domingo, 13 de marzo de 2016

Simply Red en la Argentina: alta fidelidad

La banda de Mick Hucknall repasó 30 años de hits en un concierto bellissimo.


Foto: Beto Landoni

Cualquier malpensado podría sospechar que fuimos vilmente engañados. Que el colorado, ya de vuelta de todo, puso un CD con sus greatest hits y nos timó con el lip-sync de su vida. Y es que cuesta creer que, con 55 años encima, Mick Hucknall tenga la voz intacta, impoluta tras tres décadas de escenarios, alcohol, drogas, sexo e hipotiroidismo, y reproduzca cada nota de los 18 de hits que repasó anoche con la fidelidad del compact disc. Pero sí: lo que se escuchó hace horas en el Luna Park fue real, vivo, caliente, rojo pasión y fiel a un sonido que, aún hoy, nadie se anima (o quiere) replicar.

Este regreso de Simply Red, cinco años después de la “separación”, encuentra al vocalista asentado como hombre de familia y en paz con su legado. “He dejado de preocuparme por la crítica; ya no me molesta más y me siento más cómodo con lo que hago de lo que me he sentido siempre”, dijo. Y el último disco, Big Love, es apenas una excusa para darle título a una gira de retorno cargada de clásicos que se hacen aún más grandes ante la destacada ausencia de nuevos exponentes del blue-eyed soul en la música británica.

Así, éxitos propios (“Holding Back the Years”, “The Right Thing” y “Something Got Me Started”), como apropiados (“It’s Only Love”, “Money's Too Tight (to Mention)” y “Ain't That a Lot of Love”, exclusivo del setlist local) se hacen muy presentes, más que pasados de nostalgia, sin necesidad de arreglos modernos: todos apegados a su historia, con una banda justísima y un Hucknall dicharachero, empecinado en hablar con el público en italiano (que domina gracias a sus viñedos en Sicilia), que metió cada sonido en su lugar.

Hubo reggae blanco con “Night Nurse”, acústica al hombro en “Holding Back the Years”, mapa estelar de fondo para “Stars”, batucada psicodélica en “Fairground”  y un cierre con el romanticismo del público en la Luna para “If You Don’t Know Me By Now”. Sí, este es el Simply Red que conocemos, Mick. Tante grazie, amico colorado. Non cambiare mai.

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viernes, 11 de marzo de 2016

Jorge Boimvaser: “Decir que el Indio no quiere a su gente es una pelotudez”

Antes de una nueva “misa” de Solari, el escritor ricotero defiende al cantante, habla de su pasión por la banda y de la nueva reedición de “A brillar mi amor”, libro de culto para la feligresía redonda.



Jorge Boimvaser es un reconocido periodista que, cuando no está investigando escándalos políticos o destapando operetas de los servicios de inteligencia, se lo puede encontrar en los recitales del Indio Solari y de Skay. Y, mucho antes, en los conciertos de Los Redonditos de Ricota. “No me imagino ningún escenario mío al margen de un escenario de los Redondos; obviamente, con ellos arriba y yo abajo. Lugar donde tocaban, yo iba, al punto que tengo encima más de 150 misas”, dice, orgulloso, con una voz añeja que bien podría ser la del “Héroe del whisky”. 

Como uno de los primeros seguidores de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Boimvaser conoció desde el campo cómo se desarrolló el fenómeno social y cultural que rodeó a la banda, en su momento, y continúa extendiéndose hoy alrededor de sus exintegrantes. Desde ese lugar, escribió en 2000 A brillar mi amor, un libro construido a partir de relatos y testimonios del público ricotero que, más que una biografía, se ha convertido en una “mitología no autorizada” fundamental para entender la pasión popular por el legendario grupo.

“A mí no me interesaba saber qué hacía el Indio cuando era chico o a qué jugaba Semilla Bucciarelli en el colegio. Lo que yo tenía era una biografía desde el mismo público: historias que jamás me hubiera imaginado que pudieran pasar, casi sobrenaturales, que no tienen una explicación lógica”, revela el autor. En el libro (que acaba de reeditarse, una vez más, en una versión actualizada y ampliada) pueden encontrarse diversos relatos con un enfoque “metafísico, esotérico, místico e, incluso, paranormal”: desde un niño que conoce los temas de la banda porque los aprendió en el vientre materno, a una ciega que comienza a ver cuando su novio la suelta en el “pogo más grande mundo”. Lisiados que, de golpe, se levantan de su silla de ruedas para cantar, o tiernas historias de “desangelados” que encuentran el cariño, la compañía o la comprensión negadas en el seno de la feligresía ricotera.

