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lunes, 21 de marzo de 2016

Entrevista a Steven Wilson: “Está muy arraigado que ya no tenés que pagar por la música”

Antes de su show en Buenos Aires, el último genio del prog promueve el audio en alta calidad para combatir la piratería y critica la alienación de las redes sociales: “Todos están muy absortos en su propia vida”.




Desde hace casi 30 años, Steven Wilson viene desdibujando las fronteras entre art rock, psicodelia, electrónica, krautrock, folk, jazz fusión, ambient y, claro, el más clásico rock “progresivo”. Pero, más bien, él es un artista progresivo del rock: esos pocos tipos que siguen entendiendo la música como una forma evolutiva sin restringirse necesariamente a una categoría afín a virtuosismos y extravagancias de 22 minutos con dragones o distopías futuristas.

Su nombre emerge detrás de bandas como No-Man, IEM, Bass Communion, Storm Corrosion, Continuum, Blackfield y, fundamentalmente, Porcupine Tree, el celebrado cuarteto que supo reunir lo mejor de Pink Floyd, Rush y King Crimson.

Polifacético y prolífico como pocos (lleva editados, entre todos sus proyectos, unos 40 discos de estudio), desde hace unos años está concentrado en su carrera solista. Apenas entre 2013 y 2015, pasó de un sobrecogedor trabajo basado en relatos de fantasmas (The Raven That Refused to Sing) a un álbum conceptual inspirado en la historia real de una joven británica cuya muerte fue ignorada durante más de dos años, hasta que hallaron su cuerpo en la habitación que alquilaba en pleno Londres (el brillante Hand. Cannot. Erase). Un relato que le sirvió para volver a poner su mirada crítica sobre la alienación del social media y la supuesta vida interconectada que llevamos, temática recurrente en su discografía.

Ahora retornará a Buenos Aires, este martes 22 en Groove, para presentar 4 ½ , su cuarto trabajo y medio en la forma de un EP de “canciones huérfanas” que son una excelente excusa para reencontrarse con este verdadero bocho contemporáneo.

¿Por qué la historia de Joyce Vincent te impactó tanto como para inspirar todo Hand.Cannot.Erase?
Hay algo en esa historia que tiene que ver con vivir en el siglo xxi, con cuán aislado se puede estar aun viviendo rodeado de seres humanos. Y creo que es algo que está en crecimiento. Hay muchas historias, tanto de hombres como de mujeres, que esencialmente se están volviendo completamente alienados, separados de otras personas. Me parece algo bastante sintomático del mundo digital, de las redes sociales, de la tecnología y del hecho de que todos están muy absortos con su propia vida. Son personas que esencialmente están desapareciendo a pesar de vivir entre nosotros. Creo que es una historia moderna, de lo que significa estar vivo en esta época.

¿Cómo fue tener que escribir desde una perspectiva femenina?
Fue un desafío. No sé cuán bien me salió [risas]. Este es el álbum más popular que escribí, y las mujeres son la mitad de la población. Así que estuvo bastante bien. Pero creo que lo que pasa es que, al fin y al cabo, hay mucho de esa historia que no es específico de las mujeres. El aislamiento es algo universal.

¿En qué maneras 4 ½ conecta tu trabajo anterior con el próximo?
Creo que tiene que ver más con cómo se vincula con el último y no con el disco que vendrá. En realidad, está formado con lo que yo llamo mis “canciones huérfanas”, que son las que no encajaban en ninguno de los otros proyectos. Unas las escribí originalmente para Hand. Cannot. Erase.; otras, para The Raven That Refused to Sing. Y no se usaron, pero eso no quiere decir que no estuviera orgulloso de ellas, sino que simplemente no encajaban conceptual o temáticamente en esos discos. Pero sí creía que eran sólidas y quería darles la oportunidad para que brillaran. Así que, para mí, es más bien un lanzamiento que acompaña a Hand. Cannot. Erase. y significa dar vuelta la página y pasar a una nueva dirección para el próximo álbum. Todavía no sé cómo va a ser: será una sorpresa para mí también.

¿Ya estás componiendo?
Recién acabo de empezar. Tengo unas ideas básicas. Escribí unas seis o siete canciones, pero solo dos me gustan [risas]. Pero eso es normal en mí: siempre escribo mucho más de lo que necesito, especialmente en los inicios de un proyecto. Y así, experimentando se puede decir, encuentro la dirección correcta. Todavía es demasiado pronto para decir algo, salvo que va a ser muy diferente. No me gusta repetirme. Y quiero sacarlo para noviembre del año que viene —faltan todavía casi dos años— porque voy a cumplir 50. Y es un gran hito en mi vida cumplir medio siglo en este planeta. Por eso, quiero lanzarlo en celebración de mis 50 años. En esa etapa, como que tenés que reconocerte a vos mismo que, probablemente, ya pasaste más de la mitad de tu vida, estás más cerca de la muerte que del nacimiento. Bueno, ya lo estoy ahora… tengo 48 años [risas]. Pero cumplir 50 es muy significativo.

