en el 11% de los programas de TV del Reino Unido, que lograron un aumento de al menos un 2% en su audiencia, según el último estudio del Broadcasters Audience Research Board de este año. Mientras que Nielsen, en Estados Unidos, señaló que el social networking puede aumentar hasta en un 29% el rating de un programa.

Pero el futuro abre nuevas posibilidades para dar un uso más amplio, audaz y primordial de esas pantallas hoy secundarias. «Entramos en una era donde todas las pantallas trabajaran casi en conjunto y será la atención del usuario, a través de arcos argumentales y otras convenciones, lo que determinará cuál es el dispositivo principal. Pronto, el tamaño no importará», se vaticina desde un análisis de Ernst & Young (E&Y) de 2013 sobre las nuevas tendencias en medios y entretenimiento.

En sintonía, el informe imagina ficciones donde los personajes aparecen en diversos equipos que dialogan e interactúan entre sí, creando una surround picture. O historias cuyo guión requiere la intervención del espectador, que puede tomar decisiones desde su celular, al modo de aquellos libros de Elige tu propia aventura.

Ver TV ya es un acto social. Un estudio de Empower MediaMarketing encontró que el 75% los norteamericanos miran el Super Bowl acompañados de una o más personas, y un 26% lo hace en grupos de seis o más amigos. Y cada vez se estila más reunirse ante el televisor, cual fogón digital, para «participar» del Mundial de fútbol, el final de temporada de American Idol o la alfombra roja del Golden Globe.

El contenido muta cada vez más hacia la idea de «evento». Según Ernst & Young, «el éxito en el futuro residirá en cómo construir suficiente experiencia social alrededor de un programa para que los espectadores no quieran quedarse afuera. La tendencia evoluciona desde el viejo concepto de la “tele que hay que ver” hacia la “tele que hay que vivir”».

Por otra parte, a medida que bajan sus costos, las pantallas se multiplican en los hogares, y se podrían generar nuevos contenidos que aprovechen esta ubicuidad. Imaginemos poder ver, por ejemplo, el noticiero de las mañanas, de manera ininterrumpida y automática, a medida que nos desplazamos por nuestro hogar: desde que nos levantamos en la habitación, pasando por el living o mientras nos lavamos los dientes delante del espejo del baño.

Incluso se podría pensar en contenidos que cambian según el contexto del televidente: ofrecer recetas cuando se enciende la cocina, o una programación nocturna específica a la hora de ir a la cama. En este sentido, los celulares y nuevos relojes inteligentes pueden servir como sensores y controles para establecer ubicaciones y hasta personalizar gustos y experiencias.

Smart es el adjetivo que define los nuevos gadgets tecnológicos, pero no por la cantidad de opciones que pueden ofrecer hoy, sino por cuán ágiles podrán ser mañana para aprender y conocer nuestros hábitos. Basta de navegar incompresibles e impersonales guías de programación en la TV. Ya existen tecnologías que pueden detectar rutinas e intereses regulares y ofrecer opciones de contenidos individualizados.

Podríamos tener dispositivos y servicios que «sienten» el contexto y entregan una programación adaptada a los patrones de consumo. «Llevado al extremo, el home entertainment podría estar integrado con multiplicidad de equipos —imaginan desde E&Y—. ¿Se detecta un ritmo cardíaco y de respiración acelerado? Quizás el usuario esté haciendo ejercicio, y los smart devices puedan ofrecer música y programas acorde a esa situación. ¿Niveles bajo de dopamina? Quizás sea momento de unas comedias para levantar el ánimo».

Ubicuo, omnipresente, social, interactivo, contextual y personalizado. Así será el entretenimiento del futuro, que ya está aquí, dónde y cómo lo desees.

Publicado en revista S/O - Simonetta Orsini, 2014.

lunes, 23 de febrero de 2015

Kongos: corazón africano

Una de la bandas revelación de 2014 habló antes de su presentación en el Lollapalooza Argentina 2015.