¿Cuándo y cómo entrás en contacto con la música de los Redondos y comenzás tu vínculo con la banda?
En 1984, vuelvo a la realidad de la Argentina sin la bestialidad genocida de los militares y había estado muy alejado del rock. Estuve en la clandestinidad y, en esa época, había dos lugares muy peligrosos para ir: los recitales y los hoteles alojamiento. Con lo cual, pasé del 76 al 82 sin coger ni escuchar rock. Todos se ríen, pero fue una desgracia.

Era un momento en que había muy pocas radios que difundían rock, y uno no tenía mucho acceso a esa música: había que ir a lugares para escucharla. Yo no encontraba nada que me moviese el amperímetro, nada que me conmocionara con en los años 70, con el nacimiento de Manal, Almendra, Miguel Abuelo y toda esa movida muy linda y mística. Hasta que un día fui a Cemento a ver de qué se trataban unos “Redonditos de Ricota”, y vi el circo que armaban: uno se ponía en bolas, había striptease, estaban los monólogos de Enrique Syms… Y escuché dos o tres temas que me dijeron que a esta banda la tenía que seguir. El Indio tenía la costumbre de subirse al escenario y decir “ayúdenme a cantar porque tengo la garganta cascarita”. Y yo pensaba, “la puta madre, me levanto a las seis de la mañana, son las doce de la noche, vengo a escuchar una banda para sacarme toda la resaca del laburo y ¿este tipo me pide que lo ayude a cantar?”. Creo que muchos lo queríamos matar. Pero eran como esa mina que sabés que te va a joder, y vos volvés igual. Eso me pasó con los Redondos. Y ahí comenzó todo.

¿Cómo fue cambiando el  público de los Redondos? En el libro decís que se fueron los intelectuales y llegaron los fieritas…
Eso fue en los 80. En esa época, lo que hoy se dicen “progres” antes se llamaban “psicobolches” que, si querés que te los defina, eran la izquierda en falsa escuadra. Como Carta Abierta, el último engendro de progres que hubo en la Argentina, con todos estos supuestos bochos kirchneristas que se juntaban para decir pelotudeces y justificar lo injusticable. Bueno, ese tipo de público, muy parecido, fue el que estaba alrededor de los Redondos. Hasta que, de pronto, en un fenómeno muy difícil de analizar, empezaron a llegar chicos, los que el Indio llama “los desangelados”; un poco las víctimas de dos procesos muy jodidos: primero, la Dictadura, que dejó muchos más huérfanos de lo que se cree. Y, después, del menemismo, que trajo su secuela de indigencia. Todo ese público comenzó a sentirse bien en el ámbito de las reuniones ricoteras. Hoy día, el único ámbito de pertenencia que tienen cientos de miles de chicos es alrededor de los Redondos: desde bandas tributo hasta las grandes presentaciones del Indio, pasando por las redes sociales.
Cualquier persona hoy enciende una computadora a la mañana en su casa y no tiene a alguien que le dé bola o que lo salude. Y vos siempre te vas a encontrás que en las redes hay una cantidad enorme, más que nada de mujeres (porque las ricoteras tienen un alma maternal única), que les dicen “Redondo: que tengas un buen día”. Yo no sé en cuantas actividades de la Argentina se produce un fenómeno así.

