martes, 24 de febrero de 2015

La caja inteligente

Internet y las nuevas tecnologías están cambiando el consumo de entretenimiento. ¿Cómo serán las series y películas del futuro? ¿Dónde veremos noticieros o escucharemos música? Un vistazo al mañana del esparcimiento digital.



El futuro del entretenimiento digital puede resumirse en tres W. ¿World Wide Web? No exactamente. En los despachos de los grandes estudios de cine y televisión, así como en las oficinas de pequeñas productoras y en las cabezas de los creativos audiovisuales, se habla de la última máxima para la creación de contenidos: «Whatever content they want, whenever they want it, wherever they want it». Traducido: Lo que deseen, cuándo y dónde lo quieran.

No interesa si es un capítulo de Game of Thrones, el último videojuego de Angry Birds, el trailer de The Hobbit, un partido de fútbol o el nuevo disco de U2. El consumidor quiere disfrutar de todo lo que le gusta al instante, de manera fácil, sin importar el dispositivo, el lugar, los horarios o de dónde y cómo le llega ese contenido. Así, «la nube» de Internet aparece como la plataforma donde se montan los nuevos proveedores de entretenimiento digital. ITunes es un paradigma en este sentido: un servicio que ofrece música, series, películas y aplicaciones para diversos equipos, desde la televisión (vía el equipo Apple TV) hasta desktops, laptops, tablets y smartphones.

Netflix es otro ejemplo de los cambios en el mercado y cómo las compañías deben adaptarse los nuevos esquemas del negocio. La firma, que comenzó siendo un sistema de alquiler de DVD por correo en 1997, evolucionó para convertirse en un servicio de streaming on demand con más de 50 millones de suscriptores, que no solo provee series y películas, sino que hoy hace sus propias producciones (como los celebrados shows House of Cards, Orange is the New Black y Hemlock Grove, entre otros).

Pero, más allá de la transformación y aparición de empresas que darán nuevas formas al negocio, ¿a qué tipo de entretenimiento podremos acceder en los próximos años? ¿Cómo será y dónde lo podremos disfrutar? Algunos sostienen que parte de esa respuesta ya está en nuestros bolsillos.

De acuerdo a un informe de la consultora comScore, en 2014 uno de cada tres minutos que se pasa en los medios digitales se da a través de un smartphone o tablet. Hoy, los dispositivos móviles compiten con la TV como principal fuente de atención o la complementan como una «segunda pantalla». Crece y crece la práctica de comentar en redes sociales lo que se está viendo en «la caja boba», sea el superclásico o la entrega de los Oscar. En concreto, el uso de Twitter tuvo influencia en el 11% de los programas de TV del Reino Unido, que lograron un aumento de al menos un 2% en su audiencia, según el último estudio del Broadcasters Audience Research Board de este año. Mientras que Nielsen, en Estados Unidos, señaló que el social networking puede aumentar hasta en un 29% el rating de un programa.

Pero el futuro abre nuevas posibilidades para dar un uso más amplio, audaz y primordial de esas pantallas hoy secundarias. «Entramos en una era donde todas las pantallas trabajaran casi en conjunto y será la atención del usuario, a través de arcos argumentales y otras convenciones, lo que determinará cuál es el dispositivo principal. Pronto, el tamaño no importará», se vaticina desde un análisis de Ernst & Young (E&Y) de 2013 sobre las nuevas tendencias en medios y entretenimiento.

En sintonía, el informe imagina ficciones donde los personajes aparecen en diversos equipos que dialogan e interactúan entre sí, creando una surround picture. O historias cuyo guión requiere la intervención del espectador, que puede tomar decisiones desde su celular, al modo de aquellos libros de Elige tu propia aventura.

Ver TV ya es un acto social. Un estudio de Empower MediaMarketing encontró que el 75% los norteamericanos miran el Super Bowl acompañados de una o más personas, y un 26% lo hace en grupos de seis o más amigos. Y cada vez se estila más reunirse ante el televisor, cual fogón digital, para «participar» del Mundial de fútbol, el final de temporada de American Idol o la alfombra roja del Golden Globe.

El contenido muta cada vez más hacia la idea de «evento». Según Ernst & Young, «el éxito en el futuro residirá en cómo construir suficiente experiencia social alrededor de un programa para que los espectadores no quieran quedarse afuera. La tendencia evoluciona desde el viejo concepto de la “tele que hay que ver” hacia la “tele que hay que vivir”».

Por otra parte, a medida que bajan sus costos, las pantallas se multiplican en los hogares, y se podrían generar nuevos contenidos que aprovechen esta ubicuidad. Imaginemos poder ver, por ejemplo, el noticiero de las mañanas, de manera ininterrumpida y automática, a medida que nos desplazamos por nuestro hogar: desde que nos levantamos en la habitación, pasando por el living o mientras nos lavamos los dientes delante del espejo del baño.

Incluso se podría pensar en contenidos que cambian según el contexto del televidente: ofrecer recetas cuando se enciende la cocina, o una programación nocturna específica a la hora de ir a la cama. En este sentido, los celulares y nuevos relojes inteligentes pueden servir como sensores y controles para establecer ubicaciones y hasta personalizar gustos y experiencias.

Smart es el adjetivo que define los nuevos gadgets tecnológicos, pero no por la cantidad de opciones que pueden ofrecer hoy, sino por cuán ágiles podrán ser mañana para aprender y conocer nuestros hábitos. Basta de navegar incompresibles e impersonales guías de programación en la TV. Ya existen tecnologías que pueden detectar rutinas e intereses regulares y ofrecer opciones de contenidos individualizados.

Podríamos tener dispositivos y servicios que «sienten» el contexto y entregan una programación adaptada a los patrones de consumo. «Llevado al extremo, el home entertainment podría estar integrado con multiplicidad de equipos —imaginan desde E&Y—. ¿Se detecta un ritmo cardíaco y de respiración acelerado? Quizás el usuario esté haciendo ejercicio, y los smart devices puedan ofrecer música y programas acorde a esa situación. ¿Niveles bajo de dopamina? Quizás sea momento de unas comedias para levantar el ánimo».

Ubicuo, omnipresente, social, interactivo, contextual y personalizado. Así será el entretenimiento del futuro, que ya está aquí, dónde y cómo lo desees.

Publicado en revista S/O - Simonetta Orsini, 2014.

lunes, 23 de febrero de 2015

Kongos: corazón africano

Una de la bandas revelación de 2014 habló antes de su presentación en el Lollapalooza Argentina 2015.


La edición 2015 del festival Lollapalooza Argentina tiene una grilla repleta de nuevos talentos en ascenso, entre ellos, este particular cuartero de hermanos multinstrumentistas (Johnny, Jesse, Daniel y Dylan Kongos), hijos del músico sudafricano John Kongos, autor en 1971 de los clásicos Tokoloshe Man y He’s Gonna Step on You Again (que Happy Mondays versionó y volvió a convertir en éxito en 1990, bajo el título “Step On”).