La edición 2015 del festival Lollapalooza Argentina tiene una grilla repleta de nuevos talentos en ascenso, entre ellos, este particular cuartero de hermanos multinstrumentistas (Johnny, Jesse, Daniel y Dylan Kongos), hijos del músico sudafricano John Kongos, autor en 1971 de los clásicos Tokoloshe Man y He’s Gonna Step on You Again (que Happy Mondays versionó y volvió a convertir en éxito en 1990, bajo el título “Step On”).

Kongos suena a unos Kings of Leon tribales que canibalizan tanto a su padre como a John Lennon, Coldplay y Paul Simon para alimentar un sonido que tiene corazón africano y ambición mainstream. Canciones en las que el maskandi y los sonidos del Soweto piden permiso entre la épica radial y el gancho de unos Imagine Dragons. Los singles “I’m Only Joking” y “Come With Me Now” fueron éxitos en Estados Unidos durante 2014, tres años más tarde de su lanzamiento original como adelantos de su segundo álbum, Lunatic (2012). “El mercado de Estados Unidos es tan grande, hay tantos artistas en cada ciudad, que a veces lleva mucho tiempo solamente que se sepa que algo existe. Para nosotros, sucedió en Denver, Colorado: un par de radios empezaron a pasar las canciones, otras comenzaron a prestarnos atención, un DJ las incluyó en su setlist, y eso nos ayudó a despegar. De lo contrario, hay tanta música y tan diferente que es difícil hacerse notar”, cuenta Johnny Kongos a Generación B, en una charla antes de la presentación del grupo en el Lollapalooza Argentina, los próximos 21 y 22 de marzo.
Mucha gente cree que son una banda de Sudáfrica. ¿Cómo se dio ese vínculo?
Mi viejo nació en Sudáfrica. Y conoció a mi mamá, que es estadounidense, en Inglaterra cuando trabajaba allá como músico. Dos de mis hermanos y yo nacimos en Londres, y nos mudamos hacia el final de los 80 a Sudáfrica, donde nació mi otro hermano. Ese fue nuestro hogar hasta que nos fuimos a vivir a Phoenix, Arizona, a mediados de los 90. Esos ocho años en Sudáfrica tuvieron una gran influencia en nuestra música y en nuestra vida en general. Es un lugar maravilloso donde crecer, tengo recuerdos muy divertidos, y solemos volver cuando estamos de vacaciones; es una parte muy importante de nuestra vida.

En la banda se escucha una mezcla de estilos, pero es fuerte la influencia sonora de tu padre. ¿Cómo fue crecer con una leyenda del rock? 
¡Fue genial! No tengo con qué comparar, pero fue muy positivo. Y no solo en materia de música, sino en la vida, en el apoyo. Claro, fue una gran influencia en las experiencias de escucha que tuve de chico. Y, más tarde, cuando nosotros empezamos hacer música, obviamente eso se reflejó.
Mamá y papá se aseguraron de que aprendiéramos música desde pequeños, pero no estoy seguro de que tuvieran alguna gran expectativa o plan maestro. Solo querían que tuviéramos música en nuestra vida de una manera u otra. Después, nos hicimos adolescentes y empezamos a divertirnos componiendo juntos, entonces decidimos que era un camino que queríamos seguir.

¿Cómo te enganchaste con el acordeón? No parece el instrumento que elegiría un adolescente…
No, ja, ja. Mi papá tenía un acordeón en el estudio y estábamos grabando una canción para el primer álbum. Para una parte instrumental, usamos todo lo que encontramos por ahí y, de última, dijimos: “a ver, probemos con el acordeón”. Y funcionó, fue algo que hizo “clic”. Creo que eso se debió a parte de lo escuchamos mientras crecíamos, desde The Beatles hasta música armenia y Ástor Piazzolla. Lo escuchamos durante años, era un sonido familiar para nosotros, pero perdido para gran parte del mundo. Particularmente en los Estados Unidos, es un instrumento odiado porque algunos artistas lo usaron de una manera muy cursi e irritante.

¿Te vas a meter entre el público para ver a qué artista del Lollapalooza Argentina?
Sí, me gustaría ver de nuevo a Foster the People. Los vimos el año pasado y son muy buenos en vivo. Estos festivales suelen ser una locura y espero que tengamos tiempo para disfrutar los otros shows. El problema es que tenemos que volar al día siguiente.