También subrayás esa dialéctica religiosa que gira alrededor de los Redondos y, ahora, del Indio. Y eso de hablar de “religión ricotera”, de “misas paganas” con “feligreses” suele ser muy criticado no solo por parte del público y la prensa, sino también por un sector del rock...
Uno de los primeros que empleó esa dialéctica referida a los Redondos y la espiritualidad fui yo. Uso “feligresía” porque no me gusta la palabra “fan”: el fanatismo para mí es irracional y todos los ricoteros sabemos por qué estamos alrededor de este fenómeno.
La palabra “misa” viene de una historia que me concierne directamente. Allá por el ochenta y pico, había empezado a salir con una chica que solía quedarse a dormir en mi casa. Un día le dejé la llave, comida en la heladera y le dije: “Acá tenés todo, me voy a ver a los Redondos”. Ella me decía que no fuera, que no la dejara. Y terminé contestándole: “Hoy hay misa, y a misa no se falta”. Me respondió que estaba loco, la puse en un taxi y se fue. Después, conté esto en una mesa de borrachines y un periodista (que, si no me falla la memoria, es Daniel Ares) me dijo: “¿Así que vos dejaste a una mina por una misa, y la misa era un concierto de rock? Eso yo lo escribo”. Y, a partir de ahí, se comenzó a instalar la palabra.
Mirá: la prensa puede decir lo que quiera. Después han aparecido algunos otros tipejos, tipitos, que cuando andan faltos de prensa, porque nadie les da bola, salen a atacar al Indio a ver si tienen repercusión. Por ejemplo, Alfredo Casero, que sale con eso de que el Indio vive en Nueva York. ¿Y a mí qué carajo me importa dónde vive el Indio? ¿Qué carajo me importa lo que hace el Indio con su plata, si no trabajó para ningún gobierno? A mí me sacó la guita por la entrada y por lo que yo le compro.
En su momento, Eduardo de la Puente dijo: “El Indio no quiere a su gente”. Eso es una pelotudez. Yo a un artista le pido que me conmueva, no que me quiera. Cuando voy al cine a ver una de Ricardo Darín, no le pido al boletero un certificado de cariño de Darín para Jorge Boimvaser. ¡Es una pelotudez total!
¿Sabés qué? Hay mucho resabio de la vieja cultura rica que supone que la historia debe ser como ellos la ven o la sienten. Muchas veces escuché a supuestos intelectuales despreciar todo lo que es la pasión por el fútbol. A gente como [Jorge] Lanata y [Juan José] Sebrelli le gustaba decir que el fútbol es, supuestamente, para idiotas, porque los de la tribuna estamos en una zona de pobres, mientras los que están en la cancha son multimillonarios. Estos tipos no fueron contagiados por la magia de la gente que tiene pasión por el fútbol. Entonces, tienen envidia por no tener pasión por nada. Muchos de los que han criticado, dentro y fuera del ambiente musical, a los Redondos lo hacen porque no han podido sentir esa magia. No han podido meterse en la piel de la gente que está palpitando, por ejemplo, lo que va a ser la nueva misa del Indio este 12 de marzo.          
      
Pero también se atacan las contradicciones del Indio. Se lo tilda de demagogo, de hipócrita. Están instaladas estas cuestiones de que “se hace millonario arrastrando a los pibes pobres”, de que “se la gasta en Estados Unidos”, de que “dice que está cerca de la gente, pero vive encerrado, en un caserón”…
Todas esas son cuestiones secundarias hasta el momento en que uno escucha al Indio. Las canciones de Solari tienen algunas partículas mágicas, al punto que muchas de sus frases quedaron insertas en el inconsciente colectivo, como “vivir solo cuesta vida”, “lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir” o “violencia es mentir”. Son frases que se han instalado y se suelen usar en infinidad de actividades que no tienen nada que ver con la música.
Entonces, todo esto de si el Indio llega a los chicos marginales, o lo que sea, para mí es secundario. Yo le sigo pidiendo a un artista que me conmueva, y en eso el Indio jamás ha fallado. Si sentís el fervor en el alma que le ha producido a mucha gente la música de los Redondos, te olvidás de esas cosas.

¿Qué te parece la simpatía del Indio hacia el kirchnerismo?
Sobre eso no comparto absolutamente nada. Él puede hacer lo que quiera, yo no soy kirchnerista. Como me dedico al periodismo de investigación, conozco los trapos sucios y las inmundicias de los doce años de kirchnerismo que tuvimos. Eso, a lo mejor, el Indio no lo conoce. Como cuando le mandó una carta a Cristina, por intermedio de Aníbal Fernández, y la felicitó por haber luchado contra las corporaciones. Las peores corporaciones se instalaron en Argentina gracias a Cristina. Barrick Gold, que arrasa, ensucia y contamina el terreno; Chevron en materia petrolera, echada hasta de Ecuador por contaminación; y Monsanto, que nos envenena con sus agroquímicos y su porquería. Esas tres entraron al país de la mano de los Kirchner. Pero eso no me tiene que separar. No es que, a partir de ahora, “Juguete perdido” deja de gustarme porque el Indio es kirchnerista.