Te suelen mencionar como un símbolo del rock “progresivo”, pero a vos no te gusta esa categoría…
No es que no me guste esa etiqueta en particular. No me gusta ninguna etiqueta. No tengo un problema especial con usar ese nombre para denotar un tipo de música. Pero no me gusta la idea de que la música que hago es en algún modo genérica, de que encajo en una casilla. Mi música tiene elementos de la electrónica, del ambient, de la música de cantautor y también del progresivo de los años 70. Pero creo que es mucho más que eso. Hay un componente que tiene que ver con contar historias, que la gente asocia con el denominado rock progresivo, la idea del álbum conceptual. Y, por supuesto, eso tiene una fuerte presencia es mi música. Pero, en definitiva, me resisto a todo tipo de categorización porque no me gusta la idea de estar haciendo una clase de música específica.

Sos promotor de la grabación en alta fidelidad y de las mezclas surround, pero la mayoría de los artistas hoy graba en estándares inferiores porque el público suele escuchar en MP3 mientras viaja en subte o en el auto. ¿La manera en que disfrutamos la música condicionó y limitó la forma de grabarla y, en consecuencia, su calidad?
Ciertamente, no debería pasar eso. Me parece que uno siempre aspira a la mejor calidad, y tenés que pensar siempre en los fans que quieren escuchar tu música en una buena resolución. No se esperaría que un cineasta dejase de filmar en 35 mm o alta definición solo porque la mayoría de la gente termina viendo las películas en una laptop. De igual manera, no esperarías que un pintor dejara de usar lienzos porque,  total, la gente va a ver las obras en la computadora. Creo que, como artista, en última instancia, siempre estás tratando de complacerte a vos mismo. Yo creo en el audio de alta fidelidad. Y creo que es un público pequeño, pero que está creciendo, porque hay gente como yo que anima a las personas a escuchar y experimentar la música en la mayor calidad posible. Y si hacemos eso, entonces, más gente la va a descubrir y disfrutar. En ellos pienso cuando hago mis discos.

¿Qué opinas de servicios de streaming como Spotify, en particular en términos de lo que se le paga a los artistas?
Creo que es feo. Ni siquiera me preocupa lo de la plata, sino la calidad de la experiencia. Y volvemos a tu pregunta anterior. La gente está escuchando música en una muy baja calidad. El aspecto monetario, por supuesto, es absurdo. Creo que el tema es más amplio y va más allá del streaming: está muy profundamente arraigado en la psiquis de los seres humanos que ya no tenés que pagar por la música, que es algo gratis. Eso es un problema y no sé cómo se puede revertir, porque en los últimos diez años es algo que se afirmó en la nueva generación. Y esta es otra razón por la cual creo en promover la alta resolución: porque la gente que aún cree en el audio de alta calidad es también la que aún cree que hay que pagar por la música, ya sea en vinilo, en Blu-ray, en CD, en una edición especial… Me parece que esa actitud en el público es algo que tenemos que cultivar. Y la mejor manera de hacerlo es ofrecerles formatos de audio con una calidad hermosa. Ese sería el antídoto a la filosofía de baja resolución del streaming.  

Se sabe que una de tus cuentas pendientes es hacer música para películas. ¿Cómo es que todavía no se te dio?
Quizás sea mi ambición incumplida número uno. Hace rato que tengo ganas. Toda mi vida me dijeron que mi música es muy cinematográfica, que iría muy bien para una película. Yo también lo creo. Pero, hasta ahora, no recibí ninguna invitación. Es una lástima, porque me encantaría.

Giorgio Moroder hizo la música para Metrópolis, los Pet Shop Boys para El acorazado Potemkin. ¿Qué clásico elegirías para hacerle un soundtrack?
Un perro andaluz, de Luis Buñuel y Salvador Dalí, es una de mis películas favoritas. Y si la mirás, te das cuenta de que el soundrack original como que queda mal con las imágenes. Al menos, yo siempre sentí eso. Y me encantaría hacerle una nueva música.

Esta va a ser tu cuarta visita a Buenos Aires…
Sí, y siempre quedo gratamente sorprendido por la pasión y el entusiasmo que los fans argentinos sienten por mi música. La primera vez que fui a la Argentina ya llevaba veinte años de carrera, no me habían invitado antes. Y no tenía ni idea de que hubiera tanta gente apasionada por lo que hago. Así que fue un shock, una sensación maravillosa. Siempre espero con ansias poder volver a Buenos Aires, es uno de los destinos más esperados en cualquier gira.




miércoles, 15 de mayo de 2013

Entrevista a Steven Wilson: “No existe música completamente moderna”

El líder de Porcupine Tree regresa por segunda vez a Buenos Aires para presentar su nuevo álbum solista. Pasiones, fantasmas y accidentes del último genio progresivo.