Kongos suena a unos Kings of Leon tribales que canibalizan tanto a su padre como a John Lennon, Coldplay y Paul Simon para alimentar un sonido que tiene corazón africano y ambición mainstream. Canciones en las que el maskandi y los sonidos del Soweto piden permiso entre la épica radial y el gancho de unos Imagine Dragons. Los singles “I’m Only Joking” y “Come With Me Now” fueron éxitos en Estados Unidos durante 2014, tres años más tarde de su lanzamiento original como adelantos de su segundo álbum, Lunatic (2012). “El mercado de Estados Unidos es tan grande, hay tantos artistas en cada ciudad, que a veces lleva mucho tiempo solamente que se sepa que algo existe. Para nosotros, sucedió en Denver, Colorado: un par de radios empezaron a pasar las canciones, otras comenzaron a prestarnos atención, un DJ las incluyó en su setlist, y eso nos ayudó a despegar. De lo contrario, hay tanta música y tan diferente que es difícil hacerse notar”, cuenta Johnny Kongos a Generación B, en una charla antes de la presentación del grupo en el Lollapalooza Argentina, los próximos 21 y 22 de marzo.
Mucha gente cree que son una banda de Sudáfrica. ¿Cómo se dio ese vínculo?
Mi viejo nació en Sudáfrica. Y conoció a mi mamá, que es estadounidense, en Inglaterra cuando trabajaba allá como músico. Dos de mis hermanos y yo nacimos en Londres, y nos mudamos hacia el final de los 80 a Sudáfrica, donde nació mi otro hermano. Ese fue nuestro hogar hasta que nos fuimos a vivir a Phoenix, Arizona, a mediados de los 90. Esos ocho años en Sudáfrica tuvieron una gran influencia en nuestra música y en nuestra vida en general. Es un lugar maravilloso donde crecer, tengo recuerdos muy divertidos, y solemos volver cuando estamos de vacaciones; es una parte muy importante de nuestra vida.

En la banda se escucha una mezcla de estilos, pero es fuerte la influencia sonora de tu padre. ¿Cómo fue crecer con una leyenda del rock? 
¡Fue genial! No tengo con qué comparar, pero fue muy positivo. Y no solo en materia de música, sino en la vida, en el apoyo. Claro, fue una gran influencia en las experiencias de escucha que tuve de chico. Y, más tarde, cuando nosotros empezamos hacer música, obviamente eso se reflejó.
Mamá y papá se aseguraron de que aprendiéramos música desde pequeños, pero no estoy seguro de que tuvieran alguna gran expectativa o plan maestro. Solo querían que tuviéramos música en nuestra vida de una manera u otra. Después, nos hicimos adolescentes y empezamos a divertirnos componiendo juntos, entonces decidimos que era un camino que queríamos seguir.

¿Cómo te enganchaste con el acordeón? No parece el instrumento que elegiría un adolescente…
No, ja, ja. Mi papá tenía un acordeón en el estudio y estábamos grabando una canción para el primer álbum. Para una parte instrumental, usamos todo lo que encontramos por ahí y, de última, dijimos: “a ver, probemos con el acordeón”. Y funcionó, fue algo que hizo “clic”. Creo que eso se debió a parte de lo escuchamos mientras crecíamos, desde The Beatles hasta música armenia y Ástor Piazzolla. Lo escuchamos durante años, era un sonido familiar para nosotros, pero perdido para gran parte del mundo. Particularmente en los Estados Unidos, es un instrumento odiado porque algunos artistas lo usaron de una manera muy cursi e irritante.

¿Te vas a meter entre el público para ver a qué artista del Lollapalooza Argentina?
Sí, me gustaría ver de nuevo a Foster the People. Los vimos el año pasado y son muy buenos en vivo. Estos festivales suelen ser una locura y espero que tengamos tiempo para disfrutar los otros shows. El problema es que tenemos que volar al día siguiente.

Los cuatro están de gira desde hace muchísimo presentando el álbum. ¿Qué fue lo más loco que les pasó?
En el último año estuvimos viviendo arriba de un bus por nueve meses. No hay necesariamente un solo y gran hecho divertido, sino que eso en sí mismo es demencial. Nueve meses, en un micro. Imaginate.

¿Cómo es trabajar entre hermanos? 
Está buenísimo, porque nadie te saca de las casillas como un hermano. Pero es algo positivo, porque desarrollamos un nivel de confianza y de unión gracias a trabajar en el estudio, largas noches. Hay mucho amor. 

Vamos: ¿no tuviste ganas de revolearle el acordeón por la cabeza a alguno?
Ja, ja. Mmm… el acordeón podría causarles una lesión grave. Tal vez, usaría los palillos.


domingo, 8 de febrero de 2015

Apps de bandas y artistas

Una selección de aplicaciones para smartphones y tablets específicas de grupos y solistas que quieren ir más allá del disco.



Björk - Biophilia 

No puede explicarse como una simple app: este es un viaje al interior del octavo disco de la voz islandesa para vivenciarlo. Realizado en conjunto con diversos artistas gráficos, Biophilia permite jugar e interactuar con todas las canciones, cada una como si fuera una app distinta, pero reunidas en una especie de constelación temática. ¿Dónde empieza el disco y dónde termina el software? A diferencia de otras aplicaciones, que son meras herramientas de información y marketing para acompañar un lanzamiento, esta es una verdadera obra que integra música y tecnología en una experiencia única.



Blur: The App  

Cuando la banda británica cumplió 21 años, lo celebró con una completísima aplicación gratuita que servía de compañero virtual para el box set conmemorativo que se editó en su momento. La app incluye mucho material inédito, como demos y remixes de canciones, un archivo de entrevistas y kits de prensa, además de clips de conciertos que no habían sido editados antes. Permite disfrutar de los 27 videos del grupo, además de contar con la discografía completa (incluyendo promos y rarezas) y ofrece una línea de tiempo con toda la historia de la banda. Todo el contenido se puede compartir en redes sociales. Y, encima, es gratis.


Lady Gaga – ARTPOP


Se trata de un extravagante compañero virtual para el álbum homónimo, que combina música y herramientas de creaciones visuales con la posibilidad de interactuar con la numerosa base online de fans de la cantante. Funciona mediante una asistente llamada Petga, que te ayuda a crear tu “aura”, suerte de avatar personal para navegar la aplicación en función de tus principales gustos e intereses (fotografía, cine, teatro y más). Cumplido ese paso, es posible usar herramientas para crear imágenes (como GIF animados), escuchar el álbum (siempre y cuando lo hayas comprado, claro) y chatear con la comunidad LittleMonsters.com. La artista dijo que la app “es un sistema de ingeniería musical y visual que combina audio, arte, moda y tecnología en una nueva comunidad interactiva mundial, las auras. Alterando la experiencia humana, llevamos el arte al pop, en una expedición warholiana a la inversa”. ¿LO QUEEEÉ? No importa, los fans la entienden.