¿Lo conociste al Indio, lo pudiste entrevistar?
No. Nunca se dio la ocasión. Somos como dos náufragos que se saludan de barco a barco cuando se cruzan en el océano, y después cada uno sigue por su lado. El libro original quería terminarlo con una charla con él; me mandó un mensaje en su momento, de encontrarnos, pero fue como que iba a estar en la Antártida y yo en la Quiaca. En algún momento nos cruzaremos, espero que con un vino de por medio.

¿Hay algo que te morís por preguntarle?
Nunca lo creí, por eso nunca se lo preguntaría, eso de que “Tarea fina” estaba dedicada a Karina Rabolini. Hay una leyenda al respecto. Pero no le preguntaría eso, me parece una boludez. Pienso más en un encuentro informal, sin libreto. Es como si te fueras a encontrar con la mujer de tu vida, cosa que nunca va a pasar, porque siempre te cruzás con la equivocada.

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jueves, 10 de marzo de 2016

Cine: Críticas de "Leal", "La jugada maestra" y "A War: la otra guerra"

En "Con todo el país", recorrimos algunos de los estrenos destacados de esta semana. El film de la saga Divergente, la película sobre el ajedrecista Bobby Fischer protagonizada por Tobey Maguire y la obra danesa candidata a mejor film extranjero en los Oscar 2016.








martes, 8 de marzo de 2016

Fat White Family: conocé a la banda más asquerosa del rock

Hablamos con Nathan Saoudi, miembro de una familia inglesa muy normal.



«Lo único que sé de tu país es no apostar por Argentina en el Mundial y que comen más carne que nosotros», dispara Nathan Saoudi, así: directo, desfachatado y con un humor que raspa. Tal como esa banda de reventados de la que es tecladista, Fat White Family, acaso el grupo inglés más desagradable del momento.

Si se hace un rápido recorrido por lo que se ha escrito sobre ellos, se encuentran calificativos como «sucios», «grotescos», «enfermos», «vulgares», «indignantes» y «guarros». «Depende de Alá hacer esa valoración. Esos adjetivos pueden ser apropiados a veces, pero también tenemos una parte tierna que, si la acariciás, y la acariciás bien, produce la mejor imagen de la represión sexual», responde el músico, y agrega el «depravados» a la lista. ¿Es para tanto?

A ver, repasemos.  La prensa británica coincide en que ofrecen uno los espectáculos más shockeantes y escandalosos de la actualidad. El cantante y hermano de Nathan, Lias, se ha puesto en pelotas en el escenario, se masturbó y se cagó (literalmente) en vivo, embadurnó de harina al público y hasta llegó a patearles una cabeza de chancho (que, dicen, golpeó de casualidad a un vegano en la audiencia. Qué puntería). Hacen videos que te desafían a no vomitar (“Cream of the Young”) o en los que (también literalmente) te muestran el ojete (“Touch the Leather”). Tienen un disco revelación titulado Champagne Holocaust (con un cerdo comunista muy bien dotado en la portada) y canciones que llevan títulos como «Bomb Disneyland» y «Who Shot Lee Oswald?». Y, además, son una familia sin pelos en la lengua: Celebraron la muerte de Margaret Thatcher con un banner que rezaba «The Bitch Is Dead», dijeron que Alex Turner, de Arctic Monkeys, «es claramente un tarado» y amenazaron con unirse a ISIS «a no ser que Mac DeMarco se retire inmediatamente de la música y la vista del público».  Ah, y no bajarían canciones de Thom Yorke  «ni que nos paguen por hacerlo».