Los cuatro están de gira desde hace muchísimo presentando el álbum. ¿Qué fue lo más loco que les pasó?
En el último año estuvimos viviendo arriba de un bus por nueve meses. No hay necesariamente un solo y gran hecho divertido, sino que eso en sí mismo es demencial. Nueve meses, en un micro. Imaginate.

¿Cómo es trabajar entre hermanos? 
Está buenísimo, porque nadie te saca de las casillas como un hermano. Pero es algo positivo, porque desarrollamos un nivel de confianza y de unión gracias a trabajar en el estudio, largas noches. Hay mucho amor. 

Vamos: ¿no tuviste ganas de revolearle el acordeón por la cabeza a alguno?
Ja, ja. Mmm… el acordeón podría causarles una lesión grave. Tal vez, usaría los palillos.


domingo, 8 de febrero de 2015

Apps de bandas y artistas

Una selección de aplicaciones para smartphones y tablets específicas de grupos y solistas que quieren ir más allá del disco.



Björk - Biophilia 

No puede explicarse como una simple app: este es un viaje al interior del octavo disco de la voz islandesa para vivenciarlo. Realizado en conjunto con diversos artistas gráficos, Biophilia permite jugar e interactuar con todas las canciones, cada una como si fuera una app distinta, pero reunidas en una especie de constelación temática. ¿Dónde empieza el disco y dónde termina el software? A diferencia de otras aplicaciones, que son meras herramientas de información y marketing para acompañar un lanzamiento, esta es una verdadera obra que integra música y tecnología en una experiencia única.



Blur: The App  

Cuando la banda británica cumplió 21 años, lo celebró con una completísima aplicación gratuita que servía de compañero virtual para el box set conmemorativo que se editó en su momento. La app incluye mucho material inédito, como demos y remixes de canciones, un archivo de entrevistas y kits de prensa, además de clips de conciertos que no habían sido editados antes. Permite disfrutar de los 27 videos del grupo, además de contar con la discografía completa (incluyendo promos y rarezas) y ofrece una línea de tiempo con toda la historia de la banda. Todo el contenido se puede compartir en redes sociales. Y, encima, es gratis.


Lady Gaga – ARTPOP


Se trata de un extravagante compañero virtual para el álbum homónimo, que combina música y herramientas de creaciones visuales con la posibilidad de interactuar con la numerosa base online de fans de la cantante. Funciona mediante una asistente llamada Petga, que te ayuda a crear tu “aura”, suerte de avatar personal para navegar la aplicación en función de tus principales gustos e intereses (fotografía, cine, teatro y más). Cumplido ese paso, es posible usar herramientas para crear imágenes (como GIF animados), escuchar el álbum (siempre y cuando lo hayas comprado, claro) y chatear con la comunidad LittleMonsters.com. La artista dijo que la app “es un sistema de ingeniería musical y visual que combina audio, arte, moda y tecnología en una nueva comunidad interactiva mundial, las auras. Alterando la experiencia humana, llevamos el arte al pop, en una expedición warholiana a la inversa”. ¿LO QUEEEÉ? No importa, los fans la entienden.




The Rolling Stones Official App
Para su 50.o aniversario, las majestades satánicas lanzaron una aplicación para tener en el bolsillo noticias, videos, fotos y biografía de la banda. Permite conectarse con fans de todas partes del mundo que la tengan instalada, además de escuchar fragmentos de las canciones de toda su discografía y acceder a comprar merchandising oficial. Tiene una sección paga que habilita contenidos exclusivos, como entrevistas especiales con los músicos.


Radiohead – PolyFauna

En la senda de Biophilia, es una app que ofrece una experiencia de escucha multimedia. La pantalla del celular o tableta se convierte en una suerte de ventana a un extraño y misterioso mundo digital, que uno puede recorrer moviendo el dispositivo (actúa mediante el uso de sus acelerómetros y giroscopios) en búsqueda de un punto rojo, que será como un portal hacia nuevos paisajes. Lúdico y sobrecogedor, como todo lo que sale de la cabeza de Thom Yorke y compañía.