The Rolling Stones Official App
Para su 50.o aniversario, las majestades satánicas lanzaron una aplicación para tener en el bolsillo noticias, videos, fotos y biografía de la banda. Permite conectarse con fans de todas partes del mundo que la tengan instalada, además de escuchar fragmentos de las canciones de toda su discografía y acceder a comprar merchandising oficial. Tiene una sección paga que habilita contenidos exclusivos, como entrevistas especiales con los músicos.


Radiohead – PolyFauna

En la senda de Biophilia, es una app que ofrece una experiencia de escucha multimedia. La pantalla del celular o tableta se convierte en una suerte de ventana a un extraño y misterioso mundo digital, que uno puede recorrer moviendo el dispositivo (actúa mediante el uso de sus acelerómetros y giroscopios) en búsqueda de un punto rojo, que será como un portal hacia nuevos paisajes. Lúdico y sobrecogedor, como todo lo que sale de la cabeza de Thom Yorke y compañía.



The Beatles: Rolling Stone's Beatles Album-by-Album Guide
No es una app oficial de la banda, pero es un documento imprescindible para sus fans. Un verdadero viaje al interior del catálogo de los Beatles de la mano de los editores de la popular revista de rock, con la historia de todos sus discos, audio samples de cada canción y decenas de fotografías. Incluye estadísticas y datos sobre cada lanzamiento, además de comentarios a cargo de artistas como James Taylor, Stevie Nicks, Liz Phair, Liam Gallagher y Stephen Malkmus, y una guía sobre todos los singles y temas que no integraron ningún disco. Los 4,99 dólares mejor invertidos de tu vida.


Brian Eno – Scape

El pionero del ambient tiene varias aplicaciones para componer música (como Bloom y Trope, también diseñadas en conjunto con Peter Chilvers), pero Scape es una de las más interesantes. Permite componer música en base a la elección de fondos, formas y colores. Con solo arrastrar los elementos, se van sumando sonidos que se pueden combinar de múltiples maneras. Las creaciones pueden sonar como background de otras apps, guardar y compartir online. Para dejarse llevar por lo que ofrece la pantalla y hacer volar nuestra imaginación.



Kiss – Kiss Me! Official Photo App
Todos alguna vez quisimos ser parte de Kiss y lo más cerca que estuvimos fue habernos pintarrajeado la cara. Bueno, con esta app este tema se terminó. El programa usa la cámara del smartphone para tomar fotos y maquillarte y vestirte automáticamente como tus ídolos. ¿Querés lucir la estrella de Paul, tener la lengua de Gene o calzarte la guitarra de Ace (bueno, ahora de Tommy)? Solo es cuestión de instalar esta app, que permite compartir esas fotos personalizadas en tus redes sociales y hasta ofrece emoticones animados de Kiss. Rock & Roll all nite and selfies every day!


Fall Out Boy - Fall Out Bird

¿Se acuerdan de Flappy Bird? El jueguito sensación, que fue retirado a principios del año pasado tanto de AppStore como de Google Play por su creador (un programador vietnamita) por ser “muy adictivo”, tuvo su clon en las cabezas del cuarteto pop-punk de Illinois. Lástima que duró online aún menos que su progenitor.


Dream Theater - DreamTheater360°
¿Quién no quiso subirse al escenario para estar junto a sus ídolos? Si sos fanático de estos titanes del metal progresivo, lo podés hacer desde tu tableta o celular con esta app que incluye cinco canciones interactivas filmadas utilizando la tecnología Mativision, que te pone virtualmente arriba de las tablas del último concierto que la banda dio en nuestro Luna Park. Permite dirigir el show usando seis cámaras diferentes, rotar sus ángulos, hacer zoom o, simplemente, emplear el modo “piloto automático” para disfrutar del espectáculo sin interactuar. La app también incluye biografía, discografía, fotos e información actualizada continuamente sobre giras, novedades y redes sociales del grupo. Precio: U$S 9,99.

martes, 27 de enero de 2015

10 discos que cumplen 20 años

Una selección para conocer cuán viejos estamos.




Foo Fighters – Foo Fighters

Una de las más exitosas bandas del rock norteamericano de las últimas dos décadas empezó con este disco que, en verdad, es un trabajo solista de Dave Grohl; una colección canciones que el baterista de Nirvana grabó por su cuenta, tocando todos los instrumentos, a modo de catarsis para superar la muerte de Kurt Cobain. Así todo, no faltaron quienes calificaron en aquel momento al músico de oportunista e insensible, por poner un revolver en la portada del disco tan solo un año después de que su compañero se pegara un tiro. Más allá de las polémicas, este sería el primer ejercicio para un artista que hizo suyos los arrebatos de agresividad sonora de su antigua banda y supo combinarlos con la efectividad y el buen humor del pop para conseguir una fórmula arrolladora.



Garbage – Garbage

El cuartero de Wisconsin desarrolló una personal mezcla de guitarras filosas con ritmos electrónicos y melodías pegadizas que los llevaría a un estrellato instantáneo, pero que encuentra su mejor forma en este rotundo primer acto de puro rock digital con letras furiosas, eróticas y apesadumbradas. “Vine para cerrarte la boca, vine para arrastrarte / Vine para destrozar tu pequeño mundo y romper tu alma en pedazos”, advierte Shirley Manson en “Vow”. Y nosotros, 20 años después, seguimos enamorados de sus maltratos.



The Chemical Brothers – Exit Planet Dust

Tom Rowlands y Ed Simons fueron los principales exponentes de ese brebaje compuesto de dance, ritmos breakbeat, impronta hip-hop, sampleos soul y química lisérgica etiquetado entonces como “big beat”, que tuvo a Groove Armada, The Crystal Method y The Prodigy como otros exponentes. Un debut letal, responsable de varias fracturas y lesiones musculares en las pistas de los 90.



PJ Harvey – To Bring You My Love

Dos décadas atrás, PJ Harvey dejaba de funcionar como un trío y la cantante se recluía en su nueva casa campestre para componer el que sería (en los papeles) su verdadero primer álbum como solista y su salto al mainstream. La coproducción de Flood y John Parish (con los que establecería una larga relación artística) le sumó texturas densas y sensuales a la potencia y el enojo de sus trabajos anteriores, y le otorgó elegancia y teatralidad a la atormentada pluma de la vocalista.  



Supergrass – I Should Coco

Gaz, Mick y Danny quedaron en nuestra memoria como esos frescos y divertidos jovencitos de la pegadiza “Alright”, un éxito tan grande que, lamentablemente, opacó el trabajo posterior de una banda con el talento suficiente para mezclar la energía de The Buzzcocks y The Stooges con el encantador sentido melódico de The Beatles o The Monkees y, entre todo, obtener su propio sonido. Los chicos de Oxford se separaron en 2010, pero siempre tendremos este debut para recordarnos el lado más poptimista del britpop.