Se podría pensar que son una manga de bocones y provocadores, pero ellos apuntan a sacudir una escena que tildan de comercial. «Es inquietante la constante cantidad de porquería que logra estar en la radio o en festivales. El 99% del tiempo son puras pavadas.  Siempre habrá grandes bandas, pero, como vivimos en un vacío espiritual, no se las considera “comercializables”», opina, y reparte también pata los artistas históricos, como los Rolling Stones, que continúan ocupando los escenarios. «Los felicito por arreglárselas para seguir caminando y respirando. Más allá de eso, ir a uno de sus recitales es solo un viaje lamentable de nostalgia. ¿A cuánto están las entradas?», remata.

Encima, como si llamaran a los problemas aún cuando no los buscan, fueron incrédulos protagonistas del fatal 13 de noviembre pasado en París, cuando tuvieron que interrumpir su show en La Cigale por los ataques terroristas (ver el minuto 45 del siguiente video). «Recuerdo que me dijeron que parase de tocar en medio de una canción y que, luego, me puse a tomar hasta caer en un abismo rezando por la bomba. Todavía sigo rezando».


La NME dicen que suenan «tan oscuros, pervertidos y desagradables como los años 70». No está nada mal: este sexteto es una orgía lisérgica de carne psicodélica y sudor punk, y ofrece momentos en los que uno  bien puede imaginar a Frank Zappa, Sparks, The Fall y The Birthday Party como miembros de la Familia Manson. Es más: el guitarrista, Saul Adamczewski, tiene el proyecto paralelo Fat White Manson Family, donde toca covers del famoso criminal. Todo cierra.
«Si el sonido de la banda fuera una voz, sería esa voz que te recuerda “¿por qué?”, “¿para qué seguir?”, “¿por qué, hermano, por qué?” —intenta ¿explicar? Saoudi—. Y el estilo de esa voz, bueno… yo me imagino que sería como Sam Neil susurrándome».

Estos dementes acaban de editar su segundo álbum, Songs For Our Mothers, donde perfeccionan su fórmula retorcida y tóxica y se obsesionan con el fascismo (vean el video del single «Whitest Boy On The Beach» más abajo) en canciones como «Duce», «Lebensraum» y «Goodbye Goebbels». «Nos interesa la historia, esa historia que dio forma y destrozó el mundo tal como lo conocemos. No creo que sea sabio considerar los extremismos de la condición humana como algo que se haya ido para nunca más volver —aclara el tecladista—. El pasado tiene que ser revisitado, estudiado y usado. Los nazis lo llevaron al límite de lo absurdo. Todos sabemos lo que hicieron. Pero, vamos, ¡Hitler debería haber leído La guerra y la paz antes de intentar invadir Rusia! Qué tonto. Este nivel de absurdo debería ser ridículo. “Lebensraum” es sobre la ola de gentrificación, que está haciendo que gente como nosotros no puedan solventar un lugar donde vivir. ¡No es una oda a la política nazi!».

El disco también cuenta con la colaboración de un hijo ilustre, Sean Lennon. «Vino a nuestro primer concierto en los Estados Unidos, en Texas, y nos ofreció generosamente algo de comida mexicana, que no pudimos rechazar. Luego, cuando fuimos a Nueva York, no teníamos dónde quedarnos y nos dio lugar a todos. Es un señor y, también, un gran músico. Puede tocar cualquier cosa. No puedo decir nada malo de él, probablemente hasta le entregaría a mi mujer», confiesa Saoudi. Y viniendo de estos degenerados, seguro que es para tomarlo literalmente.


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viernes, 4 de marzo de 2016

Series: comentario del regreso de House of Cards

En "Con todo el país", por Nacional AM870, hablamos del retorno de Frank Underwood a las pantallas con House of Cards. Un adelanto de lo que veremos esta cuarta temporada.





jueves, 3 de marzo de 2016

Presentación de "Romaphonic Sessions", lo nuevo de Andrés Calamaro

En "Con todo el país", por Nacional AM 870, pinchamos lo nuevo del Salmón, que viene a ser el volumen 3 de sus célebres Grabaciones Encontradas.

Cine: críticas de "100 años de perdón" y "Horas contadas"

En "Con todo el país", por Nacional AM 870, comentamos los estrenos de 100 años de perdón, protagonizada por Rodrigo de la Serna, y Horas contadas, estelarizada por Chris Pine y Casey Affleck.




martes, 1 de marzo de 2016

Entrevista a Wild Nothing: Fuerza natural

Jack Tatum habla sobre su nuevo y “orgánico” disco y la dualidad de ser solista en el estudio, pero banda sobre el escenario.