The Beatles: Rolling Stone's Beatles Album-by-Album Guide
No es una app oficial de la banda, pero es un documento imprescindible para sus fans. Un verdadero viaje al interior del catálogo de los Beatles de la mano de los editores de la popular revista de rock, con la historia de todos sus discos, audio samples de cada canción y decenas de fotografías. Incluye estadísticas y datos sobre cada lanzamiento, además de comentarios a cargo de artistas como James Taylor, Stevie Nicks, Liz Phair, Liam Gallagher y Stephen Malkmus, y una guía sobre todos los singles y temas que no integraron ningún disco. Los 4,99 dólares mejor invertidos de tu vida.


Brian Eno – Scape

El pionero del ambient tiene varias aplicaciones para componer música (como Bloom y Trope, también diseñadas en conjunto con Peter Chilvers), pero Scape es una de las más interesantes. Permite componer música en base a la elección de fondos, formas y colores. Con solo arrastrar los elementos, se van sumando sonidos que se pueden combinar de múltiples maneras. Las creaciones pueden sonar como background de otras apps, guardar y compartir online. Para dejarse llevar por lo que ofrece la pantalla y hacer volar nuestra imaginación.



Kiss – Kiss Me! Official Photo App
Todos alguna vez quisimos ser parte de Kiss y lo más cerca que estuvimos fue habernos pintarrajeado la cara. Bueno, con esta app este tema se terminó. El programa usa la cámara del smartphone para tomar fotos y maquillarte y vestirte automáticamente como tus ídolos. ¿Querés lucir la estrella de Paul, tener la lengua de Gene o calzarte la guitarra de Ace (bueno, ahora de Tommy)? Solo es cuestión de instalar esta app, que permite compartir esas fotos personalizadas en tus redes sociales y hasta ofrece emoticones animados de Kiss. Rock & Roll all nite and selfies every day!


Fall Out Boy - Fall Out Bird

¿Se acuerdan de Flappy Bird? El jueguito sensación, que fue retirado a principios del año pasado tanto de AppStore como de Google Play por su creador (un programador vietnamita) por ser “muy adictivo”, tuvo su clon en las cabezas del cuarteto pop-punk de Illinois. Lástima que duró online aún menos que su progenitor.


Dream Theater - DreamTheater360°
¿Quién no quiso subirse al escenario para estar junto a sus ídolos? Si sos fanático de estos titanes del metal progresivo, lo podés hacer desde tu tableta o celular con esta app que incluye cinco canciones interactivas filmadas utilizando la tecnología Mativision, que te pone virtualmente arriba de las tablas del último concierto que la banda dio en nuestro Luna Park. Permite dirigir el show usando seis cámaras diferentes, rotar sus ángulos, hacer zoom o, simplemente, emplear el modo “piloto automático” para disfrutar del espectáculo sin interactuar. La app también incluye biografía, discografía, fotos e información actualizada continuamente sobre giras, novedades y redes sociales del grupo. Precio: U$S 9,99.

martes, 27 de enero de 2015

10 discos que cumplen 20 años

Una selección para conocer cuán viejos estamos.




Foo Fighters – Foo Fighters

Una de las más exitosas bandas del rock norteamericano de las últimas dos décadas empezó con este disco que, en verdad, es un trabajo solista de Dave Grohl; una colección canciones que el baterista de Nirvana grabó por su cuenta, tocando todos los instrumentos, a modo de catarsis para superar la muerte de Kurt Cobain. Así todo, no faltaron quienes calificaron en aquel momento al músico de oportunista e insensible, por poner un revolver en la portada del disco tan solo un año después de que su compañero se pegara un tiro. Más allá de las polémicas, este sería el primer ejercicio para un artista que hizo suyos los arrebatos de agresividad sonora de su antigua banda y supo combinarlos con la efectividad y el buen humor del pop para conseguir una fórmula arrolladora.



Garbage – Garbage

El cuartero de Wisconsin desarrolló una personal mezcla de guitarras filosas con ritmos electrónicos y melodías pegadizas que los llevaría a un estrellato instantáneo, pero que encuentra su mejor forma en este rotundo primer acto de puro rock digital con letras furiosas, eróticas y apesadumbradas. “Vine para cerrarte la boca, vine para arrastrarte / Vine para destrozar tu pequeño mundo y romper tu alma en pedazos”, advierte Shirley Manson en “Vow”. Y nosotros, 20 años después, seguimos enamorados de sus maltratos.