Björk – Post

Desde la portada de este segundo trabajo, se veía que las cosas se iban a poner cada vez más raras en la carrera de la artista islandesa. De aquel sencillo retrato de Debut, en crudo blanco y negro, con una Björk suplicante e inocente, a esta composición colorida entre una pose desafiante y sensual. La artista se mudó a Inglaterra y llevó su arte a nuevos rincones como el industrial (“Army of Me”), el swing (“It's Oh So Quiet”), la balada cinematográfica (“Isobel”) y la IDM más ensoñadora (“Hyperballad”). Años más tarde, declaró: “Post fue una búsqueda, Homogenic (el álbum sucesor) fue lo que encontré”.




The Smashing Pumpkins – Mellon Collie and the Infinite Sadness

Hubo una época en la que Billy Corgan tenía pelo, estaba enojado y se animó a poner en riesgo el éxito conseguido con Siamese Dream (1993) con un ambicioso disco doble de ¡28 canciones! complejas, rabiosas, tiernas y desafiantes. “Intoxicado de locura, estoy enamorado de mi tristeza”, cantaba en “Zero”, al frente de una banda que luego se desarmaría y jamás podría volver a transmitir semejante mezcla de emociones.



Pulp – Different Class

En un país por entonces dividido entre Blur y Oasis, Pulp emergió como una tercera posición: Un grupo de jóvenes experimentados (tenían ya 17 años de trayectoria), de espíritu arty sin llegar a presumidos, con un sofisticado líder de lengua observadora, capaz de reunir frustraciones sexuales y conciencia social en pequeños himnos bailables. “Por favor, entiendan. No queremos problemas. Solo queremos tener el derecho a ser diferentes. Eso es todo”, se puede leer en la contratapa. Y vaya si marcaron la diferencia.




Oasis – What’s The Story Morning Glory?

Como la imagen de su portada, tomada en la ya célebre Berwick Street del soho londinense, Morning Glory es la fotografía de toda una época de la clase urbana de Inglaterra. Cada vez que a alguien se le ocurra poner en duda cuál fue la banda británica más grande de los 90, el segundo trabajo de los liderados por los hermanos Gallagher ofrece doce respuestas inapelables.



Radiohead – The Bends

Luego del éxito masivo arrollador de la balada “Creep”, la banda comandada por Thom Yorke se limpió cualquier mancha de ser unos “Nirvana ingleses” con esta contundente muestra de que el rock de estadio también puede ser intelectual y enrevesado, que la épica y el drama tienen tanto cerebro como corazón. El quinteto luego articularía hacia sonidos más abstractos y desafiantes en trabajos como OK Computer (1997) y Kid A (2000), que los consolidaron como los grandes artistas de la primera década del siglo XXI. Pero The Bends siempre será el disco que sus fans van por la vida silbando de la primera a la última canción.



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lunes, 26 de enero de 2015

Cinco nuevas series que prometen

Una selección de flamantes ficciones para pasar el verano.



Agent Carter

El universo de Marvel se sigue expandiendo de la pantalla grande a la TV. Luego de Agents of S.H.I.E.L.D., llega la serie de Peggy Carter (Hayley Atwell), la oficial británica que fue el gran amor del Capitán América. Como una miembro infravalorada de la Strategic Scientific Reserve, Carter ahora debe hacer malabarismos entre las tareas administrativas a la que la relegaron y sus misiones secretas para ayudar a Howard Stark (el padre de Tony, futuro Iron-Man, acusado de ser un traidor de Estados Unidos), en las que contará con la ayuda de su torpe y gracioso mayordomo, Edwin Jarvis (¿les suena ese apellido?). Bienvenida esta nueva heroína que, a pura feminidad y acción, patea los culos machistas de la posguerra. Estrena el 10 de febrero a las 23, por Canal Sony.



The Man in the High Castle

Recién empieza, apenas tenemos un prometedor episodio, pero es imposible no entusiasmarse con esta adaptación de Amazon Studios de la famosa novela homónima de Philip K. Dick, que plantea la ucronía de un mundo donde los aliados perdieron la Segunda Guerra Mundial. Ambientada en 1962, las costas de Estados Unidos quedaron repartidas entre Alemania y Japón, con una zona media neutral y autónoma. Estas potencias conviven en una tensa guerra fría, entre sospechas e intereses, y la vigilancia, la represión y el conservadurismo reinan en los territorios ocupados. Pero hay una resistencia, que tiene como nexo una serie de extraños filmes que muestran una posible verdad oculta. Con Ridley Scott como productor ejecutivo, veremos si la serie puede capturar la complejidad y el espíritu del libro (el piloto se toma varias licencias) de reflexionar sobre realidades, ficciones y presentes desde el planteo de un pasado alternativo.



Mozart in the Jungle

¿Quién dijo que la música clásica es un ámbito de viejos burgueses, aburridos y estirados? Basada en las memorias de la oboísta Blair Tindall, la serie nos lleva al backstage de la Filarmónica de Nueva York de la mano de Gael García Bernal, que encarna a “Rodrigo”, un geniecito musical, extravagante y caprichoso, con espíritu de rockstar y ¡amante del mate! que llega a la conducción de la orquesta con la intención de modernizarla. Sexo, drogas, enredos y nada de acartonados smokings en otra nueva producción de Amazon Studios, que está comenzando a entregar series (y pronto también películas) muy originales (como la reciente ganadora del Globo de Oro y recomendadísima Transparent).




12 Monkeys

Adaptación de la cadena SyFy de la película de Terry Gilliam (que, recordemos, estaba basada en el corto francés “La Jetée”), sobre un presidiario que es enviado al pasado para tratar de impedir la propagación de un virus que exterminará a casi toda la raza humana en el futuro. Carece de la acidez y negrura tecnoburocrática del film, pero entusiasma desde una estética postapocalíptica, que recuerda a The Walking Dead o The Last of Us, y una trama con nuevos vericuetos e intrigas sobre qué es realmente el “Ejército de los 12 Monos”. Aaron Stanford (Nikita, X-Men: la batalla final) se calza el papel que tuvo Bruce Willis; Amanda Schull (Suits, Pretty Little Liars) le da un nuevo rol y perfil a la doctora que protagonizó Madeleine Stowe y el rol del chiflado que interpretaba Brad Pitt guarda una sorpresa. Los primeros episodios ya ofrecen la suficiente cantidad de sangre y paradojas temporales como para contagiarnos.



Better Call Saul

¿Acaso la serie más esperada del año? Los fanáticos de Breaking Bad sin dudas están ansiosos por ver este spin-off centrado en Saul Goodman (Bob Odenkirk), el inescrupuloso abogado que administraba el dinero de “Heisenberg”. No se entusiasmen tanto los que esperan un regreso de Walter White (Bryan Cranston) o Jesse Pinkman (Aaron Paul), porque el show se sitúa varios años antes de que este miserable aunque encantador carancho conociese a los maestros de la metanfetamina. Paciencia: en Estados Unidos (o en Internet, ejem, ejem) solo hay que esperar hasta el 8 de febrero, por AMC.