Jack Tatum atendió el teléfono dos días d.B. (después de Bowie). Y, claro, era imposible no empezar hablando del acontecimiento que ya definió una nueva era. “Su muerte tuvo un impacto enorme en mí. No puedo pensar en otro artista que haya dejado el mismo legado cultural y musical —dice a Generación B, todavía golpeado por la noticia—. Fue tan influyente para tantas personas diferentes. Las cosas que amo de él no son necesariamente las que otros considerarían. En cierta manera, creo que proyectamos lo que queremos ver en nuestros ídolos. Tengo un gran respeto por las distintas fases de su carrera, aunque su teatralidad no fue lo que me atrajo. Elijo pensar sobre la persona real detrás del personaje”.

Tatum,  la persona real detrás del nombre Wild Nothing, es de esos artistas que, muy probablemente, no existirían en un mundo sin David Bowie. Un músico que, salvando todas las distancias y comparaciones, fue definido por personalidades como la del ex Duque Blanco: inquietas, con formación intelectual, con avidez por la experimentación y, sobre todo, con una aversión innata por las etiquetas. “Me aterra  la idea de ser solo una cosa o ser de un solo género. Y sin importar si lo consigo o no, sé que mi única esperanza de lograrlo es reinventarme constantemente —dijo a la prensa—. Esa reinvención no tiene que ser drástica, pero cada disco nuevo tiene que tener su identidad y un grupo de metas diferente de los anteriores”.

Hasta ahora, sus trabajos vienen cumpliendo ese objetivo. Gemini (2010), el debut que grabó mientras aún estudiaba en la Virginia Tech University, sorprendió a público y crítica con su sofisticado indie-pop soñador. El cerebral y más electrónico Nocturne (2012) fue un salto hacia el profesionalismo (“quería que fuese lo más resoluto y prolijo posible. Es el resultado de mi esfuerzo para que todo quedase armadito y con un lindo moño”, revela). Y ahora, llega el ¿natural? Life of Pause, su disco más orgánico hasta el momento. “Sí; esa idea fue la que condujo todo el proceso de este disco. Quería que existiera una relación real y tangible entre los instrumentos que consideramos vivos y la menor presencia humana de sintetizadores  —explica—. Todos estos instrumentos aparecen en el álbum: marimba, saxo, piano, pero nos esforzamos para que hubiera algo extraño en ellos. Trabajamos un montón de sonidos por capas, melodías que podían repetirse en saxo y teclados para que pudieran convertirse en algo nuevo. Cosas por el estilo”.

Se suele decir que el tercer álbum es el más difícil. ¿Cómo fue la experiencia con Life of Pause?

Creo que hay algo sobre el tercer disco que se siente como un paso muy importante para un artista. En cierta manera, la gente trata el segundo álbum como una especie de test para ver si el primero fue una casualidad. Y está la sensación de que tenés que probarte a vos mismo con el tercero. Quería que Life of Pause hablara desde el lugar en el que estoy ahora en mi vida, personal y creativamente. Pero también deseaba que fuera una declaración de mis intenciones. Quiero seguir haciendo música y deseo que cada disco se sienta como un empuje hacia nuevos territorios.

¿Cómo vivís esta dualidad de ser un artista solista en el estudio, pero una banda en vivo?

Puede ser un poco confuso. Creo que, a veces, la gente no sabe qué hacer porque, en esencia, estas canciones soy yo. En ese sentido, Wild Nothing es un proyecto solista, pero también es muy dependiente del contexto. He tenido la suerte de tocar con gente que realmente apoya lo que hago y respeta la situación. Es por eso que pienso Wild Nothing como una banda en nuestros shows. Pero la verdad es que, cuando se trata de grabar, tiendo a tener una visión muy singular que hace difícil invitar a otros.

¿Pensaste en trabajar como una banda también en el estudio, componer un álbum en forma más colaborativa?

Por supuesto que lo que considerado, pero por la forma en la que trabajo eso no ha pasado.