The Chemical Brothers – Exit Planet Dust

Tom Rowlands y Ed Simons fueron los principales exponentes de ese brebaje compuesto de dance, ritmos breakbeat, impronta hip-hop, sampleos soul y química lisérgica etiquetado entonces como “big beat”, que tuvo a Groove Armada, The Crystal Method y The Prodigy como otros exponentes. Un debut letal, responsable de varias fracturas y lesiones musculares en las pistas de los 90.



PJ Harvey – To Bring You My Love

Dos décadas atrás, PJ Harvey dejaba de funcionar como un trío y la cantante se recluía en su nueva casa campestre para componer el que sería (en los papeles) su verdadero primer álbum como solista y su salto al mainstream. La coproducción de Flood y John Parish (con los que establecería una larga relación artística) le sumó texturas densas y sensuales a la potencia y el enojo de sus trabajos anteriores, y le otorgó elegancia y teatralidad a la atormentada pluma de la vocalista.  



Supergrass – I Should Coco

Gaz, Mick y Danny quedaron en nuestra memoria como esos frescos y divertidos jovencitos de la pegadiza “Alright”, un éxito tan grande que, lamentablemente, opacó el trabajo posterior de una banda con el talento suficiente para mezclar la energía de The Buzzcocks y The Stooges con el encantador sentido melódico de The Beatles o The Monkees y, entre todo, obtener su propio sonido. Los chicos de Oxford se separaron en 2010, pero siempre tendremos este debut para recordarnos el lado más poptimista del britpop.



Björk – Post

Desde la portada de este segundo trabajo, se veía que las cosas se iban a poner cada vez más raras en la carrera de la artista islandesa. De aquel sencillo retrato de Debut, en crudo blanco y negro, con una Björk suplicante e inocente, a esta composición colorida entre una pose desafiante y sensual. La artista se mudó a Inglaterra y llevó su arte a nuevos rincones como el industrial (“Army of Me”), el swing (“It's Oh So Quiet”), la balada cinematográfica (“Isobel”) y la IDM más ensoñadora (“Hyperballad”). Años más tarde, declaró: “Post fue una búsqueda, Homogenic (el álbum sucesor) fue lo que encontré”.




The Smashing Pumpkins – Mellon Collie and the Infinite Sadness

Hubo una época en la que Billy Corgan tenía pelo, estaba enojado y se animó a poner en riesgo el éxito conseguido con Siamese Dream (1993) con un ambicioso disco doble de ¡28 canciones! complejas, rabiosas, tiernas y desafiantes. “Intoxicado de locura, estoy enamorado de mi tristeza”, cantaba en “Zero”, al frente de una banda que luego se desarmaría y jamás podría volver a transmitir semejante mezcla de emociones.



Pulp – Different Class

En un país por entonces dividido entre Blur y Oasis, Pulp emergió como una tercera posición: Un grupo de jóvenes experimentados (tenían ya 17 años de trayectoria), de espíritu arty sin llegar a presumidos, con un sofisticado líder de lengua observadora, capaz de reunir frustraciones sexuales y conciencia social en pequeños himnos bailables. “Por favor, entiendan. No queremos problemas. Solo queremos tener el derecho a ser diferentes. Eso es todo”, se puede leer en la contratapa. Y vaya si marcaron la diferencia.




Oasis – What’s The Story Morning Glory?

Como la imagen de su portada, tomada en la ya célebre Berwick Street del soho londinense, Morning Glory es la fotografía de toda una época de la clase urbana de Inglaterra. Cada vez que a alguien se le ocurra poner en duda cuál fue la banda británica más grande de los 90, el segundo trabajo de los liderados por los hermanos Gallagher ofrece doce respuestas inapelables.



Radiohead – The Bends

Luego del éxito masivo arrollador de la balada “Creep”, la banda comandada por Thom Yorke se limpió cualquier mancha de ser unos “Nirvana ingleses” con esta contundente muestra de que el rock de estadio también puede ser intelectual y enrevesado, que la épica y el drama tienen tanto cerebro como corazón. El quinteto luego articularía hacia sonidos más abstractos y desafiantes en trabajos como OK Computer (1997) y Kid A (2000), que los consolidaron como los grandes artistas de la primera década del siglo XXI. Pero The Bends siempre será el disco que sus fans van por la vida silbando de la primera a la última canción.