Bonus:

The Last Man on Earth

Quienes hayan seguido Saturday Night Live estarán acostumbrados a los desquiciados y desopilantes personajes de Will Forte. Pero el actor también tiene una gran veta dramática (basta con ver el excelente film Nebraska) y como guionista. Los tres perfiles pueden explotar en lo que promete ser una de las más interesantes tragicomedias de este año, que lo tendrá como un padre de familia y aburrido empleado bancario que, en 2022, se convierte en el ¿último? habitante del planeta. ¿Podrá ser la esperanza final de la humanidad un reto para el ex MacGruber? Arranca en Estados Unidos por FOX el primero de marzo.

lunes, 12 de enero de 2015

Entrevista a Dave Bascombe: “Los 80 fueron la edad de oro”

El productor e ingeniero inglés de discos famosos de Tears for Fears, Peter Gabriel, Depeche Mode y Suede pasó por Buenos Aires. En diálogo exclusivo con UltraBrit, recorre historia e intimidades de álbumes históricos y habla del presente y futuro de la industria.



Entonces no era como ahora, que se puede leer incluso en las portadas el “produced by Danger Mouse” o “Rick Rubin” o “Nigel Godrich”, casi como un aval por si el artista despierta interrogantes o desconfianzas. A Dave Bascombe hay que buscarlo en los inserts, entre los créditos del librito interno.

Ya sea como productor, ingeniero o responsable de la mezcla, su nombre siempre aparece ahí, chiquitito, pero su incidencia para el sonido de las últimas tres décadas ha sido enorme. Son muy pocos los tipos que han estado detrás de las consolas de álbumes históricos de los años 80 y 90.

Después de trabajar como asistente de producción de Genesis en Duke (1980), primer número uno del trío y disco con el que comenzó a abrazar el pop, fue ingeniero de Porcupine (1983), trabajo que consolidó a Echo & The Bunnymen para el éxito posterior.

Dos años más tarde, Tears for Fears lo convocó para Songs from the Big Chair (1985). De la mano de hits como “Shout”, “Everybody Wants To Rule The World” y “Head Over Heels”, se convirtió en un millonario clásico del pop que hizo despegar la carrera de Bascombe. Fue ingeniero de So (1986), la transformación de Peter Gabriel de un oscuro art-rocker en un pop-star, y productor de Music for the Masses (1987), la obra que le abrió a Depeche Mode las puertas del mercado norteamericano.

Los créditos continuaron las décadas siguientes, con mezclas para Erasure, Manic Street Preachers, Suede, Placebo, Goldfrapp y Kylie Minogue, entre otros. 2014 lo encontró tras las consolas de White Woman, el cuarto álbum de la sensación electro-funk, Chromeo, y This is What I Do, el regreso en muy buena forma de Boy George. “Ya había trabajado con él en los primeros temas de Culture Club, así que la pasamos muy bien recordando cosas. Y mucho de lo que hice fue reggae, ¡lo que fue realmente divertido!”, revela, con sonrisa pícara.

En mayo, visitó Buenos Aires para dictar una clínica de grabación en el estudio Santa Cecilia Sound, en el barrio de Villa Urquiza. Un momento que UltraBrit aprovechó para conversar con el hacedor del sonido de una era.

Eras muy melómano de chico. ¿Cuál fue el primer álbum que te compraste y cuántos tenés hoy?
Creo que el primer single fue “Daydream Believer”, de The Monkees, y el primer álbum fue Slade Alive, de Slade. No tengo idea de cuántos discos tengo ahora, pero son varios centenares.

En tu juventud formaste bandas, tocabas el teclado, y luego de pasaste al otro lado: la producción y la ingeniería de sonido. ¿Qué provocó ese cambio?
¡Que la banda era una mierda y yo necesitaba trabajar! [Risas]. Así que me conseguí un empleo en un estudio.

Siendo productor, ingeniero y mezclador, ¿cómo abordás cada proceso y lográs no confundir los límites entre cada función?
Siempre creí que esas tareas se superponen. Los límites son solo “políticos” y uno los adapta al estilo y la onda que hay en cada sesión. Si el productor está feliz con que el ingeniero le proponga ideas, bien. Pero a veces podés estar hiriendo susceptibilidades. Si soy productor, quiero que el ingeniero sepa cuándo hablar y cuándo cerrar el pico. Pero ahora solo estoy realizando mezclas y, si hago producción, me resulta muy difícil remezclar mis propios tracks.

Trabajar en Songs from the Big Chair te abrió muchas puertas. ¿Cómo llegaste a Tears for Fears?
Ellos habían echado a su ingeniero y, como yo había trabajado con el manager del productor, me llamaron. Grabamos las canciones en la casa del tecladista, por lo que fue algo muuuy relajado. Es más: si aislás el redoblante que suena en “Shout”, ¡podés escuchar un teléfono que sonaba desde la cocina!

¿Se siente desde la mesa de mezcla cuándo algo va a transformarse en hit o clásico?
Cuando trabajás con un artista nuevo no tenés forma de saber si una canción va a ser un éxito. Podés pensar que es lo mejor que se haya grabado, pero hay muchos factores en juego. Con un grupo ya de renombre, uno siempre espera hacerlo tan bien como el último. Así que no; no hay manera de saber si algo será un clásico: lo único que te queda es esperar que sea un hit si es realmente bueno.

¿Fueron los 80 la “década de oro” en términos de producción, de experimentar, de buscar nuevos sonidos?
¡Totalmente, por lo menos para mí! Por supuesto, siempre surgen cosas nuevas, pero aquella década representó un giro enorme en cuanto a cómo debe sonar y grabarse un disco.

En los 90 empezaste a colaborar con bandas de rock. ¿Qué desafíos profesionales te impuso el cambio de estilo de esa década? ¿Tuviste que aprender técnicas, cambiar métodos?
No, no he cambiado concientemente mis técnicas. Más bien, creo que absorbo el sonido de la época por ósmosis.

Mezclaste Coming Up de Suede en un período particular de banda. ¿Qué recordás de aquellas sesiones?
¡Uh, grandes canciones! Creo que, como se había ido Bernard [Butler], se esforzaron aún más en la composición. Fue complicado, porque estaban pasando por muchas cosas y ellos querían un sonido grande, pero también radiante.

¿Cuáles son los principales cambios que viviste en el negocio de la música desde tu oficio en estas tres décadas?
Como empecé siendo ingeniero de diferentes géneros, no tengo problemas en hacer cualquier música. Me gusta todo lo que sea bueno. En términos comerciales, hubo cambios. Hoy la mitad de mi trabajo viene directamente de los artistas o el management, lo cual es diferente: hay menos interferencia por parte de un montón de gente de las discográficas, pero no suele haber mucho dinero.

Hoy, con el desarrollo de Internet y el software de audio, muchos artistas se autoproducen y editan. En un escenario así, ¿cuál es la función actual de un productor y de un ingeniero de sonido?
¡Tenés que sostener a las bandas aún más! No hay nadie de una discográfica que pueda ayudar con otro par de oídos. Eso puede ser bueno y malo.