Empecemos por metal, psicodelia, art rock, electrónica, krautrock, jazz fusion, post-punk y ambient. Luego, pasemos por una variedad de instrumentos que van del piano y la guitarra, al arpa, el sampler y el banjo. Ahora, terminemos con bandas como Porcupine Tree, No-Man, Storm Corrosion, IEM, Bass Communion, Continuum y Blackfield. Lo que aparece, como esos dibujos que se arman siguiendo puntitos numerados con el lápiz, es una silueta finita, con anteojitos y pelo largo, casi una versión oscura del famoso doodle de John Lennon. Es otro inglés: se llama Steven Wilson, tiene 45 años y es el último genio progresivo del rock (y no del rock progresivo, etiqueta que él desconoce).
Inquieto, prolífico y polifacético, ha incursionado, mezclado y borrado los límites de todos esos géneros desde todos esos proyectos musicales, tanto arriba del escenario como en su rol de productor e ingeniero para otros artistas (ah, también hace eso). Pero, posiblemente, sea más conocido como líder de Porcupine Tree, el celebrado cuarteto capaz de reunir lo narcótico de Pink Floyd, la riqueza de King Crimson y la potencia del Rush más perverso con temáticas “conceptuales” críticas de los medios masivos y el consumismo.
Desde hace tres años, las colaboraciones están en espera y Wilson está enfocado en su carrera solista, que ya lleva tres discos. El primero fue el experimental Insurgentes, de 2008, al que le siguió Grace for Drowning en 2011, un profundo viaje musical que lo trajo por primera vez a nuestro país el año pasado con un show que mezcló virtuosismo y una puesta en escena cinematográfica.
Ahora regresa a Buenos Aires, el próximo sábado 18 en el Teatro Vorterix, para presentar The Raven That Refused to Sing (And Other Stories), un trabajo más “de banda”, con un sonido setentoso, complejo, directo (aporte de Alan Parsons, ingeniero de sonido del álbum) y letras inspiradas en relatos clásicos de fantasmas. De todo eso y mucho más, habló con nosotros desde Chicago, horas antes de un concierto.

¿Qué significa hacer rock progresivo en 2013? Suele ser un género que muchos aún asocian con los 70 o simplemente con cualquier canción que dure 18 minutos y suene compleja…
En primer lugar, no sé realmente qué significa “rock progresivo” porque no es un término que utilice para mí mismo. Para mí, es un rock más ambicioso, tiene que ver con ir más allá de los límites, con una especie de viaje musical a través de un disco de 45 minutos o un concierto de dos horas. Pero no veo la necesidad de categorizarlo.
Por otra parte, ¿qué forma de música hoy no refiere al pasado? Si reflexionamos en las más recientes evoluciones en la música, probablemente pienses en la electrónica o el hip hop ¡y eso fue hace ya veinte años! No existe música completamente contemporánea y moderna. Toda la música, por definición, es nostálgica y tiene cierto enfoque retrospectivo.

Tu nuevo álbum suena setentoso…
En términos de producción, de sonoridad, creo que los setentas fue la edad de oro de las grabaciones en estudio. Me encanta el sonido de la música de esa época. No me gustan las técnicas modernas de producción, prefiero lo orgánico, cómo suenan las guitarras acústicas, las voces, los teclados. Las cosas de ese período tienen ese sonido sin tiempo.

Son varios los músicos que están volviendo a las viejas técnicas de grabación, a un sonido en vivo, analógico. Incluso los lanzamientos en vinilo están en auge. ¿Es nostalgia, es moda o es realmente una garantía de tener una mejor calidad? 
Es un poco de todo. El vinilo es un gran medio para experimentar la música. Para mí, la buena música es arte, entonces tenés que presentarla como tal y el vinilo es una manera hermosa de hacerlo, con el trabajo de portadas, los sobres, inserts y todo lo que le podés poner.
Por otra parte, con un vinilo hay una relación más profunda, una suerte de ritual: sacás el disco, lo mirás, te lo ponés a escuchar, leés las letras, apreciás la tapa. Y esa es una experiencia que te perdés con el download y hasta con el CD. Además, al no tener las altas frecuencias del compacto, los vinilos suenan más cálidos, ricos.  Me gusta eso, soy un gran fanático de ese sonido.