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lunes, 26 de enero de 2015

Cinco nuevas series que prometen

Una selección de flamantes ficciones para pasar el verano.



Agent Carter

El universo de Marvel se sigue expandiendo de la pantalla grande a la TV. Luego de Agents of S.H.I.E.L.D., llega la serie de Peggy Carter (Hayley Atwell), la oficial británica que fue el gran amor del Capitán América. Como una miembro infravalorada de la Strategic Scientific Reserve, Carter ahora debe hacer malabarismos entre las tareas administrativas a la que la relegaron y sus misiones secretas para ayudar a Howard Stark (el padre de Tony, futuro Iron-Man, acusado de ser un traidor de Estados Unidos), en las que contará con la ayuda de su torpe y gracioso mayordomo, Edwin Jarvis (¿les suena ese apellido?). Bienvenida esta nueva heroína que, a pura feminidad y acción, patea los culos machistas de la posguerra. Estrena el 10 de febrero a las 23, por Canal Sony.



The Man in the High Castle

Recién empieza, apenas tenemos un prometedor episodio, pero es imposible no entusiasmarse con esta adaptación de Amazon Studios de la famosa novela homónima de Philip K. Dick, que plantea la ucronía de un mundo donde los aliados perdieron la Segunda Guerra Mundial. Ambientada en 1962, las costas de Estados Unidos quedaron repartidas entre Alemania y Japón, con una zona media neutral y autónoma. Estas potencias conviven en una tensa guerra fría, entre sospechas e intereses, y la vigilancia, la represión y el conservadurismo reinan en los territorios ocupados. Pero hay una resistencia, que tiene como nexo una serie de extraños filmes que muestran una posible verdad oculta. Con Ridley Scott como productor ejecutivo, veremos si la serie puede capturar la complejidad y el espíritu del libro (el piloto se toma varias licencias) de reflexionar sobre realidades, ficciones y presentes desde el planteo de un pasado alternativo.



Mozart in the Jungle

¿Quién dijo que la música clásica es un ámbito de viejos burgueses, aburridos y estirados? Basada en las memorias de la oboísta Blair Tindall, la serie nos lleva al backstage de la Filarmónica de Nueva York de la mano de Gael García Bernal, que encarna a “Rodrigo”, un geniecito musical, extravagante y caprichoso, con espíritu de rockstar y ¡amante del mate! que llega a la conducción de la orquesta con la intención de modernizarla. Sexo, drogas, enredos y nada de acartonados smokings en otra nueva producción de Amazon Studios, que está comenzando a entregar series (y pronto también películas) muy originales (como la reciente ganadora del Globo de Oro y recomendadísima Transparent).




12 Monkeys

Adaptación de la cadena SyFy de la película de Terry Gilliam (que, recordemos, estaba basada en el corto francés “La Jetée”), sobre un presidiario que es enviado al pasado para tratar de impedir la propagación de un virus que exterminará a casi toda la raza humana en el futuro. Carece de la acidez y negrura tecnoburocrática del film, pero entusiasma desde una estética postapocalíptica, que recuerda a The Walking Dead o The Last of Us, y una trama con nuevos vericuetos e intrigas sobre qué es realmente el “Ejército de los 12 Monos”. Aaron Stanford (Nikita, X-Men: la batalla final) se calza el papel que tuvo Bruce Willis; Amanda Schull (Suits, Pretty Little Liars) le da un nuevo rol y perfil a la doctora que protagonizó Madeleine Stowe y el rol del chiflado que interpretaba Brad Pitt guarda una sorpresa. Los primeros episodios ya ofrecen la suficiente cantidad de sangre y paradojas temporales como para contagiarnos.