Escuchar música hoy también es una experiencia diferente. Ya no es tan habitual poner un LP y sentarse a disfrutarlo, sino que se cargan canciones en un MP3 y se las oye camino al trabajo en el subte o en el auto. ¿Hoy se produce y mezcla pensando en ese cambio de hábito de consumo?
Yo no lo hago, excepto que, quizás, cuido el orden de los temas. Sabés que, si ponés un muy buen track al final, la mayoría de la gente no lo va a escuchar nunca. Pero, en gran parte, eso también pasaba antes.

¿Tuviste dificultades trabajando con algún artista en especial? Dale, decilo: ¿quién es un dolor de huevos?
No, no: son todos seres humanos maravillosos [risas].

Publicado en revista UltraBrit (septiembre 2014)

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¿Por qué los discos cuestan lo que cuestan?

La industria local explica cómo se forma el precio de la música, tras el año en que los CD quebraron la barrera de los $ 100 y se acercan a los $ 200.  




«Siempre existió la percepción de que los discos son caros, y nunca valieron más que un kilo de helado, que dura tres minutos y es leche con colorante. Los discos salen lo que salen y, por alguna u otra razón, nadie gana plata con ellos», dispara Alejandro Varela, mientras hace malabarismos para apagar un aire acondicionado que está escarchando su oficina en S-Music, el sello que preside y donde edita desde Nocheros y Javier Malosetti hasta Suzanne Vega y Tricky, pasando por nuevos talentos nacionales como Foxley y Octafonic.

Varela, que tiene décadas en el negocio musical y fue directivo de EMI, Sony y CAPIF, sabe que 2014 fue tan caldeado como los más de 33 grados de sensación térmica que hay afuera. Al termómetro de la economía nacional, este fue el año en que el precio de los discos superó la barrera de los $ 100 y ubicó los lanzamientos entre los $ 140 y $ 180. La «ley del kilo de helado», que muchos en la industria repiten como parangón del valor del disco, se derritió. Diversas fuentes coinciden en que hubo un incremento de entre el 30 y 35 por ciento este período, pero si vamos un poco más atrás en el calendario, la cifra puede ser más friolenta: los CD que a mediados del año pasado la cadena Yenny/El Ateneo comercializaba a $ 92 hoy cuestan $ 149, alrededor de un 62 por ciento más.

¿Qué justifica esos valores y cómo se compone el precio de un disco? Los principales insumos de un CD son el plástico y el papel, con valores dolarizados. Hoy, el costo de fabricación promedio de un compacto básico con libro de ocho páginas va de USD 1,50, para una edición en cajita transparente (jewell case), a más de USD 2 para un digipack díptico con bandeja. Las cantidades y cualquier aditamento cambian los valores.

«Con la caída del disco físico se está haciendo mucho hincapié en la gráfica. No es como antes que el CD venía con una lámina así nomás. Hoy tiene mucho trabajo y valor. El costo industrial en el negocio siempre se manejó entre un 15 y un 20 por ciento del producto, y hoy no es menos del 35 o 40. Es complicado para nosotros hacer rentable eso, porque tenemos muy poco margen», dice Alberto Paiaro, VP de Sony Music Argentina.

Así es que, para los sellos, el packaging se convirtió en el primer determinante del precio del disco. «El último álbum de The Black Keys (Turn Blue) fue carísimo de hacer, porque había que plegarlo manualmente y tenía colores muy específicos. Aunque te parezca mentira, todo lo que es terminación manual está en dólares. No sé por qué, deben ser suecos los que lo hacen —bromea en serio Alejandro Paolini, gerente de Operaciones de Warner Music Argentina—. Además, todo lo que es cartulina viene de Brasil y ya aumentó tres veces. No podemos trasladar el costo de fabricación al precio porque los discos terminarían al doble de lo que están. Entonces, perdemos margen y tenemos que cuidarnos mucho más con la fabricación».

Según el directivo, «los formatos complejos de cartón ya conviene importarlos. Si son cosas de las que hay que fabricar más de 1.000 ejemplares, las hacemos acá. Pero si son artistas para un público selecto o reducido, conviene traer 300, 500 unidades y, llegado el caso, a los dos meses reponer 100 más».

Según el relevamiento, los compactos en formatos más básicos terminan saliendo del sello a un valor que oscila entre los $ 45 y $ 60 más IVA. Además del costo de fabricación, hay que descontarle el 8,19 por ciento que cobra SADAIC en concepto de derecho de autor; las regalías («entre un 10 y 20 por ciento, según el artista. Uno internacional puede superar el 30», cuenta el ejecutivo de una multinacional) y el cargo del distribuidor. En nuestro país, hay tres principales mayoristas. DBN es el número uno, y se calcula que tiene más del 60% del mercado. Según uno de sus directivos, Sebastián Amorena, su sede en Chacarita tiene un stock de más de 1,2 millones de unidades, entre CD, DVD y LP, y vende unas 200.000 por mes. Posee unos 500 clientes activos, entre ellos la cadena Yenny/El Ateneo, a quien abastece sus 50 sucursales en forma exclusiva desde hace más de diez años. Le siguen Distribuidora LEF (que desde hace un año tiene un acuerdo como el de DBN, pero con librerías Cúspide) y AF. El cargo que cobran a los sellos varía según acuerdos y negociaciones, pero fuentes lo sitúan entre un 12 y 20 por ciento.

Desde un sello revelan cómo se compone el valor del disco de una banda nacional que acaban de editar, y que Yenny/El Ateneo comercializa a $ 131: «El digipack terminado con booklet de ocho página lo vendimos a $ 44 más IVA. Descontale $ 12,50 de manufactura, el 8,19 por ciento de SADAIC, otro 20 que me cobran por distribuirlo, el 1,20 de impuesto al cheque y una regalía de 20 puntos, que acordamos porque la banda ya trajo el disco grabado. Si tenía que pagar los $ 150.000 de una buena grabación, no los recupero más. Ahora, vos decime, y yo ¿con qué me quedo?».

Retail

La última etapa en la formación del precio es el comercio al público. Ninguna parte de la industria quiere tirarse tierra en un negocio donde la venta física viene en retroceso y todos deben cooperar, pero son varios los que se quejan de que al retail «se le va la mano» con el margen que cargan a los productos y ubican a las cadenas de disquerías como los responsables de algunos abusos.

Una fuente reveló que, en los últimos diez años, Musimundo pasó de aplicar un markup del 1,6 al actual 2,43, casi dos veces y media el valor de costo: «Varias veces les dijimos “paren, nosotros tenemos cada vez menos rentabilidad y ustedes no”. Pero ellos siempre te dicen que tienen más gastos: que el sindicato, la luz, la renovación del alquiler, los impuestos. A veces, con nuestros productos importados, que les proponemos buenos precios, lo gravan por 3,5, solo porque viene de afuera». GeneraciónB convocó a Musimundo a participar de este artículo, pero no obtuvo respuesta.

Los valores se amplían en el caso de los tan en boga vinilos. «Fabricar un LP básico cuesta alrededor de € 2, unos $ 22. Acá llega, entre el flete y los derechos, a $ 44. Nosotros los vendemos a unos $ 150 y en las disquerías aparecen a un piso de $ 500. Fijate cómo termina la escala», suma otra voz en off.

