jueves, 15 de octubre de 2015

Belle and Sebastian, sin hipsterismos

Antes de su segunda visita a Buenos Aires, hablamos con el baterista Richard Colburn.



Belle and Sebastian son los Beatles del twee”. La sentencia aparece como ejemplo en el popular sitio UrbanDictionary.com cuando, claro, uno busca la definición de “Twee”: el lunfardo sajón para “aquello que es enfermantemente dulce” o “las cosas que son nauseabundamente lindas”.

Twee es también el nombre que recibió ese movimiento de gentiles barbudos con pulóveres al crochet y sensibles mujeres de look Amélie que, armados de ukeleles, anteojos de marco grueso, vinilos y bicicletas, tomaron la cultura pop contemporánea. Fueron los soldados de una “revolución delicada” (como la llamó el periodista y escritor Marc Spitz) que copó música, cine, libros, televisión y moda con Wes Anderson como líder, Zooey Deschanel como Evita y Belle and Sebastian como marcha militante de la ternura.

Sin proponérselo, los chicos de Glasgow fueron la banda de sonido del twee, pero también uno de los mejores sinónimos del “indie”: una forma de sentir y producir la música que hoy no tiene nada de revolucionaria. “Es gracioso, porque en el pasado el significado original de la palabra era que eras totalmente independiente de todo, en la manera de pensar y de actuar. Pero ahora bandas que hubieran caído en esa categoría pueden firmar con grandes sellos y estar en lo alto de los charts. La verdad, ni siquiera sé si el término debería seguir existiendo”, dice el baterista Richard “Rico” Colburn a Generación B. “Nosotros seguimos en la nuestra a lo largo de los años, no nos subimos a ninguna moda, tendencia ni nada de eso y somos muy afortunados de tener una gran base de fans”.

Por supuesto, no todo fue una constante en la vida de este sexteto de universitarios que comenzaron a hacer música como una tarea de fin de curso y se convirtieron en un culto mundial de hipsters. Han vivido cimbronazos, como la partida en pleno suceso de su guitarrista y fundador, Stuart David, primero, y de la chelista Isobel Campbell, poco después. “En estas dos décadas, hubo momentos en los que no sabíamos qué iba a pasar —recuerda Colburn—. En 1999, nos tomamos un tiempo, y fueron cuatro o cinco años en que no sabíamos si nos íbamos a volver a juntar. Pero acá estamos”.

Los cambios también se hicieron sentir. Su último álbum, Girls in Peacetime Want to Dance (2015), los reencuentra luego de cinco años y más cerca del synth pop que del acaramelado baroque que los hizo famosos. “Cuando escribimos las canciones era bastante obvio que iban a terminar así, con un sonido más electrónico. Y fue bastante fácil al final, porque dejás que los temas sean lo que iban a ser”, explica el baterista, que no pareció sentirse marginado en sus tareas por el ingreso de teclados y máquinas de ritmo. “A mí me encantó, en serio —aclara—. Me gusta ver a los demás trabajando y el productor, Ben Allen, tiene experiencia en el sonido que Belle necesitaba [trabajó con Cut Copy, Washed Out, Delphic y CeeLo Green]. La verdad es que nunca llegué a aburrirme en el estudio porque pasaban muchas cosas”.

El disco abre paso a los sonidos sintéticos y el baile, pero no por eso deja atrás el lado más sentimental y personal de la banda, que puede escucharse en “Nobody’s Empire”, en la que Stuart Murdoch relata su lucha contra el síndrome de fatiga crónica. “No nos dimos cuenta de entrada, porque nos concentramos primero más en la música que en la letra. Pero, luego, hablando un poco más, descubrimos que era una canción muy personal para él”, revela Colburn.

También es el álbum que, tras media década, los volverá a reunir con el público argentino, cuando se presenten el próximo martes 20 de octubre en el Gran Rex. “El show será muy equilibrado: vamos a tocar las canciones conocidas y unas cuatro o cinco de las nuevas —adelanta—. Buenos Aires es una ciudad maravillosa, una locura. Me encantó la arquitectura, las calles me parecieron fantásticas y quiero conocer más”.

Luego de su estadía porteña, Belle and Sebastian pasará por Chile y Perú, antes de terminar la gira con otro paso por Europa y, quizás, encarar 2016 con un nuevo disco. “Esperamos que sí. El año que viene nos vamos a juntar a ver qué nos sale desde el punto de vista creativo”, dice el hombre que marca el ritmo de esta banda que, lejos de motes y asociaciones culturales, tiene su propia y muy acertada definición en el UrbanDictionary: “Casi literalmente, la mejor cosa que ha salido de Escocia desde [la serie de TV] Balamory. Un grupo que es inteligente y entretenido (lo cual no ocurre a menudo)”. 



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