Better Call Saul

¿Acaso la serie más esperada del año? Los fanáticos de Breaking Bad sin dudas están ansiosos por ver este spin-off centrado en Saul Goodman (Bob Odenkirk), el inescrupuloso abogado que administraba el dinero de “Heisenberg”. No se entusiasmen tanto los que esperan un regreso de Walter White (Bryan Cranston) o Jesse Pinkman (Aaron Paul), porque el show se sitúa varios años antes de que este miserable aunque encantador carancho conociese a los maestros de la metanfetamina. Paciencia: en Estados Unidos (o en Internet, ejem, ejem) solo hay que esperar hasta el 8 de febrero, por AMC.




Bonus:

The Last Man on Earth

Quienes hayan seguido Saturday Night Live estarán acostumbrados a los desquiciados y desopilantes personajes de Will Forte. Pero el actor también tiene una gran veta dramática (basta con ver el excelente film Nebraska) y como guionista. Los tres perfiles pueden explotar en lo que promete ser una de las más interesantes tragicomedias de este año, que lo tendrá como un padre de familia y aburrido empleado bancario que, en 2022, se convierte en el ¿último? habitante del planeta. ¿Podrá ser la esperanza final de la humanidad un reto para el ex MacGruber? Arranca en Estados Unidos por FOX el primero de marzo.

lunes, 12 de enero de 2015

Entrevista a Dave Bascombe: “Los 80 fueron la edad de oro”

El productor e ingeniero inglés de discos famosos de Tears for Fears, Peter Gabriel, Depeche Mode y Suede pasó por Buenos Aires. En diálogo exclusivo con UltraBrit, recorre historia e intimidades de álbumes históricos y habla del presente y futuro de la industria.



Entonces no era como ahora, que se puede leer incluso en las portadas el “produced by Danger Mouse” o “Rick Rubin” o “Nigel Godrich”, casi como un aval por si el artista despierta interrogantes o desconfianzas. A Dave Bascombe hay que buscarlo en los inserts, entre los créditos del librito interno.

Ya sea como productor, ingeniero o responsable de la mezcla, su nombre siempre aparece ahí, chiquitito, pero su incidencia para el sonido de las últimas tres décadas ha sido enorme. Son muy pocos los tipos que han estado detrás de las consolas de álbumes históricos de los años 80 y 90.

Después de trabajar como asistente de producción de Genesis en Duke (1980), primer número uno del trío y disco con el que comenzó a abrazar el pop, fue ingeniero de Porcupine (1983), trabajo que consolidó a Echo & The Bunnymen para el éxito posterior.

Dos años más tarde, Tears for Fears lo convocó para Songs from the Big Chair (1985). De la mano de hits como “Shout”, “Everybody Wants To Rule The World” y “Head Over Heels”, se convirtió en un millonario clásico del pop que hizo despegar la carrera de Bascombe. Fue ingeniero de So (1986), la transformación de Peter Gabriel de un oscuro art-rocker en un pop-star, y productor de Music for the Masses (1987), la obra que le abrió a Depeche Mode las puertas del mercado norteamericano.

Los créditos continuaron las décadas siguientes, con mezclas para Erasure, Manic Street Preachers, Suede, Placebo, Goldfrapp y Kylie Minogue, entre otros. 2014 lo encontró tras las consolas de White Woman, el cuarto álbum de la sensación electro-funk, Chromeo, y This is What I Do, el regreso en muy buena forma de Boy George. “Ya había trabajado con él en los primeros temas de Culture Club, así que la pasamos muy bien recordando cosas. Y mucho de lo que hice fue reggae, ¡lo que fue realmente divertido!”, revela, con sonrisa pícara.

En mayo, visitó Buenos Aires para dictar una clínica de grabación en el estudio Santa Cecilia Sound, en el barrio de Villa Urquiza. Un momento que UltraBrit aprovechó para conversar con el hacedor del sonido de una era.

Eras muy melómano de chico. ¿Cuál fue el primer álbum que te compraste y cuántos tenés hoy?
Creo que el primer single fue “Daydream Believer”, de The Monkees, y el primer álbum fue Slade Alive, de Slade. No tengo idea de cuántos discos tengo ahora, pero son varios centenares.

En tu juventud formaste bandas, tocabas el teclado, y luego de pasaste al otro lado: la producción y la ingeniería de sonido. ¿Qué provocó ese cambio?
¡Que la banda era una mierda y yo necesitaba trabajar! [Risas]. Así que me conseguí un empleo en un estudio.