«El modelo de retail de grandes superficies arruinó el disco —arremete un alto miembro de la industria discográfica local—. Muchos dicen que el problema fue la piratería. Para mí no: es que desapareció la disquería y nos fuimos a un esquema que no aplica para la venta de música. Yo compraba discos porque me los vendía un disquero. Todos los melómanos lo somos porque hubo un tipo que nos educó y ese es el contrapunto con las grandes tiendas, con gente que no te sabe decir dónde están los títulos o los ponen mal en las bateas. Es como vender cuadros en un supermercado: va de culo. Nosotros perdimos eso y hoy el margen que maneja ese retail es lo que encarece más el producto».

Para Alfredo Suhring, gerente general de la disquería Zivals, este año hubo tres incrementos que totalizaron «entre un 25 y 30 por ciento, y más que nada en las novedades. Todo lo que se va gravando tiene que ver con el distribuidor, el sello y demás, que nosotros trasladamos al precio final; no son aumentos nuestros. En general, se llegó a un porcentaje que cierra y se trata de no moverlo porque no conviene. Ya la suba natural perjudica y si encima le sumás, peor. Siempre que cierren los números, se trata de no tocar».

«El disquero tiene un margen de entre el 45 y 50 por ciento, no hay tanta historia con eso —responde Darío Rigitano, gerente comercial de Distribuidora LEF, quien trabajó diez años en Musimundo—. Una vez escuché a Afo Verde cuando era presidente de Sony decir en el programa de Andy Kusnetzoff, con un desconocimiento total, que el comerciante era el que imponía el precio al público y el que iba en contra del mercado. El retail es formador de precio, pero esto de andar diciendo que uno u otro hacen mal las cosas no está bien. Al contrario: hoy tendríamos que estar más unidos, sacudirnos la modorra y darle para adelante, porque, si se cae el mercado, se cae para todos».

Para el ejecutivo «a la industria la fueron bastardeando durante años por el tema de que los discos son caros. Pero si la situación económica fuera otra, no estaríamos hablando de los precios. Todo sería diferente si los costos de fabricación no estuviesen dolarizados; si la nafta para las camionetas que hacen la distribución no estuviera al doble; si no indexaran un 30 por ciento los alquileres todos los años o si no tuvieras los convenios de comercio que aumentan otro 35 a los empleados: todo suma. Los precios están adaptados a esta realidad, aunque también creo que, si aumentan más, irían en contra de nuestro negocio. La idea es vender cada vez más, no menos. ¿Qué preferís: facturar 1.000 ejemplares a $ 200 o 2.500 a $ 80? Yo me quedo con lo último, porque son más unidades y más gente que entra a las disquerías. Pero hoy es una cosa u otra, y no está buena ninguna de las dos. No está buena la suba, pero si no aumentás, ¿qué hacés?».

El otro síntoma inflacionario que pudo observarse este año es la decisión de algunas cadenas de retirar los precios de exhibición. «Tuvo que ver con el desgaste mecánico de los empleados, que terminan de modificar los precios y luego deben volver a cambiarlos, porque están oscilando y uno tiene que cobrar lo que está a la vista. Poniendo un sistema de lectura es mucho más fácil, tenés todo actualizado constantemente y evitás errores», explica Suhring, de Zivals, que junto a Yenny/El Ateneo y Cúspide optó por quitar los valores de las etiquetas de los discos.

«Eso no está bueno; hace mucho que se trabaja con el formato de autoservicio, la gente no está acostumbrada a consultar y cuando no tiene nociones se complica la venta», opina Paiaro, de Sony.

Futuro

La suba de precios hará que la industria del disco local cierre 2014 con una caída en la venta de unidades, pero con un incremento en la facturación. Paiaro señala una baja del diez por ciento en ejemplares, pero dice que Sony estará diez arriba en ganancias. Desde DBN, coinciden con un retroceso del diez por ciento en unidades, mientras que Rigitano comenta que LEF está «un cinco por ciento por debajo de 2013, pero un 20 arriba en plata por el incremento de los precios».

A pesar de todos los vaivenes de la economía y el crecimiento de la oferta de música online, en nuestro país, el soporte físico representa más del 70 por ciento de la facturación de los sellos, y el formato CD domina en más de un 85 por ciento. Un panorama muy diferente al de otros países de la región, como Chile, donde la relación se está invirtiendo y el canal digital ya representa más de la mitad de los ingresos de algunos sellos.  

«En Chile, al fundirse La Feria del Disco (Feriamix), que era el Musimundo de allá, no hay un retail donde poner los discos. Masivamente, se complicó mucho —cuenta Diego Villanueva, director de Marketing y A&R para Cono Sur de Warner Music—. Estamos potenciando los supermercados y toma un tiempo que la gente se acostumbre a que el nuevo álbum de Miguel Bosé está en Jumbo cuando vas a comprar la leche. En Argentina, todavía tenemos retailers sanos y el nuevo de Coldplay lo podemos ubicar en 500, 600 bocas».

Más allá de la vigencia que todavía tiene la venta física en nuestro país, en la industria saben que es cuestión de tiempo para que la balanza se incline definitivamente hacia la música en bytes. «Hay artistas que van directamente a Internet y ya no se preocupan por la edición física. Ver los números finos del disco es al cohete. Los genios del marketing se rompen la cabeza para tratar de hacer rentable algo que nunca lo volverá a ser —sentencia Varela—. El disco está subvencionado por todos los que participan de su proceso y hoy es un disparador para impulsar otros negocios, algunos imperceptibles para la gente como los derechos conexos, es decir, lo que se gana por la ejecución pública, lo que paga la radio, la TV y los sitios web por pasar música».

«Eso es mucha plata y ayuda muchísimo —revela un ejecutivo—. Para que tengas una idea: en la crisis de 2002, cuando estalló todo y las discográficas se achicaron y rajaron a mucha gente, mantuvieron su operación gracias a esos ingresos. Bajaron costos, no fabricaban y esa plata seguía entrando igual, sacaran o no discos».

Según Villanueva, «en los últimos diez años las compañías no dejamos de firmar artistas, solo modificamos el modelo. Hoy, un músico como Ed Sheeran, por ejemplo, está dentro del nuevo esquema donde la compañía lo firma, lo graba, lo potencia y cobra de todos los negocios conexos que genera, que son muchísimos y antes las compañías no atendían, porque solo miraban el disco».

Para el directivo, en la actualidad «hay otras formas de medir el negocio de la música y el estatus de tu artista. El año pasado, los usuarios argentinos de YouTube le dieron a la canción “¡Corre!”, de Jesse & Joy, 30 millones de clics. Eso que decir que llegó a la gente y le permitió a la banda hacer su primer Luna Park».

«YouTube es una fuente muy importante de dinero para las compañías. Calculá que deja USD 0,02 cada reproducción que tenga publicidad. Una discográfica con un catálogo importante puede generar más de un millón de visitas diarias y, a fin de mes, tener un ingreso muy interesante», opina Rigitano.

