martes, 16 de agosto de 2011

Erasure en el Luna Park: puto el que lee (y no fue)

El dúo tecno pop sacó del clóset el placer culposo de toda una generación y lo puso a bailar en un show para el recuerdo; hoy la fiesta del reencuentro continúa: andá, no seas marica.
Foto de Leo Liberman

"Yo tenía Wild!", una confesión al paso que escucho en el ingreso al campo. Yo también teníaWild! La mayoría de los que vinimos esta noche teníamos Wild! Quizás, después, terminó en alguna cueva de discos, como canje o parte de pago por Nevermind o el álbum negro de Metallica (porque así son los gustos cuando sos adolescente). O por ahí quedó oculto entre la nostalgia y la vergüenza en la torre de CD de casa (porque así de pudorosos nos ponemos de grandes). Pero todos teníamos Wild! Y hoy, más de dos décadas después, todos vinimos a recuperar algo de ese disco, a asumir aquello que Erasure supo darnos y significó. Y aquí estamos y aquí están ellos, a 14 años de su última y desapercibida visita, ahora sobre las tablas de un Luna Park atiborrado de recuerdos y ansioso por reencuentros. Un regreso con gloria.
Lejos de su look diva electro-trash, con esos trajes que desafían las ventas de garaje de Elton John y Liberace juntas, Andy Bell subió al escenario apenas con un saco de lentejuelas rojo y pantalón negro, acaso el after de la intervención de un Queer Eye for the Camp Guy.Atrás, la inconmensurable figurita de Vince Clarke, firme tras su PowerBook y un controlador, disparando secuencias cual confeti, dando rienda suelta a un kindergarten sonoro para los calientes y frágiles de corazón. La escenografía completó la sobriedad kitsch: un enorme logo de Erasure circa 1991, como pastilla gigante para remediar el desamor con (p)optimismo.
"Hideaway" y "Breath of life" soltaron las primeras alegrías y globos entre un público de fiesta.
"Tengo la boca seca, voy a tomar un poco de té", dijo Bell, en un más que digno castellano, y la infusión calentó una de las mejores gargantas del pop actual que no flaqueó una sola nota en todo el show. Su voz hirvió con "Fingers & Thumbs (Cold Summer's Day)", "Always", la gran balada "Ship Of Fools" y los quemapistas "Victim Of Love", "Chains Of Love" y "Sometimes". ¿Tecno? ¿Dance? Sí, pero "Push me, Shove me", "Knocking On Your Door" y "Who Needs Love (Like That)" demuestran que el código binario de Erasure es, por sobre todo, disco. Celebrate good times, come on!
Afuera, el mundo es una revuelta de violencia, represión y muerte, pero aquí, la tragedia solo la pone el teatro de Andy Bell. El Luna, esta noche, es otro planeta, habitado con personas unidas por tiernas melodías de una banda que invita a "vivir en armonía", "mirarse a los ojos", "mecerse hasta quedar dormido en los brazos" del otro y "enamorarse como niños". Agente, agente: arréstenos pronto por ser tan inocentes.
Esta sensiblería infantil tuvo un especial acento argentino que escapó del usual setlist en esta gira de éxitos: "Breathe", con su primera estrofa cantada en español, y una versión "de fogón" de "When I Needed You", tema que en el extranjero apenas es un lado B del single "Ship Of Fools", pero que en nuestro país la radio Z95 transformó en un hit de igual talla.
Más tarde, llegarían la histeria plástica de "Drama!", el estreno de "Save Me" (espíritu soul y pulso bass beat para lo nuevo del dúo), la ironía de "Love To Hate You" (quizás, el mayor flirteo lírico y musical de Erasure con los Pet Shop Boys), la conciencia green de "Chorus" y "Oh L'Amour", con un público ya devenido en desvergonzados barrabravas del melodrama y "El Palacio de los Deportes" transformado en el emporio del cotillón.
"Stop!" fue la última señal en este viaje en el tiempo y el "Weeeee'll beeee together again." de Bell sonó como invitación final a reencontrarse no solo con una banda, sino con la felicidad de esos momentos de despreocupada desfachatez, de aquel pedo en Bariloche, del blooper casamentero, o del chic@ que te apretaste en algún boliche. El regocijo y orgullo de abrazar fuerte tus debilidades más grasas, la alegría de ponerte esa camisa floreada que amás y dejaste encerrada en el clóset solo por las miradas suspicaces de los demás, junto al placer culposo de disfrutar estas tontas canciones que se te pegaron a la piel como brillantina.
Yo salí a reencontrarme con mi copia de Wild! El 126, acá enfrente, me deja donde la dejé, cerca del Parque Rivadavia. En la parada, con la llovizna calmando la fiebre en los pies, otra confesión al paso acusa, vía celular, el resumen de una noche para el recuerdo:
- ...Estuvo buenísimo. ¿Bolú, por qué no viniste?... Sos un maricón.


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