Siendo productor, ingeniero y mezclador, ¿cómo abordás cada proceso y lográs no confundir los límites entre cada función?
Siempre creí que esas tareas se superponen. Los límites son solo “políticos” y uno los adapta al estilo y la onda que hay en cada sesión. Si el productor está feliz con que el ingeniero le proponga ideas, bien. Pero a veces podés estar hiriendo susceptibilidades. Si soy productor, quiero que el ingeniero sepa cuándo hablar y cuándo cerrar el pico. Pero ahora solo estoy realizando mezclas y, si hago producción, me resulta muy difícil remezclar mis propios tracks.

Trabajar en Songs from the Big Chair te abrió muchas puertas. ¿Cómo llegaste a Tears for Fears?
Ellos habían echado a su ingeniero y, como yo había trabajado con el manager del productor, me llamaron. Grabamos las canciones en la casa del tecladista, por lo que fue algo muuuy relajado. Es más: si aislás el redoblante que suena en “Shout”, ¡podés escuchar un teléfono que sonaba desde la cocina!

¿Se siente desde la mesa de mezcla cuándo algo va a transformarse en hit o clásico?
Cuando trabajás con un artista nuevo no tenés forma de saber si una canción va a ser un éxito. Podés pensar que es lo mejor que se haya grabado, pero hay muchos factores en juego. Con un grupo ya de renombre, uno siempre espera hacerlo tan bien como el último. Así que no; no hay manera de saber si algo será un clásico: lo único que te queda es esperar que sea un hit si es realmente bueno.

¿Fueron los 80 la “década de oro” en términos de producción, de experimentar, de buscar nuevos sonidos?
¡Totalmente, por lo menos para mí! Por supuesto, siempre surgen cosas nuevas, pero aquella década representó un giro enorme en cuanto a cómo debe sonar y grabarse un disco.

En los 90 empezaste a colaborar con bandas de rock. ¿Qué desafíos profesionales te impuso el cambio de estilo de esa década? ¿Tuviste que aprender técnicas, cambiar métodos?
No, no he cambiado concientemente mis técnicas. Más bien, creo que absorbo el sonido de la época por ósmosis.

Mezclaste Coming Up de Suede en un período particular de banda. ¿Qué recordás de aquellas sesiones?
¡Uh, grandes canciones! Creo que, como se había ido Bernard [Butler], se esforzaron aún más en la composición. Fue complicado, porque estaban pasando por muchas cosas y ellos querían un sonido grande, pero también radiante.

¿Cuáles son los principales cambios que viviste en el negocio de la música desde tu oficio en estas tres décadas?
Como empecé siendo ingeniero de diferentes géneros, no tengo problemas en hacer cualquier música. Me gusta todo lo que sea bueno. En términos comerciales, hubo cambios. Hoy la mitad de mi trabajo viene directamente de los artistas o el management, lo cual es diferente: hay menos interferencia por parte de un montón de gente de las discográficas, pero no suele haber mucho dinero.

Hoy, con el desarrollo de Internet y el software de audio, muchos artistas se autoproducen y editan. En un escenario así, ¿cuál es la función actual de un productor y de un ingeniero de sonido?
¡Tenés que sostener a las bandas aún más! No hay nadie de una discográfica que pueda ayudar con otro par de oídos. Eso puede ser bueno y malo.

Escuchar música hoy también es una experiencia diferente. Ya no es tan habitual poner un LP y sentarse a disfrutarlo, sino que se cargan canciones en un MP3 y se las oye camino al trabajo en el subte o en el auto. ¿Hoy se produce y mezcla pensando en ese cambio de hábito de consumo?
Yo no lo hago, excepto que, quizás, cuido el orden de los temas. Sabés que, si ponés un muy buen track al final, la mayoría de la gente no lo va a escuchar nunca. Pero, en gran parte, eso también pasaba antes.

¿Tuviste dificultades trabajando con algún artista en especial? Dale, decilo: ¿quién es un dolor de huevos?
No, no: son todos seres humanos maravillosos [risas].

Publicado en revista UltraBrit (septiembre 2014)