¿Seguirá, entonces, siendo negocio vender discos? «Sí, porque el disco es contenido, es como una noticia —responde Rigitano—. Antes, la venta de los discos generaba poder hacer marketing y todo lo demás. Hoy, lo digital y los shows están permitiendo que lo otro siga en funcionamiento. Esa diversificación hizo que se pueda mantener el negocio. Cambiará el formato, pero música va a haber siempre: no estás casi un minuto sin ella, está en todos lados».

viernes, 12 de diciembre de 2014

Diez películas que deberías haber visto este año



Una selección de estrenos de la pantalla grande local que tenés que ver antes de que se termine 2014.

 
El lobo de Wall Street

El relato salvaje sobre el ascenso y caída del megalómano agente de bolsa Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio, otra vez genial) permite disfrutar del Martin Scorsese más desaforado, violento y políticamente incorrecto en años. Con la adrenalina y los recursos de Buenos muchachos y Casino, el director hace un crudo, desmesurado y furioso retrato sobre los excesos, la ambición y la corrupción del mundo de las finanzas en una orgía de tres horas.




X-Men: Días del futuro pasado

Tenemos secuelas, precuelas y, ahora, “entrecuelas”. Los mutantes corrigen su pasado y, por ende, abren un nuevo futuro con esta historia que conecta los personajes de sus dos sagas temporales (la de los films iniciales con sus versiones jóvenes de la Primera generación) y redefinen su universo. Bryan Singer, de vuelta en la dirección, hace chocar los mundos y explota lo mejor de los X-Men en la pantalla.



Al filo del mañana

En la última gran ofensiva humana para derrotar una raza extraterrestre que se apoderó de casi toda Europa, un inexperto soldado se encuentra atrapado en un bucle temporal. Cada vez que muere, resucita en el mismo día, es enviado a la misma batalla y vuelve a morir. Pero cada reset le permitirá hacerse un mejor guerrero, perfeccionarse, anticipar movimientos, hechos y estrategias. Pronto descubrirá que ese loop será clave para descubrir y derrotar al enemigo. Entre la impronta militar de Starship Troopers, la premisa de Hechizo del tiempo y el vértigo de 8 minutos antes de morir, Tom Cruise se corona como el último gran héroe de acción de Hollywood en un film a puro lenguaje gamer, donde morir es solo perder una vida.





Cómo entrenar a tu dragón 2

Si el film de 2010 fue una pequeña gran película, esta es una enorme secuela: una historia más adulta, fuerte desde lo emocional, con subtramas románticas, conflictos de madurez y tensiones familiares. De un imaginario y despliegue deslumbrantes, con grandes batallas y espectaculares escenarios, entrega momentos donde los dragones surcan los cielos, pelean y juegan en el aire que son de un lirismo visual conmovedor. En 2017, llegará el cierre de esta trilogía que, como sus protagonistas, se hace cada vez más grande.



7 cajas

Llegó a nuestro país con dos años de retraso, pero este film paraguayo igual se coronó como una de las grandes sorpresas de 2014: el relato de un joven carretillero al que se le encomienda transportar siete misteriosas cajas de las que desconoce su contenido por ese laberinto humano que es el famoso Mercado 4 de Asunción. Un trabajo que parece sencillo se transformará en un viaje de complicaciones, peligros y violencia en este thriller vibrante, con excelentes actuaciones e impecable factura técnica. Ya está en DVD, no se la pierdan.



El planeta de los simios: confrontación

Parte de la enorme franquicia que generó la fantástica novela de Pierre Boulle de 1963, esta secuela de (R)Evolución, el reboot estrenado en 2011, es un drama por la supervivencia y una batalla entre civilización y barbarie. Pero, sobre todo, es un brillante exponente del objetivo principal que deben tener los efectos especiales. Andy Serkis, el actor detrás del simio César, logra por medio de la tecnología del motion capture, imprimir en un personaje digital la misma emotividad y expresividad que un ser vivo, haciéndolos casi indistinguibles. Toda una muestra de cómo técnica y desarrollo pueden dejar la pirotecnia visual de lado y estar al servicio de valores clásicos del cine: el arte de narrar y conmover.



Guardianes de la galaxia

En un año cargado de superhéroes en el cine, la nota la dio esta pintoresca rejunta de renegados estelares, mezcla de chantas, asesinos y piratas del asfalto cósmico con pasados turbios, pero con nobles corazones e irresistible personalidad. Entre la aventura de Flash Gordon, La guerra de las galaxias y el ¿tecno-camp? de El quinto elemento, el film de Marvel explota como ningún otro el espíritu de nostalgia pop de nuestro días: recuperar estéticas, narrativas, códigos y música de las últimas cuatro décadas para llevar a todas las generaciones de nerds a una galaxia muy, muy lejana.



Relatos salvajes

Después de la expectativa, los retrasos y algunas polémicas, Damián Szifrón volvió al cine luego de casi una década con una obra que rompió récords e interpeló la psiquis de más de tres millones de argentinos. Seis historias independientes entre sí con la violencia social como único vínculo, sobre personajes que estallan, dejan la moral de lado y desatan su costado animal. Soberbia en los rubros técnicos y las interpretaciones (y con algunas escenas que ya son icónicas para el cine local), Relatos salvajes fue un tema de debate nacional. Pocas películas consiguieron alimentarse del estado de ánimo de una parte de la población como esta, al sintonizar ese caldo de frustración, hipocresía e indignación que se cocina, en especial, en la mente de la clase media argentina. Por ideas, realización, formato, repercusión y calidad, pero en especial por instinto y olfato del medioambiente en el que se crió, Relatos salvajes es, mucho más que una película, un síntoma de época.




Boyhood

Emotivo relato centrado en la madurez de un niño, filmado a lo largo 12 años, desde el ingreso al colegio hasta su llegada a la universidad con los momentos de una vida en medio: relaciones de padres e hijos, divorcios, mudanzas, nuevas familias, primeros amores, anhelos y pasiones entre todos los cambios del paso del tiempo. Si con su trilogía Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes de la medianoche, Richard Linklater ya había logrado la gran historia de amor cinematográfica de los últimos 20 años, con Boyhood consigue la coming of age movie definitiva.



Interestelar

La odisea espacial de Christopher Nolan, con toda su solemnidad, exageración, complejidad, caprichos y ese compromiso con el entretenimiento cerebral que lo caracteriza multiplicados por años luz. Durante casi tres horas, Interestelar nos lleva de la crisis climática y el apocalipsis en la Tierra a la búsqueda de la salvación en nuevos mundos por agujeros negros, paradojas existenciales, ecuaciones matemáticas y otras dimensiones para descubrir que, en el universo, el amor es más fuerte que el tiempo y la gravedad. Para los que veneramos su cine, esto es Nolan al infinito punto rojo. Para lo que no lo quieren, bueno: siempre hay infografías para ayudar a entenderlo.