Grabaste con Jorge Elbrecht (Violens) y Jacob Portrait (Unknown Mortal Orchestra), pero esos temas no terminaron en el álbum. ¿Por qué?

Son cosas que pasan. Hay algunas canciones que  encuentran una manera de despegar y convertirse en algo claro, mientras que otras se estacan. Siempre tengo que considerar cómo los temas funcionan juntos y, al final del día, lo que termina en el disco es lo que se siente más acertado.

Estuviste en Argentina en noviembre pasado, hace muy poco...


¡Sí, estuvo increíble! Nuestro show en Buenos Aires junto a DIIV fue uno de los más divertidos que pueda recordar, en serio. Experimentamos una calidez muy real en Argentina, una comida maravillosa y gente muy genuina. No sé cuándo ni dónde, pero espero que podamos regresar lo antes posible.


lunes, 29 de febrero de 2016

Entrevista a James Jagger: de tal palo…

Charla exclusiva con el hijo de Mick y protagonista de Vinyl, la nueva serie de HBO.



“¿De Argentina? Justo intercambiamos mails con mi viejo y me contó que la está pasando genial allá”. Mientras Mick Jagger paseaba por Palermo y revolucionaba el país, su hijo James está del otro lado del mundo y del teléfono, trabajando para Vinyl, la nueva serie que lo tiene como una de sus estrellas.
La apuesta de HBO se interna en el mundo de la música de los años 70 desde la historia de Richie Finestra (un genial Bobby Cannavale), presidente de una discográfica a la que intenta salvar de la ruina mientras debe lidiar con sus demonios personales, los excesos del rock y un crimen que pondrá en riesgo todo. La serie fue creada y producida por Mick Jagger, Terence Winter y Martin Scorsese, quien dirigió un primer episodio doble que, más que piloto, resulta una desaforada película sobre la locura, la codicia y la corrupción del musicbiz.

“Vinyl trata sobre la maquinaria de la industria musical, y se ubica en una época muy interesante en materia cultural en Nueva York, que marcó un cambio de paradigma — explica James—. Reinaba el sentimiento de que estabas empezando algo nuevo con todos esos artistas y estilos que salían del underground. No conozco otro tiempo en el que hayan pasado, en términos de música popular, tantas cosas, tantos géneros, todo en un mismo lugar”. El actor interpreta a Kip Stevens, el reventado líder de los proto-punks Nasty Bits, banda que podría significar una salvación para el alicaído sello de Finestra, quien está en la búsqueda casi existencial de un nuevo sonido (y una nueva vida).

¿Recibió James algún consejo de papá, estrella indiscutida de aquellos inspirados y agitados años? “Sí, me ayudó a hacerme una idea de cómo era Nueva York en 1973, lo interesante que era y por qué. A él le encanta la historia y contribuyó con muchas cosas para mi personaje”, respondió. El parecido con su majestad satánica sorprende y más de uno va a creer haber visto a un joven Mick en algunas escenas, como si se hubiera escapado ayer de sus películas de los 70, Performance o Ned Kelly.

Sin embargo, el apellido Jagger tiene un peso y James no niega que su inclusión en el elenco trajo comentarios y miradas maliciosas al ser su padre el productor de la serie. “Seguro que despertó algunas suspicacias, pero yo audicioné como cualquier otro —se defiende—.  Me grabé en Londres haciendo algunas escenas del programa y lo mandé. Después, tuve que ir a Nueva York a reunirme con la directora de casting, para hacer una prueba ahí. Un tiempo después me llamaron para avisarme que estaba dentro. En última instancia, creo que si hubiera sido malo no habría conseguido el papel”.

James tiene pasta de rockstar. Lidera una banda, Turbogeist, aunque parece estar en un parate indefinido (“ya no estamos tocando, así que veremos… Yo escribiendo algunas canciones por mi cuenta con un amigo”, dice), y ya interpretó a un músico en la película sobre Ian Dury Sex & Drugs & Rock & Roll (2010). “Siempre me gustó el cine. Desde chico que quise estar metido en algún aspecto de eso. Pero la actuación no me pareció una opción hasta que cumplí los 16 o 17”, revela.

Vinyl representa su debut en la televisión y un salto a los primeros planos de la mano de quien es, ni más ni menos, uno de los directores más importantes de la historia. “Martin Scorsese está lleno de energía. Es contagioso, tiene tanto entusiasmo por lo que hace. No podés evitar quedar impresionado con que un hombre de su edad tenga tanta pasión —cuenta, con admiración y mucha incredulidad por lo que está viviendo—.  Todo esto es muy surrealista: es lo primero que se me viene a la cabeza para decir. A veces, me tuve que pellizcar, porque no lo puedo creer”.



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jueves, 25 de febrero de 2016

Adelanto: llegan al país miles de discos en vinilo

Warner y Universal traerán unas 30.000 unidades de títulos internacionales. Además, se reeditarán trabajos de Vox Dei, Serú Girán y Miguel Mateos.



La fiebre negra no se detiene. Luego de la primicia de Generación B de que se comenzará a fabricar vinilos en la Argentina, y tras la reedición en ese formato de obras fundamentales del rock nacional, más toda la discografía de Gustavo Cerati, en las próximas semanas arribarán a las disquerías locales miles de títulos importados. 

Warner Music confirmó a Generación B que traerá títulos de más de 30 artistas internacionales, desde clásicos hasta últimos lanzamientos. “El tema de los vinilos estuvo atado, al menos hasta ahora, a los vaivenes de la importación. Hoy, el panorama es que pudimos ingresar 20.000 unidades, la mayoría en vinilo — explica Juan Cibeira, responsable de Promoción del sello—. Estamos completando la edición de ciertos artistas que estuvieron demorados, como por ejemplo los álbumes de Led Zeppelin Presence, In Through The Out Door y Coda. También estará disponible Phil Collins, con la serie de relanzamientos de su discografía solista remezclada, que incluye Face Value, Both Sides y Take A Look At Me Now Collector’s Edition, que es un mix de los dos discos en un box con tres vinilos”.

Además, vendrá lo último de Coldplay (A Head Full of Dreams), Iron Maiden (The Book of Souls) y Enya (Dark Sky Island), en diferentes ediciones. El listado también menciona joyas del catálogo de Warner como Space Oddity, de David Bowie; Blue Valentine, de Tom Waits; y los debuts de Eagles y The Doors, además de trabajos de Foals (Holy Fire); Royal Blood (idem); Air (Moon Safari); Green Day (Insomniac) y Bruno Mars (Unothodox Jukebox). También habrá algunos must para los ochenteros, como Scoundrel Days, de A-ha; 1987, de Whitesnake; Private Dancer, de Tina Turner y Hatful of Hollow; de los Smiths.

“El vinilo es un mercado muy interesante que, sin ser tan masivo, está creciendo a partir de la importación regular, aunque todavía no hay una oferta normal de las nuevas bandejas tocadiscos, que también atraviesan las mismas restricciones a la importación —cuenta Cibeira—. En Chile, la importación abierta de estos reproductores, con modelos nuevos a precios accesibles, brindó un gran impulso al consumo de vinilos”.

Por su parte, Universal hará lo suyo con su inventario de pesos pesados. Si bien no hay información oficial, fuentes vinculadas a la discográfica dijeron que ya arribaron al país más de 15.000 unidades de grandes títulos, entre ellos diversos álbumes de The Beatles, The Rolling Stones, Queen y Bob Marley, que “estarán a la venta el mes que viene”. Se rumorea que la empresa planea un evento presentación, similar al “Día de los vinilos” que organizó su competidora Sony Music el año pasado por la reedición de algunos emblemáticos del rock argentino en ese formato.

Además, la recuperación del catálogo del histórico sello Music Hall permitirá que más obras nacionales vean su versión en 12 pulgadas. Por lo pronto, La biblia, mítico trabajo de Vox Dei, resurgirá en edición doble, como la original de 1971. También se lanzarán los dos primeros discos de Serú Girán y el célebre Rockas vivas de Miguel Mateos/ZAS, que alguna vez fue el álbum más vendido del rock local. ¿Podrá la vuelta del vinilo revivir ese éxito?

Los títulos se sumarán a ediciones puntuales, como la que Babasónicos hizo días atrás de Vedette, su compilado de lados B del álbum Babasónica, en una edición de vinilo de 180 gramos transparente. Habrá que ir preparando la billetera.

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