¿Cómo surgió la idea de hacer canciones inspiradas en cuentos de fantasmas?
Mientras componía el álbum estaba leyendo muchas historias de espíritus y cuentos sobrenaturales de autores británicos como M. R. James, Algernon Blackwood y toda la escuela de principios del siglo XX. Me gustaron y me encontré escribiendo algunas cosas que, incluso instrumentalmente, parecían que estaban tratando de contar algo, como que tenían una especie de narración. Y las dos ideas se juntaron: usar esa música y tomar los cuentos de fantasmas como inspiración para escribir las letras.

¿Toda idea que se te ocurre termina siendo una canción o elegís y descartás mucho de lo que haces?
Como cualquier otro músico, el ochenta o noventa por ciento de lo que se me ocurre no es bueno y lo tiro. Trabajo mucho, aprecio muchas clases de música y también me gusta colaborar con otros músicos. En parte, la razón por la que soy tan prolífico es porque trabajo con bandas, proyectos y artistas de distintos países, con diferentes backgrounds y direcciones musicales, y de ahí sale algo único. Aunque, en los últimos años, se me hizo necesario parar con algunos proyectos y trabajar con un grupo de músicos con los que quería colaborar.

Dijiste que, por el momento, no tenés planes de retomar Porcupine Tree. ¿Sentiste que este proyecto estaba tomando demasiada dimensión en tu vida y en tu faceta artística?
Mmm… No sé. Creo que la situación tuvo más que ver con que yo no tenía nada más para decir con esa banda en particular.  Porcupine Tree surgió como un proyecto en solitario a principios de los 90 que se convirtió en una banda muy exitosa, con diez discos en más de 15 años. Y fue muy divertido. Si sintiera que aún puedo seguir evolucionando como músico y ser creativo con esa banda, entonces, todavía seguiría con ella. Pero, sinceramente, no lo sentí así y, para poder crecer, tuve que ponerla en espera y lanzar mi proyecto solista.

¿Qué hay de tu trabajo remezclando la discografía de King Crimson y otras bandas legendarias?
Estoy haciendo la mezcla surround de varios catálogos. Es muy educativo, porque aprendo muchísimo, pero al mismo tiempo espero estar dándole algo a cambio a esa música, acercándola a una nueva generación, por así decirlo.
Mi formación está relacionada con la manera en que se hacían los discos en los años ochenta y noventa, y realmente no me gusta mucho ese sonido. Entonces, para mí es muy interesante entender cómo los hacían en los sesenta y setentas, comprender las técnicas y aplicarlas a mi propia música.

Se te asocia al sonido de bandas clásicas, pero ¿tenés algún placer culposo, un artista que te de vergüencita escuchar?
No tengo nada de eso y nunca entendí ese esnobismo musical. Por muchos años, Abba fue una de mis bandas favoritas y cuando lo decía mucha gente pensaba que estaba jodiendo o siendo irónico. Para nada. Los tiempos cambiaron y ahora ese grupo está siendo aceptado por muchos rockeros. Me gusta el pop, la electrónica, lo experimental, el country y no hay nada que pueda avergonzarme. Todo lo contrario: si me gusta algo, lo digo con orgullo.

Solías escribir reseñas de discos para algunas revistas, entre ellas Rolling Stone México. ¿Cómo fue esa experiencia con la crítica?
Lo hice durante un tiempo, ya no, y me divertí. Me parecía interesante escribir sobre música desde la perspectiva de otro músico. Soy muy pasional cuando se habla de música, así que, en cierto modo, me pareció lógico empezar a escribir sobre ella. Pero, al final, decidí que era mejor dejarlo de lado, porque escribir bien sobre música lleva mucho tiempo, es muy demandante y difícil.

El año pasado tocaste por primera vez en Argentina. ¿Qué ideas tenías sobre el país y qué impresión te llevaste?
La pasábamos de maravilla. Algunos amigos me dijeron que podíamos esperar una recepción fantástica, que los fans eran estupendos, que había mucha pasión. Y fue exactamente eso lo que encontramos. Está buenísimo estar de vuelta y disfrutar de un público tan ardiente. Estoy seguro de que esto ya lo escucharon muchísimas veces, pero es verdad.  

Hablando de shows: solés tocar en patas. ¿Qué fue lo peor que te pasó por tener esta costumbre?
Uh, esa es fácil y no me la olvido más. Una vez salí y pisé una jeringa. La aguja se clavó y me causó una infección por la que tuvieron que internarme en un hospital. Fue horrible. Eso pasó hace muchos años, ahora mi equipo limpia bien el escenario. Pero, en los viejos tiempos, cuando tocaba en tugurios chiquitos y sucios, no te imaginás las cosas que pisé: vidrios, clavos, escupitajos… ¡de todo!

Por Maximiliano Poter

Steven Wilson – “The Raven That Refused